fbpx
16 de junio 2016    /   IDEAS
por
 

Mi hijo no ha sido admitido en la escuela pública. ¿Y ahora qué hago?

16 de junio 2016    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Mi hijo tiene 3 años y no tiene colegio. Solicité cuatro centros del barrio y ninguno lo ha aceptado. Hoy se abre el periodo de matriculación, y nosotros no tenemos dónde. Hay muchos niños más sin escuela en Madrid. Según CCOO, en esta ciudad, hay 16.000 solicitudes sin atender de menores de varias edades.

La pesadilla empezó en las jornadas de puertas abiertas de los colegios. Aquellas sesiones ya auguraban un final poco feliz viendo la cantidad de padres y madres que acudíamos para tan pocas plazas. Lo que vino después fue un periplo de lista en lista, de reclamaciones en el registro, de mails sin contestar, de teléfonos apagados y de asépticos SMS de la Comunidad de Madrid comunicando la mala noticia (de estos colecciono cuatro): NO ADMITIDO. Consulte Centro/Portal Escolar.

Nunca antes un mensaje había causado tanta angustia. Escribo esto en mi segunda visita al SAE. Para los que tengan la suerte de no saber lo que significan estas siglas, aclaro: es el Servicio de Ayuda a la Escolarización. En Madrid hay seis y cada uno de ellos agrupa varios distritos. Ellos escolarizan. En esta fase del proceso, en la que ya se han repartido las plazas que había, acudimos a él los excluidos del sistema educativo. Y aquí estamos. Esperando. Escolarizar es sinónimo de esperar. Al menos, en Madrid.

He llegado a las nueve de la mañana. Dos horas y media después, me pregunto qué coño hago aquí. Una tía borde trata de gestionar la frustración de todos, pero nadie levanta la voz, ni siquiera parecen enfadados. Yo tengo ganas de llorar todo el rato y no entiendo por qué el resto no llora conmigo. Que no tenemos colegio, oiga, que no tenemos. ¿Cómo nos resignamos así de rápido?

El sistema, el sistema, el sistema es así… Y lo aceptamos. Estar aquí me deprime porque conlleva unas dosis de aceptación muy grandes: el sistema no funciona, pero es así. Asúmelo. El sistema lo hacen y lo hacemos todos. Y si lo aceptamos así tal cual, agrandamos la dosis de mierda sobre la que remamos. Entre esa mierda flotan ahora los derechos de los niños a recibir una educación pública y gratuita.

El corrector escribe ‘desecho’ en lugar de ‘derecho’, es curioso. Hay un senegalés que le ha dado por regular espontáneamente a los que estamos esperando. El tío sonríe y todo. Me pregunta qué número tengo y le digo que el 65. Me dice que me ponga en la puerta, que me toca ya. Le digo que gracias pero que prefiero esperar sentada, que la máquina nos va diciendo cuándo pasar.

Él tiene el 81 y está ahí de pie sin moverse. Creo que hasta me da rabia que sonría. Esto es cansado. Para entretenerme cuento cuántos niños de tres años siguen sin plaza en los barrios que gestiona este SAE. Somos unos 258. Las listas me bailan. Tengo que poner la mano en la pared y volver a contar. Sí, esos, más o menos.

¿Cuántos más habrá en Madrid? Las listas de NO ADMITIDOS crecen en la pared. Luego vienen las de los niños de cuatro, de cinco. ¿Qué piensan hacer? ¿Hay un plan B preparado? ¿Y si recluimos de nuevo a las mujeres en casa? Podrían cuidar de sus hijos, el Estado no tendría que invertir en educación infantil y hasta se reduciría el paro porque los hombres sin empleo ocuparían los puestos de las madres trabajadoras. El sistema es así, qué se le va a hacer.

Tengo la sensación de que el banco en el que me siento después de hacer el recuento está flotando. Noto los pies mojados. Los muevo y chapoteo en la ciénaga del sistema educativo. Vamos hacia atrás, vamos hacia atrás, vamos hacia atrás. Y yo he perdido los remos.

Una mujer con el número 73, que se ha colocado al lado del senegalés, me ha gritado: «¡Señora, que le toca!». El senegalés ya no sonríe, tiene la mirada perdida hacia el fondo de la sala. Camino hacia la funcionaria a la que han dejado allí sola. Le sobra mostrador por todas partes. Me saca un mapa de mi barrio y empieza a hablar, y yo ya no escucho nada, nada, nada. Sólo oigo: vuelva Usted aquí el 1 de julio… Y pienso: no hemos avanzado nada.

Salgo de allí, cojo aire, y marco un número. «Hola, ¿les quedan plazas?». Empiezo a vislumbrar una salida. La escuela privada. Una fuga. Yo, aún, puedo escaparme. No sé si por mucho tiempo. Me trago mis principios. Y mientras los digiero en alguna parte del cerebro, pienso en el resto de padres que he dejado allí agarrados a su número.

