30 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD
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Manual para hacer que tus hijos amen el arte

30 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Las pesadillas comenzaron a aparecer en los sueños de Mariona hace dos años. En ellas, una mano corría detrás de ella cada noche. Cuando Oriol Malet, su padre, le mostró a Cosa, el personaje de La Familia Addams, Mariona entró en pánico. Ese fue el primer monstruo que la niña, que ahora tiene 5 años, añadió a su catálogo.

Oriol pensó que dibujar a los monstruos era la mejor manera de enfrentarse al miedo. «De repente, ya no quería subir las escaleras sola, ir al servicio sola, entrar en la habitación… No sabíamos muy bien cómo solucionar esa etapa». Así que Malet padre, que es ilustrador, decidió que el camino del arte sería la terapia a seguir.

El plan funcionó y, además, fue el punto de partida de Mariona y sus monstruos, un libro ilustrado que, aunque pueda parecer un álbum exclusivamente infantil, es también un comodín para padres y una sugerencia acerca de cómo hacer frente a los temores de los pequeños.

«Hay mucho estereotipo en cuanto a libro supuestamente infantil o para padres. Yo creo que lo más interesante es proponer contenidos más crossover. Creo que es importante no pensar en producir ventas para niños, sino obras que salgan de la necesidad, que reflexionen sobre el hecho infantil/adulto desde la honestidad».

Los Malet encontraron en la pintura un filón para luchar contra los temores cotidianos de sus hijas. «Mariona empezó a entender un concepto tan abstracto como la diferencia entre realidad y ficción a partir del momento en que empezó a dibujar sus temores, a convertirlos ella en ficción, en símbolo, a abstraerlos. En definitiva, es lo que siempre ha hecho el arte, ayudar al artista a entender su entorno y de una forma infalible. A partir de ahí, ya no tuvo problemas para entender sus temores posteriores. Enseguida, me pedía ir a dibujar lo que parecía que le provocaba inquietud, todo lo monstruoso que veía durante Halloween, en algunas pelis, en algunos dibujos de papá o en algunos libros. Del entendimiento a la fascinación sólo hubo un paso y ahora nuestra faena ¡es que deje de dibujar monstruos!», explica el ilustrador.

Con los niños y el arte basta con no levantar un muro. Nacen con el instinto y la capacidad de absorber cualquier influencia. En casa de los Malet siempre han tenido claro que si el arte estaba ahí, para qué iba a andar nadie poniéndole trampas. «Mi mujer Meritxell y yo siempre hemos tenido claro que más que iniciarles en el arte, lo que íbamos a intentar era que nuestras hijas no abandonaran nunca esa pulsión que es intrínseca de los niños y del ser humano. La clave pasa por normalizar esa relación, por hacer que los libros o el material plástico sean la cosa más habitual y normal en casa. Para nosotros siempre lo ha sido. En los espacios más concurridos de casa siempre tienen su rincón de libros y su mesa con material de dibujo siempre disponible», describe el padre de Mariona (y de Gal·la).

mariona

Oriol Malet explica también la importancia de leer libros de arte como si fueran cuentos y de la familiaridad de entornos como los museos o los eventos relacionados con el arte. «No solo plástico. También música, danza… Disfruta con todo. Si, de repente, encontramos material interesante de Basquiat, Frida Kalho, Bowie o Pina Bausch se lo comunicamos con mucho entusiasmo y ella lo hace suyo enseguida».

La misión de los Malet pasa por hacer del arte algo cotidiano. Lo primero que hace Mariona al levantarse es sentarse en la mesita que su padre ha puesto en el estudio, junto su puesto de trabajo. Tras hacer los primeros dibujos del día, desayuna y se viste. Eso es para la pequeña «lo normal». Oriol dice que «si cargamos el hecho artístico de una trascendencia excesiva, les estamos presionando de una forma que, al final, produce rechazo. Si, en cambio, lo introducimos de forma natural y sin presiones en su cotidianeidad, ellos van a dibujar o expresarse del mismo modo que miran la tableta o juegan con sus muñecos».

