23 de enero 2012    /   CINE/TV
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Lost in translation

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La imaginación calenturienta de funcionarios y distribuidores, o el simple placer de enredar las cosas, han propiciado que los títulos originales de muchas de nuestras películas favoritas sean una gran incógnita para la mayoría de los espectadores. ¿Y si “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) se hubiera estrenado como “El detective y los pellejudos”… ?

Pues es un milagro que no fuera así, porque no es hasta hace bien poco que el respeto a la obra (y a los abogados de sus productores) se va imponiendo lentamente a una costumbre tan zafia como, todo hay que decirlo, surrealista y graciosa en algunos casos.

Casi ningún director se libra de esta lacra, por lo que podemos comenzar por el mismísimo Stanley Kubrick, que supervisaba personalmente qué actores de doblaje darían voz a sus personajes en otros países (sí, él fue el responsable de escuchar a Verónica Forqué en “El resplandor”, 1980), pero nunca pudo controlar bajo qué título se estrenaban sus películas. Así, “The Killing” (1956) se convierte en “Atraco perfecto”; y “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” es la curiosa frase que se sacaron de la manga para referirse a “Dr. Strangelove” (1964) con ese inolvidable Peter Sellers a punto de dinamitar el mundo. Sin embargo, no se atrevieron a inventarse nada con “Eyes wide shut” (1999), que fue distribuida con su título original, nada comercial y de difícil traducción.

Towering Inferno” (John Guillermin, 1974) se transformó con un inesperado toque lírico en “El coloso en llamas” (impagable Paul Newman como Jefe de Bomberos).

La guerra de las galaxias” es uno de los ejemplos más curiosos, ya que casi nadie repara en que “Star Wars” no puede traducirse así ¿qué delirio de grandeza sufrió la distribuidora para elevar las estrellas a la categoría de galaxias?

Roman Polanski tampoco se libra del fervor imaginativo de nuestros incansables bromistas, y tuvo que ver cómo su “Rosemary’s Baby” (1968) se convertía en “La semilla del diablo”.

Being there” (Hal Ashby, 1979) se disfraza de “Bienvenido Mr. Chance” , de nuevo con Peter Sellers , esta vez como jardinero asesor del presidente…

Sleuth” (Joseph Mankiewicz, 1972) se transforma en “La huella”, con maravillosos Michael Cain y Laurence Olivier…

La última noche de Boris Grushenko” es una de mis películas favoritas de Woody Allen. Pero no la encontrarán en ninguna guía de cine, pues se llama en realidad “Love and death” (1975). Y sin cambiar de tercio, “Con la muerte en los talones”, el clásico de Hitchcock es “North by Northwest” (1959).

El mono borracho en el ojo del tigre” es el delirante título con que se distribuyó en España “Drunken Master” (Woo-pin Yuen, 1978), con un Jackie Chan indescriptible…

Tampoco podemos afirmar que la tendencia es ahora respetar los títulos. Sin ir más lejos, la obra maestra producida por J.J. Abrams “Cloverfield” (Matt Reeves, 2008) se estrenó en España con el impersonal, disuasorio y absurdo título de “Monstruoso”.

El caso inverso lo encontramos en Álex de la Iglesia, que rebautizó su “Balada triste de trompeta” (2011) como “Final Circus” para presentarla en el festival de Venecia, y tentar así al mercado internacional.

¿Cómo estropear un título poético y hermoso con tres palabras? Vean este ejemplo, “Eternal sunshine of the spotless mind” (2004), la inquietante película de Michel Gondry (famoso por sus clips de Björk), fue masacrada en nuestro país con el ramplón reclamo de “¡Olvídate de mí!”. En Argentina, país que suele traducir los títulos foráneos con bastante respeto, la cinta se estrenó como “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”.

Hay que reconocer que en algunos casos el constructo inventado por el funcionario tiene más gancho y más sentido. Es el caso de “La tentación vive arriba” , cuyo título original es “Seven year itch” (Billy Wilder, 1955), de poca proyección en España, pues alude a un dicho popular americano. Lo mismo podemos pensar de otra obra maestra de Wilder, ”Con faldas y a lo loco”, aunque aquí cabe señalar a la censura franquista como responsable de ese bautizo, a un filme que se llama en realidad “Some like it hot” (1959).

Por cierto, “Lost in translation” (Sofia Coppola, 2003) logró conservar su título en España, pero peligró hasta el último momento, mientras dudaban entre “Lío en Tokio” y “La rubia, el viejo y el hotelazo”.

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La imaginación calenturienta de funcionarios y distribuidores, o el simple placer de enredar las cosas, han propiciado que los títulos originales de muchas de nuestras películas favoritas sean una gran incógnita para la mayoría de los espectadores. ¿Y si “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) se hubiera estrenado como “El detective y los pellejudos”… ?

