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15 de septiembre 2013    /   CINE/TV
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Memecracia: la era de las ideas contagiosas

15 de septiembre 2013    /   CINE/TV     por          
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En los años finales del siglo XX ocurrió algo insólito. El mundo se convirtió en una bola donde podía rodar, en un solo segundo, una misma conversación. Los memes (ideas contagiosas que se difunden de persona a persona y evolucionan de forma impredecible y aleatoria, como el ‘relaxing cup of café con leche’, Harlem Shake o el ‘Ola K Ase’) encontraron la tierra perfecta para crecer: internet.

Hasta entonces, los medios de comunicación habían sido los amos de la conversación. Ellos filtraban la información y construían, cada día, la imagen del mundo. La multiplicación infinita de contenidos en la Red eclipsó el poder que les había dado su exclusividad y, desde ese momento, el planeta Tierra se convirtió en una Memecracia. Era, como describió Charles Dickens en Historia de dos ciudades (1859), “el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

La periodista Delia Rodríguez, redactora jefe de Huffington Post, lleva más de diez años escribiendo sobre internet, redes sociales y trending topics. Ha leído a decenas de estudiosos sobre el tema y, por el camino, ha acabado realizando una “investigación obsesiva” sobre los memes. La conclusión está escrita en Memecracia: Los virales que nos gobiernan, un libro donde explica el origen, el funcionamiento y la historia de estas “ideas contagiosas”.

meme

El meme es tan antiguo como la conversación misma. La humanidad evolucionó copiando y eso justamente es lo que hacen los memes: copiar ideas que se propagan entre los individuos sin ningún tipo de frontera ni en el espacio ni el tiempo.

El concepto nació en 1976. El zoólogo Richard Dawkins utilizó la palabra en su libro El gen egoísta para establecer una comparación entre los genes y la cultura.

Ambos, decía, pasan de una persona a otra mediante la copia. Aunque, para ser meme de internet, la idea tiene que ir cambiando y evolucionando por el camino. Si el contenido pasa intacto de un individuo a otro, es un viral.

Internet y la tecnología de la información hicieron del mundo un lugar absolutamente copiable. Los memes nunca lo habían tenido tan fácil. Y entonces comenzó la era de la emoción y el contagio. La época en la que, según la autora del blog Trending Topics, “todo se acelera cada vez más”. “Vivimos en un remolino en lo que más nos importa es lo más visto, lo que aporta más visitas”, explica.

En “este sistema de información social, político y económico”, los ciudadanos son “portavoces y transmisores automáticos” de memes. La información, como ocurrió siempre en la Historia, al final, se ve relativamente despojada de su veracidad o su toxicidad, para convertirse, según la periodista, en “una forma de mantener lazos con los demás”.

Las ideas contagiosas nos hacen pensar en los demás. Queremos compartirlas. Ya sea por ellos (agradarles) o por uno mismo (construir status). Los humanos, para Lieberman, somos “DJ de la información”. “Tomamos información del entorno y la volvemos a emitir pensando que le va a gustar a los demás”, especifica la autora. “La tendencia natural a compartir está muy exacerbada con la tecnología. No somos conscientes de lo importante que es esto. Las epidemias se extienden en un segundo. La cultura se ha globalizado y esto define a la memecracia”.

Las historias son las cadenas de relación entre los humanos y “un imán de atención”. Delia Rodríguez escribe, incluso, en su libro, que “nuestra relación con las historias es tan íntima que existe la posibilidad de que seamos el resultado de las narraciones que inventamos”.

[destacados align=»right»]Barack Obama y Esperanza Aguirre

Obama es el amo de la memética política. Nadie como su equipo domina la técnicas de la conversación en la Red para llevarla a su favor, aunque, como concluyeron tras la primera campaña del candidato: nunca se sabe con certeza qué puede funcionar; es mejor probar que especular; lo que al principio funciona, puede dejar de llamar la atención o lo estéticamente feo puede resultar muy llamativo. “Es muy conocido el Flickr de un fotógrafo que hace constantemente fotos al presidente. De ahí salen la mayoría de los memes. Todo está muy estudiado”, explica Delia Rodríguez. “Si hay que elegir un solo rey en la memecracia, la persona que mejor y de forma más consciente está manejando sus hilos, junto a su equipo, es el presidente de EEUU”.

