16 de agosto 2021    /   CREATIVIDAD
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5 personas que tomaron las riendas de su vida y empezaron a escribir su propio guion

¿Cómo decide un personaje romper con lo establecido y tomar sus propias decisiones para escribir su propia historia?

16 de agosto 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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Si Johnny Nobody fuera un asesino, nadie diría de él: «Saludaba a los vecinos». Y no porque Johnny sea maleducado. Da los buenos días, pero nadie repara en él. Parecía haber nacido para ser olvidado.

En el trabajo solo habla consigo mismo. Por fuerza. Es el único empleado de la limpieza del turno de noche en un laboratorio químico.

Tiene un sueño: que le toque la lotería para invertir en una compañía de teatro Off Broadway. Pero el destino tiene sus planes…

Cuando el laboratorio explota, Johnny Nobody desaparece con él descompuesto en átomos. Poco después, su cuerpo aparece como una masa gaseosa que se transforma en 90 litros de agua en el suelo y después en el Johnny de carne y hueso de siempre… o casi.

«¿Qué hago ahora?», se pregunta Nobody.

Él no sabe que los guionistas de su historia (Inmaterial Man) han preparado para las próximas páginas un romance y el enfrentamiento contra un villano con la fuerza de cien hombres. Johnny Nobody no puede oponerse: es el camino del héroe.

Johnny Nobody es una prueba de que no importa qué decidido o poderoso sea un personaje. Ni lo que quiera ni lo que piense. Los guionistas son sus dioses y dirigen sus pasos.

La vida real está abierta a posibilidades. Unas personas siguen los guiones escritos por otros o las circunstancias.

Otras personas no se dejan llevar por la inercia y reescriben sus vidas para ser protagonistas absolutos.
Créelo. Aquí tienes cinco historias sobre personajes célebres que toman las riendas de sus vidas en los peores momentos.

 

Magna de San Miguel te invita a escribir el guion de tu vida. Javier Gómez Santander, jefe de guionistas de La Casa de Papel, es el protagonista de la nueva campaña de esta golden lager.Escribe el guión de tu vida

 

 

La pequeña bailarina contra los nazis

Érase una vez, un cuento de hadas al revés… Los sueños de ser bailarina de una niña de once años, hija de una baronesa, parecen acabar cuando los nazis invaden Holanda y confiscan los bienes de la familia. La niña es Audrey Hepburn.

Este anticuento de hadas comienza en Londres, donde Audrey estudia ballet. Su madre es la baronesa holandesa Ella van Heemstra. Cualquiera podría decir: «Audrey es una niña con suerte: conseguirá su sueño».

Pero el destino inmediato de la niña está marcado por una mala decisión de la madre. En 1940, la baronesa se traslada a Holanda y se lleva a Audrey y sus hermanos.

La baronesa había conocido a Hitler años atrás y simpatiza con su causa. Además cree, como muchos holandeses, que el dictador no invadirá Holanda porque lo prometió en la radio. Por esto, los holandeses no temen cuando los aviones alemanes parecen volar hacia Inglaterra, pero es una estrategia: vuelven y bombardean los Países Bajos.

Al poco, los alemanes invaden Holanda. Los nazis confiscan la fortuna de la baronesa y envían al mayor de sus hijos a los campos de trabajo. Para comer, la baronesa trabaja en lo que surja. Es el comienzo de las penurias para Audrey. En los inviernos más crudos, la pequeña no come más que harina de tulipán. Realmente, no hacía más ni menos que otros holandeses para sobrevivir.

Triste por el rapto de su hermano, decepcionada porque no puede bailar y consumida por el hambre, cuando no trata de sobrevivir se entretiene mirando los trenes militares que atraviesan Holanda cargados de comida.

Una mañana se harta: quiere recuperar la vida que tenía y cuanto antes: ¡Quiere comer, quiere bailar! Y esto no lo conseguirá escondiéndose. Es una niña, sí, pero toma una firme decisión: unirse a la resistencia.

