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3 de agosto 2018    /   IDEAS
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‘Mansplaining’, ‘manspreading’ y otros ramalazos de machismo

3 de agosto 2018    /   IDEAS     por          
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Una conversación casual entre un hombre y una mujer (escritora). Él le pregunta de qué tratan sus libros y ella trata de explicarle que el último que ha escrito es una biografía alrededor de la figura del fotógrafo e investigador británico Eadweard Muybridge. En estas están cuando el señor la interrumpe para preguntarle si ha oído hablar de la última publicación sobre su figura:

—Dicen que es la más importante hasta la fecha. Deberías leerlo; seguro que profundiza mucho sobre un personaje clave en la historia de la cinematografía. Es un libro fascinante. Lo que no consigo es recordar el nombre del autor…

—Rebecca Solnit, un placer. Me alegro de que te gustara.

Solnit, alabada periodista y escritora estadounidense, es considerada la acuñadora del término mansplaining, adoptado a raíz de esa anécdota personal. Y esa palabreja hace alusión al hábito de los hombres de explicar cosas a las mujeres de forma condescendiente. Incluso cosas sobre las que las mujeres en cuestión son expertas.

«Además de un ejemplo de mansplaining, hace evidente la invisibilización que se hace de las mujeres como creadoras de conocimiento», explica a nuestra revista Vicky Barambones, miembro de Pandora Mirabilia –una cooperativa de trabajo formada por mujeres con mirada feminista e interdisciplinar– y coautora de ¡Imparables: Feminismos y LGTB+, un necesario libro que recoge, a través de un acertado glosario, ese y otros ramalazos de machismo.

machismos2

«Otro ejemplo sería el que me contó una amiga que le había pasado: en la habitación de hospital en la que estaba, había una pila para el baño de bebés que tenía un tapón con una forma peculiar que le llamó la atención. Ella, curiosa, expresó en voz alta esta forma extraña. El hombre que la acompañaba en la sala la explicó el funcionamiento de un tapón. Puedes imaginar su cara», comenta la autora sobre esta tendencia machirula.

El manual, editado por Astronave e ilustrado por Mar Guixé, tiene como objetivo informar, sensibilizar y dar visibilidad a la lucha feminista y al movimiento LGTB+. Se trata de un estupendo homenaje a su historia, sus principales luchas, debates, conceptos y propuestas.

Y, además de hablar de cosas como la sororidad, el heteropatriarcado, el pinkwashing o la heteronormatividad, sorprende al público con términos menos conocidos (y de vergüenza ajena) como el de manspreading (referido al despatarre masculino dentro de un transporte público o en la butaca del cine).

Barambones reconoce que esta práctica es algo que podemos observar más fácilmente, pues es muy visual y muy físico, «aunque necesitamos colocarnos las gafas moradas para reconocerlo porque es algo tan habitual que lo damos por normal».

«Cuando te sientes en cualquier lugar, fíjate en el espacio que ocupan las mujeres y en el que ocupan los hombres. Estos últimos suelen hacerlo con las piernas abiertas, estiradas, recostados incluso en el asiento de al lado, utilizando ambos reposabrazos cuando los hay; mientras que las mujeres lo hacen cruzando las piernas, encontrando los huecos que deja el otro cuerpo para poner sus brazos, etc.», señala la activista.

«O cuando vas de pie en un transporte público y está muy lleno, te pones el libro pegado a tu cuerpo para no ocupar más, intentas mantener la distancia de seguridad. Pero cuando sube un hombre, la traspasa, algo que no haría si quien está al lado fuese un cuerpo de hombre», pone como ejemplo para quien aún tenga dudas de a qué alude exactamente el anglicismo.

«Otro ejercicio que podemos hacer es observar a la gente caminar por la calle. Cuando dos personas se van a cruzar, pongamos que es un hombre y una mujer, fíjate en quién rectifica su camino. No te sorprendas si la mayoría de las veces es la mujer quien lo hace».

Estas prácticas forman parte de la alargada sombra de lo que podría definirse como micromachismo, «un machismo que por su menor intensidad no mata y pasa desapercibido, es cotidiano y, por lo tanto, aceptado. El problema radica en que sucede a diario y perpetúa el machismo más visible».

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Machismos cotidianos y microviolencias que, en muchas ocasiones y como señalan las autoras, están tan naturalizados que no sorprenden ni escandalizan y a veces ni se ven. Pero que duelen, y mucho.

