29 de enero 2015    /   IDEAS
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Un think tank de artesanía al rescate de Nápoles

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A finales del siglo pasado una periodista de El País escribió una serie de reportajes sobre artesanos madrileños, cuyo talleres estaban a punto de desaparecer, para rescatar la memoria histórica de Madrid a través de su pluma.
15 años después, un arquitecto napolitano ha ido más allá al crear un centro de experimentación en el centro histórico de la ciudad para salvar profesiones centenarias del irremediable paso del tiempo. Con un astuto maridaje entre tradición y diseño, Antonio Giuseppe Martiniello intenta rescatar del olvido labores artesanales y recuperar un claustro abandonado del siglo XVI. Innovación e impacto sobre el territorio son los principales ingredientes de su empresa.
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Made in Cloister es un proyecto para la regeneración urbana de una parte de esta ciudad mediterránea. Su fin es impulsar la relación entre artesanos, artistas y diseñadores para llevar al mercado productos tradicionales y, al mismo tiempo, adaptados al gusto contemporáneo”, explica Martiniello. Al mismo tiempo, aspira a revalorizar una parte del patrimonio histórico de Nápoles, contribuyendo así al desarrollo territorial.
Todo empezó cuando su socia, Rosa Alba Impronta, descubrió por casualidad una ebanistería abandonada en un claustro, dentro de una ex fábrica de lana de la época Borbónica. “El claustro estaba muy fraccionado, casi irreconocible. Tuve que usar los planos para descifrar la estructura” cuenta Antonio. Construido en el siglo XVI para acoger un convento, fue expropiado y convertido en el siglo XIX en una fábrica de lana. Es un ejemplo poco común de Renacimiento napolitano y arqueología industrial.
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Aquí se producían uniformes militares para los Borbones y también la lana, porque debajo del convento pasaba un río subterráneo que fornecía la energía para los molinos. “Fue una de las fábricas del sur de Italia con la tecnología más avanzada de la época”, cuenta Martiniello. Con la unidad de Italia, este complejo industrial cayó en desuso y las fábricas del norte de Italia pasaron a ocuparse de la producción. Los nobles de Nápoles no supieron reciclarse antes el cambio de tendencia y la crisis económica se apoderó de la región, hasta hoy.
El edificio quedó dividido en varios talleres hasta convertirse, en los años 70 del siglo XX, en el mayor centro comercial al por mayor de Nápoles. Ubicado cerca de la céntrica Porta Capuana, la puerta de ingreso a la ciudad, tenía una posición estratégica por su proximidad a la autopista, la estación de trenes y el aeropuerto. Dentro del antiguo convento, había desde la oficina de un mecánico, hasta la ebanistería que inspiró el proyecto de este arquitecto, junto a fábricas de zapatos, de fuegos artificiales, de pólvora y tiendas de productos de limpieza o de agua.
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Con la creación de dos polos comerciales al por mayor en la periferia de Nápoles, el centro dejó de funcionar, y empezó un lento e irreversible proceso de decadencia. Como acontece en muchas ciudad post-industriales, un grupo de artistas, fotógrafos y arquitectos instaló un taller en este complejo abandonado, pero el experimento no funcionó. “Por esta razón, conocíamos el espacio. Cuando Rosa Alba encontró por casualidad la ebanistería y descubrimos que estaba dentro un antiguo claustro, tuvimos una corazonada y decidimos invertir en un proyecto”, recuerda Antonio.
En 2011 Antonio y Rosa Alba compraron el claustro junto a Davide de Blasio y, acto seguido, los tres socios fundadores se plantearon qué hacer con ello. “Siempre tuvimos el sueño de montar un proyecto que ayudase nuestra ciudad, que funcionase como estímulo para la economía local y la creación de empleo”, relata Martiniello. “Nos preguntamos: ¿cuál es la principal riqueza de Nápoles, además de los monumentos? Desde la época de los Borbones, siempre ha sido la agricultura y la artesanía. De allí surgió la idea”, añade.
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Made in Cloister nace con la vocación de ser un centro de vanguardia para la formación de los artesanos. “El problema del artesano es que está aislado de los artistas y los diseñadores, algo que se propició en la época borbónica con la porcelana, que era vendida en todo el mundo. Hoy el sector está en crisis porque los artesanos hacen productos que no se venden. Poseen grandes habilidades manuales, pero reproducen viejos esquemas que no se ajustan al gusto actual”, explica Antonio.
El claustro funcionará como un think tank creativo. Además de la investigación para crear nuevos productos artesanales, habrá encuentros, conciertos y exposiciones. También está previsto que se realicen residencias de artistas de varios países, que podrán incluso vivir en el claustro. “Hoy la gente está muy cansada de la producción industrial. Cada vez más los clientes valoran más los productos hechos a mano”, asegura Stella, artesana de la piel, que colabora en el proyecto.
