1 de junio 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Cosas de mierda que sobran en los medios si quieren volver a enganchar a sus lectores

1 de junio 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Marcel Freinbichler, un desarrollador austríaco, hizo el otro día un descubrimiento aterrador: si a las páginas web de medios digitales le quitáramos toda la morralla su peso se reduciría en un 90%. No es una estimación aleatoria, sino un dato objetivo: probó a navegar por una versión lite del USA Today y la carga de página se redujo de 5,2 megas a apenas 500 kb. Pero ¿qué demonios tiene que ver el peso de una página web con los problemas de un sector industrial? Casi todo. Vayamos por partes.

El origen de esta historia hay que buscarlo en la entonces inminente entrada en vigor de la GDPR, esa nueva normativa que se supone que nace para protegerte de posibles usos maliciosos o no autorizados de tus datos. Sí, esa por culpa de la cual hemos estado recibiendo decenas de mails durante las últimas semanas avisándonos de cambios de condiciones de privacidad que ni entendemos, ni vamos a leer ni, en realidad, nos importan demasiado, fundamentalmente por ignorancia.

Resulta que el USA Today todavía no se había adaptado a la GDPR y, para evitar sanciones, decidió ofrecer una web temporal a su audiencia europea en la que todos los sistemas de captación de datos y seguimiento de actividad estaban desactivados.

Ahí fue donde entró el bueno de Freinbichler: le pareció que la página iba rapidísimo y decidió investigar. Bingo: sin anuncios, cookies, sistemas de vigilancia y puertas traseras por las que se escapan nuestros datos hacia destinos desconocidos, la página tenía un rendimiento infinitamente mejor.

Lo que podría entenderse como un fallo de producto –ralentización de la navegación y carga excesiva del sistema– es, en realidad, uno de los problemas básicos del periodismo actual. Toda esa morralla no está ahí por descuido, sino porque cumple una función: los medios, como casi cualquier página web, utilizan nuestra información para cuestiones diversas.

La primera, que es la buena, aprender cómo navegamos, qué nos interesa o qué cosas nos generan rechazo, en teoría para ofrecernos un producto más ajustado a nuestras necesidades. La segunda, que es la más común, usar nuestros datos para hacer negocio.

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El origen de esta historia hay que buscarlo en la entonces inminente entrada en vigor de la GDPR, esa nueva normativa que se supone que nace para protegerte de posibles usos maliciosos o no autorizados de tus datos. Sí, esa por culpa de la cual hemos estado recibiendo decenas de mails durante las últimas semanas avisándonos de cambios de condiciones de privacidad que ni entendemos, ni vamos a leer ni, en realidad, nos importan demasiado, fundamentalmente por ignorancia.

Resulta que el USA Today todavía no se había adaptado a la GDPR y, para evitar sanciones, decidió ofrecer una web temporal a su audiencia europea en la que todos los sistemas de captación de datos y seguimiento de actividad estaban desactivados.

Ahí fue donde entró el bueno de Freinbichler: le pareció que la página iba rapidísimo y decidió investigar. Bingo: sin anuncios, cookies, sistemas de vigilancia y puertas traseras por las que se escapan nuestros datos hacia destinos desconocidos, la página tenía un rendimiento infinitamente mejor.

Lo que podría entenderse como un fallo de producto –ralentización de la navegación y carga excesiva del sistema– es, en realidad, uno de los problemas básicos del periodismo actual. Toda esa morralla no está ahí por descuido, sino porque cumple una función: los medios, como casi cualquier página web, utilizan nuestra información para cuestiones diversas.

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