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3 de marzo 2017    /   IDEAS
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¿Qué ha sido de la madera en nuestras vidas?

3 de marzo 2017    /   IDEAS     por          
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Si nos preguntaran si podemos enumerar las diferencias que hay entre nuestras casas y las de nuestros abuelos, se nos ocurrirían una buena lista de cambios, la mayor parte de ellos relacionados probablemente con algunos avances tecnológicos y, si nos remontáramos más, puede que con la introducción de algunos electrodomésticos hoy comunes o con medidas que han añadido confort a nuestros hogares.

Pero en nuestras casas, que tanto han ganado, ha habido un silencioso adiós, un material que ha ido siendo cada vez menos empleado en la construcción y la decoración del hogar medio español: la madera.

Lo más frecuente es que, por más que traten de parecerlo, ni las mesas, ni los armarios, ni el suelo, ni la encimera de la cocina sean, en realidad, de madera. Cualquier contratista le dirá que la madera es cara, muy cara, que un suelo de madera cruje al andar, que se contrae y se dilata con los cambios de temperatura; que en un armario de madera las puertas, con el tiempo, se combarán y no cerrarán bien; que con una encimera de madera en la cocina hay que tener mucho cuidado con las manchas o el agua; etc.

Se recurre al argumento, por todos conocido, de que la madera es un material vivo, pero la novedad está en presentar esta característica como un problema. Usted está comprando algo que cambiará con el tiempo y ese cambio es un interrogante al que no le gustará enfrentarse.

¿Por qué comprar una estructura para el porche de madera que tendrá que barnizar cada año, si puede comprar otra más barata y resistente, que no necesita mantenimiento, y que, aunque no lo sea, realmente parece madera? Cualquier contratista le dirá: yo le pongo lo que usted quiera, pero la madera, a la larga, no es buena idea.

Su mismo concepto parece hoy una realidad difusa, si uno acude a un carpintero y pide algún mueble de madera a medida este arqueará la ceja, haga la prueba. La respuesta más común es «¿a qué llama usted madera?».

El carpintero suele partir de la premisa de que el comprador no quiere un mueble de madera real, porque la experiencia le dice que acabará por encargar o un aglomerado de fibras de madera prensada como viruta o serrín, o un material laminado con solo una pequeña lámina externa de madera, o un DM, tablero de densidad media, que en realidad se fabrica con los restos de la madera, o puede que hasta un mueble de cartón recubierto.

En inglés, el término commodity, que vendría a equivaler a una materia prima o un producto básico, se emplea frecuentemente para referirse a aquellos bienes o servicios de los que una determinada población se beneficia por norma general. El verbo «comoditizar» se emplea en ocasiones en español, sin el beneplácito de la RAE, para describir este to become a commodity inglés, proceso por el que un determinado bien se hace homogéneo en una sociedad.

Pues bien, suponiendo que se pueda «comoditizar» en español, la madera se ha «descomoditizado» en España. Esto es, ha pasado de ser un material común en los hogares que se construían o reformaban hasta hace unos 30 o 40 años, a ser hoy una rara avis de nuestras casas, solo reservada a los pocos que: uno, se obstinan en emplearla y, dos, pueden efectivamente pagarla. Es, justamente, el proceso inverso a ser una commodity.

Tomemos por caso el suelo. Si repaso mentalmente cómo eran los suelos de las casas que pisaba hace unos años, por ejemplo, cómo eran los de las casas de mis amigos cuando estos vivían con sus padres, en todas ellas había parqué. No falla una. Si repaso cómo son las casas a las que mis amigos se han ido a vivir, en todas hay un suelo laminado. Tampoco falta en ninguna. Un suelo laminado, parece, simula ser madera, pero no lo es.

Este material laminado se conoce en la edificación desde las primera décadas del siglo pasado, pero no se empezó a emplear como suelo hasta finales de los setenta, cuando la empresa sueca Perstorp lanzó los primeros suelos de HPL, laminado de alta presión, por sus siglas en inglés. Su fácil instalación, su sencillo mantenimiento y el hecho de que fuera más barato que la madera es lo que lo ha llevado a estar en las casas de todos mis amigos. Y, me apuesto lo que quiera, de los suyos.

Estos suelos fueron novedosos por muchos motivos, para empezar en los antiguos no existía, como sí hay ahora, una diferenciación entre una parte estructural (que queda debajo, oculta) y otra pisable (que es más resistente y estética). Esta separación en capas data de los años sesenta.

