25 de agosto 2020    /   IDEAS
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Abrázame aunque el coronavirus no quiera

Una empresa española diseña una máquina de abrazos en la era del covid

25 de agosto 2020    /   IDEAS     por          
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El roce hace el cariño, dice el refrán. Pero en tiempos de coronavirus, el contacto físico no está bien visto, por no decir que puede ser tremendamente peligroso. Pero los humanos somos eres sociales y necesitamos cariñín. Así que, si no podemos abrazarnos para demostrarnos lo mucho que nos queremos, algo había que inventar.

Mientras llega de nuevo el momento en el que podamos tocarnos sin miedo a contagios, la empresa española GDPI ha desarrollado y patentado una máquina de abrazos. Consiste en dos palas acolchadas diseñadas con forma ergonómica que envuelven y abrazan a la persona, ejerciendo sobre ella cierta presión. Las palas pueden colocarse a diferentes alturas y funcionan de manera automática, regulándose su presión mediante un mando a distancia que el usuario puede graduar para controlar el abrazo.

Si eso de que un robot te dé un abrazo de oso te da más miedo que montar en metro en hora punta en plena pandemia, tranquilo. Sus creadores aseguran que no hay nada que temer y sí mucho que ganar. «La velocidad del cierre de las palas se ha trabajado para que sea lento y no de sensación de miedo», aclaran desde la empresa; «además, al ser controladas por el mismo usuario mediante el apriete continuo de un botón del mando a distancia, te da la seguridad de tener tú el control. También influye su diseño, ya que, al no estar cubierta por una carcasa o paredes, la sensación de agobio no existe».

El uso principal para el que se ha creado esta máquina de abrazos es terapéutico. De hecho, fue una asociación de personas con autismo de Barcelona quien pidió a GDPI el diseño de esta máquina.

En los años sesenta, la científica Temple Grandin, diagnosticada ella misma con el síndrome del espectro autista, descubrió que una ligera presión de dos paneles en los costados, a modo de abrazo, calmaba y desestresaba a las vacas. Pronto comprobó que aquel descubrimiento podía extrapolarse también a las personas, tanto aquellas con autismo como a otras que viven en ambientes estresantes o con síntomas de ansiedad. Esta máquina de los abrazos se basa en esas investigaciones.

La novedad que presenta esta máquina respecto a otros modelos existentes es que abraza a la persona de forma ergonómica mientras está en posición vertical. Así, dicen sus creadores, el abrazo se percibe con más intensidad y el efecto terapéutico es mayor.

«Lo hemos probado con nosotros mismos y personas de nuestro entorno y las respuestas han sido bastante positivas», aseguran desde la empresa. «También lo hemos probado con un perro de raza inquieta que tiene una de las personas del equipo y nos quedamos sorprendidos de lo tranquilo que se le veía durante el abrazo. Es más, posteriormente a la prueba, en ocasiones él mismo se situaba al lado de la máquina con intención de meterse entre las palas».

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El roce hace el cariño, dice el refrán. Pero en tiempos de coronavirus, el contacto físico no está bien visto, por no decir que puede ser tremendamente peligroso. Pero los humanos somos eres sociales y necesitamos cariñín. Así que, si no podemos abrazarnos para demostrarnos lo mucho que nos queremos, algo había que inventar.

Mientras llega de nuevo el momento en el que podamos tocarnos sin miedo a contagios, la empresa española GDPI ha desarrollado y patentado una máquina de abrazos. Consiste en dos palas acolchadas diseñadas con forma ergonómica que envuelven y abrazan a la persona, ejerciendo sobre ella cierta presión. Las palas pueden colocarse a diferentes alturas y funcionan de manera automática, regulándose su presión mediante un mando a distancia que el usuario puede graduar para controlar el abrazo.

Si eso de que un robot te dé un abrazo de oso te da más miedo que montar en metro en hora punta en plena pandemia, tranquilo. Sus creadores aseguran que no hay nada que temer y sí mucho que ganar. «La velocidad del cierre de las palas se ha trabajado para que sea lento y no de sensación de miedo», aclaran desde la empresa; «además, al ser controladas por el mismo usuario mediante el apriete continuo de un botón del mando a distancia, te da la seguridad de tener tú el control. También influye su diseño, ya que, al no estar cubierta por una carcasa o paredes, la sensación de agobio no existe».

El uso principal para el que se ha creado esta máquina de abrazos es terapéutico. De hecho, fue una asociación de personas con autismo de Barcelona quien pidió a GDPI el diseño de esta máquina.

En los años sesenta, la científica Temple Grandin, diagnosticada ella misma con el síndrome del espectro autista, descubrió que una ligera presión de dos paneles en los costados, a modo de abrazo, calmaba y desestresaba a las vacas. Pronto comprobó que aquel descubrimiento podía extrapolarse también a las personas, tanto aquellas con autismo como a otras que viven en ambientes estresantes o con síntomas de ansiedad. Esta máquina de los abrazos se basa en esas investigaciones.

La novedad que presenta esta máquina respecto a otros modelos existentes es que abraza a la persona de forma ergonómica mientras está en posición vertical. Así, dicen sus creadores, el abrazo se percibe con más intensidad y el efecto terapéutico es mayor.

«Lo hemos probado con nosotros mismos y personas de nuestro entorno y las respuestas han sido bastante positivas», aseguran desde la empresa. «También lo hemos probado con un perro de raza inquieta que tiene una de las personas del equipo y nos quedamos sorprendidos de lo tranquilo que se le veía durante el abrazo. Es más, posteriormente a la prueba, en ocasiones él mismo se situaba al lado de la máquina con intención de meterse entre las palas».

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