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29 de noviembre 2013    /   CINE/TV
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¿Puedes describir un orgasmo?

29 de noviembre 2013    /   CINE/TV     por          
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Masters of sex habla de sexo, muestra desnudos y hay sexo de bajo voltaje, pero todo esto es una excusa para hablar de los hombres y las mujeres a finales de los 50. Una época que parece lejana… sin embargo, nosotros no somos muy diferentes de nuestros abuelos.

(Lee sin miedo, no hay espóilers).

El sexo a finales de los años 50

Estamos en 1956. El sexo es un tema tabú. Sigue vigente el código Hays que censura el cine y considera inmoral el desnudo o semidesnudo por “su efecto sobre el espectador medio”. En este contexto, la sociedad considera que la homosexualidad y las relaciones interraciales son conductas depravadas.

A pesar del ambiente moralista y la oposición de sus colegas científicos, el Dr. William Masters está decidido a “entrar en territorio inexplorado para ayudar a mujeres decepcionadas, confusas, incluso torturadas por el sexo”. Para ello, el Dr. Masters, con la ayuda incondicional de Virginia Johnson, monitoriza las reacciones del cuerpo ante la masturbación y el coito.

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Masters of sex basada en un libro del mismo nombre escrito por Thomas Maier, ficciona la vida de Masters y Johnson, los trabajos que realizaron y sus aportaciones a la ciencia. En esta serie vemos a hombres y mujeres que se masturban “por la ciencia”, hombres y mujeres que no se conocen y mantienen voluntariamente relaciones sexuales “por la ciencia”, prostitutas que saben más del sexo que científicos y amas de casa cuyo objetivo en la vida es tener hijos.

Las mujeres de Masters of Sex

Llama la atención que Master of Sex tenga mujeres como sacadas de un catálogo de deseos masculinos: la enfermera, la prostituta, el ama de casa insatisfecha, la artista de cabaret… (Es inevitable, porque fueron los escenarios reales del Dr. Masters). Pero estos personajes no actúan como estereotipos sexuales. Cada mujer muestra su insatisfacción vital: hacen y son lo que no quieren; unas ponen remedio y otras se resignan. Así hay mujeres que desean hijos y mujeres que ven la maternidad como una carga, una obligación social o un «regalo» para el esposo.

Virginia sabe lo que quiere

Virginia Johnson, artista retirada con treinta y tantos, con dos divorcios a cuestas —mal visto por la sociedad— y dos hijos, sí sabe lo que quiere, y lo hace:

“Quiero un título”, dice Virginia.

“Cuando yo tenía tu edad, pensaba que mis hijos eran lo más importante”, dice la secretaria de admisiones de matrículas.

Pero Virginia es una adelantada a la época. Considera posible el sexo sin amor, por simple placer, como haría un hombre. Virginia no busca marido porque se vale sola, y no tiene reparos en hablar de sexo. Por eso, mientras que el Dr. Masters recurre a prostitutas para los experimentos, Virginia consigue a “gente normal”, a la que convence para participar “en nombre de la ciencia”.

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La sociedad de Masters of Sex vs. Mad Men

A estas alturas, comprendemos que las investigaciones sobre el sexo son una excusa para Masters of sex, igual que la publicidad para Mad Men. Ambas series, que comparten una estética y un momento en la historia (finales de los 50 al comienzo de Mad Men), pretenden reflejar las relaciones entre los hombres y las mujeres de entonces.

La sociedad de Mad Men está «podrida»; la sociedad de Masters of Sex está asustada.

En cierto modo, Masters of sex funciona como antítesis de Mad Men en cuanto a cómo están concebidas las relaciones humanas. Mad Men no pone esperanzas en las personasMaster o Sex, por el contrario, se mueve con la energía de William Masters, que ve en la Ciencia la clave para la felicidad.

La sociedad de Mad Men está «podrida»; la sociedad de Masters of Sex está asustada. Estos conceptos se traducen en el estilo. Aunque Masters of Sex tiene momentos de drama y violencia, ofrece un entretenimiento ligero —que no tonto—, que se adecua a las pretensiones del Dr. Masters: que el sexo sea visto como algo natural.

Seguimos acarreando mitos

Entre sonrisas, nos damos cuenta de que aún cargamos con mitos sobre el sexo. Y aunque las mujeres de ahora no son como las de antes, las relaciones entre los sexos se rigen por algunos códigos casi ancestrales. Todavía se habla de “mujeres fáciles”, “hacerlo en la primera cita está mal visto”, “las mujeres solo tienen sexo por amor”…

El sexo está entre las necesidades básicas, en el primer peldaño de la pirámide de Maslow junto a la comida y el agua, pero nos avergonzamos de expresar lo que queremos o lo que hacemos o necesitamos.

Los hombres no hablan de problemas sexuales, aunque hace años Pelé animó a hacerlo; las reuniones de tuppersex dan lugar a risas de colegialas entre mujeres adultas; y jóvenes con educación secundaria preguntan en los foros cómo evitar el embarazo en la primera cita. Si lo haces de pie no te quedas embarazada; si al acabar das saltitos, no te quedas embarazada; si te lavas inmediatamente, no te quedas embarazada… Responden otras.

