13 de septiembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Después de ver estas fotos, ¿dejarás de usar bolsas de plástico?

13 de septiembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Lucha desde hace años contra un enemigo silencioso y mortalmente peligroso, a pesar de su apariencia inofensiva: el plástico. Mandy Barker milita contra la contaminación de los mares mediante bellas composiciones fotográficas que destilan pulcritud y elegancia. «Creo imágenes hermosas para atraer la atención de los espectadores. Una vez que se fijan en la foto, empiezan a ver de qué elementos están compuestas y hacen la lectura completa de lo que quiero contar», dice desde Leeds.

La incansable denuncia de esta fotógrafa inglesa surge de su desasosiego ante una situación desastrosa. Cada año, 8 millones de toneladas de plástico llegan al mar. Los expertos calculan que para 2050 habrá más plástico que peces en el agua. Un auténtico mar de desperdicios ahoga desde hace años varias especies marinas en los océanos, cada vez más contaminados y enfermos.

Barker emplea su rebosante creatividad para lanzar un mensaje contundente: parad de producir, de vender y de comprar objetos y embalajes de plástico porque se están cargando nuestro planeta. Su motivación es simple. Desde muy pequeña ama el mar con locura. Su pasión siempre ha sido pasear por la playa y recoger objetos que encontraba a su paso.

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Mucho antes de que una cantidad inmensa de residuos plásticos empezase a flotar a la deriva en los océanos, esta fotógrafa comenzó a darse cuenta de que los hábitos de consumo compulsivo estaban comprometiendo el equilibrio medioambiental. Un día vio un polluelo de albatros muerto. En su estómago había desde mecheros hasta tapones de botellas de plástico. Sintió que tenía que hacer algo.

Con el paso del tiempo encontró su camino en estas naturalezas muertas llenas de simbolismo. «La belleza es un aspecto muy importante en mi trabajo. Al principio intenté fotografiar los residuos que recojo directamente en la playa, pero decidí que era mejor intentar hacer algo diferente para retener la atención del espectador durante más tiempo. Después de muchos experimentos, resolví construir las imágenes en mi estudio», revela.

A primera vista, sus fotos son composiciones abstractas que guardan cierto parecido con las constelaciones en el espacio o con los fondos de acuarios. Sin embargo, el observador más atento y sensible se da cuenta del trabajo meticuloso de esta fotógrafa, que pretende poner en entredicho las lógicas de consumo que amenazan nuestro futuro como especie.

Barker recrea su mar particular a partir de los desperdicios que ella misma ha ido almacenando a lo largo de varios años en diferentes puntos del planeta. Esta es su técnica: «Coloco un fondo negro en el suelo y encima pongo los objetos de plástico más pequeños que quiero incluir en la composición. Hago la primera foto. Después repito el proceso con cosas más grande. Finalmente, combino tres o cuatro fotos con el Photoshop», explica. Mediante la sobreposición de varias capas, consigue construir imágenes que enganchan y que permanecen en la memoria de las personas.

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En cada serie sigue pasos distintos. Algunas veces realiza todo el proceso creativo en su estudio de Leeds, en el Reino Unido. En otras ocasiones hace las fotos en el barco con el que realiza expediciones, como ocurrió en el océano Pacífico, una de las zonas más contaminadas del mundo.

Todos sus ensayos tienen el mismo concepto, además de una estética cuidada y coherente. Es el caso de Soup, la serie expuesta en Getxophoto. La palabra que da el nombre a este ensayo es la que usan científicos y ambientalistas para definir los residuos plásticos que flotan en el mar. Técnicamente es una mezcla de agua marina y plástico suspendido en el fondo del océano, sobre todo en el norte del Pacífico, donde se encuentra la mayor concentración de polución marina.

«La imagen titulada Soup Translucent está hecha de residuos translúcidos como envases o botellas de plástico. Son los más dañinos para los océanos. Hay otra llamada Soup Refused, que está compuesta por residuos masticados y escupidos por cabras en las playas de una isla griega. Las cabras intentaron comer estos objetos llegados del mar, pero no consiguieron ingerirlos. Por esto están mordisqueados», afirma la fotógrafa.

