16 de noviembre 2023    /   BRANDED CONTENT
 

Pequeñas actitudes al volante, algunas aparentemente sin importancia, pero que conviene no imitar… 


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«Tienes moreno de camionero», decimos a quien tiene el brazo izquierdo tan bronceado como una tostada quemada. Es lo que tiene conducir sacando un brazo por la ventanilla. En el cine o en una serie, el personaje que lo hace mola como Don Draper, el galán de Mad Men. Cuando conduce con el brazo fuera del coche, sabemos que se siente al control de todo, el rey del mundo, aunque sin el brazo bronceado porque lleva camisas a medida. 

Y puede que saquemos el brazo porque nos sintamos como él o porque sí, en cualquier caso, la realidad es lo que es, por eso, una pose de película puede convertirse en una multa si te pillan. Y esto es solo el aperitivo de esta lista de malos hábitos al volante en películas y series que Hollywood nos ha inculcado, más allá de correr a 150 km/h y ocupar aceras llenas de mesas de café. Sí, vamos a hablar de esas pequeñas cosas que parecen insignificantes pero que, en realidad, son cruciales tanto para una conducción segura como para tu bolsillo.

Érase una vez en Hollywood, no hace mucho tiempo, que Brad Pitt recogió a una hippie en su coche. Ella, Margaret Qualley, subió sus pies llenos de tierra al salpicadero como si estuviera en el sofá de su casa, dejando sus huellas en la luna. Un gesto descarado, pero con un punto de inocencia, y también sexy. Un plano difícil de olvidar como los pies de Rosario Dawson y Mary Elizabeth Winstead asomando por las ventanillas del coche en Deathproof. Es la marca de Tarantino: planos icónicos en la pantalla que en el mundo real pueden costarte una multa que, en el fondo, te dolería menos que sentir cómo en un choque, el airbag convierte tus piernas en un acordeón.

Es un mensaje de Capitán Obvio que no está permitido conducir usando los pies en lugar de las manos, como hace Jack Nicholson en La fuerza del cariño. Lo que quizá no sepa este capitán es que el simple hecho de conducir por la playa y aparcar en ella es motivo de multa. De manera que solo en un mundo sin humanos, Rayo McQueen se libraría de pagar, pero tú, no.  «Es que en la playa hay sitio», podrías pensar. «En el pueblo es difícil, solo hay una calle y muy estrecha». ¿Y te arriesgas a una multa? No sé, piénsalo. Quizás no estaría mal que pensaras en la opción de un coche equipado con adas (​sistemas avanzados de asistencia a la conducción), entre ellos, una cámara 360º para despreocuparte a la hora de aparcar. 

Piensa que el Caballero Oscuro tampoco se libraría de la regañina de un agente: «¿Sabe usted que no se puede conducir con un disfraz?» Quizá Batman emplearía un “bat-truco” de olvido, pero nosotros, los meros mortales, tendríamos que rascarnos el bolsillo, lo equivalente a las compras de un mes para una familia común de cuatro. Y ojo, disfrazarte de bombero o policía con armas de pegas es peor. No hay tarjeta «salga libre la cárcel» que te libre de la condena del juez.

Y es que hay disfraces que no solo podrían impedirte el movimiento, sino también dificultar la visibilidad. Ya tenemos bastante conduciendo con el come-come «¿Tengo un motorista en el ángulo muerto?». Un dilema que se resolvería con una ayuda a la conducción que indica la presencia de un vehículo no visible en el ángulo muerto.

