26 junio, 2016    /   IDEAS
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El retiro espiritual de las start-ups

26 junio, 2016    /   IDEAS     por
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I

Hace apenas una hora que la oscuridad se ha apoderado de Menorca. El primera lugar donde sale el sol en España es también el primero en el que cae la noche. En un patio pintado de blanco y con suelo recubierto de fieltro azul se agrupan una treintena de personas en un semicírculo. Están descalzos, sus zapatos apilados en estanterías en la entrada. Las miradas están dirigidas hacia un predicador que no está en la habitación. Su figura está proyectada a tamaño real en una pared.

Jason Womack es un guía espiritual pero no del tipo religioso. El es un business coach, un asesor cuyo propósito es ayudar a los asistentes a navegar las inciertas y convulsas aguas del emprendimiento. Gesticula con intensidad mientras lanza mantras telemáticos:

«Estamos en el negocio de la construcción de relaciones. Somos desarrolladores de oportunidades».

«Nuestro camino es la mejora iterativa continua».

«A veces tienes que entrenar más lento durante más tiempo cuando compites para a la hora de la verdad ir más rápido en el menor tiempo posible».

«¿Cuál es el propósito de una start-up? Crear un cliente».

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Antes de terminar, recomienda a todos leer su libro Get Momentum. «Estoy disponible para vosotros vía Twitter, email, Skype o donde queráis. Gracias por escucharme esta noche». La transmisión acaba y su holograma se desvanece en la noche menorquina.

Los asistentes son feligreses de la iglesia de las start-ups. Han venido a la isla del «poc a poc» y de la vida epicúrea mediterránea para participar en la segunda edición de Menorca Millennials, un programa de dos semanas que se autodefine como la primera desaceleradora de start-ups. Un retiro espiritual en el frenético mundo de las empresas tecnológicas para parar la máquina y reflexionar sobre el rumbo que se está tomando.

Solo 20 compañías de un total de más de 400 candidatos han sido seleccionados para entrar en el programa.

II

«Las mejores mentes de mi generación se devanan los sesos para lograr que la gente haga clic en un anuncio. Vaya mierda», Jeff Hammerbacher

En los últimos años, una de las mayores críticas que se han vertido hacia Silicon Valley y sus pretendientes al trono como centro de innovación tecnológica es la atención y la prensa que se da a las compañías consideradas efímeras y superficiales. Existe una preocupación que la enésima app de citas parece cosechar más dinero y atención que las startups que abordan las grandes cuestiones de la humanidad. La serie de HBO Silicon Valley, pese a ser una ficción, ahonda en esto inspirándose en historias reales para exagerar la realidad.

En el Carema Club Playa donde se desarrolla Menorca Millennials, la informalidad está al orden del día. Las conversaciones ocurren a pie de playa, bajo las sombrillas o en la piscina con una caña, pero la mayor parte de los asistentes están inmersos en cuestiones increíblemente trascendentes.

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Temas como el ahorro del agua. Wouter Chömpff es cofundador de Hamwells, una compañía cuyo producto estrella es el e-shower, una ducha que consume «un 90% menos de agua que una ducha tradicional». Lo consigue, según él, mediante un sistema de reciclaje de H2O, filtrándola y aplicando luz ultravioleta para reutilizarlo hasta siete veces.

«Si este modelo de ducha se consolida, puede cambiar el modo en que construimos una casa. Ya no necesitas un calentador de 200 litros. Con 20 litros te vale».

Chömpff cuenta que ha venido aquí sobre todo para levantar financiación, «aunque también para hacer contactos». La compañía tiene un producto que funciona y en el que creen, dice, pero necesitan fondos para poder empezar a escalar la producción.

En el caso del alicantino Alejandro Santacreu, acabar con la obsolescencia programada en los móviles es su particular proyecto vital. Hace unos años se le rompió el botón de su iPhone 4. Cuando pidió precio para repararlo a Apple, le dijeron que le costaría 160 euros.

Para la mentalidad ingeniera de Santacreu, acostumbrado desde pequeño a deconstruir ordenadores para repararlos y estudiarlos, esta situación le causó una profunda indignación. «Para cambiar un botón tenían que romper la pantalla. Cuando se te rompe el parabrisas de un coche no tienes que reemplazar todo el vehículo. Están diseñados para ser reparados».

Santacreu convirtió su frustración en un boceto conceptual que llamó Puzzle Phone y que compartió en YouTube en enero de 2013. Allí detalló su idea de crear un móvil modular que integre piezas intercambiables y estándares abiertos para que cualquier desarrollador pueda trabajar sobre ellos.

Nueve meses después tomó una decisión aún más importante: dejar España tras años de darse cabezazos como «emprendedor, ciudadano y empleado en un país en el que siempre he sentido que la cultura de la corrupción y la falta de visión a largo plazo le arrebata el enorme potencial que tiene».

Siguiendo a su mujer que ya estaba trabajando allí, vendió su coche, alquiló su casa e hizo las maletas para instalarse en Finlandia. Aquí se encontró un ecosistema móvil capaz de poner en práctica su idea.

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«Después del cierre y reconversión de Nokia, el talento se quedó en la calle. Muchos exempleados de la compañía acabaron formando start-ups. Este tejido me ha permitido desarrollar y fabricar este teléfono en Finlandia. Si Nokia hubiera permanecido, este know how seguiría encerrado».

Hoy Puzzle Phone está constituida como empresa con sede en Espoo a 10 kilómetros de Helsinki, aunque sigue en fase de I+D. «Todavía no está a la venta en el mercado, pero hemos conseguido 1,4 millones de euros de inversión hasta ahora. Falta el último empujón para empezar a sacar el móvil», explica Santacreu mientras enseña la maqueta del teléfono.

