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30 de noviembre 2017    /   DIGITAL
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Lo siento, Mark, resulta que eres lo peor para Facebook

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Jim Bezos. Bill Gates. Mark Zuckerberg. Steve Jobs, Evan Spiegel. Jack Dorsay. Desde que ha llegado este mundo donde la tecnología es Dios y el capitalismo la forma definitiva de heroísmo, los mitos y semidioeses son los fundadores. Igual que en la Grecia clásica todos los héroes solían compartir un origen divino, al ser su padre un dios en forma de lluvia dorada o toro, en este ambiente es el garaje, desde donde la pequeña empresa creada y liderada por los llamados college dropuots acaba en triunfo. Lamentablemente, igual que es poco probable que Perseo fuera concebido por el padre de los dioses convertido en brillante orballo, los mitos de Silicon Valley son justamente eso.

Desmotado hace tiempo el origen místico de la start up que cambia el mundo en un garaje, dos estudios a lo largo de este 2017 se han encargado de arrojar evidencia sobre otras dos materias: los fundadores son la mejor opción como primer ejecutivo para las empresas que crean y en Silicon Valley todos dejaron la universidad ya que son unos genios de clase universal.

El más reciente es Are Founder CEOs Good Managers?, realizado por tres investigadores de escuelas de prestigio como Duke University o la Harvard Business School. Usando la base de datos de la World Management Survey, que detalla información sobre las prácticas de gerencia de empresas de tamaño medio y grande en 32 países, los resultados no son buenos para los fundadores.

«Hemos encontrado pruebas de que las empresas lideradas por CEO fundadores tienen una tendencia menor a implemtar prácticas de gerencia básicas, incluso cuando estas prácticas están asociadas con mejores rendimientos», se lee en las conclusiones. Según su investigación, estas compañías suelen ser un 9,4% menos productivas de media y obtienen peores números en las puntuaciones de gerencia, que suelen subir cuando el fundador es remplazado por un profesional.

Entre las prácticas poco ejemplificantes, los autores destacan que las habilidades necesarias para poner en marcha una empresa muchas veces no son las mismas que se necesitan para la fase de crecimiento y expansión. Una gran muestra sería Travis Kalanick, uno de los fundadores de Uber y el hombre que ha estado a punto de hundirla.

Entre los analistas está claro que sin su estilo personal y su agresividad, la empresa de transporte no sería lo que es hoy, pero que también sus prácticas despóticas y su cerrar los ojos, en el mejor de los casos, ante una cultura empresarial de macho de Silicon Valley se convietieron en un gran problema. Ahí entraría otra de las hipótesis que aseguran haber comprobado en el estudio. «Los CEO fundadores son reticentes a adoptar prácticas que reduzcan los aspectos personales e idiosincráticos que reduzcan su control personal» y «que puedan interferir en los beneficios no monetarios del control, como invertir en un proyecto personal o contratar basándose en sus filaciones personales o familiares».

Mejor no dejes la universidad

Cuando en abril de este 2017 Harvard le pidió a Mark Zuckerberg que diera un discurso, la cuenta de Twitter del centro publicó una especie de chiste en el que compartía plano con el otro gran desertor, el fundador de Microsoft, Bill Gates. En algo increíble para fomentar desde una universidad, los dos bromean sobre que dejar la universidad fue lo mejor que hicieron y que después de dar la charla, ya puedes poner en el currículum que tienes el diploma. Una glorificación a la que contribuye la mitificación que se hace de los genios que abandonan los estudios a la mitad y que puede llevar a algunos a plantearse para qué ir a la universidad.

Peter Thiel, uno de los inversores más importantes en el campo tecnológico, de hecho, dio una especie de antibeca. 100.000 dólares durante dos años para que alumnos con proyectos interesantes se pongan a trabajar en ellos, bajo la condición de dejar de estudiar. La sátira de Sillicon Valley se burló de esto cuando un personaje se pregunta si podría volver a inscribirse para dejarlo y que le dieran el dinero.