Esperanza Aguirre es uno de los personajes que mejor domina el arte persuasivo de los memes en España. “Algunos políticos, como Aguirre, tienen una comprensión natural de los mecanismos del meme y lo utilizan”, escribe la autora. “Al fin y al cabo, la política, como la publicidad, es una de las disciplinas que ha refinado por su cuenta la práctica de la memética”. [/destacados]

La memecracia ha hecho la llamada realidad (lo que acontece en el mundo exterior) “más emotiva, más alterada, más pegajosa, más atractiva que la real porque la forman memes que han evolucionado para llamarnos la atención y ser transmitidos”, escribe la periodista. “Una sola historia indignante es más visible y poderosa que toda una realidad que tan solo sea triste. En lugar de debatir públicamente sobre la realidad, lo hacemos sobre su sustituta: una competición de memes exaltados”.

En la era en la que los periódicos, la radio y la TV dictaban cuál era la ‘realidad’, los memes estaban en sus manos. Los medios propagaron y grabaron en la memoria colectiva el “se siente, coño”, la foto de las Azores o el cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco. Pero los memes se escaparon de su poder. También los memes políticos dejaron de estar controlados por “medios, partidos y organizaciones a través de señuelos y seudoeventos: declaraciones pensadas para el telediario, fotos históricas, historias personales, vídeos oficiales”.

Entonces “los memes viajaban de arriba abajo, igual que en las sociedades tradicionales los padres decían a sus hijos lo que tenían que pensar”, escribe Rodríguez. “Este sistema ha desaparecido. No solo los memes –especialmente los premeditados– se han multiplicado, sino que la ‘actualidad’ contiene ahora memes que nacen abajo y llegan arriba. Hace años jamás se hubieran podido capturar, difundir y discutir vídeos amateurs como el de Atocha o el ‘que soy compañero, coño’ y hoy son habituales. Votaremos cargados con todos esos vídeos, imágenes e historias que sin internet jamás hubieran trascendido. Las ideas se transmiten ya en todas direcciones”.

Aunque esto no significa, necesariamente, que la economía de la atención sea ahora más democrática. Para la redactora jefe del Huffington Post, implica que “es más memecrática, porque son los memes más aptos, no los más verdaderos, los que nos dirigen. Es un sistema más rápido, más emocionante, más aleatorio, más incontrolable”.

cafe

Y, hoy, los medios de comunicación “se están transformando en medios de emoción”, de acuerdo con la autora de Trending Topics. En su libro, asegura que “no somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita, con la que alteramos y automedicamos. Los periodistas tampoco informamos, sino que nos dedicamos a filtrar, amplificar o frenar memes”.

La comunicación, en cierto modo, podría estar volviendo a sus orígenes. Lo dicen autores como Tom Standage (“los medios de comunicación de masas son una excentricidad en la historia de la humanidad”) o los pensadores que, como L.O. Sauerberg, hablan del paréntesis Gutenberg. “Muchos filósofos dicen que estamos volviendo a la cultura oral”, expone Delia Rodríguez. “Internet ha acabado con la cultura del sistema editorial y ha traído de nuevo la oralidad, la remezcla, lo colectivo… En las redes sociales, las personas están hablando con sus amigos. Son charlas escritas”.

Esas conversaciones están repletas de memes. Y “no son solo tonterías que nos pasamos unos a otros”, advierte la periodista. “Hemos de ser conscientes de nuestra responsabilidad al difundir memes”. La memecracia no es ni una utopía ni una distopía. Es un presente que se ha pintado en un futuro espeluznante en los seis capítulos de Black Mirror. En esa serie británica, escribe Rodríguez, “estamos entregados a una memecracia descontrolada por la tecnología”.

