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15 de septiembre 2015    /   IDEAS
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¿Es tu casa un museo de lo inútil?

15 de septiembre 2015    /   IDEAS     por          
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Uno de los efectos perniciosos del capitalismo se esconde en tu casa. Apilado entre libros que no has leído, descansando entre jerséis que ya no usas y camisas que han pasado de moda. Mucho se ha escrito sobre la obsolescencia programada, sobre la contaminación de las fábricas y la explotación de trabajadores, pero nuestro modelo económico tiene otros efectos colaterales, más frívolos quizá, pero que nos afectan de forma directa diariamente. Consumimos por encima de nuestras posibilidades, si no económicas, sí de almacenaje.
Hemos convertido nuestras casas en museos de lo inútil, en depósitos de lo obsoleto. Nos rodeamos de cosas en una fijación conservacionista llevada al paroxismo. La consecuencia principal no solo es estética, sino mental. Ahogamos nuestra personalidad en un mar de objetos que no dicen nada sobre nosotros. Diluimos nuestras metas en el desorden de una casa que nos han arrebatado nuestras pertenencias. Marie Kondo quiere poner fin a esta situación.
Cuando era pequeña, Kondo estaba obsesionada con el orden. Su principal empeño era deshacerse de lo prescindible, tirar todo lo sobrante hasta convertir su casa en el máximo exponente del minimalismo posesivo. Después de arreglar su cuarto, la pequeña Kondo se colaba en el de sus hermanos, bolsa en mano, dispuesta a deshacerse de todo aquello que no necesitaran. La cosa llegó a tal extremo que sus padres le prohibieron que limpiara algún cuarto que no fuera el suyo.

«Kondo entiende el orden como un monólogo espiritual en el que debemos decidir quiénes somos en función de lo que poseemos»


Recién rebasada la treintena, Marie Kondo es una estrella internacional del orden con una lista de espera para recibir sus clases que de tanto estirarse ha optado por cancelar. Esta japonesa de modales exquisitos está formando a otras personas para que propaguen su filosofía, en una suerte de evangelización del orden que está rebasando fronteras. Su particular creencia tiene un libro angular que responde al elocuente nombre de The Life Changing Magic of Tidying. Su premisa es sencilla: puedes poner fin al desorden en tu casa. Y en tu vida.
Kondo entiende el orden como una conversación interna, un monólogo espiritual en el que debemos decidir quiénes somos en función de lo que poseemos. Así podemos descubrirnos, deshaciendonos de lo superfluo y reduciendo nuestras posesiones a aquello que realmente nos define, a aquello que nos hace ser felices. Su método gira en torno a una pregunta: ¿esta cosa irradia felicidad? Esto es lo que deberíamos preguntarnos al decidir sobre el futuro de un objeto, sobre si lo vamos a tirar o a conservar. El fin último es que todo a nuestro alrededor nos genere alegría, convertir nuestra casa en el lugar más feliz del mundo.
Para Kondo las cosas son como las personas. «No todos los individuos que conozcas a lo largo de la vida se convertirán en amantes o en amigos», predica en su libro. «Lo mismo pasa con los objetos, hay algunos que nos convienen en un determinado momento, pero cuando hayan cumplido su ciclo debemos dejarlos ir». Si los objetos son como personas, un día de limpieza es como un día de fiesta, al menos eso promete The life Changing Magic of Tidying. Una fiesta en la que ejercerás más de portero de discoteca que de anfitrión, pues tu misión consistirá en decidir qué objetos deben abandonar el local para siempre. «La limpieza debe ser algo divertido», asegura Kondo, que reniega de delantales o ropa vieja para limpiar. «Suelo ir con una falda y una chaqueta. Es un evento festivo, hay que vestir acorde», dice.

«Un día de limpieza es como un día de fiesta, hay que vestir según la situación»


Para hacer que un día de limpieza se convierta en un desfase épico no hacen falta un poco de azúcar y esa píldora, sino concentración y dedicación completa. Y seguir una serie de reglas. Nada de música, mucho menos televisión. Nada de sacar un minuto, hay que dedicarle un día entero. No podemos dejar que nuestra familia nos vea deshacernos de nuestras cosas. Y sobre todo, no podemos decidir dónde colocaremos cada elemento hasta que no nos deshagamos de todo lo prescindible.
La autora ejemplifica sus teorías con vivencias que ha tenido con clientas —siempre mujeres— y empleando conscientemente el género femenino en muchos de sus pasajes, en una suerte de machismo soterrado que nunca llega a hacerse explícito. Pero su método puede —y debe— ser empleado por hombres.