El mensaje de «deja la escuela y ponte a perseguir tu sueño» puede sonar muy bien, pero como toda respuesta simple a pregunta compleja es incompleta, si no errónea. Justo coincidiendo con esa charla entre Zuckerberg y Gates, Jonathan Wai, de la Duke University, y Heiner Rindermann, de la Chemnitz University, publicaron un texto en The Conversation con el explícito título de The myth of the college dropout.

«Aunque es cierto que existen algunos que tuvieron éxito tras abandonar la universidad, estadísticamente no son la norma. Hemos encontrado que el 94% de los líderes han ido a la universidad y concretamente el 50%, a escuelas de élite [las ocho de la llamada Ivy League], a las que solo acuden enre el 2% y el 5% de todos los graduados de Estados Unidos», dicen. Y aquí, junto con que hay muy pocos dentro de esta lista que vengan de contextos de probreza, está la auténtica clave.

El padre de William Gates III es William Gates II. Si tener un número romano en tu nombre no sirve como muestra, es fundador de K&L Gates, uno de los mayores bufetes del país. Los padres de Mark Zuckerberg no son pobres y vivió una infancia acomodada. Cuando vieron el interés de su hijo por la programación, le pusieron un tutor, David Newman, que le dio clase desde los 11 años. Otro dato: fue capitán del equipo de esgrima.

Al llegar a estas universidades de la Ivy League conocieron a gente como ellos y también élites económicas con dinero para invertir. Hicieron eso que ahora se llama net working. Sus empresas ya estaban en marcha cuando dejaron la universidad. Gates dejó Harvard en 1976, donde entró en 1973 para estudiar abogacía, pero rápidamene cambió a matemáticas e informática. En el caso de Zuckerberg, estuvo de 2002 a 2005. Los dos tuvieron éxito. Claro, que las historias que no sabemos son las de aquellos que abandonan los estudios y vuelven con el rabo entre las piernas. Esas tienen mucho menos glamur y, desde luego, mucha menos publicidad.

Jim Bezos. Bill Gates. Mark Zuckerberg. Steve Jobs, Evan Spiegel. Jack Dorsay. Desde que ha llegado este mundo donde la tecnología es Dios y el capitalismo la forma definitiva de heroísmo, los mitos y semidioeses son los fundadores. Igual que en la Grecia clásica todos los héroes solían compartir un origen divino, al ser su padre un dios en forma de lluvia dorada o toro, en este ambiente es el garaje, desde donde la pequeña empresa creada y liderada por los llamados college dropuots acaba en triunfo. Lamentablemente, igual que es poco probable que Perseo fuera concebido por el padre de los dioses convertido en brillante orballo, los mitos de Silicon Valley son justamente eso.

Desmotado hace tiempo el origen místico de la start up que cambia el mundo en un garaje, dos estudios a lo largo de este 2017 se han encargado de arrojar evidencia sobre otras dos materias: los fundadores son la mejor opción como primer ejecutivo para las empresas que crean y en Silicon Valley todos dejaron la universidad ya que son unos genios de clase universal.

El más reciente es Are Founder CEOs Good Managers?, realizado por tres investigadores de escuelas de prestigio como Duke University o la Harvard Business School. Usando la base de datos de la World Management Survey, que detalla información sobre las prácticas de gerencia de empresas de tamaño medio y grande en 32 países, los resultados no son buenos para los fundadores.

«Hemos encontrado pruebas de que las empresas lideradas por CEO fundadores tienen una tendencia menor a implemtar prácticas de gerencia básicas, incluso cuando estas prácticas están asociadas con mejores rendimientos», se lee en las conclusiones. Según su investigación, estas compañías suelen ser un 9,4% menos productivas de media y obtienen peores números en las puntuaciones de gerencia, que suelen subir cuando el fundador es remplazado por un profesional.