Para Santacreu, la visita a Menorca «es lo más cerca que he estado de tomarme unas vacaciones en los últimos tres años y probablemente lo más cerca que estaré de tener unas en los próximos tres años. Encuentro necesario algo así para poder reflexionar; compartir ideas con otras personas en situaciones como tú y captar financiación».

De Elche al espacio

«Tenéis que hablar con Raúl Torres. Es impresionante lo que está haciendo». Ya son más de tres asistentes que me han recomendado hablar con esta persona a quien todavía no he puesto cara. En la terraza lo encuentro con una caja colorida en la mano explicando con absoluta determinación cómo en un par de años sus cohetes traspasarán la atmósfera de la tierra para introducirse en el espacio.

Torres tiene 28 años y junto con su socio Raúl Verdú capitanea PLD Space, un proyecto que se ha puesto como meta enviar un cohete al espacio en 2018. La revolución, explica, no está en los viajes al espacio para humanos. El verdadero negocio y cambio estará en la creación de cohetes privados capaces de enviar nanosatélites al espacio. Esa caja colorida que tiene en la mano es una maqueta de uno de ellos.

«Pesan unos pocos kilos y son capaces de transmitir muchísima información desde el espacio a la Tierra». Es la tecnología que empresas como OneWeb quiere emplear para llevar internet a todo el mundo. Estos nanosatélites orbitan la Tierra entre 400  y 1.200 km de altitud. «Por el precio de un satélite tradicional que tiene el tamaño de un autobús puedes enviar centenares de satélites pequeños que cubren todo el planeta».

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Raúl Torres de PLD Space

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La start-up ya ha realizado pruebas con éxito y tienen programado el primer lanzamiento al espacio para 2018. «La verdadera prueba de fuego será tres meses después del primer test cuando lanzaremos una carga de 100 kilos para tres clientes».

PLD space tiene ya firmadas 45 millones de euros en cartas de intenciones, pero Torres comenta que si no consiguen una segunda ronda no llegarán a tiempo para estar en el mercado en el momento adecuado. Está aquí para conocer a otras personas que se encuentran en una situación similar que él, pero sobre todo para encontrar inversores que les permitan cumplir con su calendario de lanzamientos especiales previstos para los próximos años.

A Torres y su equipo les han ofrecido llevar su compañía a otro país. Han recibido ofertas de Reino Unido y Estados Unidos. «Pero no queremos irnos. Todos mis compañeros de ingeniería están fuera. Yo quiero que vuelvan. Quiero construir junto con otras empresas una industria espacial aquí».

III

El ambiente es familiar en el complejo hotelero de Carema. Los alojados son sobre todo extranjeros con hijos que aprovechan las comodidades del todo incluido para tostarse al sol. Este ambiente contrasta con el enclave reservado para los miembros de Menorca Millennials. La mayor parte de la actividad se concentra en una terraza exterior que bordea un patio interior donde se producen las conferencias. El idioma elegido para todo es el inglés. Las start-ups no solo vienen de España. Hay empresas como el programa de gestión de tareas Tribe con base en Chicago, la app que quiere acabar con los cajeros automáticos Spare de Los Ángeles, meXBT, que ofrece un servicio de transferencia de dinero por Bitcoin. También hay quien tiene base en Barcelona pero trabaja para todo el mundo como es el caso de Ticketing3d que ofrece su servicio de venta de entradas en tres dimensiones a el estadio de Wembley, Manchester City y Liverpool, entre muchos otros.

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Los perfiles se dividen en tres categorías jerarquizadas. Los aspirantes a conseguir el éxito con su start-up que pasan dos semanas aquí. Los que ya han conseguido vender una o varias start-ups y vienen al evento como asesores y mentores. Y finalmente los inversores que poseen la liquidez para, en caso de encontrar suficientemente interesante una empresa, invertir en ella en una ronda de inversión. Algunos de los mentores son a la vez inversores que han empezado a invertir en start-ups tras haber vendido su propia empresa.

Por la tarde es cuando más se produce esa mezcolanza de perfiles en las sesiones de one to one. Momento en el que cada emprendedor programa citas con personas con quien les interesa hablar para recibir su asesoramiento. Personas como Pep Gómez, fundador de Fever; John Keagy, uno de los pioneros de infraestructura digital; o el abogado especializado en start-ups Ignasi Costas.

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Se siente un cierto compadreo. La sensación de formar parte de una fraternidad que navega un camino compartido hacia el todo o la nada. Nadie habla simplemente de sobrevivir. Nadie ni siquiera comenta que el 90% de las start-ups fracasan. El mensajes de ir a por todas, del crecimiento exponencial, contrasta con la experiencia de Kepa Acero, que en el día 10 del campamento visita el campus para compartir su experiencia.

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El surfista vasco cuenta cómo hace una década se bajó del barco de la alta competición y decidió retomar el control de los tiempos en su vida. «Había viajado a todo el mundo, pero en realidad tenía la sensación de no haber visto nada. Llegabas directo al hotel, te metías en el agua y luego te ibas».

El mundo de Kepa y las start-ups es antagónico. Con 26 años se cansó de la alta competición surfera y lo cambió por viajar durante meses a los lugares más remotos de la tierra con un único propósito, encontrar olas que nunca antes había surfeado, como en el desierto de Namibia. «A veces te pasas meses para encontrar una ola que solo puedes surfear durante unas horas. En otras ocasiones ni siquiera la encuentras».

Durante estos 15 días los emprendedores han hecho un intento de pasarse al carril lento de manera temporal, pero les queda poco para volver a echar la quinta para comerse el mundo. Se intenta comprimir experiencias que Kepa Acero ha intentado tener durante años en dos semanas.

