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16 de agosto 2013    /   DIGITAL
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Los predecibles humanos de Facebook

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Si en todo el planeta Tierra viven, como asegura la ONU, 7.000 millones de personas y Facebook supera los mil millones de usuarios, resulta que uno de cada siete humanos tiene una cuenta con el botón de Me Gusta. Sin ponderar que algunos pueden tener varios perfiles, esto implica que la red social por excelencia monitoriza y observa las interacciones de millones de individuos, generando trillones y trillones de datos cada día sobre la conducta humana.

Viktor Mayer-Schönberger, profesor de Gestión y Regulación de Intenet del Oxford Internet Insitute, y Kenneth Cukier, editor de Datos Masivos en el semanario The Economist arguyen en su último ensayo, Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work, and Think, que Facebook se sienta, literalmente, sobre una mina de oro de datos que, por miedo a la reacción de los usuarios y los gobiernos, además de su propia incapacidad, todavía no se atreve a explotar.

Como si quisiera demostrar esta afirmación, el reputado matemático y programador Stephen Wolfram se decidió hace poco a ver que se podía sacar de los datos de Facebook que llevaba meses recopilando gracias a su aplicación Wolfram|AlphaPersonal Analytics for Facebook y un programa de donación de datos creado ex profeso. Los resultados, según reconoció este físico teórico al semanario alemán Der Spiegel, le sorprendieron debido a que “las personas son, en alguna manera, más predecibles que las partículas cuánticas”.

“Utilizamos diferentes partes para la muestra con diferente nivel de detalle”, explica en un escueto email de respuesta, “las más grandes eran de millones de personas, pero con un nivel de detalle muy leve”. Aunque parezca mentira, todo este análisis no le llevó meses y meses, ya que “gracias a las herramientas que hemos desarrollado con Mathematica [un buscador creado por Wolfram y su equipo que funciona por preguntas en lugar de conceptos], la mayor parte del trabajo solo tardó entre tres y cuatro semanas”.

Uno de los resultados más lógicos es el de los temas hablados en la red social. Confirmado el tópico, cuanto más envejece la persona mayor es la tendencia a hablar de la climatología o la política y menor la de comentar videojuegos.

Los hombres suelen escribir más sobre deportes y tecnología que las mujeres, pero, para sorpresa del matemático, también de películas, televisión y música. Ellas, por el contrario, comentan más de los grupos mascotas y animales, familia y amigos, relaciones y, según se acerca la edad de criar a los hijos, sobre los temas de salud. Para ambos sexos, a partir de los 20 va desapareciendo el binomio instituto-universidad a favor del de trabajo-dinero.

Pero Facebook es, por encima de todo, una red de supuestos amigos. Y los análisis de Wolfram dedicaron una enorme parte de su esfuerzo en esta dirección, arrojando una media de 342 conexiones por persona.

Lo primero-y también lógico- es que los usuarios suelen tener la mayor cantidad de relaciones de una edad similar a la suya, debido probablemente a “que en la sociedad actual la mayor parte de los amigos se hacen en el colegio y la universidad”, habiendo más cantidad de amigos cuanto más joven es la persona. “Creo que es debido”, explica, “a que se conoce gente con mayor velocidad durante los años de la adolescencia”.

A medida que se abandona la pubertad, el rango de edad de las amistades se hace más amplio. Wolfram explica esto por que es entonces cuando los humanos comienzan a mantener relaciones con colegas del trabajo o amigos de su comunidad. Curiosamente, a partir de mediados de los 40 hay un segundo pico de relaciones con adolescentes fruto de que los hijos de los cuarentones se hacen una cuenta en Facebook y agregan a sus padres y familiares.

Pero la estructura de estas amistades también tiene una historia que contar. Desde los 13, la gente tiene tres grandes grupos de amistad. Estos podrían ser divididos en colegio, familia y barrio. Según crecen, estas estructuras se van haciendo más complejas, llegando al máximo en los casos de usuarios con 100 ambientes diferentes. Aunque lo común es que se mantengan esas tres estructuras mayores con conexiones entre ellas y varios subgrupos, hay algunas que representan esos tres grandes grupos sin ninguna conexión entre ellos, “supuestamente reflejando diferentes facetas de la vida de una persona que por razones de geografía o contenido están completamente desconectadas”.

“Siempre he estado interesado en las personas y la trayectoria de su vida,” cuenta en la entrada de su blog dedicada a este gran análisis y a la que remite en un par de veces en el correo electrónico, “y en los resultados que nos ha arrojado a veces ha confirmado mis impresiones pero en otras ocasiones me han enseñado cosas que nunca habría adivinado”. Es lo que tiene estar sentado sobre una mina de oro. De vez en cuando te sacas una pepita del culo.