La parte más externa es una capa decorativa resistente al desgaste, normalmente una celulosa, un papel en el que se imprime el dibujo (este simula el acabado que se desee, normalmente una apariencia de madera que se consigue reproduciendo su veta, dibujando su vena).

Este papel se trata con varias capas de resinas sintéticas que le aportan la resistencia a la abrasión y que, en última instancia, determinan su durabilidad (se mide el tiempo que tarda en ponerse blanco y, con ello, estos suelos se clasifican por tipo de uso —doméstico, comercial, industrial, etc.—, según la norma que regula el estándar).

La siguiente capa está compuesta de materiales derivados de la madera, un tablero que puede ser HDF, fibra de madera hidrófuga, o MDF, tablero de media densidad. La última capa suele ser una barrera antihumedad. Después todas se unen entre sí mediante resina, calor y presión formando un sola lama de pocos milímetros de grosor.

Dependiendo de cómo sea este proceso de unión los laminados son: DPL, laminados a presión directa, o HPL, laminados a alta presión, que suman una melamina, que los hace aún más resistentes.

Frente a este tipo de suelos laminados, se encuentra la tarima de madera maciza. Se trata simplemente de esto: madera maciza, sin capas. Procedente del arce, el cerezo, el nogal, etc. es un suelo que se recupera y restaura aún cuando tiene más de 100 años de antigüedad. Si se obtiene de bosques sostenibles, entre sus desventajas solo puede señalarse su precio y, para algunos, el hecho de que con el tiempo haga ruido al pisar (si quiere evitarte se puede inyectar espuma de poliuretano).

Estos suelos se colocan normalmente clavados sobre rastreles, listones de madera, o, donde pueda esperarse una gran dilatación por las variaciones de temperatura, pegados o encolados directamente sobre la solera. Entre los laminados y la madera maciza existe una tercera opción, las llamadas tarimas multicapa que, por una parte están hechas de madera, pero, por otra, no son macizas, es decir, tienen también una estructura de capas. Unos 10 o 12 mm de estos suelos están fabricados en madera barata, pino o bambú, y la última capa, la pisable, de una madera noble, cuyo grosor no puede ser inferior a 2,5 mm.

La FEPM, Federación Española de Pavimentos de Madera, establece que la tarima tiene que tener un mínimo de 4 mm de capa exterior para que se pueda acuchillar y no se considere, por tanto, un suelo de un solo uso, como los laminados. La diferencia entre estas tarimas macizas o multicapas y el archiconocido parqué de nuestra infancia estriba básicamente en el tamaño de lama, la de la tarima es simplemente más larga y ancha que la del parqué. Este término, que procede del francés, hace más referencia a su patrón de colocación, pequeños cuadros en diagonal, que a los materiales en sí.

Es cierto que la madera, sobre todo la maciza, nunca ha sido un material barato; pero la que fue su versión más popular, el parqué, es hoy tan cara que no se instala de obra en casi ninguna edificación. Un diseño de estilo actual que podría tomarse por equivalente, una madera multicapa colocada en espiga, es un suelo que suele superar los setenta euros por metro cuadrado más IVA e instalación, cuando hay laminados desde cinco o seis euros el metro. Calcule la diferencia total multiplicando por los metros de su casa.

Es un lugar común y un recorrido por todos conocido el del producto nuevo que es más ventajoso y barato que aquel al que viene a sustituir, pero que con el tiempo, al estandarizarse, desarrollarse y fabricarse con más variedad, acaba por tener el precio del material cuyo coste en origen abarataba. Los laminados no son hoy mucho más baratos que el parqué (al menos los de calidad media) y, en cambio, el precio de este se ha vuelto privativo, se ha «descomoditizado».

Incluso, más allá del suelo, la madera era antes un material cotidiano: sin llegar a las variedades más nobles, de maderas comunes y baratas se fabricaban toda clase de muebles, juguetes y herramientas (un cubo, una escalera, el palo de una escoba, etc.) y, si retrocedo un poco más y pienso en las viejas casas de los pueblos, en la mía, por ejemplo, la veo también en las vigas, en las puertas y ventanas.

Hoy la madera ha sido sustituida, por regla general, de todos esos ámbitos. Hay, nos dicen, mejores materiales de construcción y de aislamiento o son simplemente objetos que es más barato fabricar en otro material (aún cuando luego el consumidor no pague en realidad menos por ellos).

