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6 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD
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El metro de Nueva York es pura fauna

6 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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El pintor Matthew Grabelsky retrata a las personas que viajan cada día en el metro de Nueva York. Nada del otro mundo si no fuera porque él los pinta según los animales que le sugieren esos individuos en cada momento.

Un rinoceronte con su cría, un oso panda con su mamá, un tigre, un elefante, una pareja de perros son algunos de los personajes que aparecen en sus cuadros. Unas obras que posteriormente cuelga en Instagram o en galerías de arte como Thinkspace que, hasta el 26 de noviembre, acoge una exposición colectiva en la que están presentes algunos de sus trabajos.

«Estaba viviendo en París y regresé a ver a mi familia a Nueva York. Mientras viajaba en el metro se me ocurrió sacar una foto de una pareja bastante peculiar que estaba frente a mí. Cuando vi esa foto posteriormente en casa fue cuando se me ocurrió añadirle la cabeza de animal», recuerda Grabelsky.

Aunque fue ese momento el detonante para comenzar a pintar este tipo de cuadros, la tendencia de Matthew Grabelsky de animalizar a los humanos o humanización a los animales, se remonta a los recuerdos de su infancia y su pasión por las leyendas mitológicas.

«Me encantan los animales desde que era pequeño. Posiblemente sea porque mis padres me llevaban al zoo con frecuencia o porque me apasionaban los dioramas del Museo de Historia Natural de Nueva York. Además de eso, siempre me ha fascinado la mitología. Especialmente esos híbridos entre humanos y animales que están presentes en leyendas de todo el mundo».

Desde esa primera foto realizada en 2010 en el metro, Matthew Grabelsky no ha dejado de utilizar ese impactante recurso para sus cuadros en los que, además de su dimensión zoológica y mitológica, están presentes elementos sociológicos y psicoanalíticos.

«El metro es un lugar muy interesante. No solo porque es algo icónico sino porque podríamos decir que es el sistema circulatorio de Nueva York. Casi cualquier persona que vive en esta ciudad toma el metro en un momento u otro del día. De esta forma, el metro se ha convertido en el verdadero punto de encuentro de los neoyorquinos», explica Grabelsky. «Además, a todo eso se suma el hecho de que, en ocasiones, las cabezas o los atributos de animales suelen ser utilizados para revelar el subconsciente y ese es otro aspecto que también me interesó».


Las referencias al psicoanálisis y su toque surrealista pueden rastrearse en las influencias de este artista, que reconoce admirar a realizadores como Guillermo del Toro, Terry Gilliam y David Lynch. «Me encanta cómo son capaces de emplear la imaginería y los símbolos mitológicos para crear un arte que, aunque conceptualmente es claramente surrealista, en lo formal es muy realista», un hecho que, por otra parte, entronca con otras de sus influencias: los pintores realistas del XIX como Arnold Böcklin, John William Waterhouse o William Bouguereau.

Esta mezcla de surrealismo y realismo en la obra de Matthew Grabelsky ha sido muy bien valorada por los críticos, los coleccionistas e incluso por los seguidores de Instagram, red en la que supera los dieciséis mil seguidores.

«Es una gran suerte que haya sido así. Esa buena aceptación no solo me permite poder pintar aquello que me gusta, sino que me demuestra que lo que me gusta pintar conecta con la gente. Hay una amplia gama de personas a las que le gusta mi arte. Desde coleccionistas veteranos a gente que nunca ha ido a una galería de arte pero a la que les emocionan mis pinturas».


El buen recibimiento de sus cuadros ha permitido que Matthew Grabelsky abandone ese trabajo de campo que realizaba bajo tierra para buscar sus modelos y recurrir a amigos y familiares que están encantados de posar para él.

«Los hago posar como modelos y les tomo muchas fotografías que luego utilizo como referencia para hacer las pinturas. También tengo muchísimas imágenes del metro, la mayoría de las cuales están tomadas por la noche o de madrugada, para que las estaciones estén lo más vacías posibles. Esas fotos son las que utilizo para pintar los escenarios donde van a estar colocados los personajes. Luego hay que decidir qué cabeza de animal les coloco. Hay veces que tengo muy claro y en otras, es su forma de posar la que me inspira el animal que van a ser».

