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3 de agosto 2016    /   DIGITAL
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Madres que besan a sus hijos en los labios, ayer y hoy

3 de agosto 2016    /   DIGITAL     por          
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Madres e hijas. La imagen de la izquierda pertenece a un viejo anuncio de corsés Warner. La imagen de la derecha muestra a Victoria Beckham besando a su hija Harper (una imagen que la mayoría de los lectores sin duda conocen). Entre ambas imágenes han pasado más de cien años. No consta que la imagen antigua creará polémica. Victoria Beckham ha recibido insultos por la suya: pervertidora, obscena… También mala madre porque la pequeña tiene el torso descubierto. Otro episodio de un viejo debate en internet: ¿es apropiado que los padres besen a sus hijos en los labios?

El anuncio de corsés se proyectó en los cines. Lo descubro mientras busco vídeos para comentar temas de cine (como hice con la simetría y el color). Tres semanas atrás, la imagen de Victoria Beckham en Instagram creó polémica en las redes sociales.

Besos antiguos

Hay pocos datos sobre el anuncio de corsés en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Apenas un resumen de lo que pasa.

El anuncio muestra a una niña besando a su madre en los labios y después a su padre. La niña besa a la madre hasta tres veces. Uno ignora si los padres son reales o ficticios, aunque poco o nada importa. Para entonces, los besos en el cine eran habituales en el cine comercial. En cuanto a los besos entre niños y adultos en los labios parece que eran frecuentes. ¿Hubiera una marca de entonces creado un anuncio polémico y contra la moral de la época? Posiblemente no. Si había una publicidad ofensiva para las personas de nuestro siglo: publicidad machista, racista o xenófoba. Pero el anuncio de corsés no molesta a la corrección política de antes ni de ahora salvo quizá por los besos.

Niña y madre. Anuncio antiguo de corsets Warner.
Niña y madre. Anuncio antiguo de corsés Warner

Muy atrás había quedado el escándalo de El beso (The May Irwin Kiss, 1896), producida por Edison. Moralistas y dirigentes religiosos de Estados Unidos atacaron con dureza la película.

El anuncio de corsés fue filmado dos décadas antes de que el Código Hays (1934) censurara a Hollywood.  Pero ni siquiera este estricto código impedía el beso en los labios entre un adulto y un menor. De hecho, podemos recordar besos entre padres y madres e hijos e hijas ficticias. Sí prohibía los besos demasiados apasionados y largos. Respecto a los menores, prohibía la exposición de los genitales.

 

El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover. Imagen de Associated Press.
El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover. Imagen de Associated Press

En 1938, el siniestro Edgar Hoover besó o se dejó besar por la estrella infantil Shirley Temple. No consta que el beso fuera polémico. Y no consta que molestara a Shirley Temple, que tras el beso fue amiga de Hoover durante años.

Estos detalles revelan que el reparo a los besos en los labios entre madres e hijas (e incluso entre adultos y menores amigos) es más o menos reciente. De hecho, otros besos de famosos a sus hijos no recibieron críticas tan agresivas en la primera década del siglo XXI. Se conjugan varios elementos para que los piquitos sean demonizados.

Psicólogos contra los padres y los hijos

De alguna manera, la psicóloga infantil Charlotte Reznick alentó la cruzada contra los besos en los labios al publicar The Power of Your Child’s Imagination (2009). En este libro, Reznick escribió:

«Si comienzas a besar a tus hijos en los labios, ¿cuando paras? Un niño desarrolla su sexualidad a los cuatro o cinco años, y un beso puede ser estimulante».

Según esto, ¿habría que prohibir los abrazos? ¿No llevar a los pequeños a caballito? ¿No cogerlos de la mano?

El libro de Reznick recibió una atención excesiva por los medios de comunicación ingleses y estadounidenses. Un ejemplo: el olvidado Harry Connick Jr besó a su hija de ocho años en 2010. Publicaciones como Daily Mail dieron cuenta como una bonita noticia de relleno. Basta leer las opiniones de los lectores para percatarse de que el beso no molestó. Incluso el cantante es considerado un modelo de padre y marido.

Un año más tarde, publicaciones como The Stir dan alas a Reznick con titulares como: Deja de besar a tus hijos (tú también, Harry Connick Jr).

El redactor da validez a las palabras de Reznick. A partir de entonces, el nombre de Reznick aparece en los medios cuando un personaje famoso besa a su hijo o hija menor. También cuando, en el programa de telerrealidad The Baby Diaries de ITV, hay padres que besan a sus hijos en los labios. Por supuesto que las teorías de Reznick también aparecen contra el beso de Victoria a su hija. Teorías a las que se han sumado otros psicólogos estadounidenses. Es un mercado alentar el miedo de los padres a que sus hijos sean reprendidos como acosadores por besar en los labios a compañeros de clase.