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Masters of sex habla de sexo, muestra desnudos y hay sexo de bajo voltaje, pero todo esto es una excusa para hablar de los hombres y las mujeres a finales de los 50. Una época que parece lejana… sin embargo, nosotros no somos muy diferentes de nuestros abuelos.

(Lee sin miedo, no hay espóilers).

El sexo a finales de los años 50

Estamos en 1956. El sexo es un tema tabú. Sigue vigente el código Hays que censura el cine y considera inmoral el desnudo o semidesnudo por “su efecto sobre el espectador medio”. En este contexto, la sociedad considera que la homosexualidad y las relaciones interraciales son conductas depravadas.

A pesar del ambiente moralista y la oposición de sus colegas científicos, el Dr. William Masters está decidido a “entrar en territorio inexplorado para ayudar a mujeres decepcionadas, confusas, incluso torturadas por el sexo”. Para ello, el Dr. Masters, con la ayuda incondicional de Virginia Johnson, monitoriza las reacciones del cuerpo ante la masturbación y el coito.

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Masters of sex basada en un libro del mismo nombre escrito por Thomas Maier, ficciona la vida de Masters y Johnson, los trabajos que realizaron y sus aportaciones a la ciencia. En esta serie vemos a hombres y mujeres que se masturban “por la ciencia”, hombres y mujeres que no se conocen y mantienen voluntariamente relaciones sexuales “por la ciencia”, prostitutas que saben más del sexo que científicos y amas de casa cuyo objetivo en la vida es tener hijos.

Las mujeres de Masters of Sex

Llama la atención que Master of Sex tenga mujeres como sacadas de un catálogo de deseos masculinos: la enfermera, la prostituta, el ama de casa insatisfecha, la artista de cabaret… (Es inevitable, porque fueron los escenarios reales del Dr. Masters). Pero estos personajes no actúan como estereotipos sexuales. Cada mujer muestra su insatisfacción vital: hacen y son lo que no quieren; unas ponen remedio y otras se resignan. Así hay mujeres que desean hijos y mujeres que ven la maternidad como una carga, una obligación social o un «regalo» para el esposo.

Virginia sabe lo que quiere

Virginia Johnson, artista retirada con treinta y tantos, con dos divorcios a cuestas —mal visto por la sociedad— y dos hijos, sí sabe lo que quiere, y lo hace:

“Quiero un título”, dice Virginia.

“Cuando yo tenía tu edad, pensaba que mis hijos eran lo más importante”, dice la secretaria de admisiones de matrículas.

Pero Virginia es una adelantada a la época. Considera posible el sexo sin amor, por simple placer, como haría un hombre. Virginia no busca marido porque se vale sola, y no tiene reparos en hablar de sexo. Por eso, mientras que el Dr. Masters recurre a prostitutas para los experimentos, Virginia consigue a “gente normal”, a la que convence para participar “en nombre de la ciencia”.

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La sociedad de Masters of Sex vs. Mad Men

A estas alturas, comprendemos que las investigaciones sobre el sexo son una excusa para Masters of sex, igual que la publicidad para Mad Men. Ambas series, que comparten una estética y un momento en la historia (finales de los 50 al comienzo de Mad Men), pretenden reflejar las relaciones entre los hombres y las mujeres de entonces.

La sociedad de Mad Men está «podrida»; la sociedad de Masters of Sex está asustada.

En cierto modo, Masters of sex funciona como antítesis de Mad Men en cuanto a cómo están concebidas las relaciones humanas. Mad Men no pone esperanzas en las personasMaster o Sex, por el contrario, se mueve con la energía de William Masters, que ve en la Ciencia la clave para la felicidad.

La sociedad de Mad Men está «podrida»; la sociedad de Masters of Sex está asustada. Estos conceptos se traducen en el estilo. Aunque Masters of Sex tiene momentos de drama y violencia, ofrece un entretenimiento ligero —que no tonto—, que se adecua a las pretensiones del Dr. Masters: que el sexo sea visto como algo natural.

Seguimos acarreando mitos

Entre sonrisas, nos damos cuenta de que aún cargamos con mitos sobre el sexo. Y aunque las mujeres de ahora no son como las de antes, las relaciones entre los sexos se rigen por algunos códigos casi ancestrales. Todavía se habla de “mujeres fáciles”, “hacerlo en la primera cita está mal visto”, “las mujeres solo tienen sexo por amor”…

El sexo está entre las necesidades básicas, en el primer peldaño de la pirámide de Maslow junto a la comida y el agua, pero nos avergonzamos de expresar lo que queremos o lo que hacemos o necesitamos.

Los hombres no hablan de problemas sexuales, aunque hace años Pelé animó a hacerlo; las reuniones de tuppersex dan lugar a risas de colegialas entre mujeres adultas; y jóvenes con educación secundaria preguntan en los foros cómo evitar el embarazo en la primera cita. Si lo haces de pie no te quedas embarazada; si al acabar das saltitos, no te quedas embarazada; si te lavas inmediatamente, no te quedas embarazada… Responden otras.

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