Entre sus misiones está traer y llevar notas en los zapatos. También recauda fondos bailando en casas con puertas y ventanas cerradas, donde los aplausos no están permitidos.

Aunque la liberación del hermano es una alegría, los problemas de salud de Audrey se agravan con el avance de la guerra: desnutrición, anemia y asma, pero finalmente, en abril de 1945, los Aliados expulsan a los nazis de Holanda.

Una Audrey más o menos recuperada y espoleada por sus sueños vuelve a Londres. Sueños que rompe la compañía de ballet: su director considera que Audrey es desgarbada, sin gracia y de corta estatura. Para muchos, esto sería un contratiempo, regresar con mamá, pero ha pasado por mucho para estar allí. «Si no soy bailarina, seré actriz», se dice.

Poco después, Hollywood la reclama. Lo que ocurrió en la guerra se asoma a los ojos de sus personajes. Ella es realmente la soñadora Holly Golightly con el traje negro, el café y el croissant, mirando el escaparate de Tiffanys.

 

El niño que pulía zapatos y soñaba con contar historias

Charles Dickens es el protagonista de una novela de Charles Dickens. Es el segundo de siete hermanos en uno de los barrios pobres de Londres. Hijo de un oficinista manirroto que acaba encarcelado por deber dinero a un panadero. Esto le hará escribir años más tarde en David Copperfield, a través de uno de sus personajes:

«Ingreso anual, veinte libras. Gasto anual, veinte libras y seis peniques. Resultado, la desdicha. ¡Sí, la diferencia entre la felicidad y la desdicha puede estribar en gastar un chelín de más!».

Con el padre en la cárcel, la madre obliga a Dickens a abandonar la escuela para trabajar en una fábrica de pulido de zapatos.

Dickens tiene 11 años. Trabaja 10 horas al día. De la oscura mañana a la noche cerrada, de domingo a domingo por seis chelines a la semana. Un adulto sin cualificar gana 10.

La muerte de la abuela materna deja una herencia de 250 libras a la madre. ¡Una pequeña fortuna! Dickens espera dejar la fábrica, pero la madre exige al niño que continue puliendo zapatos.

… la desolación se apodera del corazón del pequeño Dickens. No quiere volver a pisar la fábrica… Y devora cuanto libro cae en sus manos para educarse a sí mismo y escapar del destino.

La rabia se apodera del pequeño Dickens. Con el tiempo, con cada zapato que lustra, la rabia mengua, pero la desolación se apodera de su corazón. Pero todo tiene un límite. Quiere por encima de todo no volver a trabajar en una fábrica. ¿Qué podría hacer? ¿Escoger la delincuencia?

Decide que, si no puede volver a la escuela, se educará a sí mismo. Cree que el estudio lo sacará de la pobreza o, al menos, del control de los padres. Y devora cuanto libro cae en sus manos para educarse a sí mismo y escapar del destino.

Cuando el padre de Dickens sale de la cárcel, Dickens vuelve a la escuela, estudia taquigrafía y con 15 años trabaja para un abogado. Poco después, con 16 años comienza su carrera como periodista y escribe sus primeros relatos. Es el comienzo de su carrera como periodista.

 

Nathy Peluso pone la música a esta campaña con la fuerza de su tema Sana, Sana, una canción cargada de poder y energía, con la que se refuerza la personalidad disruptiva y transgresora de Magna de San Miguel, que coincide con la de la artista argentina.Descubre más

 

Hijo de un esclavo, inventor, héroe

1923. Cleveland. Un automóvil y un carro tirado por caballos chocan en una intersección. Un accidente que apenas despierta interés en los otros conductores y en los transeúntes. No es el primer accidente en el lugar.

