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8 de noviembre 2019    /   DIGITAL
por
 Rocío Cañero

«Tinder está diseñada para que aportes datos, no para que consigas el amor de tu vida»

8 de noviembre 2019    /   DIGITAL     por          Rocío Cañero
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Deslizar el dedo, swipe, como posesos sobre perfiles para colocarse con la dopamina de un match. Adicción a la adrenalina de la primera cita. Vender tu cuerpo y tu personalidad como si fueses una marca. Ser vendida la información que generas al navegar por la aplicación como si se tratase de una materia prima.

Nuria Gómez y Estela Ortiz han tratado en Love me, Tinder los nuevos escenarios que ha abierto el uso masivo de Tinder. Una herramienta que podría crear un nuevo método para encontrar pareja tanto como potenciar todo lo malo de las viejas formas de relacionarse de manera más intensa que nunca. 

¿Cómo afecta Tinder a la vida en la ciudad?

Nuria Gómez: Tiene mucho que ver con la gestión del tiempo, con la idea de optimizar la vida, igual que cualquier otro aparato con funciones automáticas de los que nos rodean. Por un lado, optimiza la versión de uno mismo, lo que hemos estudiado… La gente se construye a partir de una idea de éxito para conseguir un estatus mejor en diferentes niveles.

Y la gestión del tiempo; en una vida muy ajetreada, en la que el trabajo ocupa muchas horas, en el momento de relacionarte tendrías que acudir a centros de ocio, hacer actividades, sociabilizar, algo que a veces da cierta pereza; y Tinder lo que permite es crear primeros encuentros virtuales que puedes acordar estando en tu casa en pijama. Algo un poco engañoso, porque con la idea de optimizar el tiempo al final terminas dedicándole mucho tiempo a la plataforma, que es lo que Tinder quiere para que suba el valor económico de la aplicación. 

Estela Ortiz: Va en línea con el neoliberalismo, responsabilizar al individuo con la gestión de sus herramientas sexoafectivas, todo a través de una aplicación. 

NG: En principio es muy fácil, muy ligero, pero luego no es así. Lleva mucho trabajo de criba, primeras citas… Modificación de las actitudes, cuando hay un conflicto te cambias de persona. Como hay tantas opciones, siempre buscas algo mejor, siempre te falta, y vuelves y vuelves y vuelves. También hay una adicción a la adrenalina de la primera cita. 

Nuestra insatisfacción hace que el valor bursátil de Tinder suba. En el fondo, el objetivo de la aplicación es incentivar el círculo vicioso que vive el usuario de expectativa-subidón-frustración

Tiene, en apariencia, un propósito que luego al final resulta lo contrario.

EO: Como otras redes sociales, que se supone que conectan a la gente, pero hacen que cada vez te sientas más solo. En Tinder el gesto de deslizar te hace concentrarte más en lo que te falta que en lo que tienes. 

NG: Es una lógica que tiene que ver con los juegos. Instintivamente, buscamos a alguien que nos guste para reproducirnos. Ellos emplean los matches para generar esa recompensa una y otra vez. 

EO: Hay un experimento con ratones que les ponen dos botones. Cuando los aprietan, de uno siempre sale comida y del otro, unas veces sí y otras no. Pues los ratones pulsan mucho más el segundo. Esta es la lógica de Tinder. 

NG: ¿Y por qué no dan comida a veces? En Tinder sabemos que hay algoritmos que generan sesgos de clase. Las primeras personas que te ponen están un poco por encima de tu nivel para que te creas que formas parte de ese star system.

En el libro comentáis que los usuarios tienden a darle like a personas que son un 25% más atractivas que ellas. 

NG: Por un lado es una dinámica sociológica, pero las lógicas de Tinder las aumentan. La aplicación recoge tu nivel de estudios y de ingresos para ordenar y clasificar. Así, a los hombres les dan mujeres de un nivel igual o inferior y a las mujeres, hombres de un nivel superior. 

¿Por qué al hombre no le ofrece mujeres que cobran más?