«Con trece años, la gente de mi grado escolar me vetó durante meses; nadie me hablaba, excepto una persona, por ‘marimacho’, por algo tan simple como llevar el pelo corto y jugar con los chicos. He sentido y siento miedo volviendo a casa de noche. Nos han incordiado a mis amigas y a mí en bares y, si no accedíamos a hablar con quien nos entraba, se nos increpaba o llamaba estrechas».

«Mi chica y yo hemos tenido que correr cuando íbamos por el metro de Madrid porque a un grupo de chicos les pareció divertido seguirnos y gritarnos lo que nos harían (contenido sexual). He dicho que tengo pareja en el trabajo, y no novia; la situación de ninguneo de la relación de pareja es mía. Y ahora que rondo los cuarenta, me preguntan si voy a embarazarme», comparte sin titubeos la escritora.

Asimismo, la autora recuerda que el libro propone curiosear sobre la vida de algunas de las protagonistas de todas las luchas antes mencionadas.

Figuras destacadas como la de la inglesa Mary Wollstonecraft, «que puso sobre la mesa la discriminación social de las mujeres y su exclusión de los derechos sociales»; la americana Kate Millet, «que llevó esa discriminación a lo privado y habló de que “lo personal es político”»; las estadounidenses Angela Davis y Adrienne Rich, esenciales «por hablar de otras categorías de discriminación como la racialización, la clase social y la orientación sexual», o el español Paco Vidarte, que se atrevió «a poner la identidad personal y el cuerpo lo primero».

Pinceladas de vidas dedicadas a la lucha de las mujeres y de las lesbianas, gays, trans y queer.

Una conversación casual entre un hombre y una mujer (escritora). Él le pregunta de qué tratan sus libros y ella trata de explicarle que el último que ha escrito es una biografía alrededor de la figura del fotógrafo e investigador británico Eadweard Muybridge. En estas están cuando el señor la interrumpe para preguntarle si ha oído hablar de la última publicación sobre su figura:

—Dicen que es la más importante hasta la fecha. Deberías leerlo; seguro que profundiza mucho sobre un personaje clave en la historia de la cinematografía. Es un libro fascinante. Lo que no consigo es recordar el nombre del autor…

—Rebecca Solnit, un placer. Me alegro de que te gustara.

Solnit, alabada periodista y escritora estadounidense, es considerada la acuñadora del término mansplaining, adoptado a raíz de esa anécdota personal. Y esa palabreja hace alusión al hábito de los hombres de explicar cosas a las mujeres de forma condescendiente. Incluso cosas sobre las que las mujeres en cuestión son expertas.

«Además de un ejemplo de mansplaining, hace evidente la invisibilización que se hace de las mujeres como creadoras de conocimiento», explica a nuestra revista Vicky Barambones, miembro de Pandora Mirabilia –una cooperativa de trabajo formada por mujeres con mirada feminista e interdisciplinar– y coautora de ¡Imparables: Feminismos y LGTB+, un necesario libro que recoge, a través de un acertado glosario, ese y otros ramalazos de machismo.

machismos2

«Otro ejemplo sería el que me contó una amiga que le había pasado: en la habitación de hospital en la que estaba, había una pila para el baño de bebés que tenía un tapón con una forma peculiar que le llamó la atención. Ella, curiosa, expresó en voz alta esta forma extraña. El hombre que la acompañaba en la sala la explicó el funcionamiento de un tapón. Puedes imaginar su cara», comenta la autora sobre esta tendencia machirula.

El manual, editado por Astronave e ilustrado por Mar Guixé, tiene como objetivo informar, sensibilizar y dar visibilidad a la lucha feminista y al movimiento LGTB+. Se trata de un estupendo homenaje a su historia, sus principales luchas, debates, conceptos y propuestas.

Y, además de hablar de cosas como la sororidad, el heteropatriarcado, el pinkwashing o la heteronormatividad, sorprende al público con términos menos conocidos (y de vergüenza ajena) como el de manspreading (referido al despatarre masculino dentro de un transporte público o en la butaca del cine).

Barambones reconoce que esta práctica es algo que podemos observar más fácilmente, pues es muy visual y muy físico, «aunque necesitamos colocarnos las gafas moradas para reconocerlo porque es algo tan habitual que lo damos por normal».

«Cuando te sientes en cualquier lugar, fíjate en el espacio que ocupan las mujeres y en el que ocupan los hombres. Estos últimos suelen hacerlo con las piernas abiertas, estiradas, recostados incluso en el asiento de al lado, utilizando ambos reposabrazos cuando los hay; mientras que las mujeres lo hacen cruzando las piernas, encontrando los huecos que deja el otro cuerpo para poner sus brazos, etc.», señala la activista.

