19 de julio 2022    /   CREATIVIDAD
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Ropa que crece y otras prendas para contrarrestar «el parasitismo» de la humanidad

19 de julio 2022    /   CREATIVIDAD     por          
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«La humanidad es un parásito de la tierra». El contundente sopapo en forma de aserción lo suelta Tim Dekkers. El joven diseñador neerlandés se graduó en la Escuela de Arte de Utrecht precisamente con un proyecto titulado The Parasitic Humanity.

Ahora este se expone en Manifestations: Natures and Worlds, una exposición de bioarte sobre el papel fundamental que juega y jugará la tecnología en todo lo concerniente a la supervivencia del planeta. La muestra nace de un festival que lleva su mismo nombre y llega al Disseny Hub de Barcelona de la mano de MATERFAD, Centro de Materiales de Barcelona, impulsado por FAD, Foment de les Arts i del Disseny

Las prendas de la colección The Parasitic Humanity creadas por Tim Dekkers están fabricadas a partir de piezas simétricas. Repetición y mimetismo con los que el artista trata de reflejar el control que la humanidad ejerce sobre su entorno. Frente a esto, las formas y líneas más abstractas del diseño representan a la propia naturaleza. 

Según el diseñador, «necesitamos el planeta para vivir, pero al mismo tiempo también lo destruimos», de ahí que defina nuestra relación con él  como parasitaria. Una forma de interactuar con nuestro entorno que genera belleza, pero que, como toda vinculación de este tipo, provoca problemas al organismo que hospeda al parásito.

«Estamos produciendo cada vez más materiales y productos que contribuyen a los problemas de contaminación. Tenemos una increíble necesidad de controlar todo lo que pasa en la Tierra. También las consecuencias negativas que generamos como humanos. El planeta está siendo afectado y sabemos que es por nuestra culpa. Y queremos evitar que esto suceda».

Su propuesta para concienciar sobre el problema pasa por la búsqueda de materiales capaces de crecer. Durante su investigación se encontró con dos que cumplían con esta característica: el alumbre y el poliuretano. Aunque sus efectos sobre el planeta son bien distintos.

«El alumbre es un material natural y, por tanto, fácilmente biodegradable. Al mezclar este material con agua, a medida que esta se enfría, la sal de alumbre se adhiere a la tela creando pequeños cristales que van profilerando a lo largo de la prenda como si brotasen». 

La belleza sería la parte positiva del vestido de alumbre, que cuenta como parte negativa con lo incómodo e incluso peligroso que resulta a quien lo lleva puesto, por lo pesado y afilado del tejido.

Por su parte, el poliuretano es un plástico que no se puede descomponer de forma natural. Esta sería la parte negativa de la prenda que, al igual que la anterior, también destaca por su belleza y por la capacidad de crecer de su tejido como lado positivo. «En su estado líquido, el poliuretano puede expandirse y crear formas que se asemejan a la de las setas y los hongos». 

TECNOLOGÍA PARA ASEGURAR EL FUTURO

Junto a Tim Dekkers, son tres más los artistas que exponen su obra en Manifestations: Natures and Worlds en el Disseny Hub de Barcelona hasta el próximo 31 de julio, evento enmarcado dentro del programa de la Barcelona Design Week y del evento ISEA 2022.

Maarjie Dijakstra es uno de los presentes en la muestra con su Entidades TranSwarm. Un traje escultórico construido con pequeños fragmentos que generan decenas de pequeñas cabezas de pájaros. Estos emulan la estructura celular de un organismo. Alrededor de este, unos drones hacen las veces de pájaro que tratan de aterrizar en el traje, como si fuera la nave madre.

Dijakstra creó la obra con un bolígrafo de impresión 3D durante más de 3.000 horas.

La chaqueta de algas bioluminiscentes es el diseño de Daniëlle Ooms. La diseñadora ha utilizado material biodegradable a base de manzana para la creación de su prenda. El resultado, un tejido similar al cuero pero sin ningún impacto nocivo para la naturaleza.

Un grupo de robots que forman una colmena de nuevos depredadores. Así explica Jip van Leeuwenstein su proyecto Un monocultivo diverso. Estos  depredadores tienen un fin: restablecer el equilibro de nuestro sistema. Su manera de hacerlo: devorando orugas.

