3 de enero 2018    /   IDEAS
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La inclusividad se consigue jugando

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En la infancia, cualquier niño o niña puede ser médico, explorador, superhéroe y maestro (o todo ello a la vez) usando tan solo la imaginación. Nadie está incapacitado para hacer nada cuando se usa la fantasía. En los juegos infantiles no hay (ni debe haber) límites.

¿Por qué, entonces, los muñecos que sirven para reforzar esos mundos imaginarios no representan a todos los individuos? ¿Acaso un explorador intrépido no puede ser sordo? ¿No se puede salvar al mundo desde una silla de ruedas? ¿Te quitan el título de superhéroe por llevar gafas?

La empresa de juguetes Arklu, con sede en Irlanda, se hizo estas mismas preguntas a la hora de diseñar su línea de juguetes. En un mercado donde la mayoría de muñecas están sexualizadas, maquilladas en exceso y muy enfocadas a una trayectoria profesional, Arklu lanzó las muñecas Lottie.

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Las Lottie no imitan el mundo adulto al pie de la letra. Fomentan el juego al aire libre, desde la pesca hasta el surf o la búsqueda de fósiles. Tienen la apariencia de niños y niñas de 9 años: se visten como ellos y tienen sus mismas propiedades físicas, por lo que resulta más fácil para los chavales identificarse con ellas. Da igual si en esas propiedades está el tener la piel oscura, el pelo rojo o llevar audífonos. La cuestión es representar todo tipo de personas porque no hay mejor manera de conseguir la inclusión que mostrar las diferencias.

«A diferencia de otras muñecas, Lottie, Finn y sus amigos están basados en niños de nueve años de edad. Las muñecas se pueden relacionar, por lo tanto, con todos los elementos de la infancia», explican desde el departamento de comunicación de Lottie Dolls. «El lema que nos mueve es: “¡Sé audaz, sé valiente, sé tú!”».

Las muñecas Lottie pretenden ser juguetes inclusivos. «Los valores de nuestra marca reflejan juguetes principalmente donde los niños se puedan ver reflejados sin importar etnia, género y habilidades, por lo que para nosotros era muy importante desarrollar juguetes que promovieran la inclusividad», comentan desde la empresa. «Se ha comprobado que los niños desarrollan más empatía cuando juegan con este tipo de juguetes».

Para su desarrollo, el fundador de Arklu, Ian Harking, dedicó 18 meses a la investigación consultado a psicólogos infantiles, padres de familia y expertos en juguetes. «Contactamos con una organización llamada Toy Like Me en Reino Unido con quienes trabajamos para conocer los hallazgos de diversos psicólogos y lo que a los padres les inquieta respecto a la diversidad e inclusividad en los juguetes».

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La primera de las muñecas Lottie se lanzó al mercado en 2012. Un año más tarde comenzaron a comercializar la Lottie Caja de Pandora y la Lottie Chica Robot, que tenían la particularidad de que ambas usaban gafas.

Esto que podría pasar como algo insignificante, es en realidad un gran gesto. «Que lleven gafas es un hecho que a veces pasa desapercibido para el consumidor en general, pero para los niños con gafas, este es un paso positivo en términos de representación y confianza», explican desde la empresa. De hecho, ahora el 25% de sus muñecas usan lentes.

Para la creación de sus muñecas, Lottie Dolls desarrolla cada mes un concurso de ideas donde invita a los niños y niñas de todo el mundo a diseñar su muñeca ideal. Su compromiso es desarrollar esos diseños ganadores en los siguientes seis meses. Los niños ganadores eligen una organización benéfica infantil a la que se dona el 10% de las ventas de esos productos.

Hasta ahora son seis los modelos de Lottie Dolls inspirados en los sueños de otras tantas niñas reales. La primera fue Allie Weber (Tech-Nic-Allie), de 12 años, que inspiró la Robot Girl Lottie Doll basada en un diseño suyo para un proyecto de ciencias de la escuela de un robot hecho de materiales reciclados. Después llegaron otras como Taylor Richardson, 14 años, cuyo sueño es llegar a ser la primera astronauta negra en Marte, y que ha inspirado el conjunto Astro Adventure.