Pero algo sin duda debe de tener la madera, porque todos los fabricantes de materiales siguen ofreciendo una línea de productos que la imita… Hay ventanas de PVC con una rotura de puente térmico de 9 mm, pero con un acabado exterior que parece, pero que una vez más, no es madera. Es como si al consumidor le costará renunciar a ella, a su aspecto. Y quizá porque conservamos su apariencia en materiales que son en realidad muy distintos (muy diferentes entre sí y muy distintos, a su vez, de ella), no nos hemos dado cuenta de hasta qué punto la madera se ha ido, ya no está, ni es parte habitual de nuestro día a día.

Si sigo pensando en esa casa de pueblo, veo la gran viga que atraviesa la planta superior, ha sido blanqueada una y mil veces, las mismas que el techo y las paredes, pero aún tras tanta capa pintura se aprecian los agujeros de la carcoma.

Esa casa, que antes de ser de mi abuelo fue de su padre y del padre de este, ha envejecido con mi familia. La madera, ya nos avisó el contratista, es un material vivo: cambia con el tiempo, se oscurece con el sol, cruje con los años, necesita que la nutran, por temporadas se dilata, en ocasiones se contrae y tiene, como todos nosotros, sus interrogantes.

Si nos preguntaran si podemos enumerar las diferencias que hay entre nuestras casas y las de nuestros abuelos, se nos ocurrirían una buena lista de cambios, la mayor parte de ellos relacionados probablemente con algunos avances tecnológicos y, si nos remontáramos más, puede que con la introducción de algunos electrodomésticos hoy comunes o con medidas que han añadido confort a nuestros hogares.

Pero en nuestras casas, que tanto han ganado, ha habido un silencioso adiós, un material que ha ido siendo cada vez menos empleado en la construcción y la decoración del hogar medio español: la madera.

Lo más frecuente es que, por más que traten de parecerlo, ni las mesas, ni los armarios, ni el suelo, ni la encimera de la cocina sean, en realidad, de madera. Cualquier contratista le dirá que la madera es cara, muy cara, que un suelo de madera cruje al andar, que se contrae y se dilata con los cambios de temperatura; que en un armario de madera las puertas, con el tiempo, se combarán y no cerrarán bien; que con una encimera de madera en la cocina hay que tener mucho cuidado con las manchas o el agua; etc.

Se recurre al argumento, por todos conocido, de que la madera es un material vivo, pero la novedad está en presentar esta característica como un problema. Usted está comprando algo que cambiará con el tiempo y ese cambio es un interrogante al que no le gustará enfrentarse.

¿Por qué comprar una estructura para el porche de madera que tendrá que barnizar cada año, si puede comprar otra más barata y resistente, que no necesita mantenimiento, y que, aunque no lo sea, realmente parece madera? Cualquier contratista le dirá: yo le pongo lo que usted quiera, pero la madera, a la larga, no es buena idea.

Su mismo concepto parece hoy una realidad difusa, si uno acude a un carpintero y pide algún mueble de madera a medida este arqueará la ceja, haga la prueba. La respuesta más común es «¿a qué llama usted madera?».

El carpintero suele partir de la premisa de que el comprador no quiere un mueble de madera real, porque la experiencia le dice que acabará por encargar o un aglomerado de fibras de madera prensada como viruta o serrín, o un material laminado con solo una pequeña lámina externa de madera, o un DM, tablero de densidad media, que en realidad se fabrica con los restos de la madera, o puede que hasta un mueble de cartón recubierto.

En inglés, el término commodity, que vendría a equivaler a una materia prima o un producto básico, se emplea frecuentemente para referirse a aquellos bienes o servicios de los que una determinada población se beneficia por norma general. El verbo «comoditizar» se emplea en ocasiones en español, sin el beneplácito de la RAE, para describir este to become a commodity inglés, proceso por el que un determinado bien se hace homogéneo en una sociedad.

Pues bien, suponiendo que se pueda «comoditizar» en español, la madera se ha «descomoditizado» en España. Esto es, ha pasado de ser un material común en los hogares que se construían o reformaban hasta hace unos 30 o 40 años, a ser hoy una rara avis de nuestras casas, solo reservada a los pocos que: uno, se obstinan en emplearla y, dos, pueden efectivamente pagarla. Es, justamente, el proceso inverso a ser una commodity.

