24 de junio 2016    /   CREATIVIDAD
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‘Maldita tesis’: la novela gráfica que te hará replantearte el doctorado

24 de junio 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Con 27 años, Jeanne Dargan decide dar un vuelco a su vida, dejar sus clases en una escuela secundaria y comenzar una tesis doctoral sobre Kafka. Su gran sueño implica comenzar a impartir docencia en la universidad, recopilar información, mantener el contacto con su director de tesis… Lo que comenzó con mucha ilusión terminaría convirtiéndose en una especie de pesadilla. ¿Conseguiría Jeanne, en algún momento, terminar la tesis?

Probablemente muchos doctorandos se sientan identificados con Jeanne. Sin embargo, Jeanne no existe. O quizá sí. Esta joven tiene un poco de la ilustradora francesa Tiphaine Rivière. Ella también quiso hacer una tesis doctoral (en su caso, sobre la novela Bella del Señor, de Albert Cohen), pero desistió en el camino. Sus experiencias durante tres años como estudiante de doctorado y trabajando como administrativa en una universidad francesa inspiraron un blog, Le Bureau 14 de la sorbonne, germen de Maldita tesis (Grijalbo), la novela gráfica protagonizada por Jeanne, en la que esta joven vivirá toda una experiencia para completar su investigación.

A ratos divertida y a ratos amarga, Maldita tesis es una sátira sobre la investigación universitaria. O por lo menos sobre lo que representa realizar una tesis doctoral.

Jeanne comienza ilusionada, a pesar de que no tendrá beca para financiar sus estudios. Eso da igual, porque su investigación la va a dirigir Alexandre Karpov, el mejor especialista en Kafka de Francia. Emocionada, le promete a su pareja que sólo tardará tres años en terminarla.

Sin embargo, la realidad se volverá pronto en su contra: Karpov resulta ser un hombre desanimado, poco preocupado por los alumnos a los que tutoriza, a los que va dando largas o falsas esperanzas conforme pasa el tiempo; encima, quiere rivalizar con una colega por todos los alumnos que hagan sus trabajos sobre el también checo Milan Kundera. Conseguir que lea el trabajo avanzado de Jeanne o que responda a sus dudas será toda una odisea.

Maldita tesis

Además, cuando comienza a dar clases en otra universidad, a Jeanne le asignan una asignatura (Literatura Medieval) de la que no tiene ni idea y que le exige muchas horas de preparación. Si a ello le sumamos un trabajo poco motivador en la secretaría del departamento de doctorado de la universidad, los problemas no hacen más que acumularse. Las relaciones familiares también comienzan a resentirse. La convivencia con su chico empeora, y las cenas navideñas con la familia son una tortura por las clásicas preguntas.

Rivière no venía del mundo de la ilustración antes de crear Le bureau 14 de la sorbonne. «Durante mi doctorado tenía ganas de lanzarme al cómic», explica a Yorokobu. «¡Pero no sabía dibujar! Había dejado de hacerlo hacia los 12 años, como el 90% de la gente. De pronto comencé a aprender copiando cómics y dibujando a las personas de mi alrededor».

Era en una época en la que, según recuerda, florecían por internet los blogs de historietas, así que también le entraron ganas de abrir uno «para estar menos sola en mi aprendizaje y para tener gente con la que interactuar». Allí empezó a contar el trabajo administrativo que realizaba por aquel entonces. «¡Necesitaba reírme!», rememora.

Con el tiempo, se encontró con que no estaba sola en la necesidad de «exorcizar», según sus palabras, la experiencia del doctorado. Es más, «conforme más hacía tropezar a mis heroínas en todos los obstáculos posibles e imaginables, más se alegraban los doctorandos, bien porque tenían el sentimiento de no estar solos arreglándoselas como fuera, bien porque tenían la impresión de que había alguien peor que ellos, ¡lo que era una buena noticia!». Un año después, un editor le propuso un cómic con los personajes («síntesis de varias personas diferentes») que poblaban su blog.