«O cuando vas de pie en un transporte público y está muy lleno, te pones el libro pegado a tu cuerpo para no ocupar más, intentas mantener la distancia de seguridad. Pero cuando sube un hombre, la traspasa, algo que no haría si quien está al lado fuese un cuerpo de hombre», pone como ejemplo para quien aún tenga dudas de a qué alude exactamente el anglicismo.

«Otro ejercicio que podemos hacer es observar a la gente caminar por la calle. Cuando dos personas se van a cruzar, pongamos que es un hombre y una mujer, fíjate en quién rectifica su camino. No te sorprendas si la mayoría de las veces es la mujer quien lo hace».

Estas prácticas forman parte de la alargada sombra de lo que podría definirse como micromachismo, «un machismo que por su menor intensidad no mata y pasa desapercibido, es cotidiano y, por lo tanto, aceptado. El problema radica en que sucede a diario y perpetúa el machismo más visible».

machismos4

Machismos cotidianos y microviolencias que, en muchas ocasiones y como señalan las autoras, están tan naturalizados que no sorprenden ni escandalizan y a veces ni se ven. Pero que duelen, y mucho.

«Con trece años, la gente de mi grado escolar me vetó durante meses; nadie me hablaba, excepto una persona, por ‘marimacho’, por algo tan simple como llevar el pelo corto y jugar con los chicos. He sentido y siento miedo volviendo a casa de noche. Nos han incordiado a mis amigas y a mí en bares y, si no accedíamos a hablar con quien nos entraba, se nos increpaba o llamaba estrechas».

«Mi chica y yo hemos tenido que correr cuando íbamos por el metro de Madrid porque a un grupo de chicos les pareció divertido seguirnos y gritarnos lo que nos harían (contenido sexual). He dicho que tengo pareja en el trabajo, y no novia; la situación de ninguneo de la relación de pareja es mía. Y ahora que rondo los cuarenta, me preguntan si voy a embarazarme», comparte sin titubeos la escritora.

Asimismo, la autora recuerda que el libro propone curiosear sobre la vida de algunas de las protagonistas de todas las luchas antes mencionadas.

Figuras destacadas como la de la inglesa Mary Wollstonecraft, «que puso sobre la mesa la discriminación social de las mujeres y su exclusión de los derechos sociales»; la americana Kate Millet, «que llevó esa discriminación a lo privado y habló de que “lo personal es político”»; las estadounidenses Angela Davis y Adrienne Rich, esenciales «por hablar de otras categorías de discriminación como la racialización, la clase social y la orientación sexual», o el español Paco Vidarte, que se atrevió «a poner la identidad personal y el cuerpo lo primero».

Pinceladas de vidas dedicadas a la lucha de las mujeres y de las lesbianas, gays, trans y queer.

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Opiniones 37
  • Efectivamente existe esa conducta, yo mismo me reconozco en ella. Pero lamentablemente no se limita a los hombres. Las mujeres también lo practican. Lo lamentable, me refiero, es que lo hagan sobre las tareas del hogar a hombres que ya llevamos años realizandolas. Y esto tambien es machismo practicado por mujeres. Y duele también.
    Mientras se soluciona el gran problema de nuestra sociedad que es el machismo. Se agradece que nos ayudéis a detectar estos problemas como lo hace esta escritora.

    • Si es machismo realizado por mujeres el término es hembrismo. Y vamos lo del manspreading es para mear y no echar gota pq eso de que las chicas juntan las piernas como si les fuera la vida en ello es mentira, suelen cruzar las piernas dejando una en alto y al final es más probable que ellas te manchen a hacerlo tu

  • Sinceramente creo que esos hombres son condescendientes con todas las personas, sin importar el género, son la típica persona que les gusta sentirse que tiene más conocimiento que los demás. Pero tb las hay mujeres, sin ir más lejos mi madre, que me mete unas chapas…

  • A mí me molesta muchísimo que la persona que se sienta a mi lado cruce las piernas. Porque la suela de su zapato toca mi pantalón y lo llena de manchas y polvo.

    Por otra parte, los hombres no se sientan con las piernas abiertas al máximo, véase la imagen, para fastidiar. Simplemente nos sentamos de la forma más natural para nosotros. Y no os preocupéis, si os sentáis al lado de un hombre, respetará vuestro espacio (mientras le manchais los pantalones).

    Lo del tapón me ha matado. Si tú te acercas a alguien y le dices: «esto tiene una forma extraña», te explicará por qué tiene esa forma; en otras palabras, su funcionamiento.

    Con respecto al mansplaining, no creo que haya nada malo en explicarle algo a alguien. Te hace saber más y ser mejor. Y si no quieres aprender algo solo porque te consideras un experto en ese tema (dicho en el artículo), eso tiene un nombre, y es necedad.

