5 de abril 2017    /   BUSINESS
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Manolillo y los cuentos que sirvieron de escape a Miguel Hernández

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«Háblame siempre de mi hijo Manolillo. Me haces casi feliz con lo que me dices de él» (Miguel Hernández en una carta dirigida a su esposa, Josefina Manresa)

El 4 de enero de 1939 llegaba al mundo Manuel Miguel Hernández Manresa. El niño no gozaría demasiado de la presencia de su padre, Miguel Hernández. El poeta pronto sería encarcelado. Hasta la muerte de este, acontecida tres años después, apenas se verían en unas cuantas ocasiones. Aunque para su progenitor, Manolillo fue el bálsamo que aliviaba todas sus penas.

«Apenas lo pudo ver pero se convirtió en una de sus últimas alegrías, en tema constante en sus conversaciones epistolares con su mujer, Josefina Manresa», escribe el periodista Víctor Fernández en el prólogo de Cuentos para mi hijo Manolillo. Nordicalibros reúne los cuentos que el poeta escribió al segundo de sus hijos en una edición lanzada con motivo del 75 aniversario de la muerte del poeta de Orihuela.

La celda fue el escenario donde compuso los cuentos dedicados a su Manolillo. No tenía cuaderno así que tuvo que conformarse con escribir en las hojas de papel higiénico. Eusebio Oca, compañero de Hernández durante su reclusión en Alicante, se encargaría de pasar los textos a limpio. Incluso, cuenta Fernández, «los enriqueció creando una grafía especial para ellos, además de unos bellos y sencillos dibujos pintados con acuarelas».

Hasta hace apenas unos años se pensaba que fueron únicamente dos los cuentos a Manollio: El potro obscuro y El Conejito. Pero hace unos años, casi coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor, Julio Oca, hijo de Eusebio, desveló guardar un cuaderno de seis páginas, cosidas en la parte superior con hilo de cobre, en el que se recogían ambos cuentos además de otros dos inéditos: Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo. Hoy aquel pequeño manuscrito que contiene la última obra del poeta se guarda en la Biblioteca Nacional.

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Ilustración de Damián Flores para ‘La gatita Mancha y el ovillo rojo’

«Pese a la aparente ingenuidad de los cuentos, (Miguel Hernández) sigue volcando su verdad, buscando un amanecer que no llega», escribe Víctor Fernández.

Al periodista, responsable de la edición del libro de Nordicalibros y autor del prólogo, le cuesta elegir uno de los cuentos. De hacerlo, se quedaría con El potro obscuro porque «puede leerse como el anhelo del poeta en un momento que ya no invitaba a la esperanza, cuando estaba entre rejas y su salud estaba menguando». Pese a ser todos ellos textos breves, «hay mucho del mejor Hernández», apostilla.

A los textos de Hernández acompañan en esta edición los dibujos de cuatro ilustradores actuales: Sara Morante, Adolfo Serra, Alfonso Zapico y Damián Flores. Al igual que para Fernández, para Morante, autora de la ilustración de El potro obscuro, este es también su preferido: «Es un cuento con muchas lecturas para mí. En un primer momento pensé en que el cuento era una manera del poeta de explicarle a su hijo la vida y la muerte. Pensé en los momentos padre e hijo que nunca tendrían, en las conversaciones que nunca sucederían y en cómo el poeta quiso dejar ese legado a su hijo. Todo esto son especulaciones mías, claro». El tema elegido para su dibujo, dice, fue una escena típica de la infancia: «Las fiestas de cumpleaños en casa y en esos niños derrengados tras los juegos».

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Ilustración de Sara Morante para el cuento ‘El potro obscuro’

 

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Ilustración de Alfonso Zapico para ‘Un hogar en el árbol’

El libro cierra con las imágenes de manuscritos de los cuentos, así como de unos cuantos dibujos del propio Miguel Hernández. Para Sara Morante descubrir esta faceta del poeta lo ha acercado aun más a su figura: «Me ha hecho mucha ilusión ver que también se expresaba a través de los dibujos, eso acrecienta la simpatía que siento hacia él, hacia su trabajo. Es una suerte que podamos ver esos dibujos en los márgenes, esos rostros, gestos y trazos…».