¿Qué debe tener tu meme para triunfar?

(Cuadro de Memecracia, los virales que nos gobiernan)

  • Contiene una historia
  • Esa historia trata alguno de los grandes temas de la narrativa
  • Personajes y situaciones son arquetípicos
  • Esa historia logra mantener la atención
  • Tienen planteamiento, nudo, desenlace
  • Incorpora alguna sorpresa
  • Satisface una necesidad de la pirámide de Maslow en cualquiera de sus puntos, desde el sexo hasta la trascendencia
  • Apela a algo que desean los demás (deseo mimético) o a las ideas de vivir en crisis o vivirlo todo
  • Provoca una emoción intensa e irracional como la hilaridad, la indignación o la ternura
  • Aprovecha los sesgos y tendencias naturales del cerebro para atraer más atención (sencillez, movimiento, caras humanas, colores intensos, patrones cognitivos, ruidos y colores intensos…)
  • Muestra comportamientos que desactivan nuestro cortafuegos racional: grupos de gente haciendo cosas a la vez, cánticos, bailes, tec.
  • Implica el uso de varios sentidos de forma intensa y rememorable
  • Hace pensar al receptor en otra persona a quien le podría ser útil
  • Compartirlo supone una mejora de la situación social
  • Compartirlo sirve para reafirmar lazos o como excuso para conversar
  • Coincide con un sistema de creencias previo o es tan poderoso como para cambiarlo
  • Se lanza en un momento en el que no compite con otros memes
  • Se alía con memes que son exitosos en ese momento o que lo fueron en el pasado
  • Mejora la transmisión de otros memes
  • Ha sido sembrada todas las veces posibles en el mayor número de personas
  • Es atractivo para niños y adolescentes
  • Va dirigido a un grupo que es o puede ser suficientemente amplio
  • Se ha probado y perfeccionado antes

bm

Imágenes de portada y fin del post: Black Mirror

En los años finales del siglo XX ocurrió algo insólito. El mundo se convirtió en una bola donde podía rodar, en un solo segundo, una misma conversación. Los memes (ideas contagiosas que se difunden de persona a persona y evolucionan de forma impredecible y aleatoria, como el ‘relaxing cup of café con leche’, Harlem Shake o el ‘Ola K Ase’) encontraron la tierra perfecta para crecer: internet.

Hasta entonces, los medios de comunicación habían sido los amos de la conversación. Ellos filtraban la información y construían, cada día, la imagen del mundo. La multiplicación infinita de contenidos en la Red eclipsó el poder que les había dado su exclusividad y, desde ese momento, el planeta Tierra se convirtió en una Memecracia. Era, como describió Charles Dickens en Historia de dos ciudades (1859), “el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y la de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

La periodista Delia Rodríguez, redactora jefe de Huffington Post, lleva más de diez años escribiendo sobre internet, redes sociales y trending topics. Ha leído a decenas de estudiosos sobre el tema y, por el camino, ha acabado realizando una “investigación obsesiva” sobre los memes. La conclusión está escrita en Memecracia: Los virales que nos gobiernan, un libro donde explica el origen, el funcionamiento y la historia de estas “ideas contagiosas”.

meme

El meme es tan antiguo como la conversación misma. La humanidad evolucionó copiando y eso justamente es lo que hacen los memes: copiar ideas que se propagan entre los individuos sin ningún tipo de frontera ni en el espacio ni el tiempo.

El concepto nació en 1976. El zoólogo Richard Dawkins utilizó la palabra en su libro El gen egoísta para establecer una comparación entre los genes y la cultura.

Ambos, decía, pasan de una persona a otra mediante la copia. Aunque, para ser meme de internet, la idea tiene que ir cambiando y evolucionando por el camino. Si el contenido pasa intacto de un individuo a otro, es un viral.