Entre ellos, uno de los más hilarantes es la secretaria del departamento de doctorado desde 1987: Brigitte Claude, una mujer apática («tiene un truco: finge ser una incompetente absoluta para que la gente, exhausta, no le pida nada de nada», cuenta Jeanne en la novela) que ni siquiera se molesta en abrir la puerta del despacho cuando llaman o que intenta disuadir a los nuevos alumnos que pretenden comenzar su doctorado. «Cuando acabes la tesis no encontrarás trabajo, pero bueno…», le dice Brigitte a Jeanne cuando va a hacer la matrícula, antes de que esta se convierta en su compañera.

Brigitte

Las situaciones que vive Jeanne con otros personajes pueden resultar divertidas o agobiantes, según quien lo lea y con qué ánimo. Por ejemplo, el primer día que da clase de Literatura Medieval, con todos los nervios acumulados por desconocer si estará o no a la altura, un alumno ya jubilado quiere saber más y más. Ella intenta evitarlo como sea:

Maldita tesis

También está su familia, que incluye un primo que también va a empezar su tesis y que en cada reunión navideña le pregunta por lo mismo:

MALDITA TESIS-GR53918.indd

Maldita tesis

Por sus páginas pasan la presentación de ponencias en congresos, la rabia por no conseguir plaza en una facultad o las manifestaciones para evitar la mercantilización de la investigación, mientras la relación amorosa con su pareja se resiente. Aun así, Rivière no cuenta exactamente su experiencia, «porque habría sido muy embarazoso hablar de personas reales». Sin embargo, asegura haber creado un personaje símbolo de un cierto tipo de estudiantes de doctorado: «Le he hecho vivir todas las situaciones que ya había vivido o que otros me habían contado y que reflejan el curso de la tesis».

«Creo que la pareja director de tesis y doctorando no funciona en absoluto», opina Rivière. «Habría que introducir intermediarios entre los dos: un posdoctorado, que podría ser también responsable de un doctorando al mismo tiempo que el director, o formar grupos de tres o cuatro doctorandos que sean responsables los unos de los otros, que trabajen juntos, para evitar la soledad».

Ella, tras casi tres años investigando sobre Bella del señor, decidió dejarlo: le quedaban dos años para terminar y cada vez que escribía algo lo borraba. Además, «no tenía ninguna oportunidad de conseguir un trabajo en la facultad después y no tenía financiación». Sobreviviendo con pequeños trabajos, decidió probar suerte con el dibujo.

La realidad y la ficción terminan de forma diferente. Mientras que Rivière abandonó su tesis, Jeanne consigue acabarla. ¿Por qué ese final? «Ya que yo no la he defendido nunca, tenía ganas de regalarme una defensa de tesis», reconoce. Y advierte a futuros estudiantes que eviten hacerla «como yo, demasiado joven y demasiado inmadura. Creo que sólo está bien si es dentro de una perspectiva profesional clara o porque hay otro empleo y se piensa que la tesis puede enriquecerlo. No hay que verlo como un estudiante. Hay que considerarlo como un trabajo».

La receta para tomar una decisión (o para echar unas risas o para concienciar a la gente que está alrededor cuando ya se está haciendo) quizá se encuentre en Maldita tesis.

Las imágenes de este artículo son propiedad de editorial Grijablo y de Le bureau 14 de la sorbonne

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Con 27 años, Jeanne Dargan decide dar un vuelco a su vida, dejar sus clases en una escuela secundaria y comenzar una tesis doctoral sobre Kafka. Su gran sueño implica comenzar a impartir docencia en la universidad, recopilar información, mantener el contacto con su director de tesis… Lo que comenzó con mucha ilusión terminaría convirtiéndose en una especie de pesadilla. ¿Conseguiría Jeanne, en algún momento, terminar la tesis?