EO: Los algoritmos siempre se basan en un historial y se van construyendo a medida que se van generando más datos. Si el historial de Tinder demuestra que de todos los match que se han producido los que han triunfado son los que juntan hombres de un nivel mayor que el de las mujeres, tiende a repetirlo porque lo considera exitoso. Por eso los algoritmos son peligrosos, porque reproducen desigualdades intrínsecas de la sociedad. 

NG: Incluso cuando se establece un algoritmos desde cero, su diseño ya es política. 

EO: La realidad es que Tinder promociona los perfiles de emprendedores, con personalidad optimista y cuerpos cultivados. 

La aplicación reproduce desigualdades intrínsecas de la sociedad. A los hombres les dan mujeres de un nivel igual o inferior, y a las mujeres, hombres de un nivel superior

Tanto eres, tanto vales y tú eres tu propia marca; trabajas en ti mismo como producto.

EO: En 2019 gestionamos nuestro cuerpo como si fuera una empresa. Todos los encuentros y eventos, más que ocio, son oportunidades profesionales por si conoces a alguien que te pueda conseguir algo, sobre todo en el mundo del arte, etc. El ocio se convierte en trabajo. En Tinder es igual, buscas una relación sexoafectiva y te estás descubriendo como un producto. Hasta hay perfiles que hablan con lenguaje empresarial, como uno que encontramos que decía buscar «cubrir puesto para mantener el sistema de felicidad y colaborando con sentido del humor y pequeños detalles»

Parece que Tinder está diseñado para que los hombres más necesitados paguen más.

NG: No sabemos qué porcentaje de los ingresos de la empresa representan las suscripciones, pero sí sabemos que son los hombres los que mayoritariamente acaban adquiriendo una suscripción premium. Tinder sigue la antigua lógica de la discoteca: dejar entrar gratis a las mujeres y que sean los hombres los que paguen; es decir, usar a las mujeres como cebo.

Las dinámicas sociotécnicas de la aplicación hacen mucho más difícil el match para ellos que para ellas, por este motivo los hombres muchas veces terminan pagando una suscripción para tomar ventaja sobre el resto, tener más visibilidad y así conseguir más matches.

Lo que monetiza Tinder es el tiempo que pasamos dentro de la aplicación, nuestra insatisfacción. Así que tiene sentido que, en el fondo, el objetivo de la aplicación sea incentivar el círculo vicioso que vive el usuario de expectativa-subidón-frustración. Nuestra insatisfacción hace que el valor bursátil de la empresa suba. 

Love me Tinder

¿Qué es la prostitución 3.0?

NG: Se trata de optimizar tus viajes. Tinder tiene la opción de pago Passport, de que te prepares un viaje a través de citas, en cuya casa duermes. Lo promueve el belga Anthony Botta como una técnica para ligar y viajar gratis, porque supone que nadie va a resistirse a su cuerpazo. Fomenta, además, la figura del emprendedor que trabaja desde donde quiere.

EO: Y al final todo el tipo de hombres que consiguen ese sueño vienen de familias de alto nivel económico.

Han aparecido términos para las actitudes que se ven en Tinder como ghosting, benching, bredcrumbing… ¿La influencia del uso de Tinder genera que la gente las adopte, modifica el comportamiento de las personas?

NG: No, creemos que los acelera y los explota económicamente. En la seducción y el ligue, todo esto ocurre desde hace mucho. Ghosting es desaparecer sin dar ninguna explicación; benching, tener a alguien siempre en la reserva, en el banquillo… Es antiguo, pero Tinder facilita todo esto porque, al no tener a la gente delante, al comunicarse mediante una pantalla, es más fácil portarse así. 

EO: Dar a alguien un trato humano, empático, requiere tiempo y energía. En Tinder no hay tiempo para eso. 

NG: En un canal de YouTube, Jubilee, le han puesto carne al algoritmo de Tinder. Lo que hacemos en la aplicación deslizando el dedo, ellos lo han hecho con personas de verdad, unas delante de las otras. Cuando una mujer tira a uno a la derecha, le apena, le dice que lo siente mucho. En el móvil esa empatía desaparece. 