  • A mi me molesta mucho que la persona de al lado se siente con las piernas cruzadas (dicho en el artículo), porque la suela de su zapato toca mi pantalón y se mancha (ocurre muy a menudo).
    Además, los hombres no nos sentamos con las piernas super abiertas (véase imagen), y desde luego, no lo hacemos para fastidiar. Nos sentamos simplemente de forma natural y cómoda, y si te sientas a nuestro lado no te preocupes, la moyoría respetaremos tu espacio (mientras nos manchas los pantalones).

    Lo del tapón me ha matado. Vamos a ver, si te acercas a alguien y le dices: «esto tiene una forma extraña»: obviamente te dirá por qué tiene esa forma, de hecho, eres tú la que lo ha preguntado.
    Con respecto al manspaining, ¿por qué consideráis que el hecho de que un hombre explique algo a una mujer es malo? Acabas sabiendo algo más. Además, no hacer caso a alguien porque te consideras un experto en el tema (dicho en el artículo) se llama necedad y soberbia. Por otra parte, lo del mansplaning crees que no lo hacen las mujeres también. La semana pasada en el super se me olvidó pesar una bolsa de manzanas y la cajera me dijo, textualmente: «cariño, es que tienes que pesar esto en las básculas». Si eso no es explicar algo de forma condescendiente, ya me dirás.

  • Hablando de empatía algún día, alguien, en algún lugar, debería hablar largamente sobre las relaciones tóxicas dentro de la comunidad LGTBI. Dar voz, también, a esas víctimas y atacar con la misma dureza las dinámicas nocivas.
    p.d: Me temo que alguien va a resaltar que no existe un constructo social igual al hetero-patriarcado. Quizás no. Pero que los nuevos constructos sociales también sean incapaces de hablar sobre sus relaciones tóxicas o sus actitudes tóxicas, quizás indica algo.

  • Hay algún término para cuando una mujer explica a un hombre cualquier cosa relacionada con el cuidado de los hijos?
    Porque últimamente estoy en esa edad y la mayoría de ellas no paran de darme explicaciones que yo NO he pedido, porque piensan que por el hecho de ser hombre, no tengo ningún conocimiento sobre cómo criar a mis hijos.
    Podríamos hablar de womansplaining? O estas moderneces solo aplican cuando nos interesa?

    • Aunque si existe el microhembrismo por ejemplo cuando van embaladas ( aveces por ir en taconazos ) por la mitad d la acera y esperan que uno se aparte lo que corresponde a los dos o se cuelan en la tienda etc etc
      ¿ No eres capaz de distinguir entre compartir info y tutelar y por esto necesitas hacer demagogia cutre ?
      Mansplaning es : no dejar hablar, interrumpir , hacer reproches o tutelar al usar modos y terminos tonos etc como si la interlocutora no supiera etc .

  • Ya esta buen de satanizar al hombre con estupideces y estribillos de nuevo cuño !!!
    Hace poco una afamada feminista no radical dijo :
    Si no hubiese sido por el hombre la mujer aun estaria en las cavernas.
    Ya vale de gilipolleces.
    Mansplaning …

  • Cada cual se rasca donde le pica, y cada cual sabe donde le pica, para mí, tanto el machirulo, como quien va etiquetando machirulos, ambos, son unos tontos del culo.

  • Y cuando un varón discrepa o responde con displicencia o soberbia a otro varón supongo que será también machismo. Y si un varón de 160 56kg corrige el paso xk le viene un hombre o mujer de 190 y 100 kg de peso x igual infundado temor de q no quieran ellos corregir su paso… Con ese feminismo estúpido de q todo es machismo francamente me limpio el culo. Con tanta piel sensible q lo único q esconde es q el varón no sea un acomplejado o no se deje mangonear x la neurótica de turno, les jode.

  • La empatía no pasa por si nos pillamos los testículos o no, aunque dudo que eso ocurra simplemente cerrando las piernas. La empatía pasa por compartir un espacio generalmente reducido, para que tod@s nos sintamos lo más cómodos posibles.

  • Que se escriba sobre estas idioteces deja claro que en España somos una sociedad igualitaraia, no hay donde rascar.
    Ya que tienes tiempo para estas ocurrencias, dedicalo mejor a unas clases de biología para enterarte del por qué los hombre van con las piernas mas abiertas que las mujeres.

  • Os cuento algo bonito:
    Las feministas también tienen hijos y a ellos se les aplicará una justicia con perspectiva de género.
    Afortunadamente todo hombre tiene madre, veremos qué opinan cuando llegue el día en que hayan conseguido los objetivos y la presunción de inocencia de un hombre sea inimaginable.