Quizás pienses: «No pongo los pies en el salpicadero, no tengo intención de disfrazarme para conducir, no saco el codo. Soy un buen chico. Soy una buena chica. Pero si alguien me cabrea, le hago una peineta». Un gesto tan español como de película de carretera de Hollywood. Recordemos a aquella conductora novata de Agárralo como puedas. Siguiendo la orden de Leslie Nielsen de «siga a ese coche» y las instrucciones del anciano profesor, casi logra alcanzar al vehículo de un criminal. Pero cuando la persecución se frustra y un camionero la increpa, ella, nuevamente siguiendo las instrucciones del profesor, le levanta el dedo corazón. Fue desternillante en los 80. El teniente Nielsen lo pasa por alto; después de todo, ha sido culpa de él. Pero en la vida real, un agente de tráfico no tendrá en cuenta quién hizo la maniobra imprudente, ya seas tú o la otra persona, o si estabas persiguiendo a un criminal. Te multará, no por el gesto en sí, sino porque hacer una peineta se considera una distracción. A ciertas velocidades, incluso puede provocar la pérdida momentánea del control del vehículo. Si no acabas teniendo un accidente, igual tendrás que pagar una multa y cancelar la reserva de una cena para dos. Y cuidado, el problema de cancelar la reserva podría derivar en una discusión al volante con un listado de reproches.

¿Cuántas discusiones al volante hemos visto en cine y series? Y peor aún, ¿cuántas hemos vivido? En las películas, a veces acaban con un peatón volando por los aires. Depende de la maldad del guionista. En la realidad, si tienes la «suerte» de no atropellar a nadie, aún te puedes comer una multa que dejará helada cualquier discusión. La realidad también es menos predecible que un guion de Hollywood: incluso conduciendo con precaución, te arriesgas a atropellar a un ciclista o a un peatón. En esos casos, más vale contar con una tecnología de frenada automática de emergencia que detecte obstáculos.          

           

Quizás pienses: «Nosotros no discutimos. Somos de besos y arrumacos». Genial, pero ojo con hacerlo mientras conduces. No quieras ser el protagonista de una escena como la de Amber Heard y Johnny Depp en Los diarios del ron. Él va a toda mecha, ella empieza a toquetearlo, él pisa más el acelerador y casi se van al agua. Un claro ejemplo de lo que no hacer, no solo por el peligro del agua, sino por la multa que te esperaría. «Haz el amor y no la guerra» no es el lema que las fuerzas del orden tienen en mente para los conductores. Sería: «Cuidado con las manos que van al pan».

Y las manos también van al claxon con demasiada facilidad. Los personajes de ficción y nosotros no somos muy diferentes.

MOC-MOC. «Ya estoy aquí».

MOC-MOC. «Hasta luego Maricarmen», a la amiga que pasa por la acera.

MOC-MOC. «A ver si el atasco desaparece».

Y no pasa nada, hasta que pasa. Usar el claxon para algo más que evitar un accidente puede costarte una multa equivalente al arreglo de tres muelas. Y aunque nadie lo haya documentado, está comprobado que ningún bocinazo hace desaparecer un atasco. Así que intenta relajarte, incluso si temes que tu coche se vaya para atrás mientras esperas subir la cuesta.

Puede que pienses: «Yo me pongo mi musiquita al volante y no molesto a nadie». Estupendo, pero no te vengas arriba como los protagonistas de Wayne’s World que cantan Bohemian Rhapsody a todo pulmón hasta hacer vibrar los escaparates. Sí, es liberador, nadie lo pone en duda. Bueno para el espíritu, pero peligroso para el bolsillo si te pilla la policía.

Como hemos visto, son las pequeñas cosas, aparentemente sin importancia, las que pueden provocar un accidente o hacer un agujero en tu cuenta corriente. Distraerse al volante tiene un precio, de una manera u otra. Y aun si conduces con toda la atención del mundo, el destino es caprichoso. Puedes ser víctima de un accidente o causarlo sin querer. Por eso, mejor no arriesgarse y optar por soluciones que faciliten la conducción, como los sistemas adas a lo que nos hemos referido unas cuantas líneas más adelante. Que, por cierto, lo mismo, ya lo sabes, pero por si no es así, comentarte que el nuevo Clio E-Tech full hybrid viene equipado con los sistemas de ayuda a la conducción citados arriba, y alguno más… 

Tres generaciones Clio

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«Tienes moreno de camionero», decimos a quien tiene el brazo izquierdo tan bronceado como una tostada quemada. Es lo que tiene conducir sacando un brazo por la ventanilla. En el cine o en una serie, el personaje que lo hace mola como Don Draper, el galán de Mad Men. Cuando conduce con el brazo fuera del coche, sabemos que se siente al control de todo, el rey del mundo, aunque sin el brazo bronceado porque lleva camisas a medida. 

