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11 de diciembre 2013    /   DIGITAL
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México limpio, año cuatro

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Pablo Laguna lleva el presente de la Ciudad de México en la cara y el futuro de la misma urbe entre las rodillas. El presente es una mascarilla azul que cubre su boca y su nariz, y el futuro, la bicicleta de alquiler público que acaba de agarrar para ir al trabajo. “O nos movemos así o nos acabaremos ahogando, wey”, responde antes de arrancar.

En México viven 120 millones de personas, más de 20 concentrados en la capital. El número de coches que poseen entre todos los habitantes del país supera los 25 millones de unidades, y las emisiones de CO2 de la nación (un 1,6% de las totales del planeta) son un problema considerado alarmante en sus grandes urbes.

Una de las soluciones en la que han puesto el ojo gobierno y sociedad para atajar esta problemática es el uso de velocípedos, una estrategia que en ocasiones aumenta el caos de tráfico ya existente debido a la inexperiencia de algunos pedaleadores, la densidad de vehículos motorizados y la falta de vías para ciclistas en muchos lugares, pero por la que organismos públicos, empresas privadas, ciudadanos y hasta desarrolladores de Apps siguen apostando con firmeza.

EcoBiciCdMexico

“No es cierto que el número de vehículos que tenemos los mexicanos sea el verdadero problema”, dice fuera del despacho una miembro de la Secretaría de Medio Ambiente de la capital. “La prueba es que en países como Holanda, donde no tienen problemas de contaminación, tienen tres o cuatro veces más carros por habitante que aquí. El problema es la cultura del uso del coche. El holandés se mueve en bicicleta a diario y usa el coche solo para trayectos largos, y el mexicano, usa el coche para ir a dos cuadras. Esa educación es en lo primero que se debe trabajar”.

La ciudad de México empezó hace cuatro años con su transformación. Las bicicletas, antes un vehículo para los domingos, ahora serpentean entre los coches por casi todos los rincones de la metrópoli. Muchos ciudadanos se han ido concienciando de los beneficios de su utilización a la par que programas oficiales han dado impulso el cambio. En 2010, el Gobierno del Distrito Federal implementó (en la zona céntrica) el programa de bicicletas públicas Ecobici, un sistema de préstamo de bicis que ya existe en otra muchas ciudades del mundo, y al mismo tiempo, dispuso ciclovías y desarrolló el Reglamento de Tránsito para reconocer a estos desmotorizados transportes como vehículos, algo con lo que los ciclistas adquirieron nuevos derechos y obligaciones ante la ley.

Bicicletas particulares, iniciativas de compañías y programas de préstamo gratuito de estos vehículos han aumentado considerablemente, en menos de un lustro, el número de gente que actualmente utiliza velocípedos para moverse en ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara o Monterey (se desconoce el número exacto de usuarios totales). Solamente los de Ecobici ya son cerca de 80.000, de los cuales el 64% no consideraba la bicicleta como medio de transporte antes del programa, según una encuesta de las empresas Kaleydoscopio y Gabinete de Comunicación.

Al parecer México se está tomando en serio lo de pedalear a cambio de un aire algo más puro. Pero como todo corte bueno, este también deja sus flecos. “Muchos ciclistas andan sin luces de noche y muchos se meten por cualquier lado sin señalizar sus movimientos, y eso es un peligro constante”, protesta Sebastián Rojo después de estacionar su carro, que utiliza “a diario”. La multiplicación de estos ciudadanos a dos ruedas conlleva también cambios que a menudo provocan una confrontación a tres bandas entre conductores, ciclistas y peatones.

Lo cierto es que, aunque existen sanciones para conductores de bicis contempladas en el nuevo Reglamento, no existen registros precisos del número de infracciones de ciclistas, “y la policía a ellos nunca les va a multar, porque nunca han multado bicicletas”, opina Rojo. Bernardo Baranda, director para Latinoamérica del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, advirtió –en una entrevista para CNN- que a veces, los usuarios de bicicletas (entre los que se incluye) “nos comportamos como todo lo que criticamos, y debería haber una concientización con respecto al contenido del Reglamento, que casi nadie lo conoce”.