En 2019 gestionamos nuestro cuerpo como si fuera una empresa. Todos los encuentros y eventos más que ocio son oportunidades profesionales. En Tinder es igual, buscas una relación sexoafectiva y te estás descubriendo como un producto

La aplicación registra el tiempo que dedica cada usuario a observar cada imagen, qué colores y qué formas tiene, qué música escuchas mientras deslizas… 

NG: Son trackers, parásitos invisibles; todos los móviles están llenos. Tinder forma parte de un conglomerado de empresas, todas relacionadas con las citas, donde hay una que no tiene nada que ver con las relaciones y se dedica a vender datos. Sacan tajada de la información que les das, que es mucho dinero. Te explotan sin tú saber los límites. 

EO: Creo que vendían 100.000 perfiles masculinos por 160 euros. 

NG: Joana Moll es una artista que se compró un lote de perfiles y luego hizo una arquitectura inversa; a través de las cookies que le daban fue rastreando y retrataba esta red opaca. Eran perfiles de Tinder, con fotos y todo. Estas aplicaciones están diseñadas para que estés dentro de ellas aportando datos, no para que consigas el amor de tu vida y no las uses más. 

Tinder cuenta las sílabas de tus conversaciones para medir la inteligencia de los usuarios.

EO: Sílabas y la semántica, cómo construyes las frases (risas). Nos creemos tan especiales los humanos que no soportamos que se nos pueda categorizar, pero la aplicación clasifica todos los perfiles. No somos auténticos. 

NG: Y si tenemos alguna singularidad, no es bien acogida en este sistema. No genera comunidad.

Sobre eso habéis escrito: «Cada usuario, como en cualquier otra comunidad, debe ser aceptado por sus miembros en base a una referencia, patrón o modelo que dicta la pauta». 

EO: Hay ciertas formas de vida y discursos que son más valorados. Por ejemplo, el emprendedor, dentro de la jerarquía social, es el más elevado. El que no tiene jefe, nómada digital, que monetiza su forma de vida, proactivo, optimista, autónomo, etc.

Todos los perfiles hacen referencia a este tipo de vida, a la sonrisa, la felicidad, realizar tus sueños, ser una persona mejor, mejorar. No todo el mundo es así, pero hay un patrón. Nosotras hemos tratado en el libro de identificar las ideas colectivas de éxito. En este caso es ser normal y auténtico al mismo tiempo, algo completamente contradictorio. 

Un fenómeno que causó cierto asombro fue el de los Tindertarians, los humanitarios de Tinder, gente que para ligar exhibe sus fotos en proyectos de cooperación en el tercer mundo.

EO: Empezó una web a recopilar todas estas imágenes y el fenómeno continúa. Se han hecho estudios académicos sobre el racismo que entraña, sobre cómo es posible que alguien sosteniendo un bebé negro entre sus brazos piense que está más atractivo sexualmente. Usan a los negros como fuerza libidinal. 

Si sonríes, tienes un 14% más de posibilidades de ser elegido. Si miras a la cámara en la foto, un 20%.

NG: Los ojos son el espejo del alma; la empatía, y la felicidad son contagiosas. Es decir, todo el mundo quiere estar cerca de gente feliz. No demasiado feliz, porque es demasiado, ahí ya no gusta tanto, pero no quieres estar al lado de nadie deprimido. Ahí está el libro de Sara Ahmed, La promesa de la felicidad, donde dice que las emociones generan atmósferas. Si alguien está depre, cuesta estar con él, lidiar con las emociones de otro si ya tienes suficiente con las tuyas. 

EO: Ahmed dice que se promueve ser feliz como una responsabilidad de cada uno, porque, si no lo eres, no es que la estructura social en la que estés no funcione, sino que es cosa tuya. 

Otra frase del libro: «La sonrisa de Tinder es pornografía emocional producida en masa».

NG: Se sonríe, aunque no estés feliz, a cambio de algo. 

Darle un trato humano a alguien, empático, requiere tiempo y energía. En Tinder no hay tiempo para eso

En Swipe Life, espacio de Tinder sobre estilo de vida, se da cabida a la cultura swinger.