Internet y la tecnología de la información hicieron del mundo un lugar absolutamente copiable. Los memes nunca lo habían tenido tan fácil. Y entonces comenzó la era de la emoción y el contagio. La época en la que, según la autora del blog Trending Topics, “todo se acelera cada vez más”. “Vivimos en un remolino en lo que más nos importa es lo más visto, lo que aporta más visitas”, explica.

En “este sistema de información social, político y económico”, los ciudadanos son “portavoces y transmisores automáticos” de memes. La información, como ocurrió siempre en la Historia, al final, se ve relativamente despojada de su veracidad o su toxicidad, para convertirse, según la periodista, en “una forma de mantener lazos con los demás”.

Las ideas contagiosas nos hacen pensar en los demás. Queremos compartirlas. Ya sea por ellos (agradarles) o por uno mismo (construir status). Los humanos, para Lieberman, somos “DJ de la información”. “Tomamos información del entorno y la volvemos a emitir pensando que le va a gustar a los demás”, especifica la autora. “La tendencia natural a compartir está muy exacerbada con la tecnología. No somos conscientes de lo importante que es esto. Las epidemias se extienden en un segundo. La cultura se ha globalizado y esto define a la memecracia”.

Las historias son las cadenas de relación entre los humanos y “un imán de atención”. Delia Rodríguez escribe, incluso, en su libro, que “nuestra relación con las historias es tan íntima que existe la posibilidad de que seamos el resultado de las narraciones que inventamos”.

[destacados align=»right»]Barack Obama y Esperanza Aguirre

Obama es el amo de la memética política. Nadie como su equipo domina la técnicas de la conversación en la Red para llevarla a su favor, aunque, como concluyeron tras la primera campaña del candidato: nunca se sabe con certeza qué puede funcionar; es mejor probar que especular; lo que al principio funciona, puede dejar de llamar la atención o lo estéticamente feo puede resultar muy llamativo. “Es muy conocido el Flickr de un fotógrafo que hace constantemente fotos al presidente. De ahí salen la mayoría de los memes. Todo está muy estudiado”, explica Delia Rodríguez. “Si hay que elegir un solo rey en la memecracia, la persona que mejor y de forma más consciente está manejando sus hilos, junto a su equipo, es el presidente de EEUU”.

Esperanza Aguirre es uno de los personajes que mejor domina el arte persuasivo de los memes en España. “Algunos políticos, como Aguirre, tienen una comprensión natural de los mecanismos del meme y lo utilizan”, escribe la autora. “Al fin y al cabo, la política, como la publicidad, es una de las disciplinas que ha refinado por su cuenta la práctica de la memética”. [/destacados]

La memecracia ha hecho la llamada realidad (lo que acontece en el mundo exterior) “más emotiva, más alterada, más pegajosa, más atractiva que la real porque la forman memes que han evolucionado para llamarnos la atención y ser transmitidos”, escribe la periodista. “Una sola historia indignante es más visible y poderosa que toda una realidad que tan solo sea triste. En lugar de debatir públicamente sobre la realidad, lo hacemos sobre su sustituta: una competición de memes exaltados”.

En la era en la que los periódicos, la radio y la TV dictaban cuál era la ‘realidad’, los memes estaban en sus manos. Los medios propagaron y grabaron en la memoria colectiva el “se siente, coño”, la foto de las Azores o el cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco. Pero los memes se escaparon de su poder. También los memes políticos dejaron de estar controlados por “medios, partidos y organizaciones a través de señuelos y seudoeventos: declaraciones pensadas para el telediario, fotos históricas, historias personales, vídeos oficiales”.