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Por su parte, según los datos de Kaleydoscopio, más del 60% de la población se pone del lado de los del sillín y considera que la razón por la que no se puede andar en bicicleta por la capital mexicana es porque es peligrosa debido a la “mala educación vial de los conductores” de vehículos a motor. En 2012, la Procuraduría del DF contabilizaba 118 accidentes en los que fueron atropellados ciclistas.

El tercer frente de esta lucha por el dominio de las calles lo forman los peatones, “los más vulnerables” cuando los ciclistas invaden aceras o circulan en sentido contrario según la Secretaría de Tránsito y Vialidad (Setravi) del Distrito Federal.

Entre tanto el proyecto de poner a México al manillar sigue su curso. Iniciativas como Wikicleta, una App (móvil y web) para ciclistas –que busca financiación a través de Fondeadora para ver la luz-, pretende conectar a los cabalgadores de velocípedos y ofrecer “de manera sencilla y rápida” información relevante para sus recorridos diarios: “Evaluación de rutas, bici-estacionamientos, talleres, tiendas especializadas…, y premios por lograr retos a pedaladas”. “Me apasiona idear soluciones a problemáticas urbanas como la movilidad y la participación ciudadana”, asegura Alejandro, el ideólogo de esta herramienta digital.

“Hace 10 años aquí no veías una bicicleta por ningún lado”, habla Laguna de los recuerdos de lo que fue su ciudad. “Pero yo creo que poco a poco, teniendo un poco de sentido común, entendiéndonos entre todos, y fomentando con medidas y facilidades el transporte no contaminante, igual que ahora sí que se pueden ver ciclistas en unos años podríamos haber transformado del todo esta ciudad. DF, ciudad saludable. Imagínate”.

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Wikicleta en Fondeadora from Wikicleta MX on Vimeo.

 

Pablo Laguna lleva el presente de la Ciudad de México en la cara y el futuro de la misma urbe entre las rodillas. El presente es una mascarilla azul que cubre su boca y su nariz, y el futuro, la bicicleta de alquiler público que acaba de agarrar para ir al trabajo. “O nos movemos así o nos acabaremos ahogando, wey”, responde antes de arrancar.

En México viven 120 millones de personas, más de 20 concentrados en la capital. El número de coches que poseen entre todos los habitantes del país supera los 25 millones de unidades, y las emisiones de CO2 de la nación (un 1,6% de las totales del planeta) son un problema considerado alarmante en sus grandes urbes.

Una de las soluciones en la que han puesto el ojo gobierno y sociedad para atajar esta problemática es el uso de velocípedos, una estrategia que en ocasiones aumenta el caos de tráfico ya existente debido a la inexperiencia de algunos pedaleadores, la densidad de vehículos motorizados y la falta de vías para ciclistas en muchos lugares, pero por la que organismos públicos, empresas privadas, ciudadanos y hasta desarrolladores de Apps siguen apostando con firmeza.

EcoBiciCdMexico

“No es cierto que el número de vehículos que tenemos los mexicanos sea el verdadero problema”, dice fuera del despacho una miembro de la Secretaría de Medio Ambiente de la capital. “La prueba es que en países como Holanda, donde no tienen problemas de contaminación, tienen tres o cuatro veces más carros por habitante que aquí. El problema es la cultura del uso del coche. El holandés se mueve en bicicleta a diario y usa el coche solo para trayectos largos, y el mexicano, usa el coche para ir a dos cuadras. Esa educación es en lo primero que se debe trabajar”.

