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14 de noviembre 2019    /   CREATIVIDAD
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«Cultivo la mala leche cuidadosamente cada día»

Un cínico e ilustrado 'Manual de autodefensa' contra la felicidad obligatoria e impostada

14 de noviembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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La escena se repite en la mayoría de velatorios de abuelos, en todos los tanatorios conocidos. Después de la ola de dolor y en medio de la sobredosis de estímulos, a eso de las seis de la mañana, llega un momento en el que todo parece gracioso.

Aquella vez que el abuelo se meó en los pantalones porque no quería que se enfriara la sopa. O la ocasión en la que le sableaste 500 pelas para litronas y tuvo que dar un viaje en balde a la farmacia.

No existe la línea que el dolor adopta como límite para mantenerse aislado. De pronto, la frontera se rompe y una mezcla de estupor, ridículo, pesar y penar componen el mapa definitivo de sensaciones humanas. Porque esas sensaciones son tan humanas como tratar de defenderse del dolor.

La ilustradora Luci Gutiérrez se ha compuesto un Manual de autodefensa (Blackie Books, 2019) a partir del patetismo y la miseria. Gutiérrez dice que se siente «más cómoda hablando de miserias que de lo maravillosa que es la vida» y que esa aproximación a los temas le ayuda a afrontarla. «Me sirve tener presente que la gente tiene defectos y problemas para manejarse en la vida. Supongo que es una manera de recordarme que no soy la única o de bajarlos de un pedestal y ponerlos a mi mismo nivel. Es una mezcla extraña entre ternura y venganza que me reconforta».

«Encuentro que la miseria es bella porque es humana», dice la ilustradora Luci Gutiérrez. Clic para tuitear

La narración de Luci Gutiérrez es, a la vez, un lamento por una realidad construida y encajada con calzador, que no siempre es dulce y llena de colores básicos saturados. «En parte, es una respuesta al exceso de positivismo y a esa felicidad de baratilllo que ha traspasado la publicidad y que parece que nuestras vidas tengan que ser ejemplo de vidas perfectas anunciadas por televisión. La realidad me parece bastante distinta. Encaja más con tomar Tranquimazín tras dar un sorbo de agua en una taza con alguna frase tipo ‘hoy es un buen día para sonreír’», explica.

Manual de autodefensa aborda con cinismo y mala leche parcelas de la vida como el amor, la familia, las emociones o la relación con el miedo y el dolor.

La ilustradora, que trabaja para The New Yorker, New York Times o Washington Post, ha ido compaginando sus encargos pagados con la libertad que proporciona el propio cuaderno de bocetos. De ahí ha nacido el proyecto de autodefensa que, en cualquier caso, ha llegado tras una gestación de cinco años y un parto a tropezones.

ASÍ SE HACE UN FALSO LIBRO DE AUTOAYUDA EN 12 SENCILLOS PASOS (SEGÚN LUCI GUTIÉRREZ)

  1. Dos años diciéndome que haría un libro con dibujos que hago al libre albedrío, y mirármelos.
  2. Concluir que el hilo temático que los unía podía ser una parodia de libro de autoayuda, que no quería que fuera una colección de dibujos inconexos como si fuera un libro de cromos y que gráficamente tuviera cierto aire a mis cuadernos.
  3. Tras varios intentos fallidos (sin mirarme un libro de autoayuda por pereza), descartar la idea por poco interesante.
  4. Encerrarme una semana sola en un apartamento prestado de Roses para aislarme de cualquier distracción y dibujar. Hacer trampas y ver un documental de Tomi Ungerer con la suerte de que resultara ser de esas ocasiones tan poco frecuentes en las que algo te gusta tanto que te dan ganas de producir.
  5. Volver con una docena de páginas de dibujos e intuir que de ahí podía salir algo.
  6.  No saber qué era lo que podía salir, pero seguir dibujando.
  7. Mirar el calendario y darme cuenta de que ha pasado otro año.
  8.  Conseguir una estructura temática y, a partir de ahí, empezar a organizar dibujos y montar el libro.
  9. Llorar con los temas con los que no tengo suficiente material.
  10. Caer en la cuenta de que ha pasado otro año.
  11. Dedicar las vacaciones de verano a cerrar el libro.
  12. Acabarlo y ver que el resultado es algo parecido a una parodia de libro de autoayuda, y de libro de cromos, pero feliz.

En el proceso, han ido cayendo «unos cuadernos que producía la Casa Piera y que ha dejado de vender y me ha roto el corazón», bolígrafos Pilot G-tec-c4 y lápiz digital.

Gutiérrez ha llenado su Manual de autodefensa con casi 200 páginas en las que afirma que «ignorar la fealdad es esconder la suciedad bajo la alfombra y escurrir el bulto». Tomarse en serio dejó de ser una actitud digna hace ya demasiado tiempo.

