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Relatos ortográficos: Masculino, femenino ¿y neutro? A vueltas con el género gramatical

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—¿Viene por parte del novio o de la novia?, preguntó el jefe de salón al primer invitado que hacía fila esperando a que le indicaran en qué mesa sentarse.

—De los dos —respondió al maitre.

—¡Ah, no, no puede ser! Debe usted definirse por una de las dos opciones.

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—Pero es que me han invitado ambos, qué quiere usted que le diga.

—Pues las indicaciones que yo tengo son muy claras y no tengo espacio para opciones ambiguas como la suya.

—¿Me está llamando equidistante en mi cara?

—¡No se me ocurriría! Y ahora, si no le molesta, hágase a un lado mientras se decide, y deje pasar al siguiente.

Sirva esta surrealista conversación para lanzarnos sin flotador a la piscina del género gramatical.

Aunque la lengua sirve para describir la realidad en la que los seres humanos interactuamos, hay aspectos en los que esto no siempre es así. Por eso, mientras que las personas ya no se identifican solo con la categoría de femenino y masculino, la gramática española solo contempla ese binomio.

Pero el problema está en que no es lo mismo sexo que género, cuando hablamos de lengua, según advierte la RAE. Género, lingüísticamente hablando, no expresa, a priori, el sexo biológico. Por si fuera poco, esa diferenciación entre el género gramatical masculino y el femenino tiene implicaciones en la concordancia de los sustantivos, determinantes, cuantificadores, adjetivos y pronombres. Por eso la Academia es tan reacia, por el momento, a aceptar el morfema e (elle, niñe…) para hablar de quienes no se identifican con ninguno de esos dos sexos.

Además, gramaticalmente el morfema e también es masculino en ciertos casos, como los aumentativos (grandote/grandota). Y una reflexión más: ¿Por qué elle y no elli o ellu? A esto se suma que aún no es un uso muy extendido y generalizado, a pesar de que cada vez más hablantes diferencian entre él, ella y elle.

Pero las lenguas naturales son entes vivos y están en constante cambio, y si ese uso acaba imponiéndose por consenso de todos los hablantes, la norma gramatical cambiará también, le pese a quien le pese.

Paciencia, pues, que arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Y por favor, Keep calm y no matemos a la mensajera.

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—¿Viene por parte del novio o de la novia?, preguntó el jefe de salón al primer invitado que hacía fila esperando a que le indicaran en qué mesa sentarse.

—De los dos —respondió al maitre.

—¡Ah, no, no puede ser! Debe usted definirse por una de las dos opciones.

—Pero es que me han invitado ambos, qué quiere usted que le diga.

—Pues las indicaciones que yo tengo son muy claras y no tengo espacio para opciones ambiguas como la suya.

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—¿Me está llamando equidistante en mi cara?

—¡No se me ocurriría! Y ahora, si no le molesta, hágase a un lado mientras se decide, y deje pasar al siguiente.

Sirva esta surrealista conversación para lanzarnos sin flotador a la piscina del género gramatical.

Aunque la lengua sirve para describir la realidad en la que los seres humanos interactuamos, hay aspectos en los que esto no siempre es así. Por eso, mientras que las personas ya no se identifican solo con la categoría de femenino y masculino, la gramática española solo contempla ese binomio.

Pero el problema está en que no es lo mismo sexo que género, cuando hablamos de lengua, según advierte la RAE. Género, lingüísticamente hablando, no expresa, a priori, el sexo biológico. Por si fuera poco, esa diferenciación entre el género gramatical masculino y el femenino tiene implicaciones en la concordancia de los sustantivos, determinantes, cuantificadores, adjetivos y pronombres. Por eso la Academia es tan reacia, por el momento, a aceptar el morfema e (elle, niñe…) para hablar de quienes no se identifican con ninguno de esos dos sexos.

Además, gramaticalmente el morfema e también es masculino en ciertos casos, como los aumentativos (grandote/grandota). Y una reflexión más: ¿Por qué elle y no elli o ellu? A esto se suma que aún no es un uso muy extendido y generalizado, a pesar de que cada vez más hablantes diferencian entre él, ella y elle.

Pero las lenguas naturales son entes vivos y están en constante cambio, y si ese uso acaba imponiéndose por consenso de todos los hablantes, la norma gramatical cambiará también, le pese a quien le pese.

Paciencia, pues, que arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Y por favor, Keep calm y no matemos a la mensajera.

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Opiniones 1
  • Hola. Una duda al respecto. A la hora de elegir un nombre, si no se identifica con hombre o mujer, ¿hay nombres que no sean femeninos ni masculinos? No me vale por ejemplo Noa y Noah, femenino y masculino respectivamente.

  • Comentarios cerrados.

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