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23 de septiembre 2016    /   BUSINESS
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fotografia  Tinseltown / Shutterstock.com

Mi profe se llama Dustin Hoffman

23 de septiembre 2016    /   BUSINESS     por        fotografia  Tinseltown / Shutterstock.com
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Recibir clases de actuación con Dustin Hoffman o Kevin Spacey, de fotografía con Anne Leibovitz, aprender a cantar con Cristina Aguilera, dar forma a una novela con el asesoramiento de James Patterson, mejorar tu revés con Serena Williams… Hace unos meses, MasterClass.com ponía en marcha sus clases online con su nómina de profesores estrella como principal carta de presentación. Por 90 dólares, cualquier persona con conexión a internet puede convertirse en alumno de esta plataforma educativa con sede en San Francisco.

A sus fundadores, Aaron Rasmussen y David Rogier, no les importa recurrir al trasnochado término de la «democratización» cuando se refieren a lo que MasterClass.com ha venido a aportar al mundo de la formación. «La historia cuenta con numerosos ejemplos de maestros que quisieron compartir su saber con sus discípulos», declaraba Rasmussen a TechCrunch. «Solía tratarse de uno, dos o un pequeño puñado de alumnos y en la mayoría de los casos, estos eran elegidos bien por su estatus social o conexiones políticas».

Una noche, Rasmussen y Rogier vivieron una situación que, a su modo de ver, podía compararse con la que aquellos prosélitos de filósofos y demás sabios de la antigüedad experimentaban en cada sesión a cargo de su maestro. Fue durante una cena con amigos en la que entre los presentes se encontraba el pionero de la informática Alan Kay. Los futuros cofundadores de MasterClass.com asistieron, junto a un reducidísimo número de personas, a una improvisada clase magistral de Kay. «Fue de esas charlas que te cambian la perspectiva».

La velada dejó a Rasmussen y Rogier ávidos de nuevos «momentos de enseñanza» como aquel, con profesionales de experiencia cualificada en otras áreas. Que la hija de Rogier fuese amiga de la de Dustin Hoffman les llevó a plantearse la posibilidad de proponer al actor que impartiera una lección sobre actuación. A las pocas semanas, Hoffman se ponía bajo las órdenes del director Jay Roach para grabar una clase para MasterClass.com.

En la plataforma, es el propio instructor el encargado de diseñar el currículum del curso que cuenta con un clase teórica en vídeo (de 2 a 5 horas de duración), un libro descargable con resúmenes de las clases y ejercicios prácticos, la posibilidad de subir los trabajos propios para darlos a conocer al resto de la comunidad y herramientas específicas de cada materia (por ejemplo, en el curso que imparte Cristina Aguilera se incluye un medidor con el que el alumno puede conocer su rango vocal).

También existe la posibilidad de consultar las dudas con el profesor aunque siempre será este el que seleccione las preguntas que va a contestar («las que considera que pueden ser más útiles») y grabará las respuestas para que cualquier alumno tenga acceso a ellas. En el programa, además, hay cabida para otras iniciativas como la que puso en marcha el escritor James Patterson y que consistió en una competición para elegir al coautor de su próximo libro entre sus estudiantes.

Ni Ramussen ni Rogier se muestran partidarios de hablar demasiado sobre los estudiantes inscritos en las clases de su plataforma, en la que a día de hoy trabajan 22 empleados y que recientemente daba por finalizada una segunda ronda de financiación en la que consiguió recaudar 15 millones de dólares procedentes de diversos inversores. Los compañeros de TechCruch sólo consiguieron sonsacarles que el número de usuarios registrados en la actualidad es «sustancialmente superior» a los 30.000 que la compañía decía tener el pasado mes de septiembre. En cuanto a los próximos cursos, los fundadores esperan filmar entre 10 y 15 clases magistrales más en 2016, aunque alguna de ellas es posible que se «estrenen» ya el próximo año.

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A sus fundadores, Aaron Rasmussen y David Rogier, no les importa recurrir al trasnochado término de la «democratización» cuando se refieren a lo que MasterClass.com ha venido a aportar al mundo de la formación. «La historia cuenta con numerosos ejemplos de maestros que quisieron compartir su saber con sus discípulos», declaraba Rasmussen a TechCrunch. «Solía tratarse de uno, dos o un pequeño puñado de alumnos y en la mayoría de los casos, estos eran elegidos bien por su estatus social o conexiones políticas».

Una noche, Rasmussen y Rogier vivieron una situación que, a su modo de ver, podía compararse con la que aquellos prosélitos de filósofos y demás sabios de la antigüedad experimentaban en cada sesión a cargo de su maestro. Fue durante una cena con amigos en la que entre los presentes se encontraba el pionero de la informática Alan Kay. Los futuros cofundadores de MasterClass.com asistieron, junto a un reducidísimo número de personas, a una improvisada clase magistral de Kay. «Fue de esas charlas que te cambian la perspectiva».

La velada dejó a Rasmussen y Rogier ávidos de nuevos «momentos de enseñanza» como aquel, con profesionales de experiencia cualificada en otras áreas. Que la hija de Rogier fuese amiga de la de Dustin Hoffman les llevó a plantearse la posibilidad de proponer al actor que impartiera una lección sobre actuación. A las pocas semanas, Hoffman se ponía bajo las órdenes del director Jay Roach para grabar una clase para MasterClass.com.

En la plataforma, es el propio instructor el encargado de diseñar el currículum del curso que cuenta con un clase teórica en vídeo (de 2 a 5 horas de duración), un libro descargable con resúmenes de las clases y ejercicios prácticos, la posibilidad de subir los trabajos propios para darlos a conocer al resto de la comunidad y herramientas específicas de cada materia (por ejemplo, en el curso que imparte Cristina Aguilera se incluye un medidor con el que el alumno puede conocer su rango vocal).

También existe la posibilidad de consultar las dudas con el profesor aunque siempre será este el que seleccione las preguntas que va a contestar («las que considera que pueden ser más útiles») y grabará las respuestas para que cualquier alumno tenga acceso a ellas. En el programa, además, hay cabida para otras iniciativas como la que puso en marcha el escritor James Patterson y que consistió en una competición para elegir al coautor de su próximo libro entre sus estudiantes.

Ni Ramussen ni Rogier se muestran partidarios de hablar demasiado sobre los estudiantes inscritos en las clases de su plataforma, en la que a día de hoy trabajan 22 empleados y que recientemente daba por finalizada una segunda ronda de financiación en la que consiguió recaudar 15 millones de dólares procedentes de diversos inversores. Los compañeros de TechCruch sólo consiguieron sonsacarles que el número de usuarios registrados en la actualidad es «sustancialmente superior» a los 30.000 que la compañía decía tener el pasado mes de septiembre. En cuanto a los próximos cursos, los fundadores esperan filmar entre 10 y 15 clases magistrales más en 2016, aunque alguna de ellas es posible que se «estrenen» ya el próximo año.

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Opiniones 1
  • Pues la verdad que suena genial, por un momento pensé que contaría la experiencia de una persona privilegiada, esa página se ve increíble.

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