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De hecho, el legendario emprendedor tecnológico John Keagy, al día siguiente de escuchar la charla de Acero, no esconde su admiración por él. Pero advierte a los fieles de que «ni se les ocurra hacer con su negocio lo que Kepa ha hecho con su vida». Interiorizar las enseñanzas pero lo justo, no vayamos a lanzar por la borda todo lo conseguido. Aquí se viene a desacelerar para, al terminar esas dos semanas, salir a velocidad de torpedo.

Finaliza otro día largo. Palabras como ‘nicho’, ‘ronda de inversión’ y ‘crecimiento exponencial’ que se repiten hasta la saciedad han dado paso a otro temas. Un visitante británico arremete contra «la locura del Brexit». Otro comenta su afición al kite surf. Pero hay quien incluso a las 12 de la noche no consigue desconectar durante un momento de algo tan envolvente como es tener tu propio negocio.

Me siento en una mesa con una de las organizadoras, cerveza en mano, para disfrutar de la brisa menorquina. Un emprendedor estadounidense se sienta a nuestro lado y pregunta si seríamos tan amables de escuchar su pitch. Son las 12 de la noche y todavía no ha conseguido aflojar el ritmo. Comparte el nuevo rumbo que quiere dar a su start-up tras las dos semanas pasadas aquí. La respuesta de uno de los oyentes es amable pero muy crítica. «No puedes decir esto a un inversor. Va a salir corriendo. Tienes que intentar no vender una experiencia tan especializada».

Unos minutos después llega su compañero. Le pide acompañarle ya a su habitación. «Mañana vienen algunos inversores y quiero tener lista nuestra presentación». El emprendedor no desiste intentando argumentar por qué la nueva estrategia está bien. Su compañero se lo lleva tirándole del brazo. Hace caso omiso a las recomendaciones de quien le escucha. Baja las escaleras y sigue intentando convencernos que su idea merece la pena. Lanzar una start-up atrae a mentes obsesivas. Tienes que creerte lo que estás haciendo. Tienes que ir a por todas.

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IV

Durante la época en la que Bill Gates lideró Microsoft, el fundador de la compañía seguía un ritual a rajatabla al menos dos veces al año. Lo llamaba Think Week y consistía en salir de la oficina durante una semana para desconectar del día a día y dedicarlo a la reflexión profunda. Gates se atrincheraba en casas a pie de playa y se dedicaba a leer cajas de ideas y papers académicos que mandaban sus empleados. Más adelante, con la llegada de la web, este proceso pasó a una web interna donde distintos capos de la empresa enviaban y compartían ideas e información para que Gates lo analizara durante esa semana.

Gates no inventó la rueda. Desde que el humano decidió concentrarse en ciudades, siempre ha habido pensadores que requieren desconectar del bullicio para reflexionar. Thoreau se refugió en una cabaña. Los filósofos griegos se iban solos al campo a pensar. Los peregrinos del camino de Santiago aprovechan las largas caminatas para reflexionar sobre su vida. Los monjes budistas se refugian en los monasterios para vaciar la mente.

Algo así experimentó Ricard Garriga hace unos años. En su papel como director de estrategias de start-ups en YouNoodle, con base en San Francisco, se le encomendó diseñar un plan para introducir la compañía en Barcelona. Antes del lanzamiento Garriga optó por alquilar una casa en Menorca y tomarse un tiempo para pensar. Unos años antes había conocido la isla tras asistir a uno de los Techtalks que organizaba Martin Varsavsky y se quedó cautivado por su belleza.

«Conseguí rebajar el ruido mental durante esos días. La isla me ayudó a incrementar mi creatividad exponencialmente. Cuando empezaba a caer el sol me dirigía a un bar con internet para tomarme una cerveza y hablar con mis compañeros en Estados Unidos. Cuando giraba la webcam y les enseñaba dónde estaba, se quedaban alucinados».

En una de sus visitas a Menorca, una amiga le llevó a la isla de la cuarentena a la entrada del puerto de Mahón. Durante siglos fue un espacio creado para acoger a las naves con destino a España sospechosas de ser un peligro sanitario. «Tiene cuatro salas. Una a la que te llevaban si veían que estabas sano. La segunda, para los que planteaban dudas. La tercera, para los enfermos. La cuarta tenía una conexión directa al cementerio. Era la habitación donde te enviaban a morir». Inicialmente Garriga pensó que podría ser un sitio interesante para organizar una cuarentena para start-ups. «Un lugar donde llegabas con ciertas afecciones para al cabo de 20 días salir de allí sano».

El emprendedor catalán desechó la idea debido a la difícil logística de organizar algo allí. «No tiene internet y además cuando cae la noche tengo que admitir que da un poco de mal rollo».

Poco después coincidió en un barco con Marcos Martín, el entonces presidente de la Asociación Europea de Biomasa con base en Bruselas,  y congeniaron. Los dos compartían pasión por la isla y querían una excusa para venir más. De varios encuentros posteriores nació Menorca Millennials.

Ricard Garriga y Marcos Martín
Ricard Garriga y Marcos Martín

Para ponerlo en marcha recurrieron al apoyo de más de 20 personas influyentes del mundo de la empresa y los alistaron como socios de la iniciativa. Entre ellos está Di-Ann Eisnor, cofundadora de Waze; Martin Varsavsky, fundador de Jazztel y FON, y Javier Martínez, director general del Atlético de Madrid. Ellos son llamados a participar en el evento como asesores, potenciales inversores y ayudan a seleccionar a los asistentes. Todas son personas vinculadas de alguna forma a la isla.

El modelo de negocio del evento se sustenta en cambiar la dinámica de los inversores y start-ups. Europa tiene un número cada vez más importante de este tipo de compañías, pero un grupo de inversores relativamente pequeño. Esto creó desequilibrios y produce desventajas para los fundadores de empresas. «En Estados Unidos muchas veces son los inversores quienes hacen cola para convencerte de que ellos son el partner idóneo para invertir en tu empresa», explica Martín.