Probablemente muchos doctorandos se sientan identificados con Jeanne. Sin embargo, Jeanne no existe. O quizá sí. Esta joven tiene un poco de la ilustradora francesa Tiphaine Rivière. Ella también quiso hacer una tesis doctoral (en su caso, sobre la novela Bella del Señor, de Albert Cohen), pero desistió en el camino. Sus experiencias durante tres años como estudiante de doctorado y trabajando como administrativa en una universidad francesa inspiraron un blog, Le Bureau 14 de la sorbonne, germen de Maldita tesis (Grijalbo), la novela gráfica protagonizada por Jeanne, en la que esta joven vivirá toda una experiencia para completar su investigación.

A ratos divertida y a ratos amarga, Maldita tesis es una sátira sobre la investigación universitaria. O por lo menos sobre lo que representa realizar una tesis doctoral.

Jeanne comienza ilusionada, a pesar de que no tendrá beca para financiar sus estudios. Eso da igual, porque su investigación la va a dirigir Alexandre Karpov, el mejor especialista en Kafka de Francia. Emocionada, le promete a su pareja que sólo tardará tres años en terminarla.

Sin embargo, la realidad se volverá pronto en su contra: Karpov resulta ser un hombre desanimado, poco preocupado por los alumnos a los que tutoriza, a los que va dando largas o falsas esperanzas conforme pasa el tiempo; encima, quiere rivalizar con una colega por todos los alumnos que hagan sus trabajos sobre el también checo Milan Kundera. Conseguir que lea el trabajo avanzado de Jeanne o que responda a sus dudas será toda una odisea.

Maldita tesis

Además, cuando comienza a dar clases en otra universidad, a Jeanne le asignan una asignatura (Literatura Medieval) de la que no tiene ni idea y que le exige muchas horas de preparación. Si a ello le sumamos un trabajo poco motivador en la secretaría del departamento de doctorado de la universidad, los problemas no hacen más que acumularse. Las relaciones familiares también comienzan a resentirse. La convivencia con su chico empeora, y las cenas navideñas con la familia son una tortura por las clásicas preguntas.

Rivière no venía del mundo de la ilustración antes de crear Le bureau 14 de la sorbonne. «Durante mi doctorado tenía ganas de lanzarme al cómic», explica a Yorokobu. «¡Pero no sabía dibujar! Había dejado de hacerlo hacia los 12 años, como el 90% de la gente. De pronto comencé a aprender copiando cómics y dibujando a las personas de mi alrededor».

Era en una época en la que, según recuerda, florecían por internet los blogs de historietas, así que también le entraron ganas de abrir uno «para estar menos sola en mi aprendizaje y para tener gente con la que interactuar». Allí empezó a contar el trabajo administrativo que realizaba por aquel entonces. «¡Necesitaba reírme!», rememora.

Con el tiempo, se encontró con que no estaba sola en la necesidad de «exorcizar», según sus palabras, la experiencia del doctorado. Es más, «conforme más hacía tropezar a mis heroínas en todos los obstáculos posibles e imaginables, más se alegraban los doctorandos, bien porque tenían el sentimiento de no estar solos arreglándoselas como fuera, bien porque tenían la impresión de que había alguien peor que ellos, ¡lo que era una buena noticia!». Un año después, un editor le propuso un cómic con los personajes («síntesis de varias personas diferentes») que poblaban su blog.

Entre ellos, uno de los más hilarantes es la secretaria del departamento de doctorado desde 1987: Brigitte Claude, una mujer apática («tiene un truco: finge ser una incompetente absoluta para que la gente, exhausta, no le pida nada de nada», cuenta Jeanne en la novela) que ni siquiera se molesta en abrir la puerta del despacho cuando llaman o que intenta disuadir a los nuevos alumnos que pretenden comenzar su doctorado. «Cuando acabes la tesis no encontrarás trabajo, pero bueno…», le dice Brigitte a Jeanne cuando va a hacer la matrícula, antes de que esta se convierta en su compañera.