Solo Garret Morgan repara en lo ocurrido. Le gusta solucionar problemas cotidianos. Y tiene una idea para evitar otros accidentes: un semáforo con una luz de alerta y tres brazos (para permitir o prohibir la circulación hacia adelante, a la izquierda y a la derecha). General Electric compra los derechos de explotación por 40.000 dólares.

El semáforo no es el primer invento de Garret Morgan ni el último de un hombre que a menudo finge que tiene como jefe a un hombre blanco en lugar de mostrarse como jefe de sí mismo. Morgan no tiene una vida fácil. Es hijo de esclavos emancipados de Kentucky.

… Morgan necesita desafíos. Quiere arreglar máquinas de todo tipo. Y deja la granja y se marcha a Cincinnati sin más propiedad que su propia persona.

Los antiguos esclavos no pueden aspirar a mucho. El padre de Garret Morgan está entre los afortunados: tiene una granja. El pequeño Morgan trabaja en ella con sus hermanos, pero a medida que crece se aburre. Como muchos chicos de 15 años debería conformarse con trabajar en una granja familiar, pero necesita desafíos. Quiere arreglar máquinas de todo tipo. Y deja la granja y se marcha a Cincinnati sin más propiedad que su propia persona.

Allí trabaja como manitas y con 18 años patenta una máquina de coser con mejoras. Es el comienzo de su carrera como inventor. Después, diseña piezas de automóviles, el semáforo y la máscara antigás, con la que salva, junto con su hermano, a mineros atrapados en un túnel con humos nocivos.

 

Alas de pintura, cielos de lienzo

Esta es la historia de una mujer con el cuerpo tan roto que 32 operaciones no lo pueden recomponer. Nadie espera que no se lamente, pero ella escribe en su diario:

«Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?».

Son palabras de Frida Khalo. Alas de pintura. Cielos de lienzo.
Alas construidas sobre tragedias.

La primera tragedia: la polio, que contrae a los 6, que la obliga a estar nueve meses en cama y le deja la pierna derecha más delgada que la izquierda.
La segunda tragedia: Frida viaja en un autobús que acaba arrollado por un tranvía y aplastado contra un muro. Ella tiene 18. Está rota casi en mil pedazos, con la cadera izquierda atravesada por un pasamanos. Dos semanas en coma. Un año de convalecencia. Las 32 operaciones. Los corsés.

…otro mundo bulle dentro de Frida. Está lleno tanto de dolor como de color. Ella necesita mostrarlo al mundo. Y pide pinceles, pinturas y lienzos.

El mundo a los ojos de Frida está limitado al techo y las paredes de su habitación. Ojos que conocen cada veta y cada araño de los muebles. Las manchas de humedad de la ventana. Las manchas de polvo. Los pequeños objetos a los que apenas puede mirar porque todo movimiento le molesta.

Mientras, otro mundo bulle dentro de Frida. Está lleno tanto de dolor como de color. Frida necesita mostrarlo al mundo. La otra opción es la muerte por aburrimiento. Y pide a su padre pinceles, pinturas y lienzos. Y ella pinta: primero, sus corsés; luego, sus ropas y más tarde, el alma. Lienzos pequeños para manejarlos mejor en la cama con el caballete especial que crea su padre.

Y así cambia la pintura, conoce a personajes históricos tan fascinantes como ella y se convierte en un icono popular contra los convencionalismos.

 

Huérfana, vagabunda, delincuente y reina del jazz

Tiempo de verano
La vida es fácil
Los peces saltan
Y El algodón es alto
Oh, tu padre es rico
Y tu madre es guapa
Así que calla, pequeño bebé
No llores.

Es el primer verso de Summertime, canción escrita por George Gershwin con más de 25.000 versiones. Entre todas, la que interpreta Ella Fitzgerald cala en los huesos y en el corazón. La canción de nana no esconde cuánto dolor apaciguado guarda Ella tras una adolescencia marcada por la pobreza de la Gran Depresión, la sordidez y la violencia.

