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26 de enero 2017    /   CREATIVIDAD
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‘Menú compartido’: la belleza de la vejez como reclamo artístico

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Surgió como nacen las mejores ideas: en un bar. Hacía calor. Había cerveza. Había codos apoyados sobre la barra. Había unas vacaciones en el horizonte. Y dos cerebros en plena ebullición. Patricia y Carmen se habían conocido en un Máster de Diseño Textil y de Superficies. Aquel verano, alentadas por el calor y el alcohol, decidieron aunar sus intereses creativos y darles forma en su propio estudio de diseño.

Tras recorrer varios locales en Madrid, encontraron el que más se adaptaba a sus necesidades en la calle Pez. «Limpiamos, pintamos, gastamos las ocho pilas de la radio, nos ensuciamos, comimos bocatas de lomo en el Palentino y después de varias semanas nos convertimos en dos expertas en reformas», recuerdan.

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Una vez instaladas, comenzaron a ir a diario a un bar en el que consiguieron que les dejaran compartir menú. «Llevábamos un tiempo dándole vueltas al nombre, cuando al llegar un día a comer, Patricia y Carmen dicen: «¡Las chicas que comparten menú!». Aquel día encontraron el nombre de su marca: Menú compartido.

El primer encargo no tardó en llegar. Una marca de aceites de oliva necesitaba una nueva identidad visual, y Patricia y Carmen comenzaron a visualizar su idea: «inspirarse en la típica abuela del pueblo y a partir de ahí nos vinieron millones de ideas a la cabeza y comenzamos a crear este clan de abuelas, cada una con una personalidad bastante peculiar».

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Sus clientes no lo vieron. Les parecía que aquello era «un poco atrevido» para su público objetivo y entonces sus creadoras decidieron que ellas mismas adoptarían a estas abuelas con las que ya se habían encariñado. Las ancianas se convirtieron en las protagonistas de la identidad de su marca.

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En tonos pastel, estas abuelas fueron tomando forma de cojines, libretas, estuches, bolsos, camisetas, pegatinas y pins. La elección de estos colores, exactamente seis tonos, fue completamente emocional y se basaba en los recuerdos de infancia de Patricia y Carmen.

«Esta paleta evoca la nostalgia que provocan otros tiempos pasados y esa niñez que está siempre presente. Definir una paleta nos iba a servir para unificar el trabajo y darle más fuerza a la identidad», explican.

Aunque el diseño en Menú compartido es completamente digital, a base de vectores y estampación digital, el proceso tiene mucho de artesanal. «Al recibir las telas nos ponemos manos a la obra a cortar, coser, rellenar y empaquetar uno por uno. Lo mismo en los artículos de papelería: nos encargamos de encuadernar y preparar cada una de las libretas», detallan.

De la belleza de la vejez, Menú compartido ha hecho su identidad de marca. Sus creadoras cuentan con orgullo que todos aquellos que se hacen con una de estas abuelas se llevan una parte de ellas mismas, que «no es sólo una abuelita entrañable con cara de que va al casino en Miami».

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Surgió como nacen las mejores ideas: en un bar. Hacía calor. Había cerveza. Había codos apoyados sobre la barra. Había unas vacaciones en el horizonte. Y dos cerebros en plena ebullición. Patricia y Carmen se habían conocido en un Máster de Diseño Textil y de Superficies. Aquel verano, alentadas por el calor y el alcohol, decidieron aunar sus intereses creativos y darles forma en su propio estudio de diseño.

Tras recorrer varios locales en Madrid, encontraron el que más se adaptaba a sus necesidades en la calle Pez. «Limpiamos, pintamos, gastamos las ocho pilas de la radio, nos ensuciamos, comimos bocatas de lomo en el Palentino y después de varias semanas nos convertimos en dos expertas en reformas», recuerdan.

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Una vez instaladas, comenzaron a ir a diario a un bar en el que consiguieron que les dejaran compartir menú. «Llevábamos un tiempo dándole vueltas al nombre, cuando al llegar un día a comer, Patricia y Carmen dicen: «¡Las chicas que comparten menú!». Aquel día encontraron el nombre de su marca: Menú compartido.

El primer encargo no tardó en llegar. Una marca de aceites de oliva necesitaba una nueva identidad visual, y Patricia y Carmen comenzaron a visualizar su idea: «inspirarse en la típica abuela del pueblo y a partir de ahí nos vinieron millones de ideas a la cabeza y comenzamos a crear este clan de abuelas, cada una con una personalidad bastante peculiar».

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Sus clientes no lo vieron. Les parecía que aquello era «un poco atrevido» para su público objetivo y entonces sus creadoras decidieron que ellas mismas adoptarían a estas abuelas con las que ya se habían encariñado. Las ancianas se convirtieron en las protagonistas de la identidad de su marca.

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En tonos pastel, estas abuelas fueron tomando forma de cojines, libretas, estuches, bolsos, camisetas, pegatinas y pins. La elección de estos colores, exactamente seis tonos, fue completamente emocional y se basaba en los recuerdos de infancia de Patricia y Carmen.

«Esta paleta evoca la nostalgia que provocan otros tiempos pasados y esa niñez que está siempre presente. Definir una paleta nos iba a servir para unificar el trabajo y darle más fuerza a la identidad», explican.

Aunque el diseño en Menú compartido es completamente digital, a base de vectores y estampación digital, el proceso tiene mucho de artesanal. «Al recibir las telas nos ponemos manos a la obra a cortar, coser, rellenar y empaquetar uno por uno. Lo mismo en los artículos de papelería: nos encargamos de encuadernar y preparar cada una de las libretas», detallan.

De la belleza de la vejez, Menú compartido ha hecho su identidad de marca. Sus creadoras cuentan con orgullo que todos aquellos que se hacen con una de estas abuelas se llevan una parte de ellas mismas, que «no es sólo una abuelita entrañable con cara de que va al casino en Miami».

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Opiniones 1
  • No uses la palabra abuela y abuelo para referirte a una persona mayor. No todas las personas somos madres o abuelas. Por lo demás el artículo super interesante. Esa observación te ayudará a mejorar.

  • Comentarios cerrados.

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