NG: En ese blog, cada vez que sacan un artículo, lo que hacen es una limpieza de su marca. Con el LGTBI es muy obvio, porque su herramienta es absolutamente binarista. Con los swingers es lo mismo, se vende una modernidad, un uso liberal; y también hay una carga muy fuerte de new age. De hecho, los creadores de la tecnología actual vienen de ahí. También comentan temas esotéricos. 

Sí, en el libro hacéis referencia a que las aplicaciones explotan el vínculo emocional del usuario.

NG: Identificarte con la comunidad Tinder para estar ahí, para que fuera de ella te sientas distinto.

Se ha dicho que la herramienta es machista porque al hombre le basta con la información visual de la mujer y ella, en cambio, necesita detalles que no puede haber en la herramienta como olores, el tono de voz, etc…

EO: Esto de que se juzga solo por el físico es absolutamente mentira. Es cómo se hace la foto, dónde se hace la foto, qué ropa lleva, qué luz hay. No solo las mujeres, yo creo que todo el mundo hace un análisis completo de la foto. Si lleva reloj, qué tienen en la mano. Hay mucha más información en las fotos que en la belleza de un rostro. Se dice mucho «este es guapo, pero nunca le daría like»

¿Y esos fenómenos como la web Invisible Girlfriend o usuarios que pagan a empresas para que en Instagram parezca que han pasado una noche con un montón de amigos?

NG: La compra de la apariencia. La de la Novia invisible me la instalé y es un bot que solo abre conversaciones; está todo el rato «honey, honey». La aplicación te vende que hay personas reales, como en Her, escribiéndote esos mensajes.

Pensaba que serían turkers, gente que trabaja por muy poco dinero en la creación de inteligencia artificial, pero es un bot descarado. Una estafa. Al menos en los primeros niveles de pago; en los otros dicen que te pueden mandar fotos, regalos para tu cumple. 

¿Son placebos?

NG: Más que eso, son para salir al paso de la presión si no tienes a nadie. Igual que lo de alquilar las fotos de una noche de marcha; es para evitar la impresión que da que no tengas amigos. 

EO: Creo que todo esto tiene que ver con cómo se construye la masculinidad. Para no perderla, tienes que demostrar que eres una persona capaz de seducir. 

¿No hay Invisible Boyfriend?

NG: Sí, pero aunque no te sé decir cómo es la proporción de la demanda, puede que sea como los robots sexuales, que la demanda está uno a diez. Hay uno para mujeres por cada diez orientados a los hombres. Tipos de vaginas debes tener como unas 20; de pollas no tanto. 

Un biólogo evolutivo, Carles Soler, dice que estas aplicaciones son muy buenas para sacar a la gente de sus entornos para procrear con otros que, de otra manera, no hubiesen tenido posibilidad de conocer. Si aumenta la hibridación, dice, se reducen las enfermedades recesivas genéticas.

NG: Un discurso que parte de la genética ya me pone nerviosa de entrada. Se ha dicho que del tablero de ajedrez para conocer a la gente se pasa al aleatorio, pero eso no es así. En Tinder hay unas normas, como hemos comentado. Es un sí pero no. 

EO: Lo que sí tenemos es un amigo que un día encendió el móvil mientras conducía. Eso le hizo estar activo en Girona, se encendió la geolocalización, los minutos que estuvo le dieron un like y de ahí, de ese match, salió un matrimonio. 

Deslizar el dedo, swipe, como posesos sobre perfiles para colocarse con la dopamina de un match. Adicción a la adrenalina de la primera cita. Vender tu cuerpo y tu personalidad como si fueses una marca. Ser vendida la información que generas al navegar por la aplicación como si se tratase de una materia prima.

Nuria Gómez y Estela Ortiz han tratado en Love me, Tinder los nuevos escenarios que ha abierto el uso masivo de Tinder. Una herramienta que podría crear un nuevo método para encontrar pareja tanto como potenciar todo lo malo de las viejas formas de relacionarse de manera más intensa que nunca. 

