15 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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La mexicanidad en 31 postales chidas

15 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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«México no son los tópicos con los que se le representa siempre», dice Roberto Rodríguez Aguilar, un diseñador mexicano que reside en España desde hace más de una década. Cuando llegué a Murcia, todo el mundo me hacía la broma del anuncio: «’¡Cuate, aquí hay tomate!’, y yo no sabía ni lo que era».
Después de diez años observando que existen muchos que aún piensan que su país natal «se encuentra en Centroamérica o Sudamérica, en vez de en Norteamérica», entre otros deslices, ha decidido utilizar precisamente esos tópicos típicos -más sus habilidades artísticas- para explicar por qué México es mucho más que eso. «Había que situarlo geográficamente para esclarecer su ubicación, para empezar», suspira.
Su idea ha sido elaborar una monografía con el tema México (Monografía Incomprendida) compuesta por 31 ilustraciones en formato tarjeta postal e impresas en serigrafía, una técnica muy utilizada en el país azteca en la que tuvo que ser autodidacta, ya que no se impartía en sus clases de diseño en España. Además, en su packaging, que de momento es una colección de 50 unidades hechas a mano, incluye un desplegable con la explicación de lo que realmente quieren decir cada uno de esos repetidos iconos.

«Más allá del folclore, la mexicanidad es una actitud. El contraste de cultura y brabuconeo de un pueblo valiente, pero sanguinario», responde a la pregunta de cómo definir el concepto exactamente. «Contarlo gráficamente ya es otro tema».
A primera vista, lo que se ve en su colección son efigies conocidas como el Chapulín Colorado, un luchador enmascarado, Frida Kahlo, las tortillas de hacer tacos, Zapata, Carlos Slim o un chile. Es en un segundo análisis cuando el observador se da cuenta de «la ironía, el sarcasmo y el humor» que Rodríguez Aguilar utiliza como recursos habituales. «Segundas lecturas o recovecos a modo de pistas que complementan el tema de cada postal, que empujan al receptor a pensar, conocer y comprender del tema más a fondo», en sus propias palabras.
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Quiso sacar punta tanto a lo positivo como a lo negativo que caracteriza los 31 estados del país, número que determinó la cantidad de postales: Emiliano Zapata porta sobre la cabeza una jaula de la que brota un mundito con alas. Es como el diseñador quiso plasmar «tierra y libertad», el lema del revolucionario. Las coronas europeas se igualan a los birretes universitarios en un país donde, a falta de nobles, el título es el de ‘licenciado’.
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En la serigrafía del archiconocido Chapulín Colorado, el personaje aparece ante un círculo celestial y un texto que denuncia la postulación del humorista por convertir el aborto en un delito federal.
«Quiero que cada dibujo represente las dos versiones de los hechos. El país de contrastes que es México, de aspectos diametralmente opuestos», cuenta tras hablar de una postal en la que la figura de Carlos Slim, el hombre más rico de la Tierra, se erige ante un grupo de manos que se ahogan ante sus ojos hechos de euro y dólar.
 
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«México posee un sinfín de elementos que solo están allí. Abarcan el espacio, la sociedad, la economía, las tradiciones, las aportaciones a la cultura, sucesos contemporáneos, fauna endémica, costumbres, formas de ser, de vivir… cosas que lo hacen particular», da fe oral de la variedad de puntos claves que a veces pasan desapercibidos.
Según su opinión, «el ser humano siempre ha tenido cierto recelo ante lo desconocido, y es comprensible ante algo que nos resulta novedoso, extraño, diferente, raro», acepta. Por eso él, «perfectamente consciente» de que sus «orígenes y el bagaje cultural» es «parte del equipaje» que trajo consigo, está dispuesto con este trabajo a «derribar mitos y estereotipos». «O confirmarlos».
Entre las manías buenas de su país, como «la veneración a las madres», también hay nocivas, no lo oculta. Como ejemplo de ello habla de cuatro ilustraciones repartidas en su colección que denuncian cómo el color de piel es algo que aún marca la diferencia en México siglos después del fin de colonos y colonizados. Para lograr exportar el mensaje en esos dibujos, lo que hizo fue adjetivar el cuarteto de ilustraciones, en los que salen personas de diferentes razas, repartiendo los calificativos entre ofensivos y celestiales en función de sus tonalidades epidérmicas.
«Vivimos en un mundo que se compromete cada vez menos socialmente», esgrime; «creemos que con un click o un “me gusta” podemos cambiar situaciones nada amables como la violencia machista, la discriminación, la desigualdad o la ignorancia. Yo creo en el poder de la imagen, estoy plenamente convencido de que formular mensajes de crítica social al espectador puede, de alguna manera, emplazarle a sensibilizarse, concienciarse y llevarle a la acción».
Cuenta el diseñador que hace esto porque «debe existir acceso a información más allá de lo trivial, de lo que los mass media ofrecen en sus contenidos filtrados». Opina que «es necesario conocer más a fondo una cultura para comprenderla», y aunque es de la idea de que el racismo se cura viajando y el fascismo leyendo, es consciente de que «no todas las personas pueden realizar un viaje físico, pero sí que pueden hacer un recorrido visual y conocer otras culturas». Las suyas están colgadas en la red gratuitamente.
«La ilustración es un vehículo idóneo para comunicar, y estoy convencido de que esta monografía puede cambiar la idea de ese México idealizado y mostrar que existe un abanico amplio de formas, colores, costumbres y maneras de ser mexicano».
*(Aquí podrás ver la colección de Rodríguez Aguilar junto a las explicaciones de cada ilustración)
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«México no son los tópicos con los que se le representa siempre», dice Roberto Rodríguez Aguilar, un diseñador mexicano que reside en España desde hace más de una década. Cuando llegué a Murcia, todo el mundo me hacía la broma del anuncio: «’¡Cuate, aquí hay tomate!’, y yo no sabía ni lo que era».
Después de diez años observando que existen muchos que aún piensan que su país natal «se encuentra en Centroamérica o Sudamérica, en vez de en Norteamérica», entre otros deslices, ha decidido utilizar precisamente esos tópicos típicos -más sus habilidades artísticas- para explicar por qué México es mucho más que eso. «Había que situarlo geográficamente para esclarecer su ubicación, para empezar», suspira.
Su idea ha sido elaborar una monografía con el tema México (Monografía Incomprendida) compuesta por 31 ilustraciones en formato tarjeta postal e impresas en serigrafía, una técnica muy utilizada en el país azteca en la que tuvo que ser autodidacta, ya que no se impartía en sus clases de diseño en España. Además, en su packaging, que de momento es una colección de 50 unidades hechas a mano, incluye un desplegable con la explicación de lo que realmente quieren decir cada uno de esos repetidos iconos.