Psicólogos a favor de los besos entre padres e hijos

Otros psicólogos consideran que el beso de Victoria B. a su hija no es inadecuado. La psicóloga Silvia Álava afirma: «No conozco ningún estudio científico que diga que esto es malo». Por el contrario, no recibir besos ni afectos es nocivo. La psicóloga Mertxe Pasamontes escribe sobre el siniestro experimento de Rene Spitz:

«Bebés criados en un orfanato podían morir no por la falta de cuidados sino por la falta de contacto físico. No recibían el principal alimento del ser humano: el amor. No eran tocados, acariciados, besados».

Las redes sociales

La moderna psicología estadounidense no debe ser vista como la única causa para el rechazo de los piquitos entre padres e hijos. Las redes sociales dan bombo a opiniones radicales que habitualmente son la minoría. De hecho, el apoyo a Victoria B. es mayor que la crítica.

Sí, se da demasiada importancia a las opiniones de un pequeño grupo de moralistas. Un ejemplo. Busco en Google Hugh Jackman kiss daughter y encuentro imágenes del actor besando en la calle a su hija en distintos momentos. Parece que estas imágenes no enervan a los críticos. ¿Será porque el actor no las ha publicado en Instagram? Es importante destacar esto.

Captura de búsqueda en Google: Hugh Jackman kiss daughter.
Captura de búsqueda en Google: Hugh Jackman kiss daughter

Si el beso de Victoria B. hubiera formado parte de un momento robado por un reportero, quizá hubiera tenido menos repercusión. Cuando uno publica una imagen en las redes sociales, por intrascendente que sea, abre una puerta a las reacciones «de tú a tú». El receptor quiere decir DIRECTAMENTE al protagonista qué piensa de lo que ha hecho. Opiniones que mezcla la repulsa y el aleccionamiento moral. Gente que coloca rápidamente etiquetas de «obsceno», «sucio» o «inapropiado».

Personas que parten de prejuicios heredados en torno al sexo. Prejuicios que no han cuestionado. A estas personas les acompaña la cruzada homófoba que no merece más comentario. Finalmente, están los «protectores de la infancia». Estos últimos se han quejado porque Harper, la hija de Victoria, lleva el pecho descubierto. ¿Cuándo la desnudez de una niña pequeña se volvió obscena o inapropiada? ¿O un niño pequeño desnudo por la playa? En esta última categoría se juntan moralistas con personas que quizá han sufrido o conocido abusos y etiqueta lo ajeno según sus traumas. El conjunto lleva a pensar que la sociedad está un tanto podrida. Una podredumbre que los medios amplifican creando noticias donde no las hay, como el beso de Victoria B. a su hija). Una podredumbre que la ficción recoge y devuelve.

Un ejemplo de cómo la ficción aprovecha los prejuicios comunes

En The Big Bang Theory, Leonard aparta a Sheldon de una niña con la que quiere jugar a los trenes. Leonard teme que su amigo sea visto como un depravado sexual. Los diálogos entre Sheldon y la niña son inocentes. Son las risas enlatadas las que sugieren e incitan al público a pensar que la situación se presta a confusión. Las risas enlatadas aprovechan que hay un «pensamiento sucio» generalizado para crear humor donde no hay. Los guionistas de The Big Bang Theory muestran que nos reímos porque somos incapaces de ver lo bueno.

Nuestras madres y abuelas

Las madres y abuelas españolas de siempre han besado a sus hijos e hijas en los labios y les ha mordido el culo al hilo de: «¡Ay, que me lo como!». Sólo mentes enfermas o moralistas (que equivale a gente sin sentido crítico) verían estos gestos como inadecuados. Son los mismos que se escandalizan con las madres que amamantan en público o que denuncian pinturas de desnudos en Facebook.

***

El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover es una imagen cuyo uso permite Associated Press sólo para propósitos editoriales.

 

 

 

Madres e hijas. La imagen de la izquierda pertenece a un viejo anuncio de corsés Warner. La imagen de la derecha muestra a Victoria Beckham besando a su hija Harper (una imagen que la mayoría de los lectores sin duda conocen). Entre ambas imágenes han pasado más de cien años. No consta que la imagen antigua creará polémica. Victoria Beckham ha recibido insultos por la suya: pervertidora, obscena… También mala madre porque la pequeña tiene el torso descubierto. Otro episodio de un viejo debate en internet: ¿es apropiado que los padres besen a sus hijos en los labios?

