30 de septiembre 2015    /   CIENCIA
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Midámonos las pollas

30 de septiembre 2015    /   CIENCIA     por          
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Ahora que se ha retirado Nacho Vidal del porno definitivamente y tendremos que tirar de hemeroteca para comprobar cuánto ocupan realmente 25 centímetros de polla, ha llegado el momento, señores, de que sí, de que seamos honestos y de que una vez por todas nos midamos las pollas.
Uso este tiempo verbal del plural en el que me incluyo porque del tamaño de su polla, lo crean o no, también pende de un hilo mi vida sexual. No me digan que aún se creen eso de «me gustan todas»; no, claro que no, a cada una nos gusta que sea de un tamaño y un grosor determinado. Pero eso no quiere decir ni mucho menos que solo admitamos una talla. Solo faltaba. Medirse la polla es un acto que realizan todos los hombres desde que existen. No conozco a ni un solo tío que no tenga cogida su talla la tenga como la tenga. Si no saben el número de centímetros exactamente, al menos sí pueden elegir el tamaño de condón que les va mejor. Pero medirse la polla bien, lo que se dice medírsela correctamente, no conozco a ni uno.
Empecemos preguntando al poseedor de la verga si sabe cuánto mide su polla y apuntemos la cifra en un papel.

  • 17 centímetros.

Olé. Apuesta fuerte. El hombre con el que llevamos acostándonos años considera que él es de lo mejorcito que podemos cruzarnos si vivimos en España; si fuéramos congoleñas, la cosa se pondría más jodida. Si alguien está interesado en saber de antemano con lo que se va a encontrar antes de embarcar en un avión, solo tiene que echar un vistazo a  Targetmaps, quienes solventan cualquier duda sobre la media nacional de todo el planeta.
Madre mía, los venezolanos… ¡Slurp!
Consigamos ahora una erección perfecta. Ya saben los susceptibles que son los hombres con este tema y todos sabemos que cuando está morcillona no vale. ¿O es que nunca les han dicho eso de «no me la dejes morcillona; la que la empieza, la acaba»?
Y ahí entra la compañía.
La persona que reta, que se lo curre. Lame, soba, métete en la boca una y otra vez esa polla, agárrala con dos manos y haz que esté a punto de explotar. Hagamos de este juego una bacanal porque vamos a saber exactamente el tamaño de esa polla que tanto te gusta. Llevas demostrándole todo este tiempo que sus medidas son anecdóticas si, la tenga como la tenga, te lo pasas tan bien con ella.
Ahora, justo cuando la tiene pletórica, coge una regla. Todos los padres y madres que me estén leyendo lo tienen fácil; tienen una en la mochila de su hijo. Pónganla plana pegada a la tripa, justo donde arranca el pene, estiren el miembro lo que puedan (los que tienen mucha arcada hacia arriba o hacia abajo se lo tienen que currar más, pero pueden; se lo aseguro) y apunten.
¿Cómo? ¿La regla pegada a la tripa haciendo ángulo recto con el cuerpo y apoyada sobre el pene?
Sí, claro. Si en vez de una regla usan una escuadra, la medición será perfecta. No me digan que pensaban que la polla se medía desde abajo, el viejo truco de la mayoría para apuntarse un par de centímetros de más. «Se mide desde donde brota de los huevos. ¿O es que eso no te lo meto? No, querido, no. Esos tres centímetro no entran. Y lo de meter tripa tampoco vale; cada centímetro de grasa que sobresale de tu cuerpo me resta a mí un centímetro de polla dentro. Aquellos que efectivamente llegan a esos 17 centímetros de los que hablamos con más de una penetran almohada mediante. O se pone un tope o no hay manera de disfrutar con aquello.
Respiren. Respiremos todos.
Si a alguien le ha quedado alguna duda recomiendo que vea cualquiera de los tutoriales que hay en Youtube al respecto. Pocas cosas mejores que esta sexóloga recriminando que «a veces hacen trampitas».
No olviden añadir a la cifra el medio centímetro o centímetro de más que tienen todas las reglas; ninguna empieza en el 0, fíjense. Echémonos unas risas después de confirmar que no la tiene tan grande como él cree ni falta que hace.
13’58 centímetros de pene y un calibre de 12’9 es la media española. Ahora cada uno que supla sus carencias y explote sus virtudes. No es que no importe el tamaño y las queramos juguetonas; es que te queremos entregado a la causa, por muy enorme o diminuta que la tengas.