Volumetrico 3D insula LANIFICIO
Los socios fundadores han cerrado un acuerdo con la Academia de Bellas Artes de Nápoles para recuperar los frescos encontrado en los techos. “Nosotros compramos los materiales y los alumnos harán aquí las prácticas para recuperar un trabajo artístico del siglo XVI”, afirma Martiniello. Otra vertiente del proyecto es la organización de conferencias, seminarios y jornadas sobre la cultura artesanal desde el punto de vista social, económico y del desarrollo del territorio.
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En junio está prevista la inauguración a puertas abiertas con la exposición de un artista internacional y en febrero será inaugurada la galería Dino Morra. Mientras, los socios fundadores siguen buscando fondos para el proyecto. “Recogimos 90.000 euros a través de la plataforma de crowdfunding Kickstarter para hacer la cobertura del claustro, pero se necesita más del doble. Parte de este dinero ha venido del extranjero”, informa Antonio.
La inversión total ronda los 1,2 millones de euros. Todavía falta medio millón de euros para recuperar un total de 3.000 metros cuadrados. “Mi estudio de arquitectura se ocupa de la obra y con eso hemos conseguido reducir al mínimo los costes. A precio de mercado se necesitarían siete u ocho millones de euros”, asegura Mariniello.
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Ahora aspiran a conseguir parte del dinero a través de fondos de la Unión Europea, puesto que Made in Cloister cumple el requisito de tener un impacto de desarrollo sobre el territorio. “Porta Capuana se había convertido en una especie de periferia en el centro de la ciudad”, explica Martiniello. Algo parecido ocurrió hace una década en el barrio madrileño de Lavapiés con el auge del comercio chino al por mayor. “Queremos recuperar esta parte de la ciudad, creando servicios”, agrega. El proyecto pretende reestructurar toda el área contigua al claustro e impulsar un nuevo Renacimiento en el centro histórico de Nápoles. Por eso están en contacto con organizaciones territoriales y varios actores locales. “El principal problema con el que nos estamos topando es que nos piden garantías económicas que, como start up, no podemos ofrecer”, alega Antonio.
Cabe destacar que Nápoles posee el mayor centro histórico de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Son más de 18 km. cuadrados a la espera de fondos para la recuperación. “Hasta ahora lo hemos hecho todo con capitales personales y familiares, pero todo tiene un límite. Necesitamos ayuda”, concluye Martiniello.
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struttura lignea 800 archiologia industriale

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15 años después, un arquitecto napolitano ha ido más allá al crear un centro de experimentación en el centro histórico de la ciudad para salvar profesiones centenarias del irremediable paso del tiempo. Con un astuto maridaje entre tradición y diseño, Antonio Giuseppe Martiniello intenta rescatar del olvido labores artesanales y recuperar un claustro abandonado del siglo XVI. Innovación e impacto sobre el territorio son los principales ingredientes de su empresa.
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Made in Cloister es un proyecto para la regeneración urbana de una parte de esta ciudad mediterránea. Su fin es impulsar la relación entre artesanos, artistas y diseñadores para llevar al mercado productos tradicionales y, al mismo tiempo, adaptados al gusto contemporáneo”, explica Martiniello. Al mismo tiempo, aspira a revalorizar una parte del patrimonio histórico de Nápoles, contribuyendo así al desarrollo territorial.
Todo empezó cuando su socia, Rosa Alba Impronta, descubrió por casualidad una ebanistería abandonada en un claustro, dentro de una ex fábrica de lana de la época Borbónica. “El claustro estaba muy fraccionado, casi irreconocible. Tuve que usar los planos para descifrar la estructura” cuenta Antonio. Construido en el siglo XVI para acoger un convento, fue expropiado y convertido en el siglo XIX en una fábrica de lana. Es un ejemplo poco común de Renacimiento napolitano y arqueología industrial.
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Aquí se producían uniformes militares para los Borbones y también la lana, porque debajo del convento pasaba un río subterráneo que fornecía la energía para los molinos. “Fue una de las fábricas del sur de Italia con la tecnología más avanzada de la época”, cuenta Martiniello. Con la unidad de Italia, este complejo industrial cayó en desuso y las fábricas del norte de Italia pasaron a ocuparse de la producción. Los nobles de Nápoles no supieron reciclarse antes el cambio de tendencia y la crisis económica se apoderó de la región, hasta hoy.