1932. A las puertas de las fábricas, miles de hombres hacen cola. Esperan conseguir trabajo al menos por un día. Más tarde, muchos de estos hombres hacen cola ante los comedores de caridad por un plato de comida.

El mundo se derrumba, pero en Yonkers, Nueva York, Ella Fitzgerald es adolescente enamorada de la música y la danza que saca buenas notas, que vive con su madre, su padrastro y la hermanastra. Pero la madre fallece en un accidente de tráfico y el mundo de Ella Fitzgerald se tambalea. Su tía de Harlem se hace cargo de ella, pero no puede controlarla.

Ella Fitzgerald no va a la escuela. Duerme donde puede. Se gana la vida bailando en la calle por unas pocas monedas, avisando a un burdel de la presencia de la policía, y trae y lleva recados de la lotería de la mafia de Nueva York.

Detenida por la policía, acaba en un reformatorio para niñas de color donde con frecuencia es confinada en solitario en pequeña cabañas de madera y recibe palizas.

… Ella Fitzgerald tiene 17 años. Necesita un trabajo y pronto para no volver al reformatorio, pero apenas hay oportunidades para una joven negra. ¿Por qué no intentarlo como artista? Ya había sacado unas monedas bailando en la calle.

Dos años más tarde consigue la libertad condicional. Era 1934. Ella Fitzgerald tiene 17 años. Necesita un trabajo y pronto para no volver al reformatorio, pero apenas hay oportunidades para una joven negra. Un anuncio llama su atención: Noche de Talento Amateur en el Teatro Apollo de Harlem. ¿Por qué no intentarlo como artista? Ya había sacado unas monedas bailando en la calle.

La Noche de Talento la vive con nervios. En baile, el nivel de los participantes es alto. Llega su turno. En el escenario vacío, bajo la mirada inquisidora del público y la ansiedad de los participantes que esperan turno, Ella Fitzgerald parece perpleja. El público comienza a preguntarse qué hará aquella chica… si es que vale para algo.

Ella Fitzgerald responde con una canción. Emociona al público. Canta otra. Gana el primer premio. Y la contrata una banda que busca una cantante femenina. El resto, es Historia.

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Si Johnny Nobody fuera un asesino, nadie diría de él: «Saludaba a los vecinos». Y no porque Johnny sea maleducado. Da los buenos días, pero nadie repara en él. Parecía haber nacido para ser olvidado.

En el trabajo solo habla consigo mismo. Por fuerza. Es el único empleado de la limpieza del turno de noche en un laboratorio químico.

Tiene un sueño: que le toque la lotería para invertir en una compañía de teatro Off Broadway. Pero el destino tiene sus planes…

Cuando el laboratorio explota, Johnny Nobody desaparece con él descompuesto en átomos. Poco después, su cuerpo aparece como una masa gaseosa que se transforma en 90 litros de agua en el suelo y después en el Johnny de carne y hueso de siempre… o casi.

«¿Qué hago ahora?», se pregunta Nobody.

Él no sabe que los guionistas de su historia (Inmaterial Man) han preparado para las próximas páginas un romance y el enfrentamiento contra un villano con la fuerza de cien hombres. Johnny Nobody no puede oponerse: es el camino del héroe.

Johnny Nobody es una prueba de que no importa qué decidido o poderoso sea un personaje. Ni lo que quiera ni lo que piense. Los guionistas son sus dioses y dirigen sus pasos.

La vida real está abierta a posibilidades. Unas personas siguen los guiones escritos por otros o las circunstancias.

Otras personas no se dejan llevar por la inercia y reescriben sus vidas para ser protagonistas absolutos.
Créelo. Aquí tienes cinco historias sobre personajes célebres que toman las riendas de sus vidas en los peores momentos.