El pintor Matthew Grabelsky retrata a las personas que viajan cada día en el metro de Nueva York. Nada del otro mundo si no fuera porque él los pinta según los animales que le sugieren esos individuos en cada momento.

Un rinoceronte con su cría, un oso panda con su mamá, un tigre, un elefante, una pareja de perros son algunos de los personajes que aparecen en sus cuadros. Unas obras que posteriormente cuelga en Instagram o en galerías de arte como Thinkspace que, hasta el 26 de noviembre, acoge una exposición colectiva en la que están presentes algunos de sus trabajos.

«Estaba viviendo en París y regresé a ver a mi familia a Nueva York. Mientras viajaba en el metro se me ocurrió sacar una foto de una pareja bastante peculiar que estaba frente a mí. Cuando vi esa foto posteriormente en casa fue cuando se me ocurrió añadirle la cabeza de animal», recuerda Grabelsky.

Aunque fue ese momento el detonante para comenzar a pintar este tipo de cuadros, la tendencia de Matthew Grabelsky de animalizar a los humanos o humanización a los animales, se remonta a los recuerdos de su infancia y su pasión por las leyendas mitológicas.

«Me encantan los animales desde que era pequeño. Posiblemente sea porque mis padres me llevaban al zoo con frecuencia o porque me apasionaban los dioramas del Museo de Historia Natural de Nueva York. Además de eso, siempre me ha fascinado la mitología. Especialmente esos híbridos entre humanos y animales que están presentes en leyendas de todo el mundo».

Desde esa primera foto realizada en 2010 en el metro, Matthew Grabelsky no ha dejado de utilizar ese impactante recurso para sus cuadros en los que, además de su dimensión zoológica y mitológica, están presentes elementos sociológicos y psicoanalíticos.

«El metro es un lugar muy interesante. No solo porque es algo icónico sino porque podríamos decir que es el sistema circulatorio de Nueva York. Casi cualquier persona que vive en esta ciudad toma el metro en un momento u otro del día. De esta forma, el metro se ha convertido en el verdadero punto de encuentro de los neoyorquinos», explica Grabelsky. «Además, a todo eso se suma el hecho de que, en ocasiones, las cabezas o los atributos de animales suelen ser utilizados para revelar el subconsciente y ese es otro aspecto que también me interesó».


Las referencias al psicoanálisis y su toque surrealista pueden rastrearse en las influencias de este artista, que reconoce admirar a realizadores como Guillermo del Toro, Terry Gilliam y David Lynch. «Me encanta cómo son capaces de emplear la imaginería y los símbolos mitológicos para crear un arte que, aunque conceptualmente es claramente surrealista, en lo formal es muy realista», un hecho que, por otra parte, entronca con otras de sus influencias: los pintores realistas del XIX como Arnold Böcklin, John William Waterhouse o William Bouguereau.

Esta mezcla de surrealismo y realismo en la obra de Matthew Grabelsky ha sido muy bien valorada por los críticos, los coleccionistas e incluso por los seguidores de Instagram, red en la que supera los dieciséis mil seguidores.

«Es una gran suerte que haya sido así. Esa buena aceptación no solo me permite poder pintar aquello que me gusta, sino que me demuestra que lo que me gusta pintar conecta con la gente. Hay una amplia gama de personas a las que le gusta mi arte. Desde coleccionistas veteranos a gente que nunca ha ido a una galería de arte pero a la que les emocionan mis pinturas».


El buen recibimiento de sus cuadros ha permitido que Matthew Grabelsky abandone ese trabajo de campo que realizaba bajo tierra para buscar sus modelos y recurrir a amigos y familiares que están encantados de posar para él.

«Los hago posar como modelos y les tomo muchas fotografías que luego utilizo como referencia para hacer las pinturas. También tengo muchísimas imágenes del metro, la mayoría de las cuales están tomadas por la noche o de madrugada, para que las estaciones estén lo más vacías posibles. Esas fotos son las que utilizo para pintar los escenarios donde van a estar colocados los personajes. Luego hay que decidir qué cabeza de animal les coloco. Hay veces que tengo muy claro y en otras, es su forma de posar la que me inspira el animal que van a ser».

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