Si en todo el planeta Tierra viven, como asegura la ONU, 7.000 millones de personas y Facebook supera los mil millones de usuarios, resulta que uno de cada siete humanos tiene una cuenta con el botón de Me Gusta. Sin ponderar que algunos pueden tener varios perfiles, esto implica que la red social por excelencia monitoriza y observa las interacciones de millones de individuos, generando trillones y trillones de datos cada día sobre la conducta humana.

Viktor Mayer-Schönberger, profesor de Gestión y Regulación de Intenet del Oxford Internet Insitute, y Kenneth Cukier, editor de Datos Masivos en el semanario The Economist arguyen en su último ensayo, Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work, and Think, que Facebook se sienta, literalmente, sobre una mina de oro de datos que, por miedo a la reacción de los usuarios y los gobiernos, además de su propia incapacidad, todavía no se atreve a explotar.

Como si quisiera demostrar esta afirmación, el reputado matemático y programador Stephen Wolfram se decidió hace poco a ver que se podía sacar de los datos de Facebook que llevaba meses recopilando gracias a su aplicación Wolfram|AlphaPersonal Analytics for Facebook y un programa de donación de datos creado ex profeso. Los resultados, según reconoció este físico teórico al semanario alemán Der Spiegel, le sorprendieron debido a que “las personas son, en alguna manera, más predecibles que las partículas cuánticas”.

“Utilizamos diferentes partes para la muestra con diferente nivel de detalle”, explica en un escueto email de respuesta, “las más grandes eran de millones de personas, pero con un nivel de detalle muy leve”. Aunque parezca mentira, todo este análisis no le llevó meses y meses, ya que “gracias a las herramientas que hemos desarrollado con Mathematica [un buscador creado por Wolfram y su equipo que funciona por preguntas en lugar de conceptos], la mayor parte del trabajo solo tardó entre tres y cuatro semanas”.

Uno de los resultados más lógicos es el de los temas hablados en la red social. Confirmado el tópico, cuanto más envejece la persona mayor es la tendencia a hablar de la climatología o la política y menor la de comentar videojuegos.

Los hombres suelen escribir más sobre deportes y tecnología que las mujeres, pero, para sorpresa del matemático, también de películas, televisión y música. Ellas, por el contrario, comentan más de los grupos mascotas y animales, familia y amigos, relaciones y, según se acerca la edad de criar a los hijos, sobre los temas de salud. Para ambos sexos, a partir de los 20 va desapareciendo el binomio instituto-universidad a favor del de trabajo-dinero.

Pero Facebook es, por encima de todo, una red de supuestos amigos. Y los análisis de Wolfram dedicaron una enorme parte de su esfuerzo en esta dirección, arrojando una media de 342 conexiones por persona.

Lo primero-y también lógico- es que los usuarios suelen tener la mayor cantidad de relaciones de una edad similar a la suya, debido probablemente a “que en la sociedad actual la mayor parte de los amigos se hacen en el colegio y la universidad”, habiendo más cantidad de amigos cuanto más joven es la persona. “Creo que es debido”, explica, “a que se conoce gente con mayor velocidad durante los años de la adolescencia”.

A medida que se abandona la pubertad, el rango de edad de las amistades se hace más amplio. Wolfram explica esto por que es entonces cuando los humanos comienzan a mantener relaciones con colegas del trabajo o amigos de su comunidad. Curiosamente, a partir de mediados de los 40 hay un segundo pico de relaciones con adolescentes fruto de que los hijos de los cuarentones se hacen una cuenta en Facebook y agregan a sus padres y familiares.

Pero la estructura de estas amistades también tiene una historia que contar. Desde los 13, la gente tiene tres grandes grupos de amistad. Estos podrían ser divididos en colegio, familia y barrio. Según crecen, estas estructuras se van haciendo más complejas, llegando al máximo en los casos de usuarios con 100 ambientes diferentes. Aunque lo común es que se mantengan esas tres estructuras mayores con conexiones entre ellas y varios subgrupos, hay algunas que representan esos tres grandes grupos sin ninguna conexión entre ellos, “supuestamente reflejando diferentes facetas de la vida de una persona que por razones de geografía o contenido están completamente desconectadas”.

“Siempre he estado interesado en las personas y la trayectoria de su vida,” cuenta en la entrada de su blog dedicada a este gran análisis y a la que remite en un par de veces en el correo electrónico, “y en los resultados que nos ha arrojado a veces ha confirmado mis impresiones pero en otras ocasiones me han enseñado cosas que nunca habría adivinado”. Es lo que tiene estar sentado sobre una mina de oro. De vez en cuando te sacas una pepita del culo.

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