¿Cómo afecta Tinder a la vida en la ciudad?

Nuria Gómez: Tiene mucho que ver con la gestión del tiempo, con la idea de optimizar la vida, igual que cualquier otro aparato con funciones automáticas de los que nos rodean. Por un lado, optimiza la versión de uno mismo, lo que hemos estudiado… La gente se construye a partir de una idea de éxito para conseguir un estatus mejor en diferentes niveles.

Y la gestión del tiempo; en una vida muy ajetreada, en la que el trabajo ocupa muchas horas, en el momento de relacionarte tendrías que acudir a centros de ocio, hacer actividades, sociabilizar, algo que a veces da cierta pereza; y Tinder lo que permite es crear primeros encuentros virtuales que puedes acordar estando en tu casa en pijama. Algo un poco engañoso, porque con la idea de optimizar el tiempo al final terminas dedicándole mucho tiempo a la plataforma, que es lo que Tinder quiere para que suba el valor económico de la aplicación. 

Estela Ortiz: Va en línea con el neoliberalismo, responsabilizar al individuo con la gestión de sus herramientas sexoafectivas, todo a través de una aplicación. 

NG: En principio es muy fácil, muy ligero, pero luego no es así. Lleva mucho trabajo de criba, primeras citas… Modificación de las actitudes, cuando hay un conflicto te cambias de persona. Como hay tantas opciones, siempre buscas algo mejor, siempre te falta, y vuelves y vuelves y vuelves. También hay una adicción a la adrenalina de la primera cita. 

Nuestra insatisfacción hace que el valor bursátil de Tinder suba. En el fondo, el objetivo de la aplicación es incentivar el círculo vicioso que vive el usuario de expectativa-subidón-frustración

Tiene, en apariencia, un propósito que luego al final resulta lo contrario.

EO: Como otras redes sociales, que se supone que conectan a la gente, pero hacen que cada vez te sientas más solo. En Tinder el gesto de deslizar te hace concentrarte más en lo que te falta que en lo que tienes. 

NG: Es una lógica que tiene que ver con los juegos. Instintivamente, buscamos a alguien que nos guste para reproducirnos. Ellos emplean los matches para generar esa recompensa una y otra vez. 

EO: Hay un experimento con ratones que les ponen dos botones. Cuando los aprietan, de uno siempre sale comida y del otro, unas veces sí y otras no. Pues los ratones pulsan mucho más el segundo. Esta es la lógica de Tinder. 

NG: ¿Y por qué no dan comida a veces? En Tinder sabemos que hay algoritmos que generan sesgos de clase. Las primeras personas que te ponen están un poco por encima de tu nivel para que te creas que formas parte de ese star system.

En el libro comentáis que los usuarios tienden a darle like a personas que son un 25% más atractivas que ellas. 

NG: Por un lado es una dinámica sociológica, pero las lógicas de Tinder las aumentan. La aplicación recoge tu nivel de estudios y de ingresos para ordenar y clasificar. Así, a los hombres les dan mujeres de un nivel igual o inferior y a las mujeres, hombres de un nivel superior. 

¿Por qué al hombre no le ofrece mujeres que cobran más?

EO: Los algoritmos siempre se basan en un historial y se van construyendo a medida que se van generando más datos. Si el historial de Tinder demuestra que de todos los match que se han producido los que han triunfado son los que juntan hombres de un nivel mayor que el de las mujeres, tiende a repetirlo porque lo considera exitoso. Por eso los algoritmos son peligrosos, porque reproducen desigualdades intrínsecas de la sociedad. 

NG: Incluso cuando se establece un algoritmos desde cero, su diseño ya es política. 

EO: La realidad es que Tinder promociona los perfiles de emprendedores, con personalidad optimista y cuerpos cultivados. 

La aplicación reproduce desigualdades intrínsecas de la sociedad. A los hombres les dan mujeres de un nivel igual o inferior, y a las mujeres, hombres de un nivel superior

Tanto eres, tanto vales y tú eres tu propia marca; trabajas en ti mismo como producto.