Las vías de ingresos son varias para Menorca Millennials. Por un lado, las start-ups que son elegidas tras pasar un riguroso proceso de selección suscriben el siguiente acuerdo. Pueden pagar 5.000 euros para cubrir el coste de su participación. Si consiguen dinero posteriormente, el evento se lleva un 5% del dinero que han conseguido. La segunda opción les pide pagar 1.000 euros y aportar un 3% de la empresa a Menorca Millennials. ¿Merece la pena invertir ese dinero? «El año pasado algunas de las compañías que participaron consiguieron 6,8 millones de euros en financiación. En eventos como Y Combinator en Estados Unidos la cuota es del 7%», aclara Martín en referencia a una de las incubadoras más importantes del mundo.

Por otro lado, quieren crear un modelo de cobro para los inversores que llegan al evento para tener acceso exclusivo a las start-ups que ellos han elegido y cribado. Esta parte es más complicada ya que en España y en Europa no están acostumbrados a pagar por acceder a esto. Martín y Garriga están convencidos de que valorarán el trabajo previo que invierten para hacer una selección muy cualitativa.

Después de todo, dar con la persona adecuada no sólo puede cambiar la vida del emprendedor, también puede transformar la del inversor como el legendario caso de Peter Thiel. En 2004 Zuckerberg entró en contacto con él y le pidió financiación para una start-up desconocida llamada Facebook. Anteriormente Thiel había fundado Paypal y empezaba a invertir en empresas en Silicon Valley. Tras su conversación con Zuckerberg, le firmó un cheque por 500.000 dólares a cambio de un 10% en la compañía. Una década más tarde esta inversión le reportó a Thiel más de 1.000 millones de dólares y aún conserva más de 5 millones de acciones.

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V

El día D ha llegado para los participantes en Menorca Millennials. Han aterrizado en la isla una decena de inversores que vienen a encontrar oportunidades. La mañana del sábado empieza con un paseo en bici de cinco kilómetros y una caminata de tres kilómetros hasta llegar a una cala remota. Empieza el juego. Los emprendedores aprovechan el trayecto para iniciar conversaciones y enseñar su cara más amable; los inversores toman con deportividad la atención que reciben.

Esta experiencia viene a ser la esencia de Menorca Millennials según sus fundadores. «Sacar los encuentros entre Venture Capitalists y start-ups de las oficinas. Darles tiempo para congeniar ya que en el fondo no solo están invirtiendo en empresas, sino en personas», comenta Garriga. Los emprendedores saben que no saldrán del evento con nada firmado, pero el encuentro posterior será mucho más fácil tras haberse conocido. «Casi siempre las reuniones que funcionen bien aquí acaban desencadenando nuevos encuentros cuando termina el evento», añade Martín.

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Al final del trayecto les espera el plato fuerte del evento. En la jerarquía de la emprendeduría hoy van a conocer en persona lo que vendría a ser un profeta de las start-ups. Martin Varsavsky es un miembro del estamento más alto que tiene en su currículum todos los milestones a los que aspira un emprendedor tecnológico.

Ha creado seis empresas, algunas de ellas denominadas unicornios en la jerga estartapil, por tener un valor mayor a 1.000 millones de euros. Va camino de impulsar su séptima compañía.

Tras 30 minutos donde el grupo aprovecha para darse un chapuzón, aparece Varsavksy ataviado con un culotte de bici y una camiseta de Menorca Millennials. Los asistentes se sientan en semicírculo mirando hacia el mar. Varsavsky se sitúa frente a ellos y habla de pie.

«A lo largo de mi carrera, me he acostumbrado a que se mofen de mis ideas. Decían que el móvil mataría el wifi. Cuando lo que ha acabado pasando es que la gente usa las redes de 3G sólo cuando no encuentra wifi. Me han dicho que la energía solar nunca funcionará en referencia a mis inversiones en el sector. Dijeron que el cloud computing es una locura. ¿Quién va a guardar sus datos en otro lugar que no sea su casa?».

A continuación presenta su nueva idea de negocio, Prelude Fertility, «el dropbox para los testículos», bromea el argentino. «Quiero transformar la industria de la infertilidad en la industria de la fertilidad. Una de las principales causas de depresión y malestar entre las personas es la incapacidad de tener hijos. El problema es que casi siempre quien acude a tenerlos llega demasiado tarde, cuando ya no es fértil. ¿Y si congelas tu esperma o tus óvulos en tu juventud? Cuando aún eres joven y estás sano».

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La compañía se encargará de guardar este material genético en un lugar seguro y ponerlo a disposición de sus usuarios cuando tomen la decisión de tener hijos años más adelante, explica. Su misión no será fácil ya que dependerá sobre todo de su capacidad de convencer a jóvenes (o sus padres) para invertir dinero en algo que puede estar muy lejos de sus planes cuando tienen veintipocos años. De momento Varsavsky cuenta con 100 millones de dólares para ponerlo en marcha y el precedente de empresas como Facebook y Apple que llevan desde 2014 ofreciendo estos servicios a sus empleadas.

«¿Por qué lo llamamos el dropbox de los testículos? Tu información genética es la cosa más importante que tendrás jamás. ¿La guardarías en tus testículos o tus ovarios o preferirías que estuviesen almacenados en un laboratorio en nitrógeno líquido a -196°C? Acabamos de venir aquí en bicicleta. No creo que sea el sitio más seguro para guardarlos».

Tras finalizar la charla volvemos a un autobús que nos espera en una playa cercana. Entablo una conversación con una inversora que comenta que tres de sus amigas han congelado sus óvulos después de entrar en la treintena y encontrarse sin pareja. Esa noche cenamos con un grupo de personas en el que uno de ellos comenta que su hija le ha pedido esto como regalo de cumpleaños. Varsavsky parece haber palpado una de las mayores preocupaciones de esta era.