La mayoría no pueden escaparse. Seguirán esperando. Al otro lado del teléfono, una mujer de voz modulada, me busca hueco en su agenda porque además de una entrevista con los padres, quiere hacer unas pruebas al niño. Indirectamente me pregunta a qué nos dedicamos.

Cruzo la calle y el agua me llega a las rodillas. De aquí a septiembre probablemente ya me haya ahogado. Y como yo, miles de padres que ahora chapoteamos, sin gritar, entre los detritus del sistema.

Mi hijo tiene 3 años y no tiene colegio. Solicité cuatro centros del barrio y ninguno lo ha aceptado. Hoy se abre el periodo de matriculación, y nosotros no tenemos dónde. Hay muchos niños más sin escuela en Madrid. Según CCOO, en esta ciudad, hay 16.000 solicitudes sin atender de menores de varias edades.

La pesadilla empezó en las jornadas de puertas abiertas de los colegios. Aquellas sesiones ya auguraban un final poco feliz viendo la cantidad de padres y madres que acudíamos para tan pocas plazas. Lo que vino después fue un periplo de lista en lista, de reclamaciones en el registro, de mails sin contestar, de teléfonos apagados y de asépticos SMS de la Comunidad de Madrid comunicando la mala noticia (de estos colecciono cuatro): NO ADMITIDO. Consulte Centro/Portal Escolar.

Nunca antes un mensaje había causado tanta angustia. Escribo esto en mi segunda visita al SAE. Para los que tengan la suerte de no saber lo que significan estas siglas, aclaro: es el Servicio de Ayuda a la Escolarización. En Madrid hay seis y cada uno de ellos agrupa varios distritos. Ellos escolarizan. En esta fase del proceso, en la que ya se han repartido las plazas que había, acudimos a él los excluidos del sistema educativo. Y aquí estamos. Esperando. Escolarizar es sinónimo de esperar. Al menos, en Madrid.

He llegado a las nueve de la mañana. Dos horas y media después, me pregunto qué coño hago aquí. Una tía borde trata de gestionar la frustración de todos, pero nadie levanta la voz, ni siquiera parecen enfadados. Yo tengo ganas de llorar todo el rato y no entiendo por qué el resto no llora conmigo. Que no tenemos colegio, oiga, que no tenemos. ¿Cómo nos resignamos así de rápido?

El sistema, el sistema, el sistema es así… Y lo aceptamos. Estar aquí me deprime porque conlleva unas dosis de aceptación muy grandes: el sistema no funciona, pero es así. Asúmelo. El sistema lo hacen y lo hacemos todos. Y si lo aceptamos así tal cual, agrandamos la dosis de mierda sobre la que remamos. Entre esa mierda flotan ahora los derechos de los niños a recibir una educación pública y gratuita.

El corrector escribe ‘desecho’ en lugar de ‘derecho’, es curioso. Hay un senegalés que le ha dado por regular espontáneamente a los que estamos esperando. El tío sonríe y todo. Me pregunta qué número tengo y le digo que el 65. Me dice que me ponga en la puerta, que me toca ya. Le digo que gracias pero que prefiero esperar sentada, que la máquina nos va diciendo cuándo pasar.

Él tiene el 81 y está ahí de pie sin moverse. Creo que hasta me da rabia que sonría. Esto es cansado. Para entretenerme cuento cuántos niños de tres años siguen sin plaza en los barrios que gestiona este SAE. Somos unos 258. Las listas me bailan. Tengo que poner la mano en la pared y volver a contar. Sí, esos, más o menos.

¿Cuántos más habrá en Madrid? Las listas de NO ADMITIDOS crecen en la pared. Luego vienen las de los niños de cuatro, de cinco. ¿Qué piensan hacer? ¿Hay un plan B preparado? ¿Y si recluimos de nuevo a las mujeres en casa? Podrían cuidar de sus hijos, el Estado no tendría que invertir en educación infantil y hasta se reduciría el paro porque los hombres sin empleo ocuparían los puestos de las madres trabajadoras. El sistema es así, qué se le va a hacer.

Tengo la sensación de que el banco en el que me siento después de hacer el recuento está flotando. Noto los pies mojados. Los muevo y chapoteo en la ciénaga del sistema educativo. Vamos hacia atrás, vamos hacia atrás, vamos hacia atrás. Y yo he perdido los remos.

Una mujer con el número 73, que se ha colocado al lado del senegalés, me ha gritado: «¡Señora, que le toca!». El senegalés ya no sonríe, tiene la mirada perdida hacia el fondo de la sala. Camino hacia la funcionaria a la que han dejado allí sola. Le sobra mostrador por todas partes. Me saca un mapa de mi barrio y empieza a hablar, y yo ya no escucho nada, nada, nada. Sólo oigo: vuelva Usted aquí el 1 de julio… Y pienso: no hemos avanzado nada.