La escena se repite en la mayoría de velatorios de abuelos, en todos los tanatorios conocidos. Después de la ola de dolor y en medio de la sobredosis de estímulos, a eso de las seis de la mañana, llega un momento en el que todo parece gracioso.

Aquella vez que el abuelo se meó en los pantalones porque no quería que se enfriara la sopa. O la ocasión en la que le sableaste 500 pelas para litronas y tuvo que dar un viaje en balde a la farmacia.

No existe la línea que el dolor adopta como límite para mantenerse aislado. De pronto, la frontera se rompe y una mezcla de estupor, ridículo, pesar y penar componen el mapa definitivo de sensaciones humanas. Porque esas sensaciones son tan humanas como tratar de defenderse del dolor.

La ilustradora Luci Gutiérrez se ha compuesto un Manual de autodefensa (Blackie Books, 2019) a partir del patetismo y la miseria. Gutiérrez dice que se siente «más cómoda hablando de miserias que de lo maravillosa que es la vida» y que esa aproximación a los temas le ayuda a afrontarla. «Me sirve tener presente que la gente tiene defectos y problemas para manejarse en la vida. Supongo que es una manera de recordarme que no soy la única o de bajarlos de un pedestal y ponerlos a mi mismo nivel. Es una mezcla extraña entre ternura y venganza que me reconforta».

«Encuentro que la miseria es bella porque es humana», dice la ilustradora Luci Gutiérrez. Clic para tuitear

La narración de Luci Gutiérrez es, a la vez, un lamento por una realidad construida y encajada con calzador, que no siempre es dulce y llena de colores básicos saturados. «En parte, es una respuesta al exceso de positivismo y a esa felicidad de baratilllo que ha traspasado la publicidad y que parece que nuestras vidas tengan que ser ejemplo de vidas perfectas anunciadas por televisión. La realidad me parece bastante distinta. Encaja más con tomar Tranquimazín tras dar un sorbo de agua en una taza con alguna frase tipo ‘hoy es un buen día para sonreír’», explica.

Manual de autodefensa aborda con cinismo y mala leche parcelas de la vida como el amor, la familia, las emociones o la relación con el miedo y el dolor.

La ilustradora, que trabaja para The New Yorker, New York Times o Washington Post, ha ido compaginando sus encargos pagados con la libertad que proporciona el propio cuaderno de bocetos. De ahí ha nacido el proyecto de autodefensa que, en cualquier caso, ha llegado tras una gestación de cinco años y un parto a tropezones.

ASÍ SE HACE UN FALSO LIBRO DE AUTOAYUDA EN 12 SENCILLOS PASOS (SEGÚN LUCI GUTIÉRREZ)

  1. Dos años diciéndome que haría un libro con dibujos que hago al libre albedrío, y mirármelos.
  2. Concluir que el hilo temático que los unía podía ser una parodia de libro de autoayuda, que no quería que fuera una colección de dibujos inconexos como si fuera un libro de cromos y que gráficamente tuviera cierto aire a mis cuadernos.
  3. Tras varios intentos fallidos (sin mirarme un libro de autoayuda por pereza), descartar la idea por poco interesante.
  4. Encerrarme una semana sola en un apartamento prestado de Roses para aislarme de cualquier distracción y dibujar. Hacer trampas y ver un documental de Tomi Ungerer con la suerte de que resultara ser de esas ocasiones tan poco frecuentes en las que algo te gusta tanto que te dan ganas de producir.
  5. Volver con una docena de páginas de dibujos e intuir que de ahí podía salir algo.
  6.  No saber qué era lo que podía salir, pero seguir dibujando.
  7. Mirar el calendario y darme cuenta de que ha pasado otro año.
  8.  Conseguir una estructura temática y, a partir de ahí, empezar a organizar dibujos y montar el libro.
  9. Llorar con los temas con los que no tengo suficiente material.
  10. Caer en la cuenta de que ha pasado otro año.
  11. Dedicar las vacaciones de verano a cerrar el libro.
  12. Acabarlo y ver que el resultado es algo parecido a una parodia de libro de autoayuda, y de libro de cromos, pero feliz.

En el proceso, han ido cayendo «unos cuadernos que producía la Casa Piera y que ha dejado de vender y me ha roto el corazón», bolígrafos Pilot G-tec-c4 y lápiz digital.

Gutiérrez ha llenado su Manual de autodefensa con casi 200 páginas en las que afirma que «ignorar la fealdad es esconder la suciedad bajo la alfombra y escurrir el bulto». Tomarse en serio dejó de ser una actitud digna hace ya demasiado tiempo.

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