EO: En 2019 gestionamos nuestro cuerpo como si fuera una empresa. Todos los encuentros y eventos, más que ocio, son oportunidades profesionales por si conoces a alguien que te pueda conseguir algo, sobre todo en el mundo del arte, etc. El ocio se convierte en trabajo. En Tinder es igual, buscas una relación sexoafectiva y te estás descubriendo como un producto. Hasta hay perfiles que hablan con lenguaje empresarial, como uno que encontramos que decía buscar «cubrir puesto para mantener el sistema de felicidad y colaborando con sentido del humor y pequeños detalles»

Parece que Tinder está diseñado para que los hombres más necesitados paguen más.

NG: No sabemos qué porcentaje de los ingresos de la empresa representan las suscripciones, pero sí sabemos que son los hombres los que mayoritariamente acaban adquiriendo una suscripción premium. Tinder sigue la antigua lógica de la discoteca: dejar entrar gratis a las mujeres y que sean los hombres los que paguen; es decir, usar a las mujeres como cebo.

Las dinámicas sociotécnicas de la aplicación hacen mucho más difícil el match para ellos que para ellas, por este motivo los hombres muchas veces terminan pagando una suscripción para tomar ventaja sobre el resto, tener más visibilidad y así conseguir más matches.

Lo que monetiza Tinder es el tiempo que pasamos dentro de la aplicación, nuestra insatisfacción. Así que tiene sentido que, en el fondo, el objetivo de la aplicación sea incentivar el círculo vicioso que vive el usuario de expectativa-subidón-frustración. Nuestra insatisfacción hace que el valor bursátil de la empresa suba. 

Love me Tinder

¿Qué es la prostitución 3.0?

NG: Se trata de optimizar tus viajes. Tinder tiene la opción de pago Passport, de que te prepares un viaje a través de citas, en cuya casa duermes. Lo promueve el belga Anthony Botta como una técnica para ligar y viajar gratis, porque supone que nadie va a resistirse a su cuerpazo. Fomenta, además, la figura del emprendedor que trabaja desde donde quiere.

EO: Y al final todo el tipo de hombres que consiguen ese sueño vienen de familias de alto nivel económico.

Han aparecido términos para las actitudes que se ven en Tinder como ghosting, benching, bredcrumbing… ¿La influencia del uso de Tinder genera que la gente las adopte, modifica el comportamiento de las personas?

NG: No, creemos que los acelera y los explota económicamente. En la seducción y el ligue, todo esto ocurre desde hace mucho. Ghosting es desaparecer sin dar ninguna explicación; benching, tener a alguien siempre en la reserva, en el banquillo… Es antiguo, pero Tinder facilita todo esto porque, al no tener a la gente delante, al comunicarse mediante una pantalla, es más fácil portarse así. 

EO: Dar a alguien un trato humano, empático, requiere tiempo y energía. En Tinder no hay tiempo para eso. 

NG: En un canal de YouTube, Jubilee, le han puesto carne al algoritmo de Tinder. Lo que hacemos en la aplicación deslizando el dedo, ellos lo han hecho con personas de verdad, unas delante de las otras. Cuando una mujer tira a uno a la derecha, le apena, le dice que lo siente mucho. En el móvil esa empatía desaparece. 

En 2019 gestionamos nuestro cuerpo como si fuera una empresa. Todos los encuentros y eventos más que ocio son oportunidades profesionales. En Tinder es igual, buscas una relación sexoafectiva y te estás descubriendo como un producto

La aplicación registra el tiempo que dedica cada usuario a observar cada imagen, qué colores y qué formas tiene, qué música escuchas mientras deslizas… 

NG: Son trackers, parásitos invisibles; todos los móviles están llenos. Tinder forma parte de un conglomerado de empresas, todas relacionadas con las citas, donde hay una que no tiene nada que ver con las relaciones y se dedica a vender datos. Sacan tajada de la información que les das, que es mucho dinero. Te explotan sin tú saber los límites. 

EO: Creo que vendían 100.000 perfiles masculinos por 160 euros. 