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En Soup Alphabet los residuos incluyen algún tipo de texto o números en su superficie. Irónicamente, Barker combina varias palabras encontradas al azar, que acaban generando una advertencia premonitoria: mar, substancias peligrosas, fétido. En Soup Bird’s Nest, hilos de pesca forman nidos de pájaro que por su forma remiten a misteriosas medusas. En Penalty usa bolas de fútbol enviadas de varios países. Shoal tiene deshechos de plástico recogidos del Pacífico en 2012, durante la expedición realizada después del tsunami en Japón.

Toda sus fotos son fruto de un largo proceso de estudio y experimentación. «Al principio cada imagen estaba compuesta por un solo objeto, como una botella o una bolsa de plástico. Después empecé a investigar cuánto tiempo necesita una botella para que se disuelva después de llegar al mar. Fue cuando descubrí las islas de plástico que se forman en los océanos. Son áreas enormes llenas de plástico. Entonces tuve la idea de representarlas. Necesitaba crear algo para mostrar estas masas enormes», aclara.

Su incesante labor de sensibilización aspira a estimular una reflexión sobre el destino final de los envases de plástico. «Me gustaría que las personas se lo pensasen dos veces antes de coger una bolsa en un supermercado, que aprendiesen a dar un nuevo uso a las botellas de plástico o mejor aún, que empezasen a comprar botellas de vidrio y a evitar los productos envasados», sugiere. «Si todo el mundo hiciese eso, tendríamos menos residuos plásticos. Pero el verdadero punto es que los fabricantes deberían parar de producir envases de este material para que los consumidores dejen de comprarlos», añade.

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Barker reconoce que el problema está ramificado en varios niveles y que los productores no son los únicos responsables de este mar de plástico. Los distributores como las grandes cadenas de supermercados y por supuesto los consumidores, que acaban comprando productos envasados y desechables, también contribuyen a generar este tipo de basura. «Pero está claro que la forma más efectiva de luchar contra estos desperdicios es impedir que estos artículos sean producidos y que lleguen al consumidor final», asegura.

La artista reconoce que siente cierta frustración ante la negativa de los fabricantes de reducir la cantidad de este material que inyectan en el mercado. «Greenpeace está entablando conversaciones con empresas como Coca-Cola para que dejen de producir botellas de plástico. El objetivo es encontrar una solución en las más altas esferas. Al fin y al cabo prohibirlo es una decisión política. Mi parte es concienciar a las personas sobre este asunto y conseguir, por ejemplo, que firmen peticiones e iniciativas legislativas populares para intentar reducir la producción de envases de plástico. Me desespera pensar cuánto tiempo tardaremos en cambiar esta situación», afirma.

Como buena activista, Barker cede sus imágenes a centros de investigación científica para que puedan ilustrar sus informes. Sus fotos también han sido utilizadas por el comité alemán de la Unión Europea y en los cuarteles generales de la ONU en Nueva York, el pasado mes de junio. Revistas como Time y el National Geographic las han publicado. Barker también participa a menudo en eventos y exposiciones relacionadas con temáticas medioambientales y el cambio climático, como el Festival Internacional de Imagen de Getxo.

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Además, su trabajo ha sido expuesto en el metro de Singapur, en el que pasan a diario millares de personas. «También está en varias plataformas y redes sociales como Instagram. De esta forma, recibo el feedback de los espectadores, que me escriben para preguntar qué pueden hacer para luchar contra las islas de plástico. Esto me da una idea de lo exitoso que está siendo el mensaje que intento lanzar», cuenta.

El trabajo de Barker demuestra que arte y militancia pueden convivir perfectamente, sin necesidad de alcanzar posturas radicales. «No estoy en contra del plástico como tal, pero sí de todos los envases y artículos de consumo prescindibles que usamos a diario. Hay objetos de este material que son insustituibles como los que se usan en medicina, por ejemplo las bolsas para la transfusión de sangre. Lo peor son los artículos que se usan una sola vez, a veces por pocos segundos, y que acaban invariablemente en los océanos», matiza.