También están preparando un nuevo concurso, el Lottie’s Hidden Figures, donde se propone al público infantil diseñar una muñeca basada en una mujer inspiradora como Malala, Amelia Earhart o Frida Kahlo. Como primer ejemplo, van a desarrollar la muñeca basada en Kate Warne, la primera mujer detective. Pretenden de este modo que los niños conozcan la historia de estas mujeres, que sepan quiénes fueron y fomentar con ello el aprendizaje mediante el juego.

Todas las muñecas buscan promover la individualidad y el juego imaginativo reforzando en los chavales la exploración de disciplinas STEM (CTIM en español), que promueven una imagen corporal positiva y la igualdad de género. El objetivo es cambiar poco a poco los estereotipos que se imponen aún en el modo de jugar hasta conseguir que incluso los niños vean como algo normal jugar también con muñecas.

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Para ello se han asociado a diversos organismos y entidades como la Agencia Espacial Europea y la asociación de mujeres paleontólogas de Reino Unido Travel Blazers, entre otras. «Los niños aprenden con lo que ven, con lo que hacen, con el ejemplo», explican desde Arklu. «Al fomentar su creatividad a temprana edad pueden seguir desarrollándola como un hábito, como algo que les llame la atención. Depende de nosotros, como padres, que ellos se interesen en estas disciplinas y sobre todo ahora que los juegos se enfocan más en ser digitales y menos físicos».

La última muñeca Lottie en llegar al mercado ha sido Mia, la fotógrafa de la vida salvaje, cuya principal particularidad es que es la primera que usa un implante coclear. No será la única que muestre una discapacidad vista como un rasgo más de su personalidad, no como algo invalidante. En sus planes futuros está el desarrollo de juguetes relacionados con el autismo y la lucha contra el acoso escolar.

 

En la infancia, cualquier niño o niña puede ser médico, explorador, superhéroe y maestro (o todo ello a la vez) usando tan solo la imaginación. Nadie está incapacitado para hacer nada cuando se usa la fantasía. En los juegos infantiles no hay (ni debe haber) límites.

¿Por qué, entonces, los muñecos que sirven para reforzar esos mundos imaginarios no representan a todos los individuos? ¿Acaso un explorador intrépido no puede ser sordo? ¿No se puede salvar al mundo desde una silla de ruedas? ¿Te quitan el título de superhéroe por llevar gafas?

La empresa de juguetes Arklu, con sede en Irlanda, se hizo estas mismas preguntas a la hora de diseñar su línea de juguetes. En un mercado donde la mayoría de muñecas están sexualizadas, maquilladas en exceso y muy enfocadas a una trayectoria profesional, Arklu lanzó las muñecas Lottie.

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Las Lottie no imitan el mundo adulto al pie de la letra. Fomentan el juego al aire libre, desde la pesca hasta el surf o la búsqueda de fósiles. Tienen la apariencia de niños y niñas de 9 años: se visten como ellos y tienen sus mismas propiedades físicas, por lo que resulta más fácil para los chavales identificarse con ellas. Da igual si en esas propiedades está el tener la piel oscura, el pelo rojo o llevar audífonos. La cuestión es representar todo tipo de personas porque no hay mejor manera de conseguir la inclusión que mostrar las diferencias.

«A diferencia de otras muñecas, Lottie, Finn y sus amigos están basados en niños de nueve años de edad. Las muñecas se pueden relacionar, por lo tanto, con todos los elementos de la infancia», explican desde el departamento de comunicación de Lottie Dolls. «El lema que nos mueve es: “¡Sé audaz, sé valiente, sé tú!”».