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Fotos: Menorca Millennials/Marc Alsius

 

I

Hace apenas una hora que la oscuridad se ha apoderado de Menorca. El primera lugar donde sale el sol en España es también el primero en el que cae la noche. En un patio pintado de blanco y con suelo recubierto de fieltro azul se agrupan una treintena de personas en un semicírculo. Están descalzos, sus zapatos apilados en estanterías en la entrada. Las miradas están dirigidas hacia un predicador que no está en la habitación. Su figura está proyectada a tamaño real en una pared.

Jason Womack es un guía espiritual pero no del tipo religioso. El es un business coach, un asesor cuyo propósito es ayudar a los asistentes a navegar las inciertas y convulsas aguas del emprendimiento. Gesticula con intensidad mientras lanza mantras telemáticos:

«Estamos en el negocio de la construcción de relaciones. Somos desarrolladores de oportunidades».

«Nuestro camino es la mejora iterativa continua».

«A veces tienes que entrenar más lento durante más tiempo cuando compites para a la hora de la verdad ir más rápido en el menor tiempo posible».

«¿Cuál es el propósito de una start-up? Crear un cliente».

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Antes de terminar, recomienda a todos leer su libro Get Momentum. «Estoy disponible para vosotros vía Twitter, email, Skype o donde queráis. Gracias por escucharme esta noche». La transmisión acaba y su holograma se desvanece en la noche menorquina.

Los asistentes son feligreses de la iglesia de las start-ups. Han venido a la isla del «poc a poc» y de la vida epicúrea mediterránea para participar en la segunda edición de Menorca Millennials, un programa de dos semanas que se autodefine como la primera desaceleradora de start-ups. Un retiro espiritual en el frenético mundo de las empresas tecnológicas para parar la máquina y reflexionar sobre el rumbo que se está tomando.

Solo 20 compañías de un total de más de 400 candidatos han sido seleccionados para entrar en el programa.

II

«Las mejores mentes de mi generación se devanan los sesos para lograr que la gente haga clic en un anuncio. Vaya mierda», Jeff Hammerbacher

En los últimos años, una de las mayores críticas que se han vertido hacia Silicon Valley y sus pretendientes al trono como centro de innovación tecnológica es la atención y la prensa que se da a las compañías consideradas efímeras y superficiales. Existe una preocupación que la enésima app de citas parece cosechar más dinero y atención que las startups que abordan las grandes cuestiones de la humanidad. La serie de HBO Silicon Valley, pese a ser una ficción, ahonda en esto inspirándose en historias reales para exagerar la realidad.

En el Carema Club Playa donde se desarrolla Menorca Millennials, la informalidad está al orden del día. Las conversaciones ocurren a pie de playa, bajo las sombrillas o en la piscina con una caña, pero la mayor parte de los asistentes están inmersos en cuestiones increíblemente trascendentes.

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Temas como el ahorro del agua. Wouter Chömpff es cofundador de Hamwells, una compañía cuyo producto estrella es el e-shower, una ducha que consume «un 90% menos de agua que una ducha tradicional». Lo consigue, según él, mediante un sistema de reciclaje de H2O, filtrándola y aplicando luz ultravioleta para reutilizarlo hasta siete veces.

«Si este modelo de ducha se consolida, puede cambiar el modo en que construimos una casa. Ya no necesitas un calentador de 200 litros. Con 20 litros te vale».

Chömpff cuenta que ha venido aquí sobre todo para levantar financiación, «aunque también para hacer contactos». La compañía tiene un producto que funciona y en el que creen, dice, pero necesitan fondos para poder empezar a escalar la producción.

En el caso del alicantino Alejandro Santacreu, acabar con la obsolescencia programada en los móviles es su particular proyecto vital. Hace unos años se le rompió el botón de su iPhone 4. Cuando pidió precio para repararlo a Apple, le dijeron que le costaría 160 euros.

Para la mentalidad ingeniera de Santacreu, acostumbrado desde pequeño a deconstruir ordenadores para repararlos y estudiarlos, esta situación le causó una profunda indignación. «Para cambiar un botón tenían que romper la pantalla. Cuando se te rompe el parabrisas de un coche no tienes que reemplazar todo el vehículo. Están diseñados para ser reparados».

Santacreu convirtió su frustración en un boceto conceptual que llamó Puzzle Phone y que compartió en YouTube en enero de 2013. Allí detalló su idea de crear un móvil modular que integre piezas intercambiables y estándares abiertos para que cualquier desarrollador pueda trabajar sobre ellos.

Nueve meses después tomó una decisión aún más importante: dejar España tras años de darse cabezazos como «emprendedor, ciudadano y empleado en un país en el que siempre he sentido que la cultura de la corrupción y la falta de visión a largo plazo le arrebata el enorme potencial que tiene».

Siguiendo a su mujer que ya estaba trabajando allí, vendió su coche, alquiló su casa e hizo las maletas para instalarse en Finlandia. Aquí se encontró un ecosistema móvil capaz de poner en práctica su idea.

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«Después del cierre y reconversión de Nokia, el talento se quedó en la calle. Muchos exempleados de la compañía acabaron formando start-ups. Este tejido me ha permitido desarrollar y fabricar este teléfono en Finlandia. Si Nokia hubiera permanecido, este know how seguiría encerrado».

Hoy Puzzle Phone está constituida como empresa con sede en Espoo a 10 kilómetros de Helsinki, aunque sigue en fase de I+D. «Todavía no está a la venta en el mercado, pero hemos conseguido 1,4 millones de euros de inversión hasta ahora. Falta el último empujón para empezar a sacar el móvil», explica Santacreu mientras enseña la maqueta del teléfono.