 

Magna de San Miguel te invita a escribir el guion de tu vida. Javier Gómez Santander, jefe de guionistas de La Casa de Papel, es el protagonista de la nueva campaña de esta golden lager.Escribe el guión de tu vida

 

 

La pequeña bailarina contra los nazis

Érase una vez, un cuento de hadas al revés… Los sueños de ser bailarina de una niña de once años, hija de una baronesa, parecen acabar cuando los nazis invaden Holanda y confiscan los bienes de la familia. La niña es Audrey Hepburn.

Este anticuento de hadas comienza en Londres, donde Audrey estudia ballet. Su madre es la baronesa holandesa Ella van Heemstra. Cualquiera podría decir: «Audrey es una niña con suerte: conseguirá su sueño».

Pero el destino inmediato de la niña está marcado por una mala decisión de la madre. En 1940, la baronesa se traslada a Holanda y se lleva a Audrey y sus hermanos.

La baronesa había conocido a Hitler años atrás y simpatiza con su causa. Además cree, como muchos holandeses, que el dictador no invadirá Holanda porque lo prometió en la radio. Por esto, los holandeses no temen cuando los aviones alemanes parecen volar hacia Inglaterra, pero es una estrategia: vuelven y bombardean los Países Bajos.

Al poco, los alemanes invaden Holanda. Los nazis confiscan la fortuna de la baronesa y envían al mayor de sus hijos a los campos de trabajo. Para comer, la baronesa trabaja en lo que surja. Es el comienzo de las penurias para Audrey. En los inviernos más crudos, la pequeña no come más que harina de tulipán. Realmente, no hacía más ni menos que otros holandeses para sobrevivir.

Triste por el rapto de su hermano, decepcionada porque no puede bailar y consumida por el hambre, cuando no trata de sobrevivir se entretiene mirando los trenes militares que atraviesan Holanda cargados de comida.

Una mañana se harta: quiere recuperar la vida que tenía y cuanto antes: ¡Quiere comer, quiere bailar! Y esto no lo conseguirá escondiéndose. Es una niña, sí, pero toma una firme decisión: unirse a la resistencia.

Entre sus misiones está traer y llevar notas en los zapatos. También recauda fondos bailando en casas con puertas y ventanas cerradas, donde los aplausos no están permitidos.

Aunque la liberación del hermano es una alegría, los problemas de salud de Audrey se agravan con el avance de la guerra: desnutrición, anemia y asma, pero finalmente, en abril de 1945, los Aliados expulsan a los nazis de Holanda.

Una Audrey más o menos recuperada y espoleada por sus sueños vuelve a Londres. Sueños que rompe la compañía de ballet: su director considera que Audrey es desgarbada, sin gracia y de corta estatura. Para muchos, esto sería un contratiempo, regresar con mamá, pero ha pasado por mucho para estar allí. «Si no soy bailarina, seré actriz», se dice.

Poco después, Hollywood la reclama. Lo que ocurrió en la guerra se asoma a los ojos de sus personajes. Ella es realmente la soñadora Holly Golightly con el traje negro, el café y el croissant, mirando el escaparate de Tiffanys.

 

El niño que pulía zapatos y soñaba con contar historias

Charles Dickens es el protagonista de una novela de Charles Dickens. Es el segundo de siete hermanos en uno de los barrios pobres de Londres. Hijo de un oficinista manirroto que acaba encarcelado por deber dinero a un panadero. Esto le hará escribir años más tarde en David Copperfield, a través de uno de sus personajes:

«Ingreso anual, veinte libras. Gasto anual, veinte libras y seis peniques. Resultado, la desdicha. ¡Sí, la diferencia entre la felicidad y la desdicha puede estribar en gastar un chelín de más!».

Con el padre en la cárcel, la madre obliga a Dickens a abandonar la escuela para trabajar en una fábrica de pulido de zapatos.

Dickens tiene 11 años. Trabaja 10 horas al día. De la oscura mañana a la noche cerrada, de domingo a domingo por seis chelines a la semana. Un adulto sin cualificar gana 10.