Los motivos correctos

Trazar el camino correcto para las herederos no es asunto baladí. El enemigo acecha en múltiples frentes y unos padres responsables han de estar siempre alerta. Por eso, Oriol Malet pensó que la senda correcta se debía comenzar a señalar mediante una obra propia. «Mariona y sus monstruos es el primero que he hecho como autor, sin supeditarme a un texto de otro. No lo he hecho hasta ahora porque no creía que tuviera demasiado que decir y que, objetivamente, aportara algo a un mercado saturado de publicaciones».

Como ahora tenía algo que contarle a Mariona, los motivos surgieron solos y, además, eran los correctos. «De repente, te conviertes en padre y todo cambia. Sientes una necesidad de hacer cosas que queden ‘para siempre’, de trascender un poco, de explicar y contar cosas que queden publicadas, que duren en el tiempo», declara el ilustrador catalán.

mariona_tripa_castella-21-1

La mayor amenaza reside, según Malet, en los elementos de la cultura ultracomercial que se encuentran omnipresentes. «Disney, modas de todo tipo que están industrializadas y en todas partes y que, además, las trae ella de fuera de casa. Todo eso no se lo puedes esconder, tampoco lo pretendemos. No es plan de alienar a tu hija y convertirla en la rarita de clase. Lo que hacemos nosotros no es luchar contra ello, sino darle alternativas constantes de forma entusiasta».

Así, como dice el catalán, Ladybug convive con Basquiat y Mozart con Ramones. Además, han optado por mantener a las niñas en una posición de asombro y estímulo casi constante. «Meritxell, mi mujer, hace cosas tan flipantes como plantarse en casa con un juego de memory que se ha currado con piezas de madera y fotocopias de los principales artistas: Pollock, Ella Fitzgerald, Bowie o Picasso… Tampoco nos cortamos un pelo en adquirir todo producto cultural que salga dedicado a los niños: ediciones de artistas femeninas, biografías de artistas para niños, todo cuenta».

Al final, no te das cuenta y una niña de tres años acaba tirando de hallazgos léxicos culturetas. «Fuimos a hacer la compra a un supermercado de la cadena Aldi, y cuando llegamos a caja, Mariona le dice a la cajera: «Estamos en el Aldi Warhol». Ella sola se partía de risa ante la cara de no entender nada de la chica de la caja». ¿Han creado los Malet a un monstruo? A más de uno, por suerte. Y los han dibujado a todos.

Las pesadillas comenzaron a aparecer en los sueños de Mariona hace dos años. En ellas, una mano corría detrás de ella cada noche. Cuando Oriol Malet, su padre, le mostró a Cosa, el personaje de La Familia Addams, Mariona entró en pánico. Ese fue el primer monstruo que la niña, que ahora tiene 5 años, añadió a su catálogo.

Oriol pensó que dibujar a los monstruos era la mejor manera de enfrentarse al miedo. «De repente, ya no quería subir las escaleras sola, ir al servicio sola, entrar en la habitación… No sabíamos muy bien cómo solucionar esa etapa». Así que Malet padre, que es ilustrador, decidió que el camino del arte sería la terapia a seguir.

El plan funcionó y, además, fue el punto de partida de Mariona y sus monstruos, un libro ilustrado que, aunque pueda parecer un álbum exclusivamente infantil, es también un comodín para padres y una sugerencia acerca de cómo hacer frente a los temores de los pequeños.

«Hay mucho estereotipo en cuanto a libro supuestamente infantil o para padres. Yo creo que lo más interesante es proponer contenidos más crossover. Creo que es importante no pensar en producir ventas para niños, sino obras que salgan de la necesidad, que reflexionen sobre el hecho infantil/adulto desde la honestidad».

Los Malet encontraron en la pintura un filón para luchar contra los temores cotidianos de sus hijas. «Mariona empezó a entender un concepto tan abstracto como la diferencia entre realidad y ficción a partir del momento en que empezó a dibujar sus temores, a convertirlos ella en ficción, en símbolo, a abstraerlos. En definitiva, es lo que siempre ha hecho el arte, ayudar al artista a entender su entorno y de una forma infalible. A partir de ahí, ya no tuvo problemas para entender sus temores posteriores. Enseguida, me pedía ir a dibujar lo que parecía que le provocaba inquietud, todo lo monstruoso que veía durante Halloween, en algunas pelis, en algunos dibujos de papá o en algunos libros. Del entendimiento a la fascinación sólo hubo un paso y ahora nuestra faena ¡es que deje de dibujar monstruos!», explica el ilustrador.