La obra de Mandy Barker estará expuesta en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 1 de octubre.

Lucha desde hace años contra un enemigo silencioso y mortalmente peligroso, a pesar de su apariencia inofensiva: el plástico. Mandy Barker milita contra la contaminación de los mares mediante bellas composiciones fotográficas que destilan pulcritud y elegancia. «Creo imágenes hermosas para atraer la atención de los espectadores. Una vez que se fijan en la foto, empiezan a ver de qué elementos están compuestas y hacen la lectura completa de lo que quiero contar», dice desde Leeds.

La incansable denuncia de esta fotógrafa inglesa surge de su desasosiego ante una situación desastrosa. Cada año, 8 millones de toneladas de plástico llegan al mar. Los expertos calculan que para 2050 habrá más plástico que peces en el agua. Un auténtico mar de desperdicios ahoga desde hace años varias especies marinas en los océanos, cada vez más contaminados y enfermos.

Barker emplea su rebosante creatividad para lanzar un mensaje contundente: parad de producir, de vender y de comprar objetos y embalajes de plástico porque se están cargando nuestro planeta. Su motivación es simple. Desde muy pequeña ama el mar con locura. Su pasión siempre ha sido pasear por la playa y recoger objetos que encontraba a su paso.

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Mucho antes de que una cantidad inmensa de residuos plásticos empezase a flotar a la deriva en los océanos, esta fotógrafa comenzó a darse cuenta de que los hábitos de consumo compulsivo estaban comprometiendo el equilibrio medioambiental. Un día vio un polluelo de albatros muerto. En su estómago había desde mecheros hasta tapones de botellas de plástico. Sintió que tenía que hacer algo.

Con el paso del tiempo encontró su camino en estas naturalezas muertas llenas de simbolismo. «La belleza es un aspecto muy importante en mi trabajo. Al principio intenté fotografiar los residuos que recojo directamente en la playa, pero decidí que era mejor intentar hacer algo diferente para retener la atención del espectador durante más tiempo. Después de muchos experimentos, resolví construir las imágenes en mi estudio», revela.

A primera vista, sus fotos son composiciones abstractas que guardan cierto parecido con las constelaciones en el espacio o con los fondos de acuarios. Sin embargo, el observador más atento y sensible se da cuenta del trabajo meticuloso de esta fotógrafa, que pretende poner en entredicho las lógicas de consumo que amenazan nuestro futuro como especie.

Barker recrea su mar particular a partir de los desperdicios que ella misma ha ido almacenando a lo largo de varios años en diferentes puntos del planeta. Esta es su técnica: «Coloco un fondo negro en el suelo y encima pongo los objetos de plástico más pequeños que quiero incluir en la composición. Hago la primera foto. Después repito el proceso con cosas más grande. Finalmente, combino tres o cuatro fotos con el Photoshop», explica. Mediante la sobreposición de varias capas, consigue construir imágenes que enganchan y que permanecen en la memoria de las personas.

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En cada serie sigue pasos distintos. Algunas veces realiza todo el proceso creativo en su estudio de Leeds, en el Reino Unido. En otras ocasiones hace las fotos en el barco con el que realiza expediciones, como ocurrió en el océano Pacífico, una de las zonas más contaminadas del mundo.

Todos sus ensayos tienen el mismo concepto, además de una estética cuidada y coherente. Es el caso de Soup, la serie expuesta en Getxophoto. La palabra que da el nombre a este ensayo es la que usan científicos y ambientalistas para definir los residuos plásticos que flotan en el mar. Técnicamente es una mezcla de agua marina y plástico suspendido en el fondo del océano, sobre todo en el norte del Pacífico, donde se encuentra la mayor concentración de polución marina.

«La imagen titulada Soup Translucent está hecha de residuos translúcidos como envases o botellas de plástico. Son los más dañinos para los océanos. Hay otra llamada Soup Refused, que está compuesta por residuos masticados y escupidos por cabras en las playas de una isla griega. Las cabras intentaron comer estos objetos llegados del mar, pero no consiguieron ingerirlos. Por esto están mordisqueados», afirma la fotógrafa.