«Nadie nos ha enseñado a ordenar. Las recetas de cocina se transmiten de generación en generación, los trucos para ordenar no»


El orden es un rasgo distintivo de la cultura japonesa y hay detalles en su tradición que dan buena cuenta de ello. En su libro, la autora dedica un capítulo entero a adoctrinar al lector sobre cómo doblar la ropa. «El momento del almacenaje», asegura, «es cuando la ropa descansa después de un día ajetreado, así que debería estar relajada». La estrella del orden defiende que hay un punto exacto de doblado, aquel en el que las cosas encajan perfectamente y se adaptan al cajón o estante donde deben guardarse, una teoría que engarza con una tradición japonesa que se remonta al periodo Heian (794-1192).  Las ropas tradicionales japonesas, el kimono y la yukata, se doblan desde entonces en rectángulos para acoplarse a cajones específicamente diseñados para ellos. «No creo que haya otra cultura en el mundo en la que contenedor y contenido fueran diseñados para encajar de forma tan perfecta», asegura Kondo.
A pesar de dar consejos para mejorar tu vida a través de la limpieza, The life Changing Magic of Tidying no es un libro de autoayuda. Es quizá un tratado sobre un tema del que se ha hablado muy poco. Un estudio sobre un campo que no se ha estudiado, quizá por considerarse banal. «El principal problema», defiende Kondo en su libro, «es que nadie nos ha enseñado a limpiar. Las recetas de cocina se transmiten de madres a hijas, pero los trucos de limpieza no», lamenta. Después de leer el libro angular de esta particular japonesa uno no puede sino darle la razón. Y quizá reflexionar sobre nuestras pertenencias. Puede que tengamos más cosas de las que necesitamos. Y puede que una conversación profunda con nuestros calcetines sea la solución.
 

Uno de los efectos perniciosos del capitalismo se esconde en tu casa. Apilado entre libros que no has leído, descansando entre jerséis que ya no usas y camisas que han pasado de moda. Mucho se ha escrito sobre la obsolescencia programada, sobre la contaminación de las fábricas y la explotación de trabajadores, pero nuestro modelo económico tiene otros efectos colaterales, más frívolos quizá, pero que nos afectan de forma directa diariamente. Consumimos por encima de nuestras posibilidades, si no económicas, sí de almacenaje.
Hemos convertido nuestras casas en museos de lo inútil, en depósitos de lo obsoleto. Nos rodeamos de cosas en una fijación conservacionista llevada al paroxismo. La consecuencia principal no solo es estética, sino mental. Ahogamos nuestra personalidad en un mar de objetos que no dicen nada sobre nosotros. Diluimos nuestras metas en el desorden de una casa que nos han arrebatado nuestras pertenencias. Marie Kondo quiere poner fin a esta situación.
Cuando era pequeña, Kondo estaba obsesionada con el orden. Su principal empeño era deshacerse de lo prescindible, tirar todo lo sobrante hasta convertir su casa en el máximo exponente del minimalismo posesivo. Después de arreglar su cuarto, la pequeña Kondo se colaba en el de sus hermanos, bolsa en mano, dispuesta a deshacerse de todo aquello que no necesitaran. La cosa llegó a tal extremo que sus padres le prohibieron que limpiara algún cuarto que no fuera el suyo.