Para Santacreu, la visita a Menorca «es lo más cerca que he estado de tomarme unas vacaciones en los últimos tres años y probablemente lo más cerca que estaré de tener unas en los próximos tres años. Encuentro necesario algo así para poder reflexionar; compartir ideas con otras personas en situaciones como tú y captar financiación».

De Elche al espacio

«Tenéis que hablar con Raúl Torres. Es impresionante lo que está haciendo». Ya son más de tres asistentes que me han recomendado hablar con esta persona a quien todavía no he puesto cara. En la terraza lo encuentro con una caja colorida en la mano explicando con absoluta determinación cómo en un par de años sus cohetes traspasarán la atmósfera de la tierra para introducirse en el espacio.

Torres tiene 28 años y junto con su socio Raúl Verdú capitanea PLD Space, un proyecto que se ha puesto como meta enviar un cohete al espacio en 2018. La revolución, explica, no está en los viajes al espacio para humanos. El verdadero negocio y cambio estará en la creación de cohetes privados capaces de enviar nanosatélites al espacio. Esa caja colorida que tiene en la mano es una maqueta de uno de ellos.

«Pesan unos pocos kilos y son capaces de transmitir muchísima información desde el espacio a la Tierra». Es la tecnología que empresas como OneWeb quiere emplear para llevar internet a todo el mundo. Estos nanosatélites orbitan la Tierra entre 400  y 1.200 km de altitud. «Por el precio de un satélite tradicional que tiene el tamaño de un autobús puedes enviar centenares de satélites pequeños que cubren todo el planeta».

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Raúl Torres de PLD Space

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La start-up ya ha realizado pruebas con éxito y tienen programado el primer lanzamiento al espacio para 2018. «La verdadera prueba de fuego será tres meses después del primer test cuando lanzaremos una carga de 100 kilos para tres clientes».

PLD space tiene ya firmadas 45 millones de euros en cartas de intenciones, pero Torres comenta que si no consiguen una segunda ronda no llegarán a tiempo para estar en el mercado en el momento adecuado. Está aquí para conocer a otras personas que se encuentran en una situación similar que él, pero sobre todo para encontrar inversores que les permitan cumplir con su calendario de lanzamientos especiales previstos para los próximos años.

A Torres y su equipo les han ofrecido llevar su compañía a otro país. Han recibido ofertas de Reino Unido y Estados Unidos. «Pero no queremos irnos. Todos mis compañeros de ingeniería están fuera. Yo quiero que vuelvan. Quiero construir junto con otras empresas una industria espacial aquí».

III

El ambiente es familiar en el complejo hotelero de Carema. Los alojados son sobre todo extranjeros con hijos que aprovechan las comodidades del todo incluido para tostarse al sol. Este ambiente contrasta con el enclave reservado para los miembros de Menorca Millennials. La mayor parte de la actividad se concentra en una terraza exterior que bordea un patio interior donde se producen las conferencias. El idioma elegido para todo es el inglés. Las start-ups no solo vienen de España. Hay empresas como el programa de gestión de tareas Tribe con base en Chicago, la app que quiere acabar con los cajeros automáticos Spare de Los Ángeles, meXBT, que ofrece un servicio de transferencia de dinero por Bitcoin. También hay quien tiene base en Barcelona pero trabaja para todo el mundo como es el caso de Ticketing3d que ofrece su servicio de venta de entradas en tres dimensiones a el estadio de Wembley, Manchester City y Liverpool, entre muchos otros.

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Los perfiles se dividen en tres categorías jerarquizadas. Los aspirantes a conseguir el éxito con su start-up que pasan dos semanas aquí. Los que ya han conseguido vender una o varias start-ups y vienen al evento como asesores y mentores. Y finalmente los inversores que poseen la liquidez para, en caso de encontrar suficientemente interesante una empresa, invertir en ella en una ronda de inversión. Algunos de los mentores son a la vez inversores que han empezado a invertir en start-ups tras haber vendido su propia empresa.

Por la tarde es cuando más se produce esa mezcolanza de perfiles en las sesiones de one to one. Momento en el que cada emprendedor programa citas con personas con quien les interesa hablar para recibir su asesoramiento. Personas como Pep Gómez, fundador de Fever; John Keagy, uno de los pioneros de infraestructura digital; o el abogado especializado en start-ups Ignasi Costas.

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Se siente un cierto compadreo. La sensación de formar parte de una fraternidad que navega un camino compartido hacia el todo o la nada. Nadie habla simplemente de sobrevivir. Nadie ni siquiera comenta que el 90% de las start-ups fracasan. El mensajes de ir a por todas, del crecimiento exponencial, contrasta con la experiencia de Kepa Acero, que en el día 10 del campamento visita el campus para compartir su experiencia.

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El surfista vasco cuenta cómo hace una década se bajó del barco de la alta competición y decidió retomar el control de los tiempos en su vida. «Había viajado a todo el mundo, pero en realidad tenía la sensación de no haber visto nada. Llegabas directo al hotel, te metías en el agua y luego te ibas».

El mundo de Kepa y las start-ups es antagónico. Con 26 años se cansó de la alta competición surfera y lo cambió por viajar durante meses a los lugares más remotos de la tierra con un único propósito, encontrar olas que nunca antes había surfeado, como en el desierto de Namibia. «A veces te pasas meses para encontrar una ola que solo puedes surfear durante unas horas. En otras ocasiones ni siquiera la encuentras».

Durante estos 15 días los emprendedores han hecho un intento de pasarse al carril lento de manera temporal, pero les queda poco para volver a echar la quinta para comerse el mundo. Se intenta comprimir experiencias que Kepa Acero ha intentado tener durante años en dos semanas.

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De hecho, el legendario emprendedor tecnológico John Keagy, al día siguiente de escuchar la charla de Acero, no esconde su admiración por él. Pero advierte a los fieles de que «ni se les ocurra hacer con su negocio lo que Kepa ha hecho con su vida». Interiorizar las enseñanzas pero lo justo, no vayamos a lanzar por la borda todo lo conseguido. Aquí se viene a desacelerar para, al terminar esas dos semanas, salir a velocidad de torpedo.