Tomemos por caso el suelo. Si repaso mentalmente cómo eran los suelos de las casas que pisaba hace unos años, por ejemplo, cómo eran los de las casas de mis amigos cuando estos vivían con sus padres, en todas ellas había parqué. No falla una. Si repaso cómo son las casas a las que mis amigos se han ido a vivir, en todas hay un suelo laminado. Tampoco falta en ninguna. Un suelo laminado, parece, simula ser madera, pero no lo es.

Este material laminado se conoce en la edificación desde las primera décadas del siglo pasado, pero no se empezó a emplear como suelo hasta finales de los setenta, cuando la empresa sueca Perstorp lanzó los primeros suelos de HPL, laminado de alta presión, por sus siglas en inglés. Su fácil instalación, su sencillo mantenimiento y el hecho de que fuera más barato que la madera es lo que lo ha llevado a estar en las casas de todos mis amigos. Y, me apuesto lo que quiera, de los suyos.

Estos suelos fueron novedosos por muchos motivos, para empezar en los antiguos no existía, como sí hay ahora, una diferenciación entre una parte estructural (que queda debajo, oculta) y otra pisable (que es más resistente y estética). Esta separación en capas data de los años sesenta.

La parte más externa es una capa decorativa resistente al desgaste, normalmente una celulosa, un papel en el que se imprime el dibujo (este simula el acabado que se desee, normalmente una apariencia de madera que se consigue reproduciendo su veta, dibujando su vena).

Este papel se trata con varias capas de resinas sintéticas que le aportan la resistencia a la abrasión y que, en última instancia, determinan su durabilidad (se mide el tiempo que tarda en ponerse blanco y, con ello, estos suelos se clasifican por tipo de uso —doméstico, comercial, industrial, etc.—, según la norma que regula el estándar).

La siguiente capa está compuesta de materiales derivados de la madera, un tablero que puede ser HDF, fibra de madera hidrófuga, o MDF, tablero de media densidad. La última capa suele ser una barrera antihumedad. Después todas se unen entre sí mediante resina, calor y presión formando un sola lama de pocos milímetros de grosor.

Dependiendo de cómo sea este proceso de unión los laminados son: DPL, laminados a presión directa, o HPL, laminados a alta presión, que suman una melamina, que los hace aún más resistentes.

Frente a este tipo de suelos laminados, se encuentra la tarima de madera maciza. Se trata simplemente de esto: madera maciza, sin capas. Procedente del arce, el cerezo, el nogal, etc. es un suelo que se recupera y restaura aún cuando tiene más de 100 años de antigüedad. Si se obtiene de bosques sostenibles, entre sus desventajas solo puede señalarse su precio y, para algunos, el hecho de que con el tiempo haga ruido al pisar (si quiere evitarte se puede inyectar espuma de poliuretano).

Estos suelos se colocan normalmente clavados sobre rastreles, listones de madera, o, donde pueda esperarse una gran dilatación por las variaciones de temperatura, pegados o encolados directamente sobre la solera. Entre los laminados y la madera maciza existe una tercera opción, las llamadas tarimas multicapa que, por una parte están hechas de madera, pero, por otra, no son macizas, es decir, tienen también una estructura de capas. Unos 10 o 12 mm de estos suelos están fabricados en madera barata, pino o bambú, y la última capa, la pisable, de una madera noble, cuyo grosor no puede ser inferior a 2,5 mm.

La FEPM, Federación Española de Pavimentos de Madera, establece que la tarima tiene que tener un mínimo de 4 mm de capa exterior para que se pueda acuchillar y no se considere, por tanto, un suelo de un solo uso, como los laminados. La diferencia entre estas tarimas macizas o multicapas y el archiconocido parqué de nuestra infancia estriba básicamente en el tamaño de lama, la de la tarima es simplemente más larga y ancha que la del parqué. Este término, que procede del francés, hace más referencia a su patrón de colocación, pequeños cuadros en diagonal, que a los materiales en sí.

Es cierto que la madera, sobre todo la maciza, nunca ha sido un material barato; pero la que fue su versión más popular, el parqué, es hoy tan cara que no se instala de obra en casi ninguna edificación. Un diseño de estilo actual que podría tomarse por equivalente, una madera multicapa colocada en espiga, es un suelo que suele superar los setenta euros por metro cuadrado más IVA e instalación, cuando hay laminados desde cinco o seis euros el metro. Calcule la diferencia total multiplicando por los metros de su casa.