La muerte de la abuela materna deja una herencia de 250 libras a la madre. ¡Una pequeña fortuna! Dickens espera dejar la fábrica, pero la madre exige al niño que continue puliendo zapatos.

… la desolación se apodera del corazón del pequeño Dickens. No quiere volver a pisar la fábrica… Y devora cuanto libro cae en sus manos para educarse a sí mismo y escapar del destino.

La rabia se apodera del pequeño Dickens. Con el tiempo, con cada zapato que lustra, la rabia mengua, pero la desolación se apodera de su corazón. Pero todo tiene un límite. Quiere por encima de todo no volver a trabajar en una fábrica. ¿Qué podría hacer? ¿Escoger la delincuencia?

Decide que, si no puede volver a la escuela, se educará a sí mismo. Cree que el estudio lo sacará de la pobreza o, al menos, del control de los padres. Y devora cuanto libro cae en sus manos para educarse a sí mismo y escapar del destino.

Cuando el padre de Dickens sale de la cárcel, Dickens vuelve a la escuela, estudia taquigrafía y con 15 años trabaja para un abogado. Poco después, con 16 años comienza su carrera como periodista y escribe sus primeros relatos. Es el comienzo de su carrera como periodista.

 

Nathy Peluso pone la música a esta campaña con la fuerza de su tema Sana, Sana, una canción cargada de poder y energía, con la que se refuerza la personalidad disruptiva y transgresora de Magna de San Miguel, que coincide con la de la artista argentina.Descubre más

 

Hijo de un esclavo, inventor, héroe

1923. Cleveland. Un automóvil y un carro tirado por caballos chocan en una intersección. Un accidente que apenas despierta interés en los otros conductores y en los transeúntes. No es el primer accidente en el lugar.

Solo Garret Morgan repara en lo ocurrido. Le gusta solucionar problemas cotidianos. Y tiene una idea para evitar otros accidentes: un semáforo con una luz de alerta y tres brazos (para permitir o prohibir la circulación hacia adelante, a la izquierda y a la derecha). General Electric compra los derechos de explotación por 40.000 dólares.

El semáforo no es el primer invento de Garret Morgan ni el último de un hombre que a menudo finge que tiene como jefe a un hombre blanco en lugar de mostrarse como jefe de sí mismo. Morgan no tiene una vida fácil. Es hijo de esclavos emancipados de Kentucky.

… Morgan necesita desafíos. Quiere arreglar máquinas de todo tipo. Y deja la granja y se marcha a Cincinnati sin más propiedad que su propia persona.

Los antiguos esclavos no pueden aspirar a mucho. El padre de Garret Morgan está entre los afortunados: tiene una granja. El pequeño Morgan trabaja en ella con sus hermanos, pero a medida que crece se aburre. Como muchos chicos de 15 años debería conformarse con trabajar en una granja familiar, pero necesita desafíos. Quiere arreglar máquinas de todo tipo. Y deja la granja y se marcha a Cincinnati sin más propiedad que su propia persona.

Allí trabaja como manitas y con 18 años patenta una máquina de coser con mejoras. Es el comienzo de su carrera como inventor. Después, diseña piezas de automóviles, el semáforo y la máscara antigás, con la que salva, junto con su hermano, a mineros atrapados en un túnel con humos nocivos.

 

Alas de pintura, cielos de lienzo

Esta es la historia de una mujer con el cuerpo tan roto que 32 operaciones no lo pueden recomponer. Nadie espera que no se lamente, pero ella escribe en su diario:

«Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?».

Son palabras de Frida Khalo. Alas de pintura. Cielos de lienzo.
Alas construidas sobre tragedias.

La primera tragedia: la polio, que contrae a los 6, que la obliga a estar nueve meses en cama y le deja la pierna derecha más delgada que la izquierda.
La segunda tragedia: Frida viaja en un autobús que acaba arrollado por un tranvía y aplastado contra un muro. Ella tiene 18. Está rota casi en mil pedazos, con la cadera izquierda atravesada por un pasamanos. Dos semanas en coma. Un año de convalecencia. Las 32 operaciones. Los corsés.