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En Soup Alphabet los residuos incluyen algún tipo de texto o números en su superficie. Irónicamente, Barker combina varias palabras encontradas al azar, que acaban generando una advertencia premonitoria: mar, substancias peligrosas, fétido. En Soup Bird’s Nest, hilos de pesca forman nidos de pájaro que por su forma remiten a misteriosas medusas. En Penalty usa bolas de fútbol enviadas de varios países. Shoal tiene deshechos de plástico recogidos del Pacífico en 2012, durante la expedición realizada después del tsunami en Japón.

Toda sus fotos son fruto de un largo proceso de estudio y experimentación. «Al principio cada imagen estaba compuesta por un solo objeto, como una botella o una bolsa de plástico. Después empecé a investigar cuánto tiempo necesita una botella para que se disuelva después de llegar al mar. Fue cuando descubrí las islas de plástico que se forman en los océanos. Son áreas enormes llenas de plástico. Entonces tuve la idea de representarlas. Necesitaba crear algo para mostrar estas masas enormes», aclara.

Su incesante labor de sensibilización aspira a estimular una reflexión sobre el destino final de los envases de plástico. «Me gustaría que las personas se lo pensasen dos veces antes de coger una bolsa en un supermercado, que aprendiesen a dar un nuevo uso a las botellas de plástico o mejor aún, que empezasen a comprar botellas de vidrio y a evitar los productos envasados», sugiere. «Si todo el mundo hiciese eso, tendríamos menos residuos plásticos. Pero el verdadero punto es que los fabricantes deberían parar de producir envases de este material para que los consumidores dejen de comprarlos», añade.

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Barker reconoce que el problema está ramificado en varios niveles y que los productores no son los únicos responsables de este mar de plástico. Los distributores como las grandes cadenas de supermercados y por supuesto los consumidores, que acaban comprando productos envasados y desechables, también contribuyen a generar este tipo de basura. «Pero está claro que la forma más efectiva de luchar contra estos desperdicios es impedir que estos artículos sean producidos y que lleguen al consumidor final», asegura.

La artista reconoce que siente cierta frustración ante la negativa de los fabricantes de reducir la cantidad de este material que inyectan en el mercado. «Greenpeace está entablando conversaciones con empresas como Coca-Cola para que dejen de producir botellas de plástico. El objetivo es encontrar una solución en las más altas esferas. Al fin y al cabo prohibirlo es una decisión política. Mi parte es concienciar a las personas sobre este asunto y conseguir, por ejemplo, que firmen peticiones e iniciativas legislativas populares para intentar reducir la producción de envases de plástico. Me desespera pensar cuánto tiempo tardaremos en cambiar esta situación», afirma.

Como buena activista, Barker cede sus imágenes a centros de investigación científica para que puedan ilustrar sus informes. Sus fotos también han sido utilizadas por el comité alemán de la Unión Europea y en los cuarteles generales de la ONU en Nueva York, el pasado mes de junio. Revistas como Time y el National Geographic las han publicado. Barker también participa a menudo en eventos y exposiciones relacionadas con temáticas medioambientales y el cambio climático, como el Festival Internacional de Imagen de Getxo.

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Además, su trabajo ha sido expuesto en el metro de Singapur, en el que pasan a diario millares de personas. «También está en varias plataformas y redes sociales como Instagram. De esta forma, recibo el feedback de los espectadores, que me escriben para preguntar qué pueden hacer para luchar contra las islas de plástico. Esto me da una idea de lo exitoso que está siendo el mensaje que intento lanzar», cuenta.

El trabajo de Barker demuestra que arte y militancia pueden convivir perfectamente, sin necesidad de alcanzar posturas radicales. «No estoy en contra del plástico como tal, pero sí de todos los envases y artículos de consumo prescindibles que usamos a diario. Hay objetos de este material que son insustituibles como los que se usan en medicina, por ejemplo las bolsas para la transfusión de sangre. Lo peor son los artículos que se usan una sola vez, a veces por pocos segundos, y que acaban invariablemente en los océanos», matiza.

La obra de Mandy Barker estará expuesta en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 1 de octubre.

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