Es un lugar común y un recorrido por todos conocido el del producto nuevo que es más ventajoso y barato que aquel al que viene a sustituir, pero que con el tiempo, al estandarizarse, desarrollarse y fabricarse con más variedad, acaba por tener el precio del material cuyo coste en origen abarataba. Los laminados no son hoy mucho más baratos que el parqué (al menos los de calidad media) y, en cambio, el precio de este se ha vuelto privativo, se ha «descomoditizado».

Incluso, más allá del suelo, la madera era antes un material cotidiano: sin llegar a las variedades más nobles, de maderas comunes y baratas se fabricaban toda clase de muebles, juguetes y herramientas (un cubo, una escalera, el palo de una escoba, etc.) y, si retrocedo un poco más y pienso en las viejas casas de los pueblos, en la mía, por ejemplo, la veo también en las vigas, en las puertas y ventanas.

Hoy la madera ha sido sustituida, por regla general, de todos esos ámbitos. Hay, nos dicen, mejores materiales de construcción y de aislamiento o son simplemente objetos que es más barato fabricar en otro material (aún cuando luego el consumidor no pague en realidad menos por ellos).

Pero algo sin duda debe de tener la madera, porque todos los fabricantes de materiales siguen ofreciendo una línea de productos que la imita… Hay ventanas de PVC con una rotura de puente térmico de 9 mm, pero con un acabado exterior que parece, pero que una vez más, no es madera. Es como si al consumidor le costará renunciar a ella, a su aspecto. Y quizá porque conservamos su apariencia en materiales que son en realidad muy distintos (muy diferentes entre sí y muy distintos, a su vez, de ella), no nos hemos dado cuenta de hasta qué punto la madera se ha ido, ya no está, ni es parte habitual de nuestro día a día.

Si sigo pensando en esa casa de pueblo, veo la gran viga que atraviesa la planta superior, ha sido blanqueada una y mil veces, las mismas que el techo y las paredes, pero aún tras tanta capa pintura se aprecian los agujeros de la carcoma.

Esa casa, que antes de ser de mi abuelo fue de su padre y del padre de este, ha envejecido con mi familia. La madera, ya nos avisó el contratista, es un material vivo: cambia con el tiempo, se oscurece con el sol, cruje con los años, necesita que la nutran, por temporadas se dilata, en ocasiones se contrae y tiene, como todos nosotros, sus interrogantes.

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Opiniones 8
  • En casa, algunos de los muebles fueron hechos a mano por mi hermano durante su época como carpintero, antes de que decidiera estudiar una profesión.

    Es impresionante pensar en la dedicación y esmero que hay en el resultado.

  • «Y, me apuesto lo que quiera, de los suyos.» Pues me apuesto una suscripción a Yorokobu, yeah!!! En Barcelona, la mayoría de los amigos tenemos baldosa hidráulica… Buen artículo!!! 😉

    • El suelo hidráulico es estupendo, hoy en día se comercializan muchas baldosas que lo simulan, pero también se vende el que se fabrica de manera tradicional, prensando las trepas. El único problema que tiene para mí es elegir uno, hay tanta variedad de formas y colores y son tan tan chulas 😉

  • Puede que en España no sea tan obvio como en el resto de Europa (especialmente de Francia para arriba) pero hace ya unos años que la madera se perfila como un material constructivo plenamente vigente y con un futuro más que optimista. Y no sólo en cuanto a tableros de fibras y toda la familia de conglomerados; maderas contralaminadas para montajes en seco, mecanizados en fábrica de forjados y cerramientos, revestimientos alquitranados, corcho proyectado, etc. Se trata de un material que ofrece infinitas posibilidades, al margen de su carácter sostenible.

    En cualquier caso, es evidente que en ámbito doméstico el uso de melaminas y chapados, o cualquier otro sucedáneo no tiene competencia.

  • Las cosas de madera llevan tiempo y mucho trabajo, la gente, la mayoría no aprecia el trabajo que lleva detrás, sólo el precio. Yo hago cosas personalizadas, sólo uso madera, y para la gente una mesilla única de madera de 250€ les parece carísimo, porque Ikea lo hace más barato.

  • La madera, un material vivo que ha ido desapareciendo del uso en la arquitectura. Sin embargo aún vive en tradiciones artesanales como parte del patrimonio vivo en algunos países. Talla en madera de máscaras en Barranquilla, Colombia; alebrijes de Oaxaca en Mexico; Santos en Puerto Rico, entre otros. Gracias por el artículo @Jwdith

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