Salgo de allí, cojo aire, y marco un número. «Hola, ¿les quedan plazas?». Empiezo a vislumbrar una salida. La escuela privada. Una fuga. Yo, aún, puedo escaparme. No sé si por mucho tiempo. Me trago mis principios. Y mientras los digiero en alguna parte del cerebro, pienso en el resto de padres que he dejado allí agarrados a su número.

La mayoría no pueden escaparse. Seguirán esperando. Al otro lado del teléfono, una mujer de voz modulada, me busca hueco en su agenda porque además de una entrevista con los padres, quiere hacer unas pruebas al niño. Indirectamente me pregunta a qué nos dedicamos.

Cruzo la calle y el agua me llega a las rodillas. De aquí a septiembre probablemente ya me haya ahogado. Y como yo, miles de padres que ahora chapoteamos, sin gritar, entre los detritus del sistema.

Compártelo twitter facebook whatsapp
La humanidad reinventa la caja de cartón
Dos siglos de guerras por la heroína
¿Por qué queremos que nuestro perro sea el niño más listo?
Cuatro consejos infalibles para cambiar de vida y ser feliz
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 21
  • Es triste que se nos olvide que la educación infantil (entre los 0 y los 6 años), es de carácter no obligatorio. Triste que se introduzca a los niños desde que nacen en el sistema tan aberrante que tenemos, que les impone desde que tienen 3 años horarios y pauts similares a los de los adultos. ¿Quizá se les esté adiestrando para el triste futuro que les espera? ¿Adoctrinamiento? Yo creo que sí.

    • No en todos los casos se olvida, pero el aprovechamiento de la no obligatoriedad, tal y como están las cosas, para la mayoría de las familias, es un lujo. Como padre, como madre, si necesitas trabajar a tiempo completo, no es que sea obligatoria la educación infantil, es que es necesaria (efectivamente, más para la economía familiar que por el bien de la educación de los niños, pero necesaria en la práctica). La autora se puede permitir escapar a la privada; quizás tú puedas permitirte escapar a la escolarización. Pero la mayoría de la gente que estaba en esa oficina, como bien señala la autora, no se podía permitir ni lo uno ni lo otro.

    • Le invito a investigar un poco sobre la didáctica de la educación infantil, creo que le cambiará esa visión tan negativa que tiene sobre la misma.

  • En mi familia estamos igual, con el agua a las rodillas, y cuatro sms de No Admitida. Y sin poder escaparnos. Suerte, te entiendo palabra a palabra.

  • Querida Cuca, tu opinión es muy entretenida. Adiestramiento y adoctrinamiento. Es súper interesante esa opinión, me tiene que decir de qué libro has sacado los datos, a no ser que sea de una historia distopica que estás viviendo. La educación es parte esencial del ser humano, tiene dos pilares el hogar y la escuela o centro o llámalo como quieras, sino tus retoños no aprenderán a pensar por ellos solos, gracias esa aportación tan meditada

    • Feminicidio o auto-construcción de la mujer por Prado Esteban Diezma y Felix Rodrigo Mora, por ponerte un ejemplo. También si quieres la web lasinterferencias.com

      Claro que la educación es necesaria pero no siempre se hizo en escuelas y no como se lleva a cabo ahora que es un adoctrinamiento. La educación no es mala, salvo cuando esta se convierte en una herramienta estatal.

      La próxima vez lee con calma y no saques de quicio el comentario.

  • El PP redujo el gasto en Educación. Bueno, y en Investigación y en Sanidad. Ahora hay que pagar las consecuenccias. Priomero votamos al PP y luego lloramos.
    Pues esperaos a que gobierne otra legislatura y os vais a enterar. No solo darán más dinero a las escuelas privadas católicas a costa de la pública, sino que bajarán los salarios y subirán los impuestos. Eso está cantado. Y la corrupción cabalgará de nuevo.
    ¡Viva el vino!. Y dejad de lloriquear, que ya sabeis como solucionarlo.

  • Es muy entretenido el comentario, me gustaría que aportaras la bibliografía de dónde has sacado los datos que aportas o por lo menos la novela distopica para comprender esa opinión. Como sabrás la educación de los niñ@s dependen tanto de la familia y de la escuela o llámalos liceos o como quieras. Entre ambos deben aportarles el pensamiento crítico. Pensar por su cuenta. Una cosa horrible.

  • A Rebeca: Mucho ánimo, amiga.
    Nosotros acabamos de conseguir plaza in extremis para primaria. La última disponible. Ni en el colegio