El anuncio de corsés se proyectó en los cines. Lo descubro mientras busco vídeos para comentar temas de cine (como hice con la simetría y el color). Tres semanas atrás, la imagen de Victoria Beckham en Instagram creó polémica en las redes sociales.

Besos antiguos

Hay pocos datos sobre el anuncio de corsés en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Apenas un resumen de lo que pasa.

El anuncio muestra a una niña besando a su madre en los labios y después a su padre. La niña besa a la madre hasta tres veces. Uno ignora si los padres son reales o ficticios, aunque poco o nada importa. Para entonces, los besos en el cine eran habituales en el cine comercial. En cuanto a los besos entre niños y adultos en los labios parece que eran frecuentes. ¿Hubiera una marca de entonces creado un anuncio polémico y contra la moral de la época? Posiblemente no. Si había una publicidad ofensiva para las personas de nuestro siglo: publicidad machista, racista o xenófoba. Pero el anuncio de corsés no molesta a la corrección política de antes ni de ahora salvo quizá por los besos.

Niña y madre. Anuncio antiguo de corsets Warner.
Niña y madre. Anuncio antiguo de corsés Warner

Muy atrás había quedado el escándalo de El beso (The May Irwin Kiss, 1896), producida por Edison. Moralistas y dirigentes religiosos de Estados Unidos atacaron con dureza la película.

El anuncio de corsés fue filmado dos décadas antes de que el Código Hays (1934) censurara a Hollywood.  Pero ni siquiera este estricto código impedía el beso en los labios entre un adulto y un menor. De hecho, podemos recordar besos entre padres y madres e hijos e hijas ficticias. Sí prohibía los besos demasiados apasionados y largos. Respecto a los menores, prohibía la exposición de los genitales.

 

El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover. Imagen de Associated Press.
El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover. Imagen de Associated Press

En 1938, el siniestro Edgar Hoover besó o se dejó besar por la estrella infantil Shirley Temple. No consta que el beso fuera polémico. Y no consta que molestara a Shirley Temple, que tras el beso fue amiga de Hoover durante años.

Estos detalles revelan que el reparo a los besos en los labios entre madres e hijas (e incluso entre adultos y menores amigos) es más o menos reciente. De hecho, otros besos de famosos a sus hijos no recibieron críticas tan agresivas en la primera década del siglo XXI. Se conjugan varios elementos para que los piquitos sean demonizados.

Psicólogos contra los padres y los hijos

De alguna manera, la psicóloga infantil Charlotte Reznick alentó la cruzada contra los besos en los labios al publicar The Power of Your Child’s Imagination (2009). En este libro, Reznick escribió:

«Si comienzas a besar a tus hijos en los labios, ¿cuando paras? Un niño desarrolla su sexualidad a los cuatro o cinco años, y un beso puede ser estimulante».

Según esto, ¿habría que prohibir los abrazos? ¿No llevar a los pequeños a caballito? ¿No cogerlos de la mano?

El libro de Reznick recibió una atención excesiva por los medios de comunicación ingleses y estadounidenses. Un ejemplo: el olvidado Harry Connick Jr besó a su hija de ocho años en 2010. Publicaciones como Daily Mail dieron cuenta como una bonita noticia de relleno. Basta leer las opiniones de los lectores para percatarse de que el beso no molestó. Incluso el cantante es considerado un modelo de padre y marido.

Un año más tarde, publicaciones como The Stir dan alas a Reznick con titulares como: Deja de besar a tus hijos (tú también, Harry Connick Jr).

El redactor da validez a las palabras de Reznick. A partir de entonces, el nombre de Reznick aparece en los medios cuando un personaje famoso besa a su hijo o hija menor. También cuando, en el programa de telerrealidad The Baby Diaries de ITV, hay padres que besan a sus hijos en los labios. Por supuesto que las teorías de Reznick también aparecen contra el beso de Victoria a su hija. Teorías a las que se han sumado otros psicólogos estadounidenses. Es un mercado alentar el miedo de los padres a que sus hijos sean reprendidos como acosadores por besar en los labios a compañeros de clase.

Psicólogos a favor de los besos entre padres e hijos

Otros psicólogos consideran que el beso de Victoria B. a su hija no es inadecuado. La psicóloga Silvia Álava afirma: «No conozco ningún estudio científico que diga que esto es malo». Por el contrario, no recibir besos ni afectos es nocivo. La psicóloga Mertxe Pasamontes escribe sobre el siniestro experimento de Rene Spitz:

«Bebés criados en un orfanato podían morir no por la falta de cuidados sino por la falta de contacto físico. No recibían el principal alimento del ser humano: el amor. No eran tocados, acariciados, besados».

