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10 de julio 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Hartos de ser ninguneados, 5 fotoperiodistas se unen para crear su propia revista

10 de julio 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Si estos cinco fotoperiodistas hubiesen sido merecidamente reconocidos en España, probablemente jamás hubieran lanzado una revista. Me-Mo Magazine es una réplica valiente a la indiferencia de los medios de comunicación, que se inclinan por historias anodinas y que se consigan al menor precio posible. Sus páginas prometen ser un reducto de independencia, reservadas para documentar conflictos internacionales e injusticias directamente de la mano de sus autores, sin la editorial como intermediario.
Ellos son Manu Brabo, Diego Ibarra, Guillem Valle, José Colón y Fabio Bucciarelli, ganadores de los premios de periodismo más prestigiosos del mundo y, ahora, fundadores de esta cabecera digital. «El apoyo en el crowdfunding demuestra que hay sed de un periodismo distinto», afirma Manu. «La vocación de servicio público de la prensa es meramente comercial y los ciudadanos no son gilipollas».

Gracias a un cúmulo de pequeños mecenas particulares que quieren sacar adelante el proyecto, acaban de superar el objetivo de 15.000 euros que tenían para el próximo 17 de julio, con reseña en The New York Times incluida.
Por ahora, ya tienen un año de publicación cubierto, que incluye el costo del software, licencias, aplicación multiplataforma y el gasto anual de trabajo de los fotógrafos. En estos momentos, se reúnen cada día con el equipo para meditar sobre el modelo de financiación que utilizarán en el futuro. «Creo que la ayuda viene de ciudadanos que saben qué periodismo podemos hacer individualmente y piensan que, como grupo, podemos hacer uno mejor».
MEMO
El nº 0, que se llamará El Miedo, verá la luz en septiembre de este año. Las nuevas tecnologías no solo financiarán la revista, sino que engendrarán un proyecto de reportajes fotográficos interactivos y centrados en las realidades más ocultas, siempre con los derechos humanos y la discriminación social como trasfondo. La aplicación, accesible para todas las plataformas, será en inglés, cuatrimestral y costará 5 euros por número.

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Foto: Manu Brabo

«Por lo que parece, Italia, España y EE UU son los sitios desde donde han llegado más ayudas y suscripciones», dice Brabo. Pero son 135, en total, los países donde cuentan también con lectores interesados en donar a cambio de un trabajo bien hecho, desde África hasta Sudamérica. La responsabilidad que se siente, dicen, anda empatada con una tremenda ilusión.
La iniciativa es un acto reflejo. No conciben trabajar otro día más bajo el yugo de las restricciones de los mass media españoles, pero no solo para los que documentan conflictos de carácter internacional. Desde el fotógrafo de Madrid hasta el de Cuenca, todos trabajan con trabas. «En España, la cosa se entiende así: si puedo mandar a mi prima con la cámara de fotos de la comunión, para qué voy a pagar a un fotógrafo».
Pero tampoco pretenden ya salvar un negocio deteriorado. Simplemente quieren aportar una nueva idea, horizontal, libre de la presión de la audiencia y configurada con las virtudes digitales. «Ahora más que nunca, me doy cuenta de que la noticia es como un tejido orgánico: el corazón, en nuestro caso, es la fotografía y luego hay otros órganos que ayudan a que funcione todo el cuerpo, como el vídeo, el texto y las animaciones gráficas. La combinación de todas estas partes enriquece la información, que se vuelve completa incluso desde una perspectiva sensorial. Por ejemplo, puedo actualizar un tema del número 1, en el que sigo trabajando, y el lector puede tener todas esas actualizaciones. La interacción va mucho más allá de pasar las páginas de un periódico».
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Foto: Fabio Bucciarelli

Me-Mo, abreviatura de Memory in Motion, alude al papel fundamental de la fotografía documental en los recuerdos que atesora la sociedad. La realidad captada por el objetivo, que pasará a formar parte de la memoria colectiva, es la de un mundo en constante vibración. En ese intento de perpetuar lo efímero, no están solos. Si bien han rechazado cualquier editorial al uso, trabajan con LIBRE, un grupo de apasionados creativos web de Italia.
Ellos han diseñado la campaña de crowdfunding, la posible viabilidad económica del proyecto, hacen las maquetas, el logo y todo lo vinculado al diseño de la publicación. «Esto es una simbiosis preciosa entre un equipo editorial moderno y con visión de futuro y cinco periodistas inconformistas».
Los preparativos no están siendo fáciles. «Ahora, esto es una inversión de dinero, de energía, de creatividad. No podemos ni queremos renunciar a nuestros trabajos para otros medios, porque Me-Mo no se ha creado por los beneficios que nos puede aportar. Lo que nos ilusiona es que podemos ya devolver el favor a toda esa gente que ha querido que esto salga adelante».
Cientos de personas ya tienen el abono anual de un medio digital que ni siquiera ha visto la luz. Una recompensa al periodismo franco e independiente que han realizado cada uno de los integrantes de este colectivo anteriormente. Un ejemplo más de cómo los profesionales expulsados por los medios se están juntando para hacer periodismo sin contar con ellos.
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José Colón

The curse of insanity in Pakistan
Diego Ibarra Sánchez

Si estos cinco fotoperiodistas hubiesen sido merecidamente reconocidos en España, probablemente jamás hubieran lanzado una revista. Me-Mo Magazine es una réplica valiente a la indiferencia de los medios de comunicación, que se inclinan por historias anodinas y que se consigan al menor precio posible. Sus páginas prometen ser un reducto de independencia, reservadas para documentar conflictos internacionales e injusticias directamente de la mano de sus autores, sin la editorial como intermediario.
Ellos son Manu Brabo, Diego Ibarra, Guillem Valle, José Colón y Fabio Bucciarelli, ganadores de los premios de periodismo más prestigiosos del mundo y, ahora, fundadores de esta cabecera digital. «El apoyo en el crowdfunding demuestra que hay sed de un periodismo distinto», afirma Manu. «La vocación de servicio público de la prensa es meramente comercial y los ciudadanos no son gilipollas».