Entonces “los memes viajaban de arriba abajo, igual que en las sociedades tradicionales los padres decían a sus hijos lo que tenían que pensar”, escribe Rodríguez. “Este sistema ha desaparecido. No solo los memes –especialmente los premeditados– se han multiplicado, sino que la ‘actualidad’ contiene ahora memes que nacen abajo y llegan arriba. Hace años jamás se hubieran podido capturar, difundir y discutir vídeos amateurs como el de Atocha o el ‘que soy compañero, coño’ y hoy son habituales. Votaremos cargados con todos esos vídeos, imágenes e historias que sin internet jamás hubieran trascendido. Las ideas se transmiten ya en todas direcciones”.

Aunque esto no significa, necesariamente, que la economía de la atención sea ahora más democrática. Para la redactora jefe del Huffington Post, implica que “es más memecrática, porque son los memes más aptos, no los más verdaderos, los que nos dirigen. Es un sistema más rápido, más emocionante, más aleatorio, más incontrolable”.

cafe

Y, hoy, los medios de comunicación “se están transformando en medios de emoción”, de acuerdo con la autora de Trending Topics. En su libro, asegura que “no somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita, con la que alteramos y automedicamos. Los periodistas tampoco informamos, sino que nos dedicamos a filtrar, amplificar o frenar memes”.

La comunicación, en cierto modo, podría estar volviendo a sus orígenes. Lo dicen autores como Tom Standage (“los medios de comunicación de masas son una excentricidad en la historia de la humanidad”) o los pensadores que, como L.O. Sauerberg, hablan del paréntesis Gutenberg. “Muchos filósofos dicen que estamos volviendo a la cultura oral”, expone Delia Rodríguez. “Internet ha acabado con la cultura del sistema editorial y ha traído de nuevo la oralidad, la remezcla, lo colectivo… En las redes sociales, las personas están hablando con sus amigos. Son charlas escritas”.

Esas conversaciones están repletas de memes. Y “no son solo tonterías que nos pasamos unos a otros”, advierte la periodista. “Hemos de ser conscientes de nuestra responsabilidad al difundir memes”. La memecracia no es ni una utopía ni una distopía. Es un presente que se ha pintado en un futuro espeluznante en los seis capítulos de Black Mirror. En esa serie británica, escribe Rodríguez, “estamos entregados a una memecracia descontrolada por la tecnología”.

¿Qué debe tener tu meme para triunfar?

(Cuadro de Memecracia, los virales que nos gobiernan)

  • Contiene una historia
  • Esa historia trata alguno de los grandes temas de la narrativa
  • Personajes y situaciones son arquetípicos
  • Esa historia logra mantener la atención
  • Tienen planteamiento, nudo, desenlace
  • Incorpora alguna sorpresa
  • Satisface una necesidad de la pirámide de Maslow en cualquiera de sus puntos, desde el sexo hasta la trascendencia
  • Apela a algo que desean los demás (deseo mimético) o a las ideas de vivir en crisis o vivirlo todo
  • Provoca una emoción intensa e irracional como la hilaridad, la indignación o la ternura
  • Aprovecha los sesgos y tendencias naturales del cerebro para atraer más atención (sencillez, movimiento, caras humanas, colores intensos, patrones cognitivos, ruidos y colores intensos…)
  • Muestra comportamientos que desactivan nuestro cortafuegos racional: grupos de gente haciendo cosas a la vez, cánticos, bailes, tec.
  • Implica el uso de varios sentidos de forma intensa y rememorable
  • Hace pensar al receptor en otra persona a quien le podría ser útil
  • Compartirlo supone una mejora de la situación social
  • Compartirlo sirve para reafirmar lazos o como excuso para conversar
  • Coincide con un sistema de creencias previo o es tan poderoso como para cambiarlo
  • Se lanza en un momento en el que no compite con otros memes
  • Se alía con memes que son exitosos en ese momento o que lo fueron en el pasado
  • Mejora la transmisión de otros memes
  • Ha sido sembrada todas las veces posibles en el mayor número de personas
  • Es atractivo para niños y adolescentes
  • Va dirigido a un grupo que es o puede ser suficientemente amplio
  • Se ha probado y perfeccionado antes

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Imágenes de portada y fin del post: Black Mirror

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