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26 de mayo 2017    /   CINE/TV
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Se ríe en la cara de los homófobos de su país y acaba con un especial en Netflix

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Manu Nna tiene 26 años y es humorista. Cuenta cómo se enamora. Cómo le dejan. Cómo se emborracha. Cómo vuelve a empezar el círculo. Que le da miedo volar y los terremotos. También unos cuantos chistes en los que juega con lo que le gustan las gordas y las largas. Manu Nna es gay y es mexicano, y su país es el segundo del mundo en crímenes homófobos (aunque cabe decir que tiene polos de tolerancia como Ciudad de México). Su show acaba de llegar a Netflix y es, hasta donde él sabe, el primer especial de un comediante abiertamente homosexual en la plataforma a nivel mundial. Lo define como una carga más que un orgullo.

«Fíjate que yo siempre he pensado que uno de los mayores problemas que uno puede tener es no atreverse a hacer cosas por el miedo al qué dirán y ahí yo meto a los actores que son muy famosos y ocultan que son homosexuales por ese miedo», reflexiona al teléfono Manu Nna.

«Yo no quería salir a hacer un personaje fuera de esa honestidad propia del ‘stand up’ así que cuento como soy, como me va en la vida… y entre esas cosas está que soy homosexual». El 99% de su comedia, asegura, está basada en hechos reales. Como que le confundan con una lesbiana o en el momento en el que le dijo a sus padres que era gay.

Con la gente homófoba, cree que hace una especie de proselitismo, de descubrirles que es un güey que anda en bici, que se enamora y le rompen el corazón… como ellos mismos, comunicándoles que es como cualquier persona.

«Yo empecé a hacer teatro y siempre quise estudiar actuación, pero en la escuela me corrieron diciéndome que nunca serviría para esto», explica el humorista de 26 años que lleva más de siete como monologuista, «así que me fui a estudiar cabaret en el teatro bar El Vicio, en Coyoacán». Para quien no lo sepa, al decir cabaret Manu Nna se refiere a «un teatro de denuncia social, de protesta, un poco a la izquierda, un poco político social… donde se juntan la farsa, la improvisación… una mezcla muy rica en la que caben todos los géneros».

Con una obra de cabaret en mente, el posadolescente aspirante a actor escribió un personaje. Su creación era un dependiente de gasolinera, misógino y homófobo, que en secreto, estaba enamorado del presidente de México Enrique Peña Nieto. «Obviamente su sueño era ser la Gaviota [Angélica Rivera, su esposa y antigua estrella de culebrones], recuerda, «y al fin es un travestí». Todos los que lo escuchaban le dijeron que ese era stand-up comedy. «Yo investigué entonces que era y me apunté a unas clases en el foro Shakespeare, con Blanca Salces y Jorge Zarate [dos actores de ‘stand up’ bastante conocidos en México]».

Sus primeras actuaciones las hizo en ese foro delante de 30 personas. Luego en el Café 22, un espacio de teatro alternativo en el barrio Condesa. Allí fue donde le captaron para Comedy Central Latinoamérica, para los que grabó un programa al año hasta la llegada de Netflix y el especial Simplemente Manu Nna. «Fueron ellos quienes me buscaron y fue un proceso de un año, ya que tenía que recopilar mis grandes éxitos y escribir comedia nueva. Es como cuando vas un concierto de la Guzmán y quieres que cante ‘Hacer el amor con otro’».

Hay que recordar ciertas cifras. De 1995 a 2014, según un estudio realizado por la revista Letra S, se registraron en México 1.218 homicidios homofóbicos, siendo detrás de Brasil el segundo país del mundo en este tipo de crímenes. Otro análisis, este de la Unesco, apunta a que el 67% de personas LGTB encuestadas fueron víctimas de bullying homofóbico durante sus estudios.

Ahora mismo, en México, los homosexuales se pueden casar en menos de un tercio de los 32 estados sin realizar un trámite legal, sin necesidad de recurrir a los tribunales y que un juez decida. En el resto, deben antes denunciar la administración y entrar en un periplo judicial que puede durar más de 12 meses. Cuando el presidente Enrique Peña Nieto presentó una iniciativa al Congreso para igualar la situación para bien, organizaciones como el Consejo Mexicano de la Familia o la Conferencia del Episcopado Mexicano la tildaron de imposición y de ataque a las libertades.

«A mi solo una vez me han gritado en un show y fue en el Estado de México, una chava que estaba evidentemente borracha, se paró, se acercó y quería tirarme un vaso», cuenta, «yo le pregunté por qué me lo quería aventar y me contestó preguntándome que por qué era tan maricón». Manu Nna le contestó con uno de esos chistes de humor negro que le caracterizan. «Que raro que aquí, en el Estado de México, me quieres tirar tu un vaso, ya que es mucho más probable que te maten a ti que a mí», haciendo la referencia que habla de que en la entidad federativa que rodea la capital muere cada día tres mujeres y un gay cada tres días.