Gracias a un cúmulo de pequeños mecenas particulares que quieren sacar adelante el proyecto, acaban de superar el objetivo de 15.000 euros que tenían para el próximo 17 de julio, con reseña en The New York Times incluida.
Por ahora, ya tienen un año de publicación cubierto, que incluye el costo del software, licencias, aplicación multiplataforma y el gasto anual de trabajo de los fotógrafos. En estos momentos, se reúnen cada día con el equipo para meditar sobre el modelo de financiación que utilizarán en el futuro. «Creo que la ayuda viene de ciudadanos que saben qué periodismo podemos hacer individualmente y piensan que, como grupo, podemos hacer uno mejor».
MEMO
El nº 0, que se llamará El Miedo, verá la luz en septiembre de este año. Las nuevas tecnologías no solo financiarán la revista, sino que engendrarán un proyecto de reportajes fotográficos interactivos y centrados en las realidades más ocultas, siempre con los derechos humanos y la discriminación social como trasfondo. La aplicación, accesible para todas las plataformas, será en inglés, cuatrimestral y costará 5 euros por número.

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Foto: Manu Brabo

«Por lo que parece, Italia, España y EE UU son los sitios desde donde han llegado más ayudas y suscripciones», dice Brabo. Pero son 135, en total, los países donde cuentan también con lectores interesados en donar a cambio de un trabajo bien hecho, desde África hasta Sudamérica. La responsabilidad que se siente, dicen, anda empatada con una tremenda ilusión.
La iniciativa es un acto reflejo. No conciben trabajar otro día más bajo el yugo de las restricciones de los mass media españoles, pero no solo para los que documentan conflictos de carácter internacional. Desde el fotógrafo de Madrid hasta el de Cuenca, todos trabajan con trabas. «En España, la cosa se entiende así: si puedo mandar a mi prima con la cámara de fotos de la comunión, para qué voy a pagar a un fotógrafo».
Pero tampoco pretenden ya salvar un negocio deteriorado. Simplemente quieren aportar una nueva idea, horizontal, libre de la presión de la audiencia y configurada con las virtudes digitales. «Ahora más que nunca, me doy cuenta de que la noticia es como un tejido orgánico: el corazón, en nuestro caso, es la fotografía y luego hay otros órganos que ayudan a que funcione todo el cuerpo, como el vídeo, el texto y las animaciones gráficas. La combinación de todas estas partes enriquece la información, que se vuelve completa incluso desde una perspectiva sensorial. Por ejemplo, puedo actualizar un tema del número 1, en el que sigo trabajando, y el lector puede tener todas esas actualizaciones. La interacción va mucho más allá de pasar las páginas de un periódico».
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Foto: Fabio Bucciarelli

Me-Mo, abreviatura de Memory in Motion, alude al papel fundamental de la fotografía documental en los recuerdos que atesora la sociedad. La realidad captada por el objetivo, que pasará a formar parte de la memoria colectiva, es la de un mundo en constante vibración. En ese intento de perpetuar lo efímero, no están solos. Si bien han rechazado cualquier editorial al uso, trabajan con LIBRE, un grupo de apasionados creativos web de Italia.
Ellos han diseñado la campaña de crowdfunding, la posible viabilidad económica del proyecto, hacen las maquetas, el logo y todo lo vinculado al diseño de la publicación. «Esto es una simbiosis preciosa entre un equipo editorial moderno y con visión de futuro y cinco periodistas inconformistas».
Los preparativos no están siendo fáciles. «Ahora, esto es una inversión de dinero, de energía, de creatividad. No podemos ni queremos renunciar a nuestros trabajos para otros medios, porque Me-Mo no se ha creado por los beneficios que nos puede aportar. Lo que nos ilusiona es que podemos ya devolver el favor a toda esa gente que ha querido que esto salga adelante».
Cientos de personas ya tienen el abono anual de un medio digital que ni siquiera ha visto la luz. Una recompensa al periodismo franco e independiente que han realizado cada uno de los integrantes de este colectivo anteriormente. Un ejemplo más de cómo los profesionales expulsados por los medios se están juntando para hacer periodismo sin contar con ellos.
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José Colón

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Opiniones 8
  • Antes que nada.. Muchas Felicidades… Creo que es una de las propuestas màs aguerridas que los fotoperiodistas de hoy pueden hacer: independizarse.
    Esperando esto dure muchos pero mucho números màs… un abrazo fraterno desde Mèxico

  • En Vavel.com, llevan años con un periodismo en estado puro, pero claro sin mecenas, casi sin coste y peleando ser grandes, al 3º medio digital deportivo más leído de España es olvidado y ninguneado porque va lanzado a por las grandes plataformas

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