31 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD
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Mateo Maté actualiza la belleza clásica en estatuas con michelines y carnes caídas

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Harto del canon de belleza hegemónico en Occidente desde la época griega y romana, el artista Mateo Maté ha decidido rebelarse contra él. Para ello ha creado Canon, una exposición en la sala Alcalá 31 de Madrid, con nuevas versiones de esculturas clásicas como la Venus de Milo, la de Esquilino, el Torso Belvedere, el Spinario o el Discóbolo.

La novedad es que, gracias a Maté, esas estatuas originalmente perfectas ahora tienen michelines, las carnes caídas, están embarazadas o son transexuales. Por primera vez, los dioses griegos tienen una verdadera apariencia humana.

«Aunque se ha intentado romper el canon a lo largo del siglo XX, incluso destrozando de forma efectiva las figuras, lo cierto es que sigue vigente a través de la publicidad y del deseo que generan las marcas», explica Mateo Maté. «Si nos fijamos en la imagen de persona ideal actual, sería un hombre guapo, alto, rico, joven… Algo inalcanzable para la mayoría de las personas o solo alcanzable en un periodo de tiempo muy corto. Por tanto, ese canon es irreal».

‘Canon’ es una palabra de origen griego que significaba ‘caña graduada’ o ‘vara de medir’. Aunque se suele pensar que se refiere únicamente a las proporciones corporales o a la belleza, la definición de canon es mucho más amplia. Según el Diccionario, el término canon incluye normas religiosas, normas morales, formas de comportamiento, incluso un tipo de impuesto.

«Un canon es una normativa de comportamiento graduada. No es algo que establezca una sola persona, sino que lo hacen las sociedades. Todo poder, sea el que sea, desde el fascismo hasta nuestras supuestas democracias, incluso los socialismos, establecieron unos cánones estéticos muy semejantes. Esto demuestra que el canon es un vehículo de transmisión de normas morales y de comportamiento. Por eso es deber de los artistas y la gente común rebelarse para luchar contra él».

En su lucha contra esa normalización de la diversidad humana, Mateo Maté decidió tomar esas figuras inmutables y cambiar su sexo o su aspecto físico para que se parecieran más a la vida real.

«En el mundo del arte ha habido otras propuestas estéticas en las que la figura humana ya no se representaba como en la época clásica. Sin embargo, lo que me parecía importante era generar imágenes que se solapasen a las preexistentes. De esta forma, cuando el visitante vea estas nuevas figuras, ya no podrá ver las originales con ojos limpios. A partir de ahora se acordará de que había una gorda, una embarazada, un negro…».

Mateo Maté explica cómo a lo largo de la historia ha habido ciertas representaciones del cuerpo humano que se ha evitado mostrar. Por ejemplo, los desnudos masculinos a partir de una cierta edad o las embarazadas.

«Se considera que los jóvenes sí pueden enseñar su cuerpo, pero la edad adulta o la vejez está oculta. Los hombres jóvenes eran guerreros o deportistas mientras que los ancianos eran próceres de la patria togados, es decir, vestidos. Lo de la mujer embarazada es aún más grave porque, tanto en la Grecia clásica como en la actualidad, las embarazadas no aparecen. Incluso en la publicidad se ha mantenido la imagen griega de la mujer. Una persona de clase aristocrática, no trabajadora, joven, entrada en carnes que, cuando iba a ser madre, desaparecía del imaginario de representación».


Incluso esos desnudos juveniles que mencionaba Maté, también habrían sufrido el tamiz del canon o, en otras palabras, de la censura.

«En la exposición hay un varón que, por ejemplo, tiene un pene normal. Eso en una figura clásica griega resulta casi pornográfico. Las esculturas griegas suelen tener cuerpo de adulto y pene de niño porque se intentaba transmitir una supremacía moral en la que el sexo no tenía importancia. El pene normal se lo ponían a los bárbaros, pero una persona blanca y europea de la época era un ser ideal en la que el sexo no contaba».

Para desarrollar su propuesta, Mateo Maté recurrió a un elemento que logra que su discurso resulte aún más contundente y crítico. Sus obras han sido realizadas con los moldes que se guardan en la Real Academia de San Fernando de Bellas Artes de Madrid, algunos de los cuales fueron adquiridos por Velázquez en uno de sus viajes a Italia.

«La Academia es, por decirlo de alguna manera, donde se guardaba el código genético de esta normativa. Es ahí donde he ido a buscar el origen para cambiarlo. He trabajado las figuras con los moldes originales que estaban en los talleres de vaciado, mezclando piezas y cambiando unas por otras. La idea era modificar el canon en el mismo origen, porque es de ahí de donde han salido las figuras que los artistas han copiado en las academias y escuelas de arte durante los siglos XVIII, XIX y XX».

La exposición Canon de Mateo Maté en Alcalá 31 es un torpedo dirigido a la línea de flotación de la sociedad actual. Una propuesta que rebasa la provocación para zambullirse en lo subversivo.

«El Capitalismo nos ha imbuido en un parque temático de felicidad en el que lo que es doloroso está excluido. De esta forma, la vejez y la muerte desaparecen de nuestras sociedades y eso va calando en disciplinas como la publicidad o el cine, en las que las mujeres a cierta edad ya no tienen cabida. Por eso, la labor de los artistas, de algunos artistas, es mostrar esas normativas que nos atraviesan y que ni siquiera sabemos que convivimos con ellas. Eso es lo que hace que añadir tan solo veinte gramos de escayola a una escultura resulte tan chocante e incluso subversivo».