  • Veo en el metro tantas mujeres con las piernas abiertas de par en par como hombres. También en el trabajo mis jefas, si si en plural, también me ponían la mano «encima» o me agarraban del brazo sin que tuviera ninguna connotación negativa. Dejad de fijaros en tonterias que no haceis mas que desprestigiar al feminismo, centraros en las cosas importantes que aun quedan por solucionar y no en problemas de convivivencia que os pueden molestar pero no tienen nada que ver con el machismo.

  • Pobres mujeres, tan ultrajadas, tan acosadas por el heteropatriarcado, tanto que se manifestaron decenas de miles en una Huelga General. No sabía que se sentían así, que vivían con miedo, que se compadecían de su mala suerte.
    Y ahora, en todos los medios, casi da igual la ideología de los mismos, las cuentan mentiras, las empoderan, las dan la pastilla azul y salen de Matrix, ¡qué despertar!, el hombre es malo, sus padres, sus hijos, sus hermanos, son malos, son el enemigo. Hay que cambiar las leyes, quitar la presunción de inocencia, no hay que buscar justicia, hay que vengarse. Y lo consiguen, se cambian las leyes, se persigue al hombre y se inventan gilipolleces como mainsplaining o manspreading, y un medio las difunde ¡oh, que gran afrenta del heteropatriarcado! ¡Se sientan con las piernas separadas!
    Y mientras, otras mujeres, más sabias, más humanas, reniegan de ese feminazismo, de esa policía de la moral y estudian, trabajan, consiguen sus metas, toman lo que quieren y no creen que se lo han negado. No odian a sus padres, maridos, hermanos, hijos y amigos. Simplemente, son ellas, seres humanos excepcionales y completos. Bravo por ellas.

  • La mayoria de veces que un hombre y una mujer entran en cualquier sitio el hombre es el que deja passar, aguanta la puerta. Si en un calle llena de peatones un hombre y una mujer caminan y estan a punto de chocarse es el hombre el que se aparta. Si cualquier sala de espera, autobus, etc entra una persona mayor casi siempre es el hombre el que se levanta. Si en un trabajo hay algo mas pesado que llevar, mover, etc lo hara un hombre. Y asi un largo etc de cosas en las que el heteropatriarcado no nos favorece a los hombres. La presion a la que nos somete el sistema heteropatriarcal como hombres es brutal. No podemos ser debiles, ni mostrar debilidad. Tenemos que echarnos a la espalda lo que haga falta, proveer sin descanso y no fallar nunca,ser fuertes. Si un hombre esta en el paro, ya no sirve para nada, es un fracasado. Nadie va a querer ser su pareja, es un paria y un fracasado. Por eso hay tantisimos suicidios entre varones en el sistema patriarcal. Todos somos victimas de este sistema y parece que solo lo son las mujeres. El dia que lea que las feministas luchan por lo injusta que es la cultura patriarcal con ambos sexos con todos, empezare a creer que el femenismo es real. Lo que ultimamente veo es que hay un feminismo que solo hace demagogia, muestra a las mujeres como niñas pequeñas sin voluntat, caracter, fuerza y que solo busca ayudas de todo tipo, delegar la responsabilidad de cualquier acto o delito en la sociedad y la cultura machista que nos rodea.

  • Manspreading reconozco que es molesto hasta para mi que soy hombre, pero ya que estamos me permito referirme a otro «spreading» esta vez cuando las mujeres se sientan tienden a cruzar las piernas ocupando espacio hacia delante, sin importar que entorpezcan el paso o ensucien a los que pasan, de este «spreading» no se habla. Creo que en ambos hay más de anatómico que de cultural, sería interesante que una autoridad competente sin miedo a ser linchado ni a ser políticamente incorrecto se exprese.

  • Si bien es cierto que debo vigilar constantemente mis micromachismos (y otros no tan micro), todas las actitudes que comenta en este artículo son innegables muestras de mala educación, o complejo de inferioridad (explicar lo evidente).

  • Porfavor volvamos a las cavernas algo salió mal.. nos estamos cuestionando cosas totalmente estúpidas, estúpidas, por amor a la humanidad debemos ocupar el tiempo en algo productivo no en algo llamado »meanspreading» que es eso, hay chicos comiendo basura y las feministas tienen un problema de fanatismo de cruzificar a los hombres, basta de estupideces es así como nos manejan los gobiernos por gente cerebro hormiga como ustedes y hombres del mundo sean libres no dejen que se cuestione nuestra forma de ser, de acá a un tiempo sus caprichitos van a ser olvidados

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