El edificio quedó dividido en varios talleres hasta convertirse, en los años 70 del siglo XX, en el mayor centro comercial al por mayor de Nápoles. Ubicado cerca de la céntrica Porta Capuana, la puerta de ingreso a la ciudad, tenía una posición estratégica por su proximidad a la autopista, la estación de trenes y el aeropuerto. Dentro del antiguo convento, había desde la oficina de un mecánico, hasta la ebanistería que inspiró el proyecto de este arquitecto, junto a fábricas de zapatos, de fuegos artificiales, de pólvora y tiendas de productos de limpieza o de agua.
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Con la creación de dos polos comerciales al por mayor en la periferia de Nápoles, el centro dejó de funcionar, y empezó un lento e irreversible proceso de decadencia. Como acontece en muchas ciudad post-industriales, un grupo de artistas, fotógrafos y arquitectos instaló un taller en este complejo abandonado, pero el experimento no funcionó. “Por esta razón, conocíamos el espacio. Cuando Rosa Alba encontró por casualidad la ebanistería y descubrimos que estaba dentro un antiguo claustro, tuvimos una corazonada y decidimos invertir en un proyecto”, recuerda Antonio.
En 2011 Antonio y Rosa Alba compraron el claustro junto a Davide de Blasio y, acto seguido, los tres socios fundadores se plantearon qué hacer con ello. “Siempre tuvimos el sueño de montar un proyecto que ayudase nuestra ciudad, que funcionase como estímulo para la economía local y la creación de empleo”, relata Martiniello. “Nos preguntamos: ¿cuál es la principal riqueza de Nápoles, además de los monumentos? Desde la época de los Borbones, siempre ha sido la agricultura y la artesanía. De allí surgió la idea”, añade.
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Made in Cloister nace con la vocación de ser un centro de vanguardia para la formación de los artesanos. “El problema del artesano es que está aislado de los artistas y los diseñadores, algo que se propició en la época borbónica con la porcelana, que era vendida en todo el mundo. Hoy el sector está en crisis porque los artesanos hacen productos que no se venden. Poseen grandes habilidades manuales, pero reproducen viejos esquemas que no se ajustan al gusto actual”, explica Antonio.
El claustro funcionará como un think tank creativo. Además de la investigación para crear nuevos productos artesanales, habrá encuentros, conciertos y exposiciones. También está previsto que se realicen residencias de artistas de varios países, que podrán incluso vivir en el claustro. “Hoy la gente está muy cansada de la producción industrial. Cada vez más los clientes valoran más los productos hechos a mano”, asegura Stella, artesana de la piel, que colabora en el proyecto.
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Los socios fundadores han cerrado un acuerdo con la Academia de Bellas Artes de Nápoles para recuperar los frescos encontrado en los techos. “Nosotros compramos los materiales y los alumnos harán aquí las prácticas para recuperar un trabajo artístico del siglo XVI”, afirma Martiniello. Otra vertiente del proyecto es la organización de conferencias, seminarios y jornadas sobre la cultura artesanal desde el punto de vista social, económico y del desarrollo del territorio.
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En junio está prevista la inauguración a puertas abiertas con la exposición de un artista internacional y en febrero será inaugurada la galería Dino Morra. Mientras, los socios fundadores siguen buscando fondos para el proyecto. “Recogimos 90.000 euros a través de la plataforma de crowdfunding Kickstarter para hacer la cobertura del claustro, pero se necesita más del doble. Parte de este dinero ha venido del extranjero”, informa Antonio.
La inversión total ronda los 1,2 millones de euros. Todavía falta medio millón de euros para recuperar un total de 3.000 metros cuadrados. “Mi estudio de arquitectura se ocupa de la obra y con eso hemos conseguido reducir al mínimo los costes. A precio de mercado se necesitarían siete u ocho millones de euros”, asegura Mariniello.
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Ahora aspiran a conseguir parte del dinero a través de fondos de la Unión Europea, puesto que Made in Cloister cumple el requisito de tener un impacto de desarrollo sobre el territorio. “Porta Capuana se había convertido en una especie de periferia en el centro de la ciudad”, explica Martiniello. Algo parecido ocurrió hace una década en el barrio madrileño de Lavapiés con el auge del comercio chino al por mayor. “Queremos recuperar esta parte de la ciudad, creando servicios”, agrega. El proyecto pretende reestructurar toda el área contigua al claustro e impulsar un nuevo Renacimiento en el centro histórico de Nápoles. Por eso están en contacto con organizaciones territoriales y varios actores locales. “El principal problema con el que nos estamos topando es que nos piden garantías económicas que, como start up, no podemos ofrecer”, alega Antonio.
Cabe destacar que Nápoles posee el mayor centro histórico de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Son más de 18 km. cuadrados a la espera de fondos para la recuperación. “Hasta ahora lo hemos hecho todo con capitales personales y familiares, pero todo tiene un límite. Necesitamos ayuda”, concluye Martiniello.
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