Pues es un milagro que no fuera así, porque no es hasta hace bien poco que el respeto a la obra (y a los abogados de sus productores) se va imponiendo lentamente a una costumbre tan zafia como, todo hay que decirlo, surrealista y graciosa en algunos casos.

Casi ningún director se libra de esta lacra, por lo que podemos comenzar por el mismísimo Stanley Kubrick, que supervisaba personalmente qué actores de doblaje darían voz a sus personajes en otros países (sí, él fue el responsable de escuchar a Verónica Forqué en “El resplandor”, 1980), pero nunca pudo controlar bajo qué título se estrenaban sus películas. Así, “The Killing” (1956) se convierte en “Atraco perfecto”; y “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” es la curiosa frase que se sacaron de la manga para referirse a “Dr. Strangelove” (1964) con ese inolvidable Peter Sellers a punto de dinamitar el mundo. Sin embargo, no se atrevieron a inventarse nada con “Eyes wide shut” (1999), que fue distribuida con su título original, nada comercial y de difícil traducción.

Towering Inferno” (John Guillermin, 1974) se transformó con un inesperado toque lírico en “El coloso en llamas” (impagable Paul Newman como Jefe de Bomberos).

La guerra de las galaxias” es uno de los ejemplos más curiosos, ya que casi nadie repara en que “Star Wars” no puede traducirse así ¿qué delirio de grandeza sufrió la distribuidora para elevar las estrellas a la categoría de galaxias?

Roman Polanski tampoco se libra del fervor imaginativo de nuestros incansables bromistas, y tuvo que ver cómo su “Rosemary’s Baby” (1968) se convertía en “La semilla del diablo”.

Being there” (Hal Ashby, 1979) se disfraza de “Bienvenido Mr. Chance” , de nuevo con Peter Sellers , esta vez como jardinero asesor del presidente…

Sleuth” (Joseph Mankiewicz, 1972) se transforma en “La huella”, con maravillosos Michael Cain y Laurence Olivier…

La última noche de Boris Grushenko” es una de mis películas favoritas de Woody Allen. Pero no la encontrarán en ninguna guía de cine, pues se llama en realidad “Love and death” (1975). Y sin cambiar de tercio, “Con la muerte en los talones”, el clásico de Hitchcock es “North by Northwest” (1959).

El mono borracho en el ojo del tigre” es el delirante título con que se distribuyó en España “Drunken Master” (Woo-pin Yuen, 1978), con un Jackie Chan indescriptible…

Tampoco podemos afirmar que la tendencia es ahora respetar los títulos. Sin ir más lejos, la obra maestra producida por J.J. Abrams “Cloverfield” (Matt Reeves, 2008) se estrenó en España con el impersonal, disuasorio y absurdo título de “Monstruoso”.

El caso inverso lo encontramos en Álex de la Iglesia, que rebautizó su “Balada triste de trompeta” (2011) como “Final Circus” para presentarla en el festival de Venecia, y tentar así al mercado internacional.

¿Cómo estropear un título poético y hermoso con tres palabras? Vean este ejemplo, “Eternal sunshine of the spotless mind” (2004), la inquietante película de Michel Gondry (famoso por sus clips de Björk), fue masacrada en nuestro país con el ramplón reclamo de “¡Olvídate de mí!”. En Argentina, país que suele traducir los títulos foráneos con bastante respeto, la cinta se estrenó como “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”.

Hay que reconocer que en algunos casos el constructo inventado por el funcionario tiene más gancho y más sentido. Es el caso de “La tentación vive arriba” , cuyo título original es “Seven year itch” (Billy Wilder, 1955), de poca proyección en España, pues alude a un dicho popular americano. Lo mismo podemos pensar de otra obra maestra de Wilder, ”Con faldas y a lo loco”, aunque aquí cabe señalar a la censura franquista como responsable de ese bautizo, a un filme que se llama en realidad “Some like it hot” (1959).

Por cierto, “Lost in translation” (Sofia Coppola, 2003) logró conservar su título en España, pero peligró hasta el último momento, mientras dudaban entre “Lío en Tokio” y “La rubia, el viejo y el hotelazo”.

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Opiniones 12
  • Sin embargo hay traducciones que enriquecen. Ahora no se me ocurre ningún título, pero por ejemplo, hay un diálogo de Blade Runner, cuando Deckard conoce a Rachael y le pregunta por el búho: «¿Es artificial?, la respuesta «of course» del original se transformó en un magnífico «naturalmente». Y a mi, que soy muy así, me gustó.

  • En realidad, por lo general, la labor del traductor/a se limita a sugerir un título. Es la distribuidora la que tiene la última palabra.

    Saludos.

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