—¡Qué bueno que soy puto y no mujer, así tengo tres días más de vida!

Manu Nna tiene 26 años y es humorista. Cuenta cómo se enamora. Cómo le dejan. Cómo se emborracha. Cómo vuelve a empezar el círculo. Que le da miedo volar y los terremotos. También unos cuantos chistes en los que juega con lo que le gustan las gordas y las largas. Manu Nna es gay y es mexicano, y su país es el segundo del mundo en crímenes homófobos (aunque cabe decir que tiene polos de tolerancia como Ciudad de México). Su show acaba de llegar a Netflix y es, hasta donde él sabe, el primer especial de un comediante abiertamente homosexual en la plataforma a nivel mundial. Lo define como una carga más que un orgullo.

«Fíjate que yo siempre he pensado que uno de los mayores problemas que uno puede tener es no atreverse a hacer cosas por el miedo al qué dirán y ahí yo meto a los actores que son muy famosos y ocultan que son homosexuales por ese miedo», reflexiona al teléfono Manu Nna.

«Yo no quería salir a hacer un personaje fuera de esa honestidad propia del ‘stand up’ así que cuento como soy, como me va en la vida… y entre esas cosas está que soy homosexual». El 99% de su comedia, asegura, está basada en hechos reales. Como que le confundan con una lesbiana o en el momento en el que le dijo a sus padres que era gay.

Con la gente homófoba, cree que hace una especie de proselitismo, de descubrirles que es un güey que anda en bici, que se enamora y le rompen el corazón… como ellos mismos, comunicándoles que es como cualquier persona.

«Yo empecé a hacer teatro y siempre quise estudiar actuación, pero en la escuela me corrieron diciéndome que nunca serviría para esto», explica el humorista de 26 años que lleva más de siete como monologuista, «así que me fui a estudiar cabaret en el teatro bar El Vicio, en Coyoacán». Para quien no lo sepa, al decir cabaret Manu Nna se refiere a «un teatro de denuncia social, de protesta, un poco a la izquierda, un poco político social… donde se juntan la farsa, la improvisación… una mezcla muy rica en la que caben todos los géneros».

Con una obra de cabaret en mente, el posadolescente aspirante a actor escribió un personaje. Su creación era un dependiente de gasolinera, misógino y homófobo, que en secreto, estaba enamorado del presidente de México Enrique Peña Nieto. «Obviamente su sueño era ser la Gaviota [Angélica Rivera, su esposa y antigua estrella de culebrones], recuerda, «y al fin es un travestí». Todos los que lo escuchaban le dijeron que ese era stand-up comedy. «Yo investigué entonces que era y me apunté a unas clases en el foro Shakespeare, con Blanca Salces y Jorge Zarate [dos actores de ‘stand up’ bastante conocidos en México]».

Sus primeras actuaciones las hizo en ese foro delante de 30 personas. Luego en el Café 22, un espacio de teatro alternativo en el barrio Condesa. Allí fue donde le captaron para Comedy Central Latinoamérica, para los que grabó un programa al año hasta la llegada de Netflix y el especial Simplemente Manu Nna. «Fueron ellos quienes me buscaron y fue un proceso de un año, ya que tenía que recopilar mis grandes éxitos y escribir comedia nueva. Es como cuando vas un concierto de la Guzmán y quieres que cante ‘Hacer el amor con otro’».

Hay que recordar ciertas cifras. De 1995 a 2014, según un estudio realizado por la revista Letra S, se registraron en México 1.218 homicidios homofóbicos, siendo detrás de Brasil el segundo país del mundo en este tipo de crímenes. Otro análisis, este de la Unesco, apunta a que el 67% de personas LGTB encuestadas fueron víctimas de bullying homofóbico durante sus estudios.

Ahora mismo, en México, los homosexuales se pueden casar en menos de un tercio de los 32 estados sin realizar un trámite legal, sin necesidad de recurrir a los tribunales y que un juez decida. En el resto, deben antes denunciar la administración y entrar en un periplo judicial que puede durar más de 12 meses. Cuando el presidente Enrique Peña Nieto presentó una iniciativa al Congreso para igualar la situación para bien, organizaciones como el Consejo Mexicano de la Familia o la Conferencia del Episcopado Mexicano la tildaron de imposición y de ataque a las libertades.

«A mi solo una vez me han gritado en un show y fue en el Estado de México, una chava que estaba evidentemente borracha, se paró, se acercó y quería tirarme un vaso», cuenta, «yo le pregunté por qué me lo quería aventar y me contestó preguntándome que por qué era tan maricón». Manu Nna le contestó con uno de esos chistes de humor negro que le caracterizan. «Que raro que aquí, en el Estado de México, me quieres tirar tu un vaso, ya que es mucho más probable que te maten a ti que a mí», haciendo la referencia que habla de que en la entidad federativa que rodea la capital muere cada día tres mujeres y un gay cada tres días.

—¡Qué bueno que soy puto y no mujer, así tengo tres días más de vida!

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