Finaliza otro día largo. Palabras como ‘nicho’, ‘ronda de inversión’ y ‘crecimiento exponencial’ que se repiten hasta la saciedad han dado paso a otro temas. Un visitante británico arremete contra «la locura del Brexit». Otro comenta su afición al kite surf. Pero hay quien incluso a las 12 de la noche no consigue desconectar durante un momento de algo tan envolvente como es tener tu propio negocio.

Me siento en una mesa con una de las organizadoras, cerveza en mano, para disfrutar de la brisa menorquina. Un emprendedor estadounidense se sienta a nuestro lado y pregunta si seríamos tan amables de escuchar su pitch. Son las 12 de la noche y todavía no ha conseguido aflojar el ritmo. Comparte el nuevo rumbo que quiere dar a su start-up tras las dos semanas pasadas aquí. La respuesta de uno de los oyentes es amable pero muy crítica. «No puedes decir esto a un inversor. Va a salir corriendo. Tienes que intentar no vender una experiencia tan especializada».

Unos minutos después llega su compañero. Le pide acompañarle ya a su habitación. «Mañana vienen algunos inversores y quiero tener lista nuestra presentación». El emprendedor no desiste intentando argumentar por qué la nueva estrategia está bien. Su compañero se lo lleva tirándole del brazo. Hace caso omiso a las recomendaciones de quien le escucha. Baja las escaleras y sigue intentando convencernos que su idea merece la pena. Lanzar una start-up atrae a mentes obsesivas. Tienes que creerte lo que estás haciendo. Tienes que ir a por todas.

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IV

Durante la época en la que Bill Gates lideró Microsoft, el fundador de la compañía seguía un ritual a rajatabla al menos dos veces al año. Lo llamaba Think Week y consistía en salir de la oficina durante una semana para desconectar del día a día y dedicarlo a la reflexión profunda. Gates se atrincheraba en casas a pie de playa y se dedicaba a leer cajas de ideas y papers académicos que mandaban sus empleados. Más adelante, con la llegada de la web, este proceso pasó a una web interna donde distintos capos de la empresa enviaban y compartían ideas e información para que Gates lo analizara durante esa semana.

Gates no inventó la rueda. Desde que el humano decidió concentrarse en ciudades, siempre ha habido pensadores que requieren desconectar del bullicio para reflexionar. Thoreau se refugió en una cabaña. Los filósofos griegos se iban solos al campo a pensar. Los peregrinos del camino de Santiago aprovechan las largas caminatas para reflexionar sobre su vida. Los monjes budistas se refugian en los monasterios para vaciar la mente.

Algo así experimentó Ricard Garriga hace unos años. En su papel como director de estrategias de start-ups en YouNoodle, con base en San Francisco, se le encomendó diseñar un plan para introducir la compañía en Barcelona. Antes del lanzamiento Garriga optó por alquilar una casa en Menorca y tomarse un tiempo para pensar. Unos años antes había conocido la isla tras asistir a uno de los Techtalks que organizaba Martin Varsavsky y se quedó cautivado por su belleza.

«Conseguí rebajar el ruido mental durante esos días. La isla me ayudó a incrementar mi creatividad exponencialmente. Cuando empezaba a caer el sol me dirigía a un bar con internet para tomarme una cerveza y hablar con mis compañeros en Estados Unidos. Cuando giraba la webcam y les enseñaba dónde estaba, se quedaban alucinados».

En una de sus visitas a Menorca, una amiga le llevó a la isla de la cuarentena a la entrada del puerto de Mahón. Durante siglos fue un espacio creado para acoger a las naves con destino a España sospechosas de ser un peligro sanitario. «Tiene cuatro salas. Una a la que te llevaban si veían que estabas sano. La segunda, para los que planteaban dudas. La tercera, para los enfermos. La cuarta tenía una conexión directa al cementerio. Era la habitación donde te enviaban a morir». Inicialmente Garriga pensó que podría ser un sitio interesante para organizar una cuarentena para start-ups. «Un lugar donde llegabas con ciertas afecciones para al cabo de 20 días salir de allí sano».

El emprendedor catalán desechó la idea debido a la difícil logística de organizar algo allí. «No tiene internet y además cuando cae la noche tengo que admitir que da un poco de mal rollo».

Poco después coincidió en un barco con Marcos Martín, el entonces presidente de la Asociación Europea de Biomasa con base en Bruselas,  y congeniaron. Los dos compartían pasión por la isla y querían una excusa para venir más. De varios encuentros posteriores nació Menorca Millennials.

Ricard Garriga y Marcos Martín
Ricard Garriga y Marcos Martín

Para ponerlo en marcha recurrieron al apoyo de más de 20 personas influyentes del mundo de la empresa y los alistaron como socios de la iniciativa. Entre ellos está Di-Ann Eisnor, cofundadora de Waze; Martin Varsavsky, fundador de Jazztel y FON, y Javier Martínez, director general del Atlético de Madrid. Ellos son llamados a participar en el evento como asesores, potenciales inversores y ayudan a seleccionar a los asistentes. Todas son personas vinculadas de alguna forma a la isla.

El modelo de negocio del evento se sustenta en cambiar la dinámica de los inversores y start-ups. Europa tiene un número cada vez más importante de este tipo de compañías, pero un grupo de inversores relativamente pequeño. Esto creó desequilibrios y produce desventajas para los fundadores de empresas. «En Estados Unidos muchas veces son los inversores quienes hacen cola para convencerte de que ellos son el partner idóneo para invertir en tu empresa», explica Martín.

