20 de octubre 2010    /   BUSINESS
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Los techos blancos y las bondades de la innovación frugal

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A veces solucionar problemas medioambientales no requieren tecnologías ultraeficientes y superdesarrolladas. El ejemplo de los techos pintados de blanco demuestra que, junto a la necesidad de seguir apostando por el desarrollo tecnológico, la innovación frugal tiene mucho que decir en crear políticas para reducir nuestras emisiones de Co2. En mayo de 2009, Steven Chu, secretario de energía en EEUU, propuso pintar todos los techos del mundo en blanco para ralentizar el calentamiento global. Según Chu, el blanco refleja los rayos de luz del sol ayudando a moderar la temperatura de entornos urbanos que a su vez significa que las casas son menos calurosas permitiendo un ahorrar energía en el consumo de aire acondicionado.

La necesidad de mejorar la eficiencia energética de los inmuebles se hace más patente cuando se analizan los datos de la Unión Europea que revelan que más del 36% de la emisiones de carbono a la atmósfera provienen de los edificios.

Nueva York es una de las ciudades que más apuestan por ello. Llevan pintadas más de 90.000 metros cuadrados de techos en la ciudad a través de la iniciativa cool roofs.

Pero su uso no solo se reserva a entornos urbanos. En Peru, un glaciar extinto ha sido devuelto a su color natural con un tratamiento de pintura blanco. La idea es del inventor peruano Eduardo Gold y ha sido apoyado con fondos del Banco Mundial. El trabajo comenzó en junio para llenar de blanco una superficie de 70 hectáreas en tres picos en Ayacucho. La pintura ha sido elaborada a base de cal y sin componentes químicos.

Un estudio aparecido en 2008 en The New Scientist reveló que las enormes extensiones de invernaderos blancos en Almería podrián ser responsables de una bajada de la temperatura de 0,3 grados por década.

La tecnología a gran escala tendrá un papel decisivo para combatir el cambio climático, pero no podrá hacer todo sin la innovación frugal, soluciones sencillas que empiezan desde abajo de la pirámide. Otros lo han tachado de chorrada, y con cierta razón explican que esto no se puede utilizar como excusa para dejar  de actuar en otra áreas. Pero tampoco se pierde nada probando. En un entorno donde no existe una sola solución, todo suma.

A veces solucionar problemas medioambientales no requieren tecnologías ultraeficientes y superdesarrolladas. El ejemplo de los techos pintados de blanco demuestra que, junto a la necesidad de seguir apostando por el desarrollo tecnológico, la innovación frugal tiene mucho que decir en crear políticas para reducir nuestras emisiones de Co2. En mayo de 2009, Steven Chu, secretario de energía en EEUU, propuso pintar todos los techos del mundo en blanco para ralentizar el calentamiento global. Según Chu, el blanco refleja los rayos de luz del sol ayudando a moderar la temperatura de entornos urbanos que a su vez significa que las casas son menos calurosas permitiendo un ahorrar energía en el consumo de aire acondicionado.

La necesidad de mejorar la eficiencia energética de los inmuebles se hace más patente cuando se analizan los datos de la Unión Europea que revelan que más del 36% de la emisiones de carbono a la atmósfera provienen de los edificios.

Nueva York es una de las ciudades que más apuestan por ello. Llevan pintadas más de 90.000 metros cuadrados de techos en la ciudad a través de la iniciativa cool roofs.

Pero su uso no solo se reserva a entornos urbanos. En Peru, un glaciar extinto ha sido devuelto a su color natural con un tratamiento de pintura blanco. La idea es del inventor peruano Eduardo Gold y ha sido apoyado con fondos del Banco Mundial. El trabajo comenzó en junio para llenar de blanco una superficie de 70 hectáreas en tres picos en Ayacucho. La pintura ha sido elaborada a base de cal y sin componentes químicos.

Un estudio aparecido en 2008 en The New Scientist reveló que las enormes extensiones de invernaderos blancos en Almería podrián ser responsables de una bajada de la temperatura de 0,3 grados por década.

La tecnología a gran escala tendrá un papel decisivo para combatir el cambio climático, pero no podrá hacer todo sin la innovación frugal, soluciones sencillas que empiezan desde abajo de la pirámide. Otros lo han tachado de chorrada, y con cierta razón explican que esto no se puede utilizar como excusa para dejar  de actuar en otra áreas. Pero tampoco se pierde nada probando. En un entorno donde no existe una sola solución, todo suma.

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