Las muñecas Lottie pretenden ser juguetes inclusivos. «Los valores de nuestra marca reflejan juguetes principalmente donde los niños se puedan ver reflejados sin importar etnia, género y habilidades, por lo que para nosotros era muy importante desarrollar juguetes que promovieran la inclusividad», comentan desde la empresa. «Se ha comprobado que los niños desarrollan más empatía cuando juegan con este tipo de juguetes».

Para su desarrollo, el fundador de Arklu, Ian Harking, dedicó 18 meses a la investigación consultado a psicólogos infantiles, padres de familia y expertos en juguetes. «Contactamos con una organización llamada Toy Like Me en Reino Unido con quienes trabajamos para conocer los hallazgos de diversos psicólogos y lo que a los padres les inquieta respecto a la diversidad e inclusividad en los juguetes».

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La primera de las muñecas Lottie se lanzó al mercado en 2012. Un año más tarde comenzaron a comercializar la Lottie Caja de Pandora y la Lottie Chica Robot, que tenían la particularidad de que ambas usaban gafas.

Esto que podría pasar como algo insignificante, es en realidad un gran gesto. «Que lleven gafas es un hecho que a veces pasa desapercibido para el consumidor en general, pero para los niños con gafas, este es un paso positivo en términos de representación y confianza», explican desde la empresa. De hecho, ahora el 25% de sus muñecas usan lentes.

Para la creación de sus muñecas, Lottie Dolls desarrolla cada mes un concurso de ideas donde invita a los niños y niñas de todo el mundo a diseñar su muñeca ideal. Su compromiso es desarrollar esos diseños ganadores en los siguientes seis meses. Los niños ganadores eligen una organización benéfica infantil a la que se dona el 10% de las ventas de esos productos.

Hasta ahora son seis los modelos de Lottie Dolls inspirados en los sueños de otras tantas niñas reales. La primera fue Allie Weber (Tech-Nic-Allie), de 12 años, que inspiró la Robot Girl Lottie Doll basada en un diseño suyo para un proyecto de ciencias de la escuela de un robot hecho de materiales reciclados. Después llegaron otras como Taylor Richardson, 14 años, cuyo sueño es llegar a ser la primera astronauta negra en Marte, y que ha inspirado el conjunto Astro Adventure.

También están preparando un nuevo concurso, el Lottie’s Hidden Figures, donde se propone al público infantil diseñar una muñeca basada en una mujer inspiradora como Malala, Amelia Earhart o Frida Kahlo. Como primer ejemplo, van a desarrollar la muñeca basada en Kate Warne, la primera mujer detective. Pretenden de este modo que los niños conozcan la historia de estas mujeres, que sepan quiénes fueron y fomentar con ello el aprendizaje mediante el juego.

Todas las muñecas buscan promover la individualidad y el juego imaginativo reforzando en los chavales la exploración de disciplinas STEM (CTIM en español), que promueven una imagen corporal positiva y la igualdad de género. El objetivo es cambiar poco a poco los estereotipos que se imponen aún en el modo de jugar hasta conseguir que incluso los niños vean como algo normal jugar también con muñecas.

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Para ello se han asociado a diversos organismos y entidades como la Agencia Espacial Europea y la asociación de mujeres paleontólogas de Reino Unido Travel Blazers, entre otras. «Los niños aprenden con lo que ven, con lo que hacen, con el ejemplo», explican desde Arklu. «Al fomentar su creatividad a temprana edad pueden seguir desarrollándola como un hábito, como algo que les llame la atención. Depende de nosotros, como padres, que ellos se interesen en estas disciplinas y sobre todo ahora que los juegos se enfocan más en ser digitales y menos físicos».

La última muñeca Lottie en llegar al mercado ha sido Mia, la fotógrafa de la vida salvaje, cuya principal particularidad es que es la primera que usa un implante coclear. No será la única que muestre una discapacidad vista como un rasgo más de su personalidad, no como algo invalidante. En sus planes futuros está el desarrollo de juguetes relacionados con el autismo y la lucha contra el acoso escolar.

 

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