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Uso este tiempo verbal del plural en el que me incluyo porque del tamaño de su polla, lo crean o no, también pende de un hilo mi vida sexual. No me digan que aún se creen eso de «me gustan todas»; no, claro que no, a cada una nos gusta que sea de un tamaño y un grosor determinado. Pero eso no quiere decir ni mucho menos que solo admitamos una talla. Solo faltaba. Medirse la polla es un acto que realizan todos los hombres desde que existen. No conozco a ni un solo tío que no tenga cogida su talla la tenga como la tenga. Si no saben el número de centímetros exactamente, al menos sí pueden elegir el tamaño de condón que les va mejor. Pero medirse la polla bien, lo que se dice medírsela correctamente, no conozco a ni uno.
Empecemos preguntando al poseedor de la verga si sabe cuánto mide su polla y apuntemos la cifra en un papel.

  • 17 centímetros.

Olé. Apuesta fuerte. El hombre con el que llevamos acostándonos años considera que él es de lo mejorcito que podemos cruzarnos si vivimos en España; si fuéramos congoleñas, la cosa se pondría más jodida. Si alguien está interesado en saber de antemano con lo que se va a encontrar antes de embarcar en un avión, solo tiene que echar un vistazo a  Targetmaps, quienes solventan cualquier duda sobre la media nacional de todo el planeta.
Madre mía, los venezolanos… ¡Slurp!
Consigamos ahora una erección perfecta. Ya saben los susceptibles que son los hombres con este tema y todos sabemos que cuando está morcillona no vale. ¿O es que nunca les han dicho eso de «no me la dejes morcillona; la que la empieza, la acaba»?
Y ahí entra la compañía.
La persona que reta, que se lo curre. Lame, soba, métete en la boca una y otra vez esa polla, agárrala con dos manos y haz que esté a punto de explotar. Hagamos de este juego una bacanal porque vamos a saber exactamente el tamaño de esa polla que tanto te gusta. Llevas demostrándole todo este tiempo que sus medidas son anecdóticas si, la tenga como la tenga, te lo pasas tan bien con ella.
Ahora, justo cuando la tiene pletórica, coge una regla. Todos los padres y madres que me estén leyendo lo tienen fácil; tienen una en la mochila de su hijo. Pónganla plana pegada a la tripa, justo donde arranca el pene, estiren el miembro lo que puedan (los que tienen mucha arcada hacia arriba o hacia abajo se lo tienen que currar más, pero pueden; se lo aseguro) y apunten.
¿Cómo? ¿La regla pegada a la tripa haciendo ángulo recto con el cuerpo y apoyada sobre el pene?
Sí, claro. Si en vez de una regla usan una escuadra, la medición será perfecta. No me digan que pensaban que la polla se medía desde abajo, el viejo truco de la mayoría para apuntarse un par de centímetros de más. «Se mide desde donde brota de los huevos. ¿O es que eso no te lo meto? No, querido, no. Esos tres centímetro no entran. Y lo de meter tripa tampoco vale; cada centímetro de grasa que sobresale de tu cuerpo me resta a mí un centímetro de polla dentro. Aquellos que efectivamente llegan a esos 17 centímetros de los que hablamos con más de una penetran almohada mediante. O se pone un tope o no hay manera de disfrutar con aquello.
Respiren. Respiremos todos.
Si a alguien le ha quedado alguna duda recomiendo que vea cualquiera de los tutoriales que hay en Youtube al respecto. Pocas cosas mejores que esta sexóloga recriminando que «a veces hacen trampitas».
No olviden añadir a la cifra el medio centímetro o centímetro de más que tienen todas las reglas; ninguna empieza en el 0, fíjense. Echémonos unas risas después de confirmar que no la tiene tan grande como él cree ni falta que hace.
13’58 centímetros de pene y un calibre de 12’9 es la media española. Ahora cada uno que supla sus carencias y explote sus virtudes. No es que no importe el tamaño y las queramos juguetonas; es que te queremos entregado a la causa, por muy enorme o diminuta que la tengas.

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