5 de octubre 2012    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Las matemáticas de Dios no son exactas

5 de octubre 2012    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

La muerte nunca toca a la puerta a la hora exacta. “Llegue cuando llegue nunca la asimilamos. No la admitimos. A veces la negamos tanto que se producen situaciones cómicas”. Esas son sus palabras. Pero Rocío Verdejo lo expresa con más luz, más color y más matices en su serie de fotografías Las matemáticas de Dios no son exactas.

La cultura occidental no sabe encajar la muerte. La niega como si con el rechazo pudiera evitarla. Pero, cualquier día, aparece. Y se lleva lo que quiere. Los espacios quedan entonces aplastados. Las personas, alrededor, quedan en una especie de lugar sin sentido, incomprensible, donde la ausencia descoloca el sentido del mundo que existía hasta entonces.

Verdejo reunió sus recuerdos sobre la muerte. Pensó en las escenas y situaciones vividas cuando algún familiar desapareció. Las pintó en su mente. Lo hizo durante un año. Al año siguiente hizo la producción, junto a un equipo que la ayudó en el maquillaje, atrezzo y el resto de detalles. Después hizo las fotos y, después, la posproducción.

Dos años en total para llenar de todo tipo de luces y sensaciones ocho imágenes que cuentan “recuerdos relacionados con muertes en mi familia”, explica la granadina. “Son interpretaciones de historias reales de mi familia. Los personajes interpretan a personas reales y todo recrea situaciones reales. El vestido de novia de la foto In articulo mortis, por ejemplo, es una copia del traje que utilizó mi abuela”.

En estas matemáticas de Dios los vivos y los muertos funcionan como el 0 y el 1 en el sistema binario. Unos no existen sin los otros. A veces es su ausencia, precisamente, la mayor presencia del escenario.

Las imágenes parten de una fotografía pero el acabado es definitivamente pictórico. “Mis influencias vienen de la pintura. Miro la luz desde la pintura. Por eso el resultado es muy pictorialista. En la exposición en el MUPAM de Málaga me decían que eran cuadros”, explica la artista.

Lo hace así porque dice que no sabe pintar. La foto sustituye el trazo manual. Pero las líneas que captan la cámara no son más que el comienzo del lienzo. “Es más fácil que hable la cámara que pintar”, especifica. Después todo transcurre como si fuera una pintura.

Rocío Verdejo trata cada imagen como si quisiera “congelar el momento”. “Bebo más del cine que de otras fuentes. Las imágenes resumen una historia entera. Son como un fotograma de una película”.

Detrás de cada fotografía hay cientos de horas. Todo está pensado y estudiado al detalle. “Todo está construido desde cero. No hay nada de improvisación. Trabajamos sobre un story como si fuera un rodaje”, apunta la creativa publicitaria. “En cada shooting ves la foto en vivo. Es muy interesante ver que las personas que están posando entren dentro de tu universo”.

Dice Verdejo que “lo más revelador de esta serie ha sido la luz”. Es su mayor descubrimiento después de dos años investigando las matemáticas de Dios. “Era muy importante conseguir esa densidad de la luz. Las historias necesitan que la luz pese. He conseguido esa atmósfera que combina un punto cómico y un punto de solemnidad. En la imagen Merienda post mortem, por ejemplo, cada personaje tiene su propia luz”.

Como dice Juan Francisco Rueda en la presentación de la obra, la última serie fotográfica de Rocío Verdejo invita “a pensar que hay un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, lo comunicable y lo incomunicable dejan de percibirse como contradicciones”.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

La muerte nunca toca a la puerta a la hora exacta. “Llegue cuando llegue nunca la asimilamos. No la admitimos. A veces la negamos tanto que se producen situaciones cómicas”. Esas son sus palabras. Pero Rocío Verdejo lo expresa con más luz, más color y más matices en su serie de fotografías Las matemáticas de Dios no son exactas.

La cultura occidental no sabe encajar la muerte. La niega como si con el rechazo pudiera evitarla. Pero, cualquier día, aparece. Y se lleva lo que quiere. Los espacios quedan entonces aplastados. Las personas, alrededor, quedan en una especie de lugar sin sentido, incomprensible, donde la ausencia descoloca el sentido del mundo que existía hasta entonces.

Verdejo reunió sus recuerdos sobre la muerte. Pensó en las escenas y situaciones vividas cuando algún familiar desapareció. Las pintó en su mente. Lo hizo durante un año. Al año siguiente hizo la producción, junto a un equipo que la ayudó en el maquillaje, atrezzo y el resto de detalles. Después hizo las fotos y, después, la posproducción.

Dos años en total para llenar de todo tipo de luces y sensaciones ocho imágenes que cuentan “recuerdos relacionados con muertes en mi familia”, explica la granadina. “Son interpretaciones de historias reales de mi familia. Los personajes interpretan a personas reales y todo recrea situaciones reales. El vestido de novia de la foto In articulo mortis, por ejemplo, es una copia del traje que utilizó mi abuela”.

En estas matemáticas de Dios los vivos y los muertos funcionan como el 0 y el 1 en el sistema binario. Unos no existen sin los otros. A veces es su ausencia, precisamente, la mayor presencia del escenario.

Las imágenes parten de una fotografía pero el acabado es definitivamente pictórico. “Mis influencias vienen de la pintura. Miro la luz desde la pintura. Por eso el resultado es muy pictorialista. En la exposición en el MUPAM de Málaga me decían que eran cuadros”, explica la artista.

Lo hace así porque dice que no sabe pintar. La foto sustituye el trazo manual. Pero las líneas que captan la cámara no son más que el comienzo del lienzo. “Es más fácil que hable la cámara que pintar”, especifica. Después todo transcurre como si fuera una pintura.

Rocío Verdejo trata cada imagen como si quisiera “congelar el momento”. “Bebo más del cine que de otras fuentes. Las imágenes resumen una historia entera. Son como un fotograma de una película”.

Detrás de cada fotografía hay cientos de horas. Todo está pensado y estudiado al detalle. “Todo está construido desde cero. No hay nada de improvisación. Trabajamos sobre un story como si fuera un rodaje”, apunta la creativa publicitaria. “En cada shooting ves la foto en vivo. Es muy interesante ver que las personas que están posando entren dentro de tu universo”.

Dice Verdejo que “lo más revelador de esta serie ha sido la luz”. Es su mayor descubrimiento después de dos años investigando las matemáticas de Dios. “Era muy importante conseguir esa densidad de la luz. Las historias necesitan que la luz pese. He conseguido esa atmósfera que combina un punto cómico y un punto de solemnidad. En la imagen Merienda post mortem, por ejemplo, cada personaje tiene su propia luz”.

Como dice Juan Francisco Rueda en la presentación de la obra, la última serie fotográfica de Rocío Verdejo invita “a pensar que hay un cierto punto del espíritu donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, lo comunicable y lo incomunicable dejan de percibirse como contradicciones”.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista de Back to haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
"El tiempo pone a cada uno en su lugar y si haces SEO, un poco más arriba"
El Spotify de la España premoderna
Los que escriben bien también tienen deslices
Un videojuego para celebrar los 10 años de La Pegatina
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Comentarios cerrados.