«Kondo entiende el orden como un monólogo espiritual en el que debemos decidir quiénes somos en función de lo que poseemos»


Recién rebasada la treintena, Marie Kondo es una estrella internacional del orden con una lista de espera para recibir sus clases que de tanto estirarse ha optado por cancelar. Esta japonesa de modales exquisitos está formando a otras personas para que propaguen su filosofía, en una suerte de evangelización del orden que está rebasando fronteras. Su particular creencia tiene un libro angular que responde al elocuente nombre de The Life Changing Magic of Tidying. Su premisa es sencilla: puedes poner fin al desorden en tu casa. Y en tu vida.
Kondo entiende el orden como una conversación interna, un monólogo espiritual en el que debemos decidir quiénes somos en función de lo que poseemos. Así podemos descubrirnos, deshaciendonos de lo superfluo y reduciendo nuestras posesiones a aquello que realmente nos define, a aquello que nos hace ser felices. Su método gira en torno a una pregunta: ¿esta cosa irradia felicidad? Esto es lo que deberíamos preguntarnos al decidir sobre el futuro de un objeto, sobre si lo vamos a tirar o a conservar. El fin último es que todo a nuestro alrededor nos genere alegría, convertir nuestra casa en el lugar más feliz del mundo.
Para Kondo las cosas son como las personas. «No todos los individuos que conozcas a lo largo de la vida se convertirán en amantes o en amigos», predica en su libro. «Lo mismo pasa con los objetos, hay algunos que nos convienen en un determinado momento, pero cuando hayan cumplido su ciclo debemos dejarlos ir». Si los objetos son como personas, un día de limpieza es como un día de fiesta, al menos eso promete The life Changing Magic of Tidying. Una fiesta en la que ejercerás más de portero de discoteca que de anfitrión, pues tu misión consistirá en decidir qué objetos deben abandonar el local para siempre. «La limpieza debe ser algo divertido», asegura Kondo, que reniega de delantales o ropa vieja para limpiar. «Suelo ir con una falda y una chaqueta. Es un evento festivo, hay que vestir acorde», dice.

«Un día de limpieza es como un día de fiesta, hay que vestir según la situación»


Para hacer que un día de limpieza se convierta en un desfase épico no hacen falta un poco de azúcar y esa píldora, sino concentración y dedicación completa. Y seguir una serie de reglas. Nada de música, mucho menos televisión. Nada de sacar un minuto, hay que dedicarle un día entero. No podemos dejar que nuestra familia nos vea deshacernos de nuestras cosas. Y sobre todo, no podemos decidir dónde colocaremos cada elemento hasta que no nos deshagamos de todo lo prescindible.
La autora ejemplifica sus teorías con vivencias que ha tenido con clientas —siempre mujeres— y empleando conscientemente el género femenino en muchos de sus pasajes, en una suerte de machismo soterrado que nunca llega a hacerse explícito. Pero su método puede —y debe— ser empleado por hombres.

«Nadie nos ha enseñado a ordenar. Las recetas de cocina se transmiten de generación en generación, los trucos para ordenar no»


El orden es un rasgo distintivo de la cultura japonesa y hay detalles en su tradición que dan buena cuenta de ello. En su libro, la autora dedica un capítulo entero a adoctrinar al lector sobre cómo doblar la ropa. «El momento del almacenaje», asegura, «es cuando la ropa descansa después de un día ajetreado, así que debería estar relajada». La estrella del orden defiende que hay un punto exacto de doblado, aquel en el que las cosas encajan perfectamente y se adaptan al cajón o estante donde deben guardarse, una teoría que engarza con una tradición japonesa que se remonta al periodo Heian (794-1192).  Las ropas tradicionales japonesas, el kimono y la yukata, se doblan desde entonces en rectángulos para acoplarse a cajones específicamente diseñados para ellos. «No creo que haya otra cultura en el mundo en la que contenedor y contenido fueran diseñados para encajar de forma tan perfecta», asegura Kondo.
A pesar de dar consejos para mejorar tu vida a través de la limpieza, The life Changing Magic of Tidying no es un libro de autoayuda. Es quizá un tratado sobre un tema del que se ha hablado muy poco. Un estudio sobre un campo que no se ha estudiado, quizá por considerarse banal. «El principal problema», defiende Kondo en su libro, «es que nadie nos ha enseñado a limpiar. Las recetas de cocina se transmiten de madres a hijas, pero los trucos de limpieza no», lamenta. Después de leer el libro angular de esta particular japonesa uno no puede sino darle la razón. Y quizá reflexionar sobre nuestras pertenencias. Puede que tengamos más cosas de las que necesitamos. Y puede que una conversación profunda con nuestros calcetines sea la solución.
 

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