25 de noviembre 2014    /   CREATIVIDAD
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Marcianadas: tres historias de los lectores

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Se trata de ese picorcillo ahí abajo. No. Tan abajo no. Eso sería sífilis. Un poco más arriba. No, ahí tampoco, eso es amor. Un poco más a la derecha. ¡Ahí! Efectivamente. Son tus ganas de coger el lápiz y ponerte a contar una historia. El problema es que no sabes cuál.
Por eso, a Paidós Ediciones se le ocurrió que podían hablar con los seres, algunos de ellos humanos, que tratamos de sacar adelante Yorokobu. Nos encargaron una serie de ideas que sirvieran como pie para comenzar a escribir. Nosotros les enviamos 134 y con ellas han creado un libro llamado Marcianadas by Yorokobu que no es más que eso, una colección de ideas para que comiences a a escribir, para que ejercites la imaginación y la muñeca. Os lo contamos todo aquí.
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El caso es que os queríamos mostrar de qué va la cosa y pedimos a los lectores de Yorokobu que completaran una historia partiendo de una de las ideas que vienen en Marcianadas. Este es el comienzo de la historia y estas son tres de las propuestas de los lectores que, además, por majos, se llevan a casa un ejemplar del libro.
Cuando dejó a su bebé en el convento era una persona sin recursos. Ahora, dieciocho años después, ha rehecho su vida. Esta es la carta que escribió a su hija para contarle qué había pasado en todos estos años.
Manuela Ruiz
Querida Ana:
¿Respetaron tu nombre? Para mí siempre serás Ana, como yo.
Yo también soy huérfana. Nunca supe nada de mi padre, y mi madre no superó el parto. Cuando te abandoné decidí que trabajaría duro para ayudarte en el futuro, así que durante estos años me he dedicado a estudiar. Me matriculé en Física, y ahora soy investigadora.
Y he descubierto cómo viajar en el tiempo.
Necesito que continúes la investigación. Lo harás, lo sé. Experimentarás contigo misma y viajarás al pasado. Allí tendrás una hija que se llamará Ana, y morirás en el parto.
Lo harás, porque si no, no estarías leyendo estas líneas.
 
Mello
Querida hija:
Si estás leyendo esta carta es que dispones de ojos funcionales, lo cual es bueno. Y de habilidades lectoras, lo cual es aún mejor. Yo ahora no dispongo ni de lo uno ni de lo otro, pues tuve que empeñar mis ojos, mi oreja izquierda y dos dedos de un pie para pagar deudas.
Ya sabes que te abandoné por falta de dinero. Y porque a mí nadie me avisó de que tener hijos era incompatible con mi labor como criadora de caimanes cleptómanos. Pero mira el lado positivo. No tuviste que disputarte los juguetes con fauces deseosas de triturar carne inocente. Eso es bueno para la integridad física. Y diría que hasta para la moral.
En cualquier caso, ahora las cosas han cambiado. Me sobra el dinero. Pero no el instinto maternal. Así que ahí va un cheque.
Hala, a disfrutar de la vida.
 
La Kate
No sé cómo te llamas. Nunca te he buscado. Sólo sé que hoy es tu cumpleaños y que el año que naciste sufrimos una ola de frío en Europa. Puedes googlearlo si quieres.
Piensa en la nieve, fría, pesada bajo unos zapatos. Eso soy yo para ti. Nada más que agua. Sólo tu origen . No busques porqués, razones o historias de novela. No las hay. Todo es más simple que eso.
Hoy necesito que sepas que debes conocer gente. Rodéate de ella. Sé humilde y haz aquello que te inspire y te permita soñar. Y sobre todo nunca dejes que decidan por ti. Yo lo hice una vez. Solo una. Y llevo 18 años arrepintiéndome de ello.
 
 

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Por eso, a Paidós Ediciones se le ocurrió que podían hablar con los seres, algunos de ellos humanos, que tratamos de sacar adelante Yorokobu. Nos encargaron una serie de ideas que sirvieran como pie para comenzar a escribir. Nosotros les enviamos 134 y con ellas han creado un libro llamado Marcianadas by Yorokobu que no es más que eso, una colección de ideas para que comiences a a escribir, para que ejercites la imaginación y la muñeca. Os lo contamos todo aquí.
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Cuando dejó a su bebé en el convento era una persona sin recursos. Ahora, dieciocho años después, ha rehecho su vida. Esta es la carta que escribió a su hija para contarle qué había pasado en todos estos años.
Manuela Ruiz
Querida Ana:
¿Respetaron tu nombre? Para mí siempre serás Ana, como yo.
Yo también soy huérfana. Nunca supe nada de mi padre, y mi madre no superó el parto. Cuando te abandoné decidí que trabajaría duro para ayudarte en el futuro, así que durante estos años me he dedicado a estudiar. Me matriculé en Física, y ahora soy investigadora.
Y he descubierto cómo viajar en el tiempo.
Necesito que continúes la investigación. Lo harás, lo sé. Experimentarás contigo misma y viajarás al pasado. Allí tendrás una hija que se llamará Ana, y morirás en el parto.
Lo harás, porque si no, no estarías leyendo estas líneas.
 
Mello
Querida hija:
Si estás leyendo esta carta es que dispones de ojos funcionales, lo cual es bueno. Y de habilidades lectoras, lo cual es aún mejor. Yo ahora no dispongo ni de lo uno ni de lo otro, pues tuve que empeñar mis ojos, mi oreja izquierda y dos dedos de un pie para pagar deudas.
Ya sabes que te abandoné por falta de dinero. Y porque a mí nadie me avisó de que tener hijos era incompatible con mi labor como criadora de caimanes cleptómanos. Pero mira el lado positivo. No tuviste que disputarte los juguetes con fauces deseosas de triturar carne inocente. Eso es bueno para la integridad física. Y diría que hasta para la moral.
En cualquier caso, ahora las cosas han cambiado. Me sobra el dinero. Pero no el instinto maternal. Así que ahí va un cheque.
Hala, a disfrutar de la vida.
 
La Kate
No sé cómo te llamas. Nunca te he buscado. Sólo sé que hoy es tu cumpleaños y que el año que naciste sufrimos una ola de frío en Europa. Puedes googlearlo si quieres.
Piensa en la nieve, fría, pesada bajo unos zapatos. Eso soy yo para ti. Nada más que agua. Sólo tu origen . No busques porqués, razones o historias de novela. No las hay. Todo es más simple que eso.
Hoy necesito que sepas que debes conocer gente. Rodéate de ella. Sé humilde y haz aquello que te inspire y te permita soñar. Y sobre todo nunca dejes que decidan por ti. Yo lo hice una vez. Solo una. Y llevo 18 años arrepintiéndome de ello.
 
 

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