Con los niños y el arte basta con no levantar un muro. Nacen con el instinto y la capacidad de absorber cualquier influencia. En casa de los Malet siempre han tenido claro que si el arte estaba ahí, para qué iba a andar nadie poniéndole trampas. «Mi mujer Meritxell y yo siempre hemos tenido claro que más que iniciarles en el arte, lo que íbamos a intentar era que nuestras hijas no abandonaran nunca esa pulsión que es intrínseca de los niños y del ser humano. La clave pasa por normalizar esa relación, por hacer que los libros o el material plástico sean la cosa más habitual y normal en casa. Para nosotros siempre lo ha sido. En los espacios más concurridos de casa siempre tienen su rincón de libros y su mesa con material de dibujo siempre disponible», describe el padre de Mariona (y de Gal·la).

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Oriol Malet explica también la importancia de leer libros de arte como si fueran cuentos y de la familiaridad de entornos como los museos o los eventos relacionados con el arte. «No solo plástico. También música, danza… Disfruta con todo. Si, de repente, encontramos material interesante de Basquiat, Frida Kalho, Bowie o Pina Bausch se lo comunicamos con mucho entusiasmo y ella lo hace suyo enseguida».

La misión de los Malet pasa por hacer del arte algo cotidiano. Lo primero que hace Mariona al levantarse es sentarse en la mesita que su padre ha puesto en el estudio, junto su puesto de trabajo. Tras hacer los primeros dibujos del día, desayuna y se viste. Eso es para la pequeña «lo normal». Oriol dice que «si cargamos el hecho artístico de una trascendencia excesiva, les estamos presionando de una forma que, al final, produce rechazo. Si, en cambio, lo introducimos de forma natural y sin presiones en su cotidianeidad, ellos van a dibujar o expresarse del mismo modo que miran la tableta o juegan con sus muñecos».

Los motivos correctos

Trazar el camino correcto para las herederos no es asunto baladí. El enemigo acecha en múltiples frentes y unos padres responsables han de estar siempre alerta. Por eso, Oriol Malet pensó que la senda correcta se debía comenzar a señalar mediante una obra propia. «Mariona y sus monstruos es el primero que he hecho como autor, sin supeditarme a un texto de otro. No lo he hecho hasta ahora porque no creía que tuviera demasiado que decir y que, objetivamente, aportara algo a un mercado saturado de publicaciones».

Como ahora tenía algo que contarle a Mariona, los motivos surgieron solos y, además, eran los correctos. «De repente, te conviertes en padre y todo cambia. Sientes una necesidad de hacer cosas que queden ‘para siempre’, de trascender un poco, de explicar y contar cosas que queden publicadas, que duren en el tiempo», declara el ilustrador catalán.

mariona_tripa_castella-21-1

La mayor amenaza reside, según Malet, en los elementos de la cultura ultracomercial que se encuentran omnipresentes. «Disney, modas de todo tipo que están industrializadas y en todas partes y que, además, las trae ella de fuera de casa. Todo eso no se lo puedes esconder, tampoco lo pretendemos. No es plan de alienar a tu hija y convertirla en la rarita de clase. Lo que hacemos nosotros no es luchar contra ello, sino darle alternativas constantes de forma entusiasta».

Así, como dice el catalán, Ladybug convive con Basquiat y Mozart con Ramones. Además, han optado por mantener a las niñas en una posición de asombro y estímulo casi constante. «Meritxell, mi mujer, hace cosas tan flipantes como plantarse en casa con un juego de memory que se ha currado con piezas de madera y fotocopias de los principales artistas: Pollock, Ella Fitzgerald, Bowie o Picasso… Tampoco nos cortamos un pelo en adquirir todo producto cultural que salga dedicado a los niños: ediciones de artistas femeninas, biografías de artistas para niños, todo cuenta».

Al final, no te das cuenta y una niña de tres años acaba tirando de hallazgos léxicos culturetas. «Fuimos a hacer la compra a un supermercado de la cadena Aldi, y cuando llegamos a caja, Mariona le dice a la cajera: «Estamos en el Aldi Warhol». Ella sola se partía de risa ante la cara de no entender nada de la chica de la caja». ¿Han creado los Malet a un monstruo? A más de uno, por suerte. Y los han dibujado a todos.

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