La ciudad de México empezó hace cuatro años con su transformación. Las bicicletas, antes un vehículo para los domingos, ahora serpentean entre los coches por casi todos los rincones de la metrópoli. Muchos ciudadanos se han ido concienciando de los beneficios de su utilización a la par que programas oficiales han dado impulso el cambio. En 2010, el Gobierno del Distrito Federal implementó (en la zona céntrica) el programa de bicicletas públicas Ecobici, un sistema de préstamo de bicis que ya existe en otra muchas ciudades del mundo, y al mismo tiempo, dispuso ciclovías y desarrolló el Reglamento de Tránsito para reconocer a estos desmotorizados transportes como vehículos, algo con lo que los ciclistas adquirieron nuevos derechos y obligaciones ante la ley.

Bicicletas particulares, iniciativas de compañías y programas de préstamo gratuito de estos vehículos han aumentado considerablemente, en menos de un lustro, el número de gente que actualmente utiliza velocípedos para moverse en ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara o Monterey (se desconoce el número exacto de usuarios totales). Solamente los de Ecobici ya son cerca de 80.000, de los cuales el 64% no consideraba la bicicleta como medio de transporte antes del programa, según una encuesta de las empresas Kaleydoscopio y Gabinete de Comunicación.

Al parecer México se está tomando en serio lo de pedalear a cambio de un aire algo más puro. Pero como todo corte bueno, este también deja sus flecos. “Muchos ciclistas andan sin luces de noche y muchos se meten por cualquier lado sin señalizar sus movimientos, y eso es un peligro constante”, protesta Sebastián Rojo después de estacionar su carro, que utiliza “a diario”. La multiplicación de estos ciudadanos a dos ruedas conlleva también cambios que a menudo provocan una confrontación a tres bandas entre conductores, ciclistas y peatones.

Lo cierto es que, aunque existen sanciones para conductores de bicis contempladas en el nuevo Reglamento, no existen registros precisos del número de infracciones de ciclistas, “y la policía a ellos nunca les va a multar, porque nunca han multado bicicletas”, opina Rojo. Bernardo Baranda, director para Latinoamérica del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, advirtió –en una entrevista para CNN- que a veces, los usuarios de bicicletas (entre los que se incluye) “nos comportamos como todo lo que criticamos, y debería haber una concientización con respecto al contenido del Reglamento, que casi nadie lo conoce”.

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Por su parte, según los datos de Kaleydoscopio, más del 60% de la población se pone del lado de los del sillín y considera que la razón por la que no se puede andar en bicicleta por la capital mexicana es porque es peligrosa debido a la “mala educación vial de los conductores” de vehículos a motor. En 2012, la Procuraduría del DF contabilizaba 118 accidentes en los que fueron atropellados ciclistas.

El tercer frente de esta lucha por el dominio de las calles lo forman los peatones, “los más vulnerables” cuando los ciclistas invaden aceras o circulan en sentido contrario según la Secretaría de Tránsito y Vialidad (Setravi) del Distrito Federal.

Entre tanto el proyecto de poner a México al manillar sigue su curso. Iniciativas como Wikicleta, una App (móvil y web) para ciclistas –que busca financiación a través de Fondeadora para ver la luz-, pretende conectar a los cabalgadores de velocípedos y ofrecer “de manera sencilla y rápida” información relevante para sus recorridos diarios: “Evaluación de rutas, bici-estacionamientos, talleres, tiendas especializadas…, y premios por lograr retos a pedaladas”. “Me apasiona idear soluciones a problemáticas urbanas como la movilidad y la participación ciudadana”, asegura Alejandro, el ideólogo de esta herramienta digital.

“Hace 10 años aquí no veías una bicicleta por ningún lado”, habla Laguna de los recuerdos de lo que fue su ciudad. “Pero yo creo que poco a poco, teniendo un poco de sentido común, entendiéndonos entre todos, y fomentando con medidas y facilidades el transporte no contaminante, igual que ahora sí que se pueden ver ciclistas en unos años podríamos haber transformado del todo esta ciudad. DF, ciudad saludable. Imagínate”.

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Wikicleta en Fondeadora from Wikicleta MX on Vimeo.

 

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