Y puede que saquemos el brazo porque nos sintamos como él o porque sí, en cualquier caso, la realidad es lo que es, por eso, una pose de película puede convertirse en una multa si te pillan. Y esto es solo el aperitivo de esta lista de malos hábitos al volante en películas y series que Hollywood nos ha inculcado, más allá de correr a 150 km/h y ocupar aceras llenas de mesas de café. Sí, vamos a hablar de esas pequeñas cosas que parecen insignificantes pero que, en realidad, son cruciales tanto para una conducción segura como para tu bolsillo.

Érase una vez en Hollywood, no hace mucho tiempo, que Brad Pitt recogió a una hippie en su coche. Ella, Margaret Qualley, subió sus pies llenos de tierra al salpicadero como si estuviera en el sofá de su casa, dejando sus huellas en la luna. Un gesto descarado, pero con un punto de inocencia, y también sexy. Un plano difícil de olvidar como los pies de Rosario Dawson y Mary Elizabeth Winstead asomando por las ventanillas del coche en Deathproof. Es la marca de Tarantino: planos icónicos en la pantalla que en el mundo real pueden costarte una multa que, en el fondo, te dolería menos que sentir cómo en un choque, el airbag convierte tus piernas en un acordeón.

Es un mensaje de Capitán Obvio que no está permitido conducir usando los pies en lugar de las manos, como hace Jack Nicholson en La fuerza del cariño. Lo que quizá no sepa este capitán es que el simple hecho de conducir por la playa y aparcar en ella es motivo de multa. De manera que solo en un mundo sin humanos, Rayo McQueen se libraría de pagar, pero tú, no.  «Es que en la playa hay sitio», podrías pensar. «En el pueblo es difícil, solo hay una calle y muy estrecha». ¿Y te arriesgas a una multa? No sé, piénsalo. Quizás no estaría mal que pensaras en la opción de un coche equipado con adas (​sistemas avanzados de asistencia a la conducción), entre ellos, una cámara 360º para despreocuparte a la hora de aparcar. 

Piensa que el Caballero Oscuro tampoco se libraría de la regañina de un agente: «¿Sabe usted que no se puede conducir con un disfraz?» Quizá Batman emplearía un “bat-truco” de olvido, pero nosotros, los meros mortales, tendríamos que rascarnos el bolsillo, lo equivalente a las compras de un mes para una familia común de cuatro. Y ojo, disfrazarte de bombero o policía con armas de pegas es peor. No hay tarjeta «salga libre la cárcel» que te libre de la condena del juez.

Y es que hay disfraces que no solo podrían impedirte el movimiento, sino también dificultar la visibilidad. Ya tenemos bastante conduciendo con el come-come «¿Tengo un motorista en el ángulo muerto?». Un dilema que se resolvería con una ayuda a la conducción que indica la presencia de un vehículo no visible en el ángulo muerto.