NG: Joana Moll es una artista que se compró un lote de perfiles y luego hizo una arquitectura inversa; a través de las cookies que le daban fue rastreando y retrataba esta red opaca. Eran perfiles de Tinder, con fotos y todo. Estas aplicaciones están diseñadas para que estés dentro de ellas aportando datos, no para que consigas el amor de tu vida y no las uses más. 

Tinder cuenta las sílabas de tus conversaciones para medir la inteligencia de los usuarios.

EO: Sílabas y la semántica, cómo construyes las frases (risas). Nos creemos tan especiales los humanos que no soportamos que se nos pueda categorizar, pero la aplicación clasifica todos los perfiles. No somos auténticos. 

NG: Y si tenemos alguna singularidad, no es bien acogida en este sistema. No genera comunidad.

Sobre eso habéis escrito: «Cada usuario, como en cualquier otra comunidad, debe ser aceptado por sus miembros en base a una referencia, patrón o modelo que dicta la pauta». 

EO: Hay ciertas formas de vida y discursos que son más valorados. Por ejemplo, el emprendedor, dentro de la jerarquía social, es el más elevado. El que no tiene jefe, nómada digital, que monetiza su forma de vida, proactivo, optimista, autónomo, etc.

Todos los perfiles hacen referencia a este tipo de vida, a la sonrisa, la felicidad, realizar tus sueños, ser una persona mejor, mejorar. No todo el mundo es así, pero hay un patrón. Nosotras hemos tratado en el libro de identificar las ideas colectivas de éxito. En este caso es ser normal y auténtico al mismo tiempo, algo completamente contradictorio. 

Un fenómeno que causó cierto asombro fue el de los Tindertarians, los humanitarios de Tinder, gente que para ligar exhibe sus fotos en proyectos de cooperación en el tercer mundo.

EO: Empezó una web a recopilar todas estas imágenes y el fenómeno continúa. Se han hecho estudios académicos sobre el racismo que entraña, sobre cómo es posible que alguien sosteniendo un bebé negro entre sus brazos piense que está más atractivo sexualmente. Usan a los negros como fuerza libidinal. 

Si sonríes, tienes un 14% más de posibilidades de ser elegido. Si miras a la cámara en la foto, un 20%.

NG: Los ojos son el espejo del alma; la empatía, y la felicidad son contagiosas. Es decir, todo el mundo quiere estar cerca de gente feliz. No demasiado feliz, porque es demasiado, ahí ya no gusta tanto, pero no quieres estar al lado de nadie deprimido. Ahí está el libro de Sara Ahmed, La promesa de la felicidad, donde dice que las emociones generan atmósferas. Si alguien está depre, cuesta estar con él, lidiar con las emociones de otro si ya tienes suficiente con las tuyas. 

EO: Ahmed dice que se promueve ser feliz como una responsabilidad de cada uno, porque, si no lo eres, no es que la estructura social en la que estés no funcione, sino que es cosa tuya. 

Otra frase del libro: «La sonrisa de Tinder es pornografía emocional producida en masa».

NG: Se sonríe, aunque no estés feliz, a cambio de algo. 

Darle un trato humano a alguien, empático, requiere tiempo y energía. En Tinder no hay tiempo para eso

En Swipe Life, espacio de Tinder sobre estilo de vida, se da cabida a la cultura swinger.

NG: En ese blog, cada vez que sacan un artículo, lo que hacen es una limpieza de su marca. Con el LGTBI es muy obvio, porque su herramienta es absolutamente binarista. Con los swingers es lo mismo, se vende una modernidad, un uso liberal; y también hay una carga muy fuerte de new age. De hecho, los creadores de la tecnología actual vienen de ahí. También comentan temas esotéricos. 

Sí, en el libro hacéis referencia a que las aplicaciones explotan el vínculo emocional del usuario.

NG: Identificarte con la comunidad Tinder para estar ahí, para que fuera de ella te sientas distinto.