…otro mundo bulle dentro de Frida. Está lleno tanto de dolor como de color. Ella necesita mostrarlo al mundo. Y pide pinceles, pinturas y lienzos.

El mundo a los ojos de Frida está limitado al techo y las paredes de su habitación. Ojos que conocen cada veta y cada araño de los muebles. Las manchas de humedad de la ventana. Las manchas de polvo. Los pequeños objetos a los que apenas puede mirar porque todo movimiento le molesta.

Mientras, otro mundo bulle dentro de Frida. Está lleno tanto de dolor como de color. Frida necesita mostrarlo al mundo. La otra opción es la muerte por aburrimiento. Y pide a su padre pinceles, pinturas y lienzos. Y ella pinta: primero, sus corsés; luego, sus ropas y más tarde, el alma. Lienzos pequeños para manejarlos mejor en la cama con el caballete especial que crea su padre.

Y así cambia la pintura, conoce a personajes históricos tan fascinantes como ella y se convierte en un icono popular contra los convencionalismos.

 

Huérfana, vagabunda, delincuente y reina del jazz

Tiempo de verano
La vida es fácil
Los peces saltan
Y El algodón es alto
Oh, tu padre es rico
Y tu madre es guapa
Así que calla, pequeño bebé
No llores.

Es el primer verso de Summertime, canción escrita por George Gershwin con más de 25.000 versiones. Entre todas, la que interpreta Ella Fitzgerald cala en los huesos y en el corazón. La canción de nana no esconde cuánto dolor apaciguado guarda Ella tras una adolescencia marcada por la pobreza de la Gran Depresión, la sordidez y la violencia.

1932. A las puertas de las fábricas, miles de hombres hacen cola. Esperan conseguir trabajo al menos por un día. Más tarde, muchos de estos hombres hacen cola ante los comedores de caridad por un plato de comida.

El mundo se derrumba, pero en Yonkers, Nueva York, Ella Fitzgerald es adolescente enamorada de la música y la danza que saca buenas notas, que vive con su madre, su padrastro y la hermanastra. Pero la madre fallece en un accidente de tráfico y el mundo de Ella Fitzgerald se tambalea. Su tía de Harlem se hace cargo de ella, pero no puede controlarla.

Ella Fitzgerald no va a la escuela. Duerme donde puede. Se gana la vida bailando en la calle por unas pocas monedas, avisando a un burdel de la presencia de la policía, y trae y lleva recados de la lotería de la mafia de Nueva York.

Detenida por la policía, acaba en un reformatorio para niñas de color donde con frecuencia es confinada en solitario en pequeña cabañas de madera y recibe palizas.

… Ella Fitzgerald tiene 17 años. Necesita un trabajo y pronto para no volver al reformatorio, pero apenas hay oportunidades para una joven negra. ¿Por qué no intentarlo como artista? Ya había sacado unas monedas bailando en la calle.

Dos años más tarde consigue la libertad condicional. Era 1934. Ella Fitzgerald tiene 17 años. Necesita un trabajo y pronto para no volver al reformatorio, pero apenas hay oportunidades para una joven negra. Un anuncio llama su atención: Noche de Talento Amateur en el Teatro Apollo de Harlem. ¿Por qué no intentarlo como artista? Ya había sacado unas monedas bailando en la calle.

La Noche de Talento la vive con nervios. En baile, el nivel de los participantes es alto. Llega su turno. En el escenario vacío, bajo la mirada inquisidora del público y la ansiedad de los participantes que esperan turno, Ella Fitzgerald parece perpleja. El público comienza a preguntarse qué hará aquella chica… si es que vale para algo.

Ella Fitzgerald responde con una canción. Emociona al público. Canta otra. Gana el primer premio. Y la contrata una banda que busca una cantante femenina. El resto, es Historia.

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