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«La humanidad es un parásito de la tierra». El contundente sopapo en forma de aserción lo suelta Tim Dekkers. El joven diseñador neerlandés se graduó en la Escuela de Arte de Utrecht precisamente con un proyecto titulado The Parasitic Humanity.

Ahora este se expone en Manifestations: Natures and Worlds, una exposición de bioarte sobre el papel fundamental que juega y jugará la tecnología en todo lo concerniente a la supervivencia del planeta. La muestra nace de un festival que lleva su mismo nombre y llega al Disseny Hub de Barcelona de la mano de MATERFAD, Centro de Materiales de Barcelona, impulsado por FAD, Foment de les Arts i del Disseny

Las prendas de la colección The Parasitic Humanity creadas por Tim Dekkers están fabricadas a partir de piezas simétricas. Repetición y mimetismo con los que el artista trata de reflejar el control que la humanidad ejerce sobre su entorno. Frente a esto, las formas y líneas más abstractas del diseño representan a la propia naturaleza. 

Según el diseñador, «necesitamos el planeta para vivir, pero al mismo tiempo también lo destruimos», de ahí que defina nuestra relación con él  como parasitaria. Una forma de interactuar con nuestro entorno que genera belleza, pero que, como toda vinculación de este tipo, provoca problemas al organismo que hospeda al parásito.

«Estamos produciendo cada vez más materiales y productos que contribuyen a los problemas de contaminación. Tenemos una increíble necesidad de controlar todo lo que pasa en la Tierra. También las consecuencias negativas que generamos como humanos. El planeta está siendo afectado y sabemos que es por nuestra culpa. Y queremos evitar que esto suceda».

Su propuesta para concienciar sobre el problema pasa por la búsqueda de materiales capaces de crecer. Durante su investigación se encontró con dos que cumplían con esta característica: el alumbre y el poliuretano. Aunque sus efectos sobre el planeta son bien distintos.

«El alumbre es un material natural y, por tanto, fácilmente biodegradable. Al mezclar este material con agua, a medida que esta se enfría, la sal de alumbre se adhiere a la tela creando pequeños cristales que van profilerando a lo largo de la prenda como si brotasen». 

La belleza sería la parte positiva del vestido de alumbre, que cuenta como parte negativa con lo incómodo e incluso peligroso que resulta a quien lo lleva puesto, por lo pesado y afilado del tejido.

Por su parte, el poliuretano es un plástico que no se puede descomponer de forma natural. Esta sería la parte negativa de la prenda que, al igual que la anterior, también destaca por su belleza y por la capacidad de crecer de su tejido como lado positivo. «En su estado líquido, el poliuretano puede expandirse y crear formas que se asemejan a la de las setas y los hongos». 

TECNOLOGÍA PARA ASEGURAR EL FUTURO

Junto a Tim Dekkers, son tres más los artistas que exponen su obra en Manifestations: Natures and Worlds en el Disseny Hub de Barcelona hasta el próximo 31 de julio, evento enmarcado dentro del programa de la Barcelona Design Week y del evento ISEA 2022.

Maarjie Dijakstra es uno de los presentes en la muestra con su Entidades TranSwarm. Un traje escultórico construido con pequeños fragmentos que generan decenas de pequeñas cabezas de pájaros. Estos emulan la estructura celular de un organismo. Alrededor de este, unos drones hacen las veces de pájaro que tratan de aterrizar en el traje, como si fuera la nave madre.

Dijakstra creó la obra con un bolígrafo de impresión 3D durante más de 3.000 horas.

La chaqueta de algas bioluminiscentes es el diseño de Daniëlle Ooms. La diseñadora ha utilizado material biodegradable a base de manzana para la creación de su prenda. El resultado, un tejido similar al cuero pero sin ningún impacto nocivo para la naturaleza.

Un grupo de robots que forman una colmena de nuevos depredadores. Así explica Jip van Leeuwenstein su proyecto Un monocultivo diverso. Estos  depredadores tienen un fin: restablecer el equilibro de nuestro sistema. Su manera de hacerlo: devorando orugas.

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