Quizás pienses: «No pongo los pies en el salpicadero, no tengo intención de disfrazarme para conducir, no saco el codo. Soy un buen chico. Soy una buena chica. Pero si alguien me cabrea, le hago una peineta». Un gesto tan español como de película de carretera de Hollywood. Recordemos a aquella conductora novata de Agárralo como puedas. Siguiendo la orden de Leslie Nielsen de «siga a ese coche» y las instrucciones del anciano profesor, casi logra alcanzar al vehículo de un criminal. Pero cuando la persecución se frustra y un camionero la increpa, ella, nuevamente siguiendo las instrucciones del profesor, le levanta el dedo corazón. Fue desternillante en los 80. El teniente Nielsen lo pasa por alto; después de todo, ha sido culpa de él. Pero en la vida real, un agente de tráfico no tendrá en cuenta quién hizo la maniobra imprudente, ya seas tú o la otra persona, o si estabas persiguiendo a un criminal. Te multará, no por el gesto en sí, sino porque hacer una peineta se considera una distracción. A ciertas velocidades, incluso puede provocar la pérdida momentánea del control del vehículo. Si no acabas teniendo un accidente, igual tendrás que pagar una multa y cancelar la reserva de una cena para dos. Y cuidado, el problema de cancelar la reserva podría derivar en una discusión al volante con un listado de reproches.

¿Cuántas discusiones al volante hemos visto en cine y series? Y peor aún, ¿cuántas hemos vivido? En las películas, a veces acaban con un peatón volando por los aires. Depende de la maldad del guionista. En la realidad, si tienes la «suerte» de no atropellar a nadie, aún te puedes comer una multa que dejará helada cualquier discusión. La realidad también es menos predecible que un guion de Hollywood: incluso conduciendo con precaución, te arriesgas a atropellar a un ciclista o a un peatón. En esos casos, más vale contar con una tecnología de frenada automática de emergencia que detecte obstáculos.          

           

Quizás pienses: «Nosotros no discutimos. Somos de besos y arrumacos». Genial, pero ojo con hacerlo mientras conduces. No quieras ser el protagonista de una escena como la de Amber Heard y Johnny Depp en Los diarios del ron. Él va a toda mecha, ella empieza a toquetearlo, él pisa más el acelerador y casi se van al agua. Un claro ejemplo de lo que no hacer, no solo por el peligro del agua, sino por la multa que te esperaría. «Haz el amor y no la guerra» no es el lema que las fuerzas del orden tienen en mente para los conductores. Sería: «Cuidado con las manos que van al pan».

Y las manos también van al claxon con demasiada facilidad. Los personajes de ficción y nosotros no somos muy diferentes.

MOC-MOC. «Ya estoy aquí».

MOC-MOC. «Hasta luego Maricarmen», a la amiga que pasa por la acera.

MOC-MOC. «A ver si el atasco desaparece».

Y no pasa nada, hasta que pasa. Usar el claxon para algo más que evitar un accidente puede costarte una multa equivalente al arreglo de tres muelas. Y aunque nadie lo haya documentado, está comprobado que ningún bocinazo hace desaparecer un atasco. Así que intenta relajarte, incluso si temes que tu coche se vaya para atrás mientras esperas subir la cuesta.

Puede que pienses: «Yo me pongo mi musiquita al volante y no molesto a nadie». Estupendo, pero no te vengas arriba como los protagonistas de Wayne’s World que cantan Bohemian Rhapsody a todo pulmón hasta hacer vibrar los escaparates. Sí, es liberador, nadie lo pone en duda. Bueno para el espíritu, pero peligroso para el bolsillo si te pilla la policía.

Como hemos visto, son las pequeñas cosas, aparentemente sin importancia, las que pueden provocar un accidente o hacer un agujero en tu cuenta corriente. Distraerse al volante tiene un precio, de una manera u otra. Y aun si conduces con toda la atención del mundo, el destino es caprichoso. Puedes ser víctima de un accidente o causarlo sin querer. Por eso, mejor no arriesgarse y optar por soluciones que faciliten la conducción, como los sistemas adas a lo que nos hemos referido unas cuantas líneas más adelante. Que, por cierto, lo mismo, ya lo sabes, pero por si no es así, comentarte que el nuevo Clio E-Tech full hybrid viene equipado con los sistemas de ayuda a la conducción citados arriba, y alguno más… 

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