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12 de septiembre 2018    /   CREATIVIDAD
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María Castelló a los ilustradores: «¡Hay que aprender idiomas para currar fuera de España!»

12 de septiembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Caer en el topicazo de preguntar a un ilustrador sobre su estilo puede tener inesperadas consecuencias. Cuando se le plantea a María Castelló, por ejemplo, la respuesta es digna del Risto Mejide del periodismo: «¡Esta es el demonio de las preguntas!».

Aun así, acepta el reto e intenta contestar. «Pero no puedo. ¡Lo siento!». Lo más que le sale son algunos apuntes sobre cómo afronta su trabajo: «Podría decirse que me interesa mucho modular la línea. Además tengo una cierta obsesión por transmitir emociones a nivel sensorial. Y también que me gusta magnificar lo mínimo e historiar lo cotidiano».

Aunque tal vez algo alejada de la ortodoxia, la respuesta es más que válida para hacerse una idea del «tono» de María Castelló. Porque, pese a rehuir de aquello del estilo, la ilustradora reconoce que todos los de su gremio tienen su propio tono.

Algo así como su imagen de marca, la razón por la que los clientes encargan sus proyectos a unos u otros dependiendo de su naturaleza.

«Eso puede ser una limitación en algunos casos, aunque también sirve para que no te pidan cosas que te hagan salir a lo loco de “tu tono”». Pero a veces pasa que los encargos desconciertan y, entonces, no hay otra opción que buscar todo tipo de recursos para tirar p’alante.

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«Por ejemplo, a veces he tenido que ilustrar un artículo con el que no estaba de acuerdo. Es todo un desafío porque buscas la manera de no apoyar la tesis del texto con las imágenes y aun así seguir ilustrando el contenido. Eso es parte del trabajo y es genial».

No es lo único que le gusta del trabajo de ilustradora. «Me encanta currar dibujando. Siempre he dibujado; de pequeña, casi compulsivamente. Pero eso es normal, ¿no? Yo siempre pienso que a todos los niños les gusta dibujar, aunque igual es mentira».

En su caso sí era así y por eso lo siguió haciendo hasta que tuvo edad para entrar en la universidad, y no paró hasta conseguir vivir de ello: «Estudiando Bellas Artes me interesé también por otros medios e hice un poco de todo. Durante un tiempo trabajé con foto y vídeo, sobre todo para volver al dibujo y dedicarme profesionalmente a la ilustración».

Aunque Castelló no es de idealizar cosas, ni siquiera su propia profesión por mucho que disfrute de ella. «Lo haría si se tratara exclusivamente de pasarse el día dibujando, pero no es así. No me gusta todo lo que rodea a la autogestión del curro de autónomo, burocracias, autopromo y todos esos tostones».

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A los que alguna vez se han planteado dedicarse a ilustrar les aconseja que siempre tengan una carpeta cargada de proyectos que les gustaría hacer.

«A veces aceptas trabajos que no te aportan nada más que dinero, y eso es perfectamente legítimo, pero cuanto más curro hagas que no te interesa más te desvías de lo que te gusta. Por eso creo que es bueno y productivo, además de satisfactorio, proyectarte en cierta dirección».

Y una recomendación más: «¡Aprender idiomas para currar lo más posible fuera de España!».

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Lo dice por experiencia propia: «Me mudé a Berlín hace unos meses, la otra ciudad de mi vida y mis amores. Aunque en realidad es un regreso». La otra ciudad de su vida y sus amores es Madrid, a la que regresa en septiembre para pasar un par de semanas.

Parte del tiempo se le irá, sin duda, en pasear por la zona de Callao. Allí, en las pantallas de Callao City Lights, se expone durante todo el mes parte de su portfolio. Para los días que no esté en la capital también tiene planes, no para ella, sino para algunos de sus allegados: «Durante esos días enviaré emisarios, ¡por supuesto!».

Caer en el topicazo de preguntar a un ilustrador sobre su estilo puede tener inesperadas consecuencias. Cuando se le plantea a María Castelló, por ejemplo, la respuesta es digna del Risto Mejide del periodismo: «¡Esta es el demonio de las preguntas!».

Aun así, acepta el reto e intenta contestar. «Pero no puedo. ¡Lo siento!». Lo más que le sale son algunos apuntes sobre cómo afronta su trabajo: «Podría decirse que me interesa mucho modular la línea. Además tengo una cierta obsesión por transmitir emociones a nivel sensorial. Y también que me gusta magnificar lo mínimo e historiar lo cotidiano».

Aunque tal vez algo alejada de la ortodoxia, la respuesta es más que válida para hacerse una idea del «tono» de María Castelló. Porque, pese a rehuir de aquello del estilo, la ilustradora reconoce que todos los de su gremio tienen su propio tono.

Algo así como su imagen de marca, la razón por la que los clientes encargan sus proyectos a unos u otros dependiendo de su naturaleza.

«Eso puede ser una limitación en algunos casos, aunque también sirve para que no te pidan cosas que te hagan salir a lo loco de “tu tono”». Pero a veces pasa que los encargos desconciertan y, entonces, no hay otra opción que buscar todo tipo de recursos para tirar p’alante.

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«Por ejemplo, a veces he tenido que ilustrar un artículo con el que no estaba de acuerdo. Es todo un desafío porque buscas la manera de no apoyar la tesis del texto con las imágenes y aun así seguir ilustrando el contenido. Eso es parte del trabajo y es genial».

No es lo único que le gusta del trabajo de ilustradora. «Me encanta currar dibujando. Siempre he dibujado; de pequeña, casi compulsivamente. Pero eso es normal, ¿no? Yo siempre pienso que a todos los niños les gusta dibujar, aunque igual es mentira».

En su caso sí era así y por eso lo siguió haciendo hasta que tuvo edad para entrar en la universidad, y no paró hasta conseguir vivir de ello: «Estudiando Bellas Artes me interesé también por otros medios e hice un poco de todo. Durante un tiempo trabajé con foto y vídeo, sobre todo para volver al dibujo y dedicarme profesionalmente a la ilustración».

Aunque Castelló no es de idealizar cosas, ni siquiera su propia profesión por mucho que disfrute de ella. «Lo haría si se tratara exclusivamente de pasarse el día dibujando, pero no es así. No me gusta todo lo que rodea a la autogestión del curro de autónomo, burocracias, autopromo y todos esos tostones».

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A los que alguna vez se han planteado dedicarse a ilustrar les aconseja que siempre tengan una carpeta cargada de proyectos que les gustaría hacer.

«A veces aceptas trabajos que no te aportan nada más que dinero, y eso es perfectamente legítimo, pero cuanto más curro hagas que no te interesa más te desvías de lo que te gusta. Por eso creo que es bueno y productivo, además de satisfactorio, proyectarte en cierta dirección».

Y una recomendación más: «¡Aprender idiomas para currar lo más posible fuera de España!».

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Lo dice por experiencia propia: «Me mudé a Berlín hace unos meses, la otra ciudad de mi vida y mis amores. Aunque en realidad es un regreso». La otra ciudad de su vida y sus amores es Madrid, a la que regresa en septiembre para pasar un par de semanas.

Parte del tiempo se le irá, sin duda, en pasear por la zona de Callao. Allí, en las pantallas de Callao City Lights, se expone durante todo el mes parte de su portfolio. Para los días que no esté en la capital también tiene planes, no para ella, sino para algunos de sus allegados: «Durante esos días enviaré emisarios, ¡por supuesto!».

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