Las vías de ingresos son varias para Menorca Millennials. Por un lado, las start-ups que son elegidas tras pasar un riguroso proceso de selección suscriben el siguiente acuerdo. Pueden pagar 5.000 euros para cubrir el coste de su participación. Si consiguen dinero posteriormente, el evento se lleva un 5% del dinero que han conseguido. La segunda opción les pide pagar 1.000 euros y aportar un 3% de la empresa a Menorca Millennials. ¿Merece la pena invertir ese dinero? «El año pasado algunas de las compañías que participaron consiguieron 6,8 millones de euros en financiación. En eventos como Y Combinator en Estados Unidos la cuota es del 7%», aclara Martín en referencia a una de las incubadoras más importantes del mundo.

Por otro lado, quieren crear un modelo de cobro para los inversores que llegan al evento para tener acceso exclusivo a las start-ups que ellos han elegido y cribado. Esta parte es más complicada ya que en España y en Europa no están acostumbrados a pagar por acceder a esto. Martín y Garriga están convencidos de que valorarán el trabajo previo que invierten para hacer una selección muy cualitativa.

Después de todo, dar con la persona adecuada no sólo puede cambiar la vida del emprendedor, también puede transformar la del inversor como el legendario caso de Peter Thiel. En 2004 Zuckerberg entró en contacto con él y le pidió financiación para una start-up desconocida llamada Facebook. Anteriormente Thiel había fundado Paypal y empezaba a invertir en empresas en Silicon Valley. Tras su conversación con Zuckerberg, le firmó un cheque por 500.000 dólares a cambio de un 10% en la compañía. Una década más tarde esta inversión le reportó a Thiel más de 1.000 millones de dólares y aún conserva más de 5 millones de acciones.

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V

El día D ha llegado para los participantes en Menorca Millennials. Han aterrizado en la isla una decena de inversores que vienen a encontrar oportunidades. La mañana del sábado empieza con un paseo en bici de cinco kilómetros y una caminata de tres kilómetros hasta llegar a una cala remota. Empieza el juego. Los emprendedores aprovechan el trayecto para iniciar conversaciones y enseñar su cara más amable; los inversores toman con deportividad la atención que reciben.

Esta experiencia viene a ser la esencia de Menorca Millennials según sus fundadores. «Sacar los encuentros entre Venture Capitalists y start-ups de las oficinas. Darles tiempo para congeniar ya que en el fondo no solo están invirtiendo en empresas, sino en personas», comenta Garriga. Los emprendedores saben que no saldrán del evento con nada firmado, pero el encuentro posterior será mucho más fácil tras haberse conocido. «Casi siempre las reuniones que funcionen bien aquí acaban desencadenando nuevos encuentros cuando termina el evento», añade Martín.

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Al final del trayecto les espera el plato fuerte del evento. En la jerarquía de la emprendeduría hoy van a conocer en persona lo que vendría a ser un profeta de las start-ups. Martin Varsavsky es un miembro del estamento más alto que tiene en su currículum todos los milestones a los que aspira un emprendedor tecnológico.

Ha creado seis empresas, algunas de ellas denominadas unicornios en la jerga estartapil, por tener un valor mayor a 1.000 millones de euros. Va camino de impulsar su séptima compañía.

Tras 30 minutos donde el grupo aprovecha para darse un chapuzón, aparece Varsavksy ataviado con un culotte de bici y una camiseta de Menorca Millennials. Los asistentes se sientan en semicírculo mirando hacia el mar. Varsavsky se sitúa frente a ellos y habla de pie.

«A lo largo de mi carrera, me he acostumbrado a que se mofen de mis ideas. Decían que el móvil mataría el wifi. Cuando lo que ha acabado pasando es que la gente usa las redes de 3G sólo cuando no encuentra wifi. Me han dicho que la energía solar nunca funcionará en referencia a mis inversiones en el sector. Dijeron que el cloud computing es una locura. ¿Quién va a guardar sus datos en otro lugar que no sea su casa?».

A continuación presenta su nueva idea de negocio, Prelude Fertility, «el dropbox para los testículos», bromea el argentino. «Quiero transformar la industria de la infertilidad en la industria de la fertilidad. Una de las principales causas de depresión y malestar entre las personas es la incapacidad de tener hijos. El problema es que casi siempre quien acude a tenerlos llega demasiado tarde, cuando ya no es fértil. ¿Y si congelas tu esperma o tus óvulos en tu juventud? Cuando aún eres joven y estás sano».

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La compañía se encargará de guardar este material genético en un lugar seguro y ponerlo a disposición de sus usuarios cuando tomen la decisión de tener hijos años más adelante, explica. Su misión no será fácil ya que dependerá sobre todo de su capacidad de convencer a jóvenes (o sus padres) para invertir dinero en algo que puede estar muy lejos de sus planes cuando tienen veintipocos años. De momento Varsavsky cuenta con 100 millones de dólares para ponerlo en marcha y el precedente de empresas como Facebook y Apple que llevan desde 2014 ofreciendo estos servicios a sus empleadas.

«¿Por qué lo llamamos el dropbox de los testículos? Tu información genética es la cosa más importante que tendrás jamás. ¿La guardarías en tus testículos o tus ovarios o preferirías que estuviesen almacenados en un laboratorio en nitrógeno líquido a -196°C? Acabamos de venir aquí en bicicleta. No creo que sea el sitio más seguro para guardarlos».

Tras finalizar la charla volvemos a un autobús que nos espera en una playa cercana. Entablo una conversación con una inversora que comenta que tres de sus amigas han congelado sus óvulos después de entrar en la treintena y encontrarse sin pareja. Esa noche cenamos con un grupo de personas en el que uno de ellos comenta que su hija le ha pedido esto como regalo de cumpleaños. Varsavsky parece haber palpado una de las mayores preocupaciones de esta era.

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Fotos: Menorca Millennials/Marc Alsius

 

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