25 de septiembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: En tiempos de Maricastaña

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Héctor, que es un niño muy listo de 6 años y que acaba de empezar Primaria, preguntó el otro día a su madre: «Mamá, ¿qué es eso de Maricastaña?». Y su madre, que me tiene mucha fe –no sé por qué–, me mandó un mensajito de ‘help, I need somebody‘ al que no pude resistirme.

A Héctor no le preocupaba entender qué significaba la expresión completa que acompaña al nombre de esa tal Mari. Supongo que tiene claro que la usamos para indicar que hace muuuuuuuucho, muchísimo tiempo de algo.

En el mismo sentido que empleamos –o empleábamos, que algunas, francamente, están ya pelín desfasadas– frases del tipo «cuando hablaban los animales» o «en tiempos del rey Wamba».

De esto da fe Correas en su Vocabulario de refranes, donde dice que se toma «por tiempo muy antiguo, cuando hablaban los animales» o «para decir en tiempo muy ignorante y muy antiguo, cuando cualquier disparate era posible y que hablaban los animales y peces, árboles y cosas sin sentido». Se ve que a don Gonzalo no le gustaban mucho los cuentos.

Ahora bien, ¿existió una mujer llamada Mari Castaña? Buena pregunta. Algunos estudiosos piensan que sí, como es el caso de José Godoy Alcántara en su obra Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos (ahí es nada el titulito). Según él, esta mujer vivió en el siglo XIV en Lugo y protagonizó una revuelta contra el obispo de esa ciudad por un tema de abuso en el cobro de impuestos.

El caso es que esta buena señora, según otras fuentes, encabezó junto a su marido y sus hijos una sublevación contra el obispo, donde más que manifestarse pacíficamente, llovieron tortas como panes llevándose la peor parte el mayordomo y recaudador de impuestos del Obispado, Francisco Fernández, que murió en la trifulca a manos de la señora Castaña y familia.

Ni que decir tiene que la Mari se convirtió en la heroína del pueblo, una especie de Ada Colau de la época y salvando las distancias.

El hecho parece estar documentado también en el libro España sagrada del Padre Risco, entre otras fuentes.

Para otros estudiosos, Maricastaña o Mari Castaña, no es más que un nombre genérico del tipo de Marisabidilla o Marisarmiento. Como ejemplo de uno de estos sabios, Julio Cejador, que en su obra Fraseología, o estilística castellana, en el Tomo 3º, explica que significaba en su momento ‘mujer casta’, que guardaba y protegía su virtud como la castaña se protege dentro de su erizo.

Y si atendemos a leyendas celtas, hay quien dice que el personaje de Maricastaña puede estar entroncado con una tal Auburn Mary de la leyenda británica de La batalla de los pájaros. Aunque solo sea porque ‘Auburn’ hace alusión al pelo castaño de la protagonista.

Opiniones para todos los gustos, vamos. Ahora, a ver cómo se lo explica a Héctor su madre.

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A Héctor no le preocupaba entender qué significaba la expresión completa que acompaña al nombre de esa tal Mari. Supongo que tiene claro que la usamos para indicar que hace muuuuuuuucho, muchísimo tiempo de algo.

En el mismo sentido que empleamos –o empleábamos, que algunas, francamente, están ya pelín desfasadas– frases del tipo «cuando hablaban los animales» o «en tiempos del rey Wamba».

De esto da fe Correas en su Vocabulario de refranes, donde dice que se toma «por tiempo muy antiguo, cuando hablaban los animales» o «para decir en tiempo muy ignorante y muy antiguo, cuando cualquier disparate era posible y que hablaban los animales y peces, árboles y cosas sin sentido». Se ve que a don Gonzalo no le gustaban mucho los cuentos.

Ahora bien, ¿existió una mujer llamada Mari Castaña? Buena pregunta. Algunos estudiosos piensan que sí, como es el caso de José Godoy Alcántara en su obra Ensayo histórico etimológico filológico sobre los apellidos castellanos (ahí es nada el titulito). Según él, esta mujer vivió en el siglo XIV en Lugo y protagonizó una revuelta contra el obispo de esa ciudad por un tema de abuso en el cobro de impuestos.

El caso es que esta buena señora, según otras fuentes, encabezó junto a su marido y sus hijos una sublevación contra el obispo, donde más que manifestarse pacíficamente, llovieron tortas como panes llevándose la peor parte el mayordomo y recaudador de impuestos del Obispado, Francisco Fernández, que murió en la trifulca a manos de la señora Castaña y familia.

Ni que decir tiene que la Mari se convirtió en la heroína del pueblo, una especie de Ada Colau de la época y salvando las distancias.

El hecho parece estar documentado también en el libro España sagrada del Padre Risco, entre otras fuentes.

Para otros estudiosos, Maricastaña o Mari Castaña, no es más que un nombre genérico del tipo de Marisabidilla o Marisarmiento. Como ejemplo de uno de estos sabios, Julio Cejador, que en su obra Fraseología, o estilística castellana, en el Tomo 3º, explica que significaba en su momento ‘mujer casta’, que guardaba y protegía su virtud como la castaña se protege dentro de su erizo.

Y si atendemos a leyendas celtas, hay quien dice que el personaje de Maricastaña puede estar entroncado con una tal Auburn Mary de la leyenda británica de La batalla de los pájaros. Aunque solo sea porque ‘Auburn’ hace alusión al pelo castaño de la protagonista.

Opiniones para todos los gustos, vamos. Ahora, a ver cómo se lo explica a Héctor su madre.

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Opiniones 2
  • En Sevilla, la gente mayor nos decían a los niños: ¡Venga niños!, cada uno a su casa que es muy tarde y vendrá «El tío del saco», entonces los chiquillos nos íbamos corriendo para casa. Esa expresión la empleaban también nuestros padres para asustar a los niños que eran más traviesos. Supongo que en otras partes de España, también se emplearía algo parecido. También nos asustaban con la expresión: ¡Que viene «El Sacamanteca» ésta, daba más miedo todavía. Este recuerdo data de los primeros años de la dictadura franquista. Saludos.

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