30 de mayo 2017    /   CIENCIA
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Un videojuego para diagnosticar la malaria de forma colectiva

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Mientras millones de niños de todo el mundo juegan en línea, otros muchos sufren los efectos de una enfermedad que envenena su sangre. ¿Por qué no destinar parte del tiempo dedicado a los videojuegos para ayudar a diagnosticar la malaria?

Fue en la mente de Miguel Luengo donde ambas realidades, en apariencia tan distintas, se aunaron. El científico «antidisciplinar», como él mismo se denomina, pensó entonces en cambiar a los héroes y villanos de los videojuegos convencionales por parásitos de la malaria. Fue entonces cuando nació MalariaSpot.

«Es un videojuego en el que, en lugar de disparar a marcianitos, se dispara a parásitos de muestras de sangre reales digitalizadas», dice. Los jugones de MalariaSpot rastrean estos bichitos de forma colectiva al igual que los microscopistas lo hacen con las muestras de sangre reales.

«El diagnóstico colectivo es un método de bajo coste y sobre todo rápido. El proceso convencional puede suponer 30 minutos por muestra. Y no hay tantos expertos en el mundo para diagnosticar tal cantidad de casos de malaria (se calcula que unos 200 millones se infectan cada año)».

Tras su lanzamiento, MalariaSpot se probó con la colaboración de voluntarios anónimos de 95 países diferentes. Jugaron más de 12.000 partidas y con ellas se creó una base de datos de 270.000 clics en imágenes con parásitos. El análisis de todos ellos reveló que la fusión de los resultados obtenidos por 22 voluntarios sin experiencia previa o 13 voluntarios entrenados durante un minuto permite obtener un recuento de parásitos perfecto, tan preciso como el de un experto microscopista.

«Los jugadores no necesitan ninguna formación. Solo tienen que encontrar puntitos morados en una especie de mar rosa. Aunque tienen que tener cuidado con no «matar» a los glóbulos blancos; estos aparecen en la muestra algo más grandes y tienen un color más intenso».

Desde la primera prueba realizada en 2012, MalariaSpot ha sido reconocida por multitud de instituciones como la Fundación Lego o el MIT. Miguel Luengo, a su vez, fue reconocido como emprendedor social por Fundación Ashoka. Su objetivo ahora es el de trasladar el concepto al diagnóstico de otras enfermedades. Algo que ya ha conseguido ya con la tuberculosis tras el desarrollo de TuberSpot. Aquí las imágenes no son de muestras de sangre sino de esputos, y lo que se tratan es de distinguir si las manchas de la muestra son bacilos o no lo son (el juego denomina a estas últimas «guarratos»).

tuberspot

«Tienen que ser enfermedades masivas cuyo coste, a la hora de obtener imágenes digitales, es bajo». La de MalariaSpot o TuberSpot es la misma estrategia colectiva, asegura Luengo, que ha ayudado a encontrar planetas con imágenes de la sonda Kepler o para tratar de localizar los restos del avión malayo desaparecido en el Índico en 2014. Porque, en su opinión, el futuro de la tecnología, como el del propio planeta, pasa irremediablemente por la colaboración.

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Fue en la mente de Miguel Luengo donde ambas realidades, en apariencia tan distintas, se aunaron. El científico «antidisciplinar», como él mismo se denomina, pensó entonces en cambiar a los héroes y villanos de los videojuegos convencionales por parásitos de la malaria. Fue entonces cuando nació MalariaSpot.

«Es un videojuego en el que, en lugar de disparar a marcianitos, se dispara a parásitos de muestras de sangre reales digitalizadas», dice. Los jugones de MalariaSpot rastrean estos bichitos de forma colectiva al igual que los microscopistas lo hacen con las muestras de sangre reales.

«El diagnóstico colectivo es un método de bajo coste y sobre todo rápido. El proceso convencional puede suponer 30 minutos por muestra. Y no hay tantos expertos en el mundo para diagnosticar tal cantidad de casos de malaria (se calcula que unos 200 millones se infectan cada año)».

Tras su lanzamiento, MalariaSpot se probó con la colaboración de voluntarios anónimos de 95 países diferentes. Jugaron más de 12.000 partidas y con ellas se creó una base de datos de 270.000 clics en imágenes con parásitos. El análisis de todos ellos reveló que la fusión de los resultados obtenidos por 22 voluntarios sin experiencia previa o 13 voluntarios entrenados durante un minuto permite obtener un recuento de parásitos perfecto, tan preciso como el de un experto microscopista.

«Los jugadores no necesitan ninguna formación. Solo tienen que encontrar puntitos morados en una especie de mar rosa. Aunque tienen que tener cuidado con no «matar» a los glóbulos blancos; estos aparecen en la muestra algo más grandes y tienen un color más intenso».

Desde la primera prueba realizada en 2012, MalariaSpot ha sido reconocida por multitud de instituciones como la Fundación Lego o el MIT. Miguel Luengo, a su vez, fue reconocido como emprendedor social por Fundación Ashoka. Su objetivo ahora es el de trasladar el concepto al diagnóstico de otras enfermedades. Algo que ya ha conseguido ya con la tuberculosis tras el desarrollo de TuberSpot. Aquí las imágenes no son de muestras de sangre sino de esputos, y lo que se tratan es de distinguir si las manchas de la muestra son bacilos o no lo son (el juego denomina a estas últimas «guarratos»).

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«Tienen que ser enfermedades masivas cuyo coste, a la hora de obtener imágenes digitales, es bajo». La de MalariaSpot o TuberSpot es la misma estrategia colectiva, asegura Luengo, que ha ayudado a encontrar planetas con imágenes de la sonda Kepler o para tratar de localizar los restos del avión malayo desaparecido en el Índico en 2014. Porque, en su opinión, el futuro de la tecnología, como el del propio planeta, pasa irremediablemente por la colaboración.

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