Brigitte

Las situaciones que vive Jeanne con otros personajes pueden resultar divertidas o agobiantes, según quien lo lea y con qué ánimo. Por ejemplo, el primer día que da clase de Literatura Medieval, con todos los nervios acumulados por desconocer si estará o no a la altura, un alumno ya jubilado quiere saber más y más. Ella intenta evitarlo como sea:

Maldita tesis

También está su familia, que incluye un primo que también va a empezar su tesis y que en cada reunión navideña le pregunta por lo mismo:

MALDITA TESIS-GR53918.indd

Maldita tesis

Por sus páginas pasan la presentación de ponencias en congresos, la rabia por no conseguir plaza en una facultad o las manifestaciones para evitar la mercantilización de la investigación, mientras la relación amorosa con su pareja se resiente. Aun así, Rivière no cuenta exactamente su experiencia, «porque habría sido muy embarazoso hablar de personas reales». Sin embargo, asegura haber creado un personaje símbolo de un cierto tipo de estudiantes de doctorado: «Le he hecho vivir todas las situaciones que ya había vivido o que otros me habían contado y que reflejan el curso de la tesis».

«Creo que la pareja director de tesis y doctorando no funciona en absoluto», opina Rivière. «Habría que introducir intermediarios entre los dos: un posdoctorado, que podría ser también responsable de un doctorando al mismo tiempo que el director, o formar grupos de tres o cuatro doctorandos que sean responsables los unos de los otros, que trabajen juntos, para evitar la soledad».

Ella, tras casi tres años investigando sobre Bella del señor, decidió dejarlo: le quedaban dos años para terminar y cada vez que escribía algo lo borraba. Además, «no tenía ninguna oportunidad de conseguir un trabajo en la facultad después y no tenía financiación». Sobreviviendo con pequeños trabajos, decidió probar suerte con el dibujo.

La realidad y la ficción terminan de forma diferente. Mientras que Rivière abandonó su tesis, Jeanne consigue acabarla. ¿Por qué ese final? «Ya que yo no la he defendido nunca, tenía ganas de regalarme una defensa de tesis», reconoce. Y advierte a futuros estudiantes que eviten hacerla «como yo, demasiado joven y demasiado inmadura. Creo que sólo está bien si es dentro de una perspectiva profesional clara o porque hay otro empleo y se piensa que la tesis puede enriquecerlo. No hay que verlo como un estudiante. Hay que considerarlo como un trabajo».

La receta para tomar una decisión (o para echar unas risas o para concienciar a la gente que está alrededor cuando ya se está haciendo) quizá se encuentre en Maldita tesis.

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Opiniones 6
  • Deberia es replantearse a los doctorados . Y la pedagogia de los directores. La defensa del juicio en que los alumnos enjuicien este invento de la educacion para ganar dinero.

  • Esta historia me resulta especialmente familiar, aunque creo que se trata de un problema más acentuado en Europa y América Latina que en Estados Unidos o Canadá ya que en esos países, en la mayoría de los casos, los doctorandos trabajan para los departamentos para los cuales investigan justamente para evitar lo que le sucede a la protagonista de esta historia que desde ya estoy loco por leer. Es absolutamente
    Increíble que los departamentos y facultades exijan investigaciones y al mismo tiempo ofrezcan un número bastante pobre de becas. En fin, la academia del siglo XXI está llena de irracionalidad y locura.

  • Es una locura en verdad. Me siento identificada porque para mi fueron no 3 sino 5 porque aqui en Sri Lanka la Universidad se tomaba mucho tiempo en asignarme fechas para que al final me dijeran que debia cambiar el titulo. Lo tuve que dejar ya que estaba mi familia, un trabajo a tiempo completo y mi salud que ya no daba. La burocracia y falta de apoyo son descomunales.

  • Gracias por poner este trabajo por este lugar. Pues estoy en la elaboracion de un trabajo doctoral en españa y tengo un director de tesis que no se que mas hacer para ponerme en contacto con el. y hay momento que me desespero, pero al leer esta articulo recobro fuerza.

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