Entre las prácticas poco ejemplificantes, los autores destacan que las habilidades necesarias para poner en marcha una empresa muchas veces no son las mismas que se necesitan para la fase de crecimiento y expansión. Una gran muestra sería Travis Kalanick, uno de los fundadores de Uber y el hombre que ha estado a punto de hundirla.

Entre los analistas está claro que sin su estilo personal y su agresividad, la empresa de transporte no sería lo que es hoy, pero que también sus prácticas despóticas y su cerrar los ojos, en el mejor de los casos, ante una cultura empresarial de macho de Silicon Valley se convietieron en un gran problema. Ahí entraría otra de las hipótesis que aseguran haber comprobado en el estudio. «Los CEO fundadores son reticentes a adoptar prácticas que reduzcan los aspectos personales e idiosincráticos que reduzcan su control personal» y «que puedan interferir en los beneficios no monetarios del control, como invertir en un proyecto personal o contratar basándose en sus filaciones personales o familiares».

Mejor no dejes la universidad

Cuando en abril de este 2017 Harvard le pidió a Mark Zuckerberg que diera un discurso, la cuenta de Twitter del centro publicó una especie de chiste en el que compartía plano con el otro gran desertor, el fundador de Microsoft, Bill Gates. En algo increíble para fomentar desde una universidad, los dos bromean sobre que dejar la universidad fue lo mejor que hicieron y que después de dar la charla, ya puedes poner en el currículum que tienes el diploma. Una glorificación a la que contribuye la mitificación que se hace de los genios que abandonan los estudios a la mitad y que puede llevar a algunos a plantearse para qué ir a la universidad.

Peter Thiel, uno de los inversores más importantes en el campo tecnológico, de hecho, dio una especie de antibeca. 100.000 dólares durante dos años para que alumnos con proyectos interesantes se pongan a trabajar en ellos, bajo la condición de dejar de estudiar. La sátira de Sillicon Valley se burló de esto cuando un personaje se pregunta si podría volver a inscribirse para dejarlo y que le dieran el dinero.

El mensaje de «deja la escuela y ponte a perseguir tu sueño» puede sonar muy bien, pero como toda respuesta simple a pregunta compleja es incompleta, si no errónea. Justo coincidiendo con esa charla entre Zuckerberg y Gates, Jonathan Wai, de la Duke University, y Heiner Rindermann, de la Chemnitz University, publicaron un texto en The Conversation con el explícito título de The myth of the college dropout.

«Aunque es cierto que existen algunos que tuvieron éxito tras abandonar la universidad, estadísticamente no son la norma. Hemos encontrado que el 94% de los líderes han ido a la universidad y concretamente el 50%, a escuelas de élite [las ocho de la llamada Ivy League], a las que solo acuden enre el 2% y el 5% de todos los graduados de Estados Unidos», dicen. Y aquí, junto con que hay muy pocos dentro de esta lista que vengan de contextos de probreza, está la auténtica clave.

El padre de William Gates III es William Gates II. Si tener un número romano en tu nombre no sirve como muestra, es fundador de K&L Gates, uno de los mayores bufetes del país. Los padres de Mark Zuckerberg no son pobres y vivió una infancia acomodada. Cuando vieron el interés de su hijo por la programación, le pusieron un tutor, David Newman, que le dio clase desde los 11 años. Otro dato: fue capitán del equipo de esgrima.

Al llegar a estas universidades de la Ivy League conocieron a gente como ellos y también élites económicas con dinero para invertir. Hicieron eso que ahora se llama net working. Sus empresas ya estaban en marcha cuando dejaron la universidad. Gates dejó Harvard en 1976, donde entró en 1973 para estudiar abogacía, pero rápidamene cambió a matemáticas e informática. En el caso de Zuckerberg, estuvo de 2002 a 2005. Los dos tuvieron éxito. Claro, que las historias que no sabemos son las de aquellos que abandonan los estudios y vuelven con el rabo entre las piernas. Esas tienen mucho menos glamur y, desde luego, mucha menos publicidad.

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