«Háblame siempre de mi hijo Manolillo. Me haces casi feliz con lo que me dices de él» (Miguel Hernández en una carta dirigida a su esposa, Josefina Manresa)

El 4 de enero de 1939 llegaba al mundo Manuel Miguel Hernández Manresa. El niño no gozaría demasiado de la presencia de su padre, Miguel Hernández. El poeta pronto sería encarcelado. Hasta la muerte de este, acontecida tres años después, apenas se verían en unas cuantas ocasiones. Aunque para su progenitor, Manolillo fue el bálsamo que aliviaba todas sus penas.

«Apenas lo pudo ver pero se convirtió en una de sus últimas alegrías, en tema constante en sus conversaciones epistolares con su mujer, Josefina Manresa», escribe el periodista Víctor Fernández en el prólogo de Cuentos para mi hijo Manolillo. Nordicalibros reúne los cuentos que el poeta escribió al segundo de sus hijos en una edición lanzada con motivo del 75 aniversario de la muerte del poeta de Orihuela.

La celda fue el escenario donde compuso los cuentos dedicados a su Manolillo. No tenía cuaderno así que tuvo que conformarse con escribir en las hojas de papel higiénico. Eusebio Oca, compañero de Hernández durante su reclusión en Alicante, se encargaría de pasar los textos a limpio. Incluso, cuenta Fernández, «los enriqueció creando una grafía especial para ellos, además de unos bellos y sencillos dibujos pintados con acuarelas».

Hasta hace apenas unos años se pensaba que fueron únicamente dos los cuentos a Manollio: El potro obscuro y El Conejito. Pero hace unos años, casi coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor, Julio Oca, hijo de Eusebio, desveló guardar un cuaderno de seis páginas, cosidas en la parte superior con hilo de cobre, en el que se recogían ambos cuentos además de otros dos inéditos: Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo. Hoy aquel pequeño manuscrito que contiene la última obra del poeta se guarda en la Biblioteca Nacional.

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Ilustración de Damián Flores para ‘La gatita Mancha y el ovillo rojo’

«Pese a la aparente ingenuidad de los cuentos, (Miguel Hernández) sigue volcando su verdad, buscando un amanecer que no llega», escribe Víctor Fernández.

Al periodista, responsable de la edición del libro de Nordicalibros y autor del prólogo, le cuesta elegir uno de los cuentos. De hacerlo, se quedaría con El potro obscuro porque «puede leerse como el anhelo del poeta en un momento que ya no invitaba a la esperanza, cuando estaba entre rejas y su salud estaba menguando». Pese a ser todos ellos textos breves, «hay mucho del mejor Hernández», apostilla.

A los textos de Hernández acompañan en esta edición los dibujos de cuatro ilustradores actuales: Sara Morante, Adolfo Serra, Alfonso Zapico y Damián Flores. Al igual que para Fernández, para Morante, autora de la ilustración de El potro obscuro, este es también su preferido: «Es un cuento con muchas lecturas para mí. En un primer momento pensé en que el cuento era una manera del poeta de explicarle a su hijo la vida y la muerte. Pensé en los momentos padre e hijo que nunca tendrían, en las conversaciones que nunca sucederían y en cómo el poeta quiso dejar ese legado a su hijo. Todo esto son especulaciones mías, claro». El tema elegido para su dibujo, dice, fue una escena típica de la infancia: «Las fiestas de cumpleaños en casa y en esos niños derrengados tras los juegos».

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Ilustración de Sara Morante para el cuento ‘El potro obscuro’

 

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Ilustración de Alfonso Zapico para ‘Un hogar en el árbol’

El libro cierra con las imágenes de manuscritos de los cuentos, así como de unos cuantos dibujos del propio Miguel Hernández. Para Sara Morante descubrir esta faceta del poeta lo ha acercado aun más a su figura: «Me ha hecho mucha ilusión ver que también se expresaba a través de los dibujos, eso acrecienta la simpatía que siento hacia él, hacia su trabajo. Es una suerte que podamos ver esos dibujos en los márgenes, esos rostros, gestos y trazos…».

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Opiniones 1
  • Miguel hdez mezcl a partes iguales ,ternura de madre primeriza y heroicidad propia de alguien mas allá de lo humano ,desde su prision física busca refugio en la belleza de lo simple ,el anhelo de la felicidad ,en esa escena cotidiana ,de la que la mayoría de los que tenemos hijos hemos podido disfrutar ,siendo un tesoro sin valorarlo suficiente y que para el ,con sus ojos en el alma ,supo que era el escondite de la felicidad

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