Se ha dicho que la herramienta es machista porque al hombre le basta con la información visual de la mujer y ella, en cambio, necesita detalles que no puede haber en la herramienta como olores, el tono de voz, etc…

EO: Esto de que se juzga solo por el físico es absolutamente mentira. Es cómo se hace la foto, dónde se hace la foto, qué ropa lleva, qué luz hay. No solo las mujeres, yo creo que todo el mundo hace un análisis completo de la foto. Si lleva reloj, qué tienen en la mano. Hay mucha más información en las fotos que en la belleza de un rostro. Se dice mucho «este es guapo, pero nunca le daría like»

¿Y esos fenómenos como la web Invisible Girlfriend o usuarios que pagan a empresas para que en Instagram parezca que han pasado una noche con un montón de amigos?

NG: La compra de la apariencia. La de la Novia invisible me la instalé y es un bot que solo abre conversaciones; está todo el rato «honey, honey». La aplicación te vende que hay personas reales, como en Her, escribiéndote esos mensajes.

Pensaba que serían turkers, gente que trabaja por muy poco dinero en la creación de inteligencia artificial, pero es un bot descarado. Una estafa. Al menos en los primeros niveles de pago; en los otros dicen que te pueden mandar fotos, regalos para tu cumple. 

¿Son placebos?

NG: Más que eso, son para salir al paso de la presión si no tienes a nadie. Igual que lo de alquilar las fotos de una noche de marcha; es para evitar la impresión que da que no tengas amigos. 

EO: Creo que todo esto tiene que ver con cómo se construye la masculinidad. Para no perderla, tienes que demostrar que eres una persona capaz de seducir. 

¿No hay Invisible Boyfriend?

NG: Sí, pero aunque no te sé decir cómo es la proporción de la demanda, puede que sea como los robots sexuales, que la demanda está uno a diez. Hay uno para mujeres por cada diez orientados a los hombres. Tipos de vaginas debes tener como unas 20; de pollas no tanto. 

Un biólogo evolutivo, Carles Soler, dice que estas aplicaciones son muy buenas para sacar a la gente de sus entornos para procrear con otros que, de otra manera, no hubiesen tenido posibilidad de conocer. Si aumenta la hibridación, dice, se reducen las enfermedades recesivas genéticas.

NG: Un discurso que parte de la genética ya me pone nerviosa de entrada. Se ha dicho que del tablero de ajedrez para conocer a la gente se pasa al aleatorio, pero eso no es así. En Tinder hay unas normas, como hemos comentado. Es un sí pero no. 

EO: Lo que sí tenemos es un amigo que un día encendió el móvil mientras conducía. Eso le hizo estar activo en Girona, se encendió la geolocalización, los minutos que estuvo le dieron un like y de ahí, de ese match, salió un matrimonio. 

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Opiniones 3
  • El ser humano es un mamífero y, como tal, es polígamo. No es casualidad que seamos el único animal en el que un macho y una hembra que forman una pareja se pelean y llegan al asesinato. El 90 % de las culturas humanas son polígamas, pese a que la predominante en la actualidad no lo es. El concepto de virgen de la religión deriva del hecho científico de que, en un entorno en el que no existe la ciencia ni la medicina, las enfermedades de transmisión sexual crean un problema muy serio de mortalidad infantil y afectan mucho más a las mujeres, algo que los humanos primitivos asumieron que era una especie de castigo por la promiscuidad femenina. Hace tan solo unos pocos cientos de años, el matrimonio era una especie de contrato y nadie espraba enamorarse locamente, era como una especie de prostitución a largo plazo cuyos mayores intereses radicaban en que el marido tenía alguien al que dar su herencia al morir a través de los hijos. Otras características físicas, como los gritos de nuestras hembras al tener sexo o el tamaño de las gónadas masculinas, también apuntan directamente a la poligamia como nuestro estado natural. Ante todo esto, recomiendo a los periodistas, políticos, guionistas y otras personas que influyen en la sociedad que dejen de utilizar expresiones como «encontrar el amor», porque están generando unas expectativas irrealizables en la población. El amor existe, pero dura unos pocos años y es una forma mediante la cual la naturaleza protege a los hijos cuando no se pueden defender por sí mismos. Todo lo demás son lavados de cerebro que nos lleva a la depresión y al estrés.

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