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Harto del canon de belleza hegemónico en Occidente desde la época griega y romana, el artista Mateo Maté ha decidido rebelarse contra él. Para ello ha creado Canon, una exposición en la sala Alcalá 31 de Madrid, con nuevas versiones de esculturas clásicas como la Venus de Milo, la de Esquilino, el Torso Belvedere, el Spinario o el Discóbolo.

La novedad es que, gracias a Maté, esas estatuas originalmente perfectas ahora tienen michelines, las carnes caídas, están embarazadas o son transexuales. Por primera vez, los dioses griegos tienen una verdadera apariencia humana.

«Aunque se ha intentado romper el canon a lo largo del siglo XX, incluso destrozando de forma efectiva las figuras, lo cierto es que sigue vigente a través de la publicidad y del deseo que generan las marcas», explica Mateo Maté. «Si nos fijamos en la imagen de persona ideal actual, sería un hombre guapo, alto, rico, joven… Algo inalcanzable para la mayoría de las personas o solo alcanzable en un periodo de tiempo muy corto. Por tanto, ese canon es irreal».

‘Canon’ es una palabra de origen griego que significaba ‘caña graduada’ o ‘vara de medir’. Aunque se suele pensar que se refiere únicamente a las proporciones corporales o a la belleza, la definición de canon es mucho más amplia. Según el Diccionario, el término canon incluye normas religiosas, normas morales, formas de comportamiento, incluso un tipo de impuesto.

«Un canon es una normativa de comportamiento graduada. No es algo que establezca una sola persona, sino que lo hacen las sociedades. Todo poder, sea el que sea, desde el fascismo hasta nuestras supuestas democracias, incluso los socialismos, establecieron unos cánones estéticos muy semejantes. Esto demuestra que el canon es un vehículo de transmisión de normas morales y de comportamiento. Por eso es deber de los artistas y la gente común rebelarse para luchar contra él».

En su lucha contra esa normalización de la diversidad humana, Mateo Maté decidió tomar esas figuras inmutables y cambiar su sexo o su aspecto físico para que se parecieran más a la vida real.

«En el mundo del arte ha habido otras propuestas estéticas en las que la figura humana ya no se representaba como en la época clásica. Sin embargo, lo que me parecía importante era generar imágenes que se solapasen a las preexistentes. De esta forma, cuando el visitante vea estas nuevas figuras, ya no podrá ver las originales con ojos limpios. A partir de ahora se acordará de que había una gorda, una embarazada, un negro…».

Mateo Maté explica cómo a lo largo de la historia ha habido ciertas representaciones del cuerpo humano que se ha evitado mostrar. Por ejemplo, los desnudos masculinos a partir de una cierta edad o las embarazadas.

«Se considera que los jóvenes sí pueden enseñar su cuerpo, pero la edad adulta o la vejez está oculta. Los hombres jóvenes eran guerreros o deportistas mientras que los ancianos eran próceres de la patria togados, es decir, vestidos. Lo de la mujer embarazada es aún más grave porque, tanto en la Grecia clásica como en la actualidad, las embarazadas no aparecen. Incluso en la publicidad se ha mantenido la imagen griega de la mujer. Una persona de clase aristocrática, no trabajadora, joven, entrada en carnes que, cuando iba a ser madre, desaparecía del imaginario de representación».


Incluso esos desnudos juveniles que mencionaba Maté, también habrían sufrido el tamiz del canon o, en otras palabras, de la censura.

«En la exposición hay un varón que, por ejemplo, tiene un pene normal. Eso en una figura clásica griega resulta casi pornográfico. Las esculturas griegas suelen tener cuerpo de adulto y pene de niño porque se intentaba transmitir una supremacía moral en la que el sexo no tenía importancia. El pene normal se lo ponían a los bárbaros, pero una persona blanca y europea de la época era un ser ideal en la que el sexo no contaba».

Para desarrollar su propuesta, Mateo Maté recurrió a un elemento que logra que su discurso resulte aún más contundente y crítico. Sus obras han sido realizadas con los moldes que se guardan en la Real Academia de San Fernando de Bellas Artes de Madrid, algunos de los cuales fueron adquiridos por Velázquez en uno de sus viajes a Italia.

«La Academia es, por decirlo de alguna manera, donde se guardaba el código genético de esta normativa. Es ahí donde he ido a buscar el origen para cambiarlo. He trabajado las figuras con los moldes originales que estaban en los talleres de vaciado, mezclando piezas y cambiando unas por otras. La idea era modificar el canon en el mismo origen, porque es de ahí de donde han salido las figuras que los artistas han copiado en las academias y escuelas de arte durante los siglos XVIII, XIX y XX».

La exposición Canon de Mateo Maté en Alcalá 31 es un torpedo dirigido a la línea de flotación de la sociedad actual. Una propuesta que rebasa la provocación para zambullirse en lo subversivo.

«El Capitalismo nos ha imbuido en un parque temático de felicidad en el que lo que es doloroso está excluido. De esta forma, la vejez y la muerte desaparecen de nuestras sociedades y eso va calando en disciplinas como la publicidad o el cine, en las que las mujeres a cierta edad ya no tienen cabida. Por eso, la labor de los artistas, de algunos artistas, es mostrar esas normativas que nos atraviesan y que ni siquiera sabemos que convivimos con ellas. Eso es lo que hace que añadir tan solo veinte gramos de escayola a una escultura resulte tan chocante e incluso subversivo».

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