«Más allá del folclore, la mexicanidad es una actitud. El contraste de cultura y brabuconeo de un pueblo valiente, pero sanguinario», responde a la pregunta de cómo definir el concepto exactamente. «Contarlo gráficamente ya es otro tema».
A primera vista, lo que se ve en su colección son efigies conocidas como el Chapulín Colorado, un luchador enmascarado, Frida Kahlo, las tortillas de hacer tacos, Zapata, Carlos Slim o un chile. Es en un segundo análisis cuando el observador se da cuenta de «la ironía, el sarcasmo y el humor» que Rodríguez Aguilar utiliza como recursos habituales. «Segundas lecturas o recovecos a modo de pistas que complementan el tema de cada postal, que empujan al receptor a pensar, conocer y comprender del tema más a fondo», en sus propias palabras.
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Quiso sacar punta tanto a lo positivo como a lo negativo que caracteriza los 31 estados del país, número que determinó la cantidad de postales: Emiliano Zapata porta sobre la cabeza una jaula de la que brota un mundito con alas. Es como el diseñador quiso plasmar «tierra y libertad», el lema del revolucionario. Las coronas europeas se igualan a los birretes universitarios en un país donde, a falta de nobles, el título es el de ‘licenciado’.
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En la serigrafía del archiconocido Chapulín Colorado, el personaje aparece ante un círculo celestial y un texto que denuncia la postulación del humorista por convertir el aborto en un delito federal.
«Quiero que cada dibujo represente las dos versiones de los hechos. El país de contrastes que es México, de aspectos diametralmente opuestos», cuenta tras hablar de una postal en la que la figura de Carlos Slim, el hombre más rico de la Tierra, se erige ante un grupo de manos que se ahogan ante sus ojos hechos de euro y dólar.
 
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«México posee un sinfín de elementos que solo están allí. Abarcan el espacio, la sociedad, la economía, las tradiciones, las aportaciones a la cultura, sucesos contemporáneos, fauna endémica, costumbres, formas de ser, de vivir… cosas que lo hacen particular», da fe oral de la variedad de puntos claves que a veces pasan desapercibidos.
Según su opinión, «el ser humano siempre ha tenido cierto recelo ante lo desconocido, y es comprensible ante algo que nos resulta novedoso, extraño, diferente, raro», acepta. Por eso él, «perfectamente consciente» de que sus «orígenes y el bagaje cultural» es «parte del equipaje» que trajo consigo, está dispuesto con este trabajo a «derribar mitos y estereotipos». «O confirmarlos».
Entre las manías buenas de su país, como «la veneración a las madres», también hay nocivas, no lo oculta. Como ejemplo de ello habla de cuatro ilustraciones repartidas en su colección que denuncian cómo el color de piel es algo que aún marca la diferencia en México siglos después del fin de colonos y colonizados. Para lograr exportar el mensaje en esos dibujos, lo que hizo fue adjetivar el cuarteto de ilustraciones, en los que salen personas de diferentes razas, repartiendo los calificativos entre ofensivos y celestiales en función de sus tonalidades epidérmicas.
«Vivimos en un mundo que se compromete cada vez menos socialmente», esgrime; «creemos que con un click o un “me gusta” podemos cambiar situaciones nada amables como la violencia machista, la discriminación, la desigualdad o la ignorancia. Yo creo en el poder de la imagen, estoy plenamente convencido de que formular mensajes de crítica social al espectador puede, de alguna manera, emplazarle a sensibilizarse, concienciarse y llevarle a la acción».
Cuenta el diseñador que hace esto porque «debe existir acceso a información más allá de lo trivial, de lo que los mass media ofrecen en sus contenidos filtrados». Opina que «es necesario conocer más a fondo una cultura para comprenderla», y aunque es de la idea de que el racismo se cura viajando y el fascismo leyendo, es consciente de que «no todas las personas pueden realizar un viaje físico, pero sí que pueden hacer un recorrido visual y conocer otras culturas». Las suyas están colgadas en la red gratuitamente.
«La ilustración es un vehículo idóneo para comunicar, y estoy convencido de que esta monografía puede cambiar la idea de ese México idealizado y mostrar que existe un abanico amplio de formas, colores, costumbres y maneras de ser mexicano».
*(Aquí podrás ver la colección de Rodríguez Aguilar junto a las explicaciones de cada ilustración)
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