Las redes sociales

La moderna psicología estadounidense no debe ser vista como la única causa para el rechazo de los piquitos entre padres e hijos. Las redes sociales dan bombo a opiniones radicales que habitualmente son la minoría. De hecho, el apoyo a Victoria B. es mayor que la crítica.

Sí, se da demasiada importancia a las opiniones de un pequeño grupo de moralistas. Un ejemplo. Busco en Google Hugh Jackman kiss daughter y encuentro imágenes del actor besando en la calle a su hija en distintos momentos. Parece que estas imágenes no enervan a los críticos. ¿Será porque el actor no las ha publicado en Instagram? Es importante destacar esto.

Captura de búsqueda en Google: Hugh Jackman kiss daughter.
Captura de búsqueda en Google: Hugh Jackman kiss daughter

Si el beso de Victoria B. hubiera formado parte de un momento robado por un reportero, quizá hubiera tenido menos repercusión. Cuando uno publica una imagen en las redes sociales, por intrascendente que sea, abre una puerta a las reacciones «de tú a tú». El receptor quiere decir DIRECTAMENTE al protagonista qué piensa de lo que ha hecho. Opiniones que mezcla la repulsa y el aleccionamiento moral. Gente que coloca rápidamente etiquetas de «obsceno», «sucio» o «inapropiado».

Personas que parten de prejuicios heredados en torno al sexo. Prejuicios que no han cuestionado. A estas personas les acompaña la cruzada homófoba que no merece más comentario. Finalmente, están los «protectores de la infancia». Estos últimos se han quejado porque Harper, la hija de Victoria, lleva el pecho descubierto. ¿Cuándo la desnudez de una niña pequeña se volvió obscena o inapropiada? ¿O un niño pequeño desnudo por la playa? En esta última categoría se juntan moralistas con personas que quizá han sufrido o conocido abusos y etiqueta lo ajeno según sus traumas. El conjunto lleva a pensar que la sociedad está un tanto podrida. Una podredumbre que los medios amplifican creando noticias donde no las hay, como el beso de Victoria B. a su hija). Una podredumbre que la ficción recoge y devuelve.

Un ejemplo de cómo la ficción aprovecha los prejuicios comunes

En The Big Bang Theory, Leonard aparta a Sheldon de una niña con la que quiere jugar a los trenes. Leonard teme que su amigo sea visto como un depravado sexual. Los diálogos entre Sheldon y la niña son inocentes. Son las risas enlatadas las que sugieren e incitan al público a pensar que la situación se presta a confusión. Las risas enlatadas aprovechan que hay un «pensamiento sucio» generalizado para crear humor donde no hay. Los guionistas de The Big Bang Theory muestran que nos reímos porque somos incapaces de ver lo bueno.

Nuestras madres y abuelas

Las madres y abuelas españolas de siempre han besado a sus hijos e hijas en los labios y les ha mordido el culo al hilo de: «¡Ay, que me lo como!». Sólo mentes enfermas o moralistas (que equivale a gente sin sentido crítico) verían estos gestos como inadecuados. Son los mismos que se escandalizan con las madres que amamantan en público o que denuncian pinturas de desnudos en Facebook.

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El beso entre Shirley Temple y Edgar Hoover es una imagen cuyo uso permite Associated Press sólo para propósitos editoriales.

 

 

 

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  • En el párrafo:

    Y no consta que molestara a Shirley Temple, que durante fue amiga de Hoover durante años.

    Creo que sobra un «durante»…. saludos…

  • Magnífico artículo. Gracias , Javier. Sorprende que haya tanta gente que no sepa distinguir lo sano e inocente de lo que no lo es.

    En cuanto a psicólogos como Reznick o Ferber, eso sí que son auténticos pervertidos que rozan el sadismo.

  • Es conocido que en el mundo anglosajón, los besos en los labios entre padres e hijos es algo que tradicionalmente se ha hecho. Ello no ocurre en los países de lenguas latinas. Por ello, cuando en una obra literaria de lengua inglesa se dice que «su padre la besó tiernamente en los labios», hay que traducirlo de otro modo, porque en español, o italiano, o francés, esta expresión no se entendería como una muestra de afecto común. Un saludo

  • Gran artículo, Luis.

    A la peña se le va mucho la olla con ridículas protecciones a la infancia, pero no levantan la voz para denunciar auténticos abusos de adultos a niños. Limitar el contacto físico a follar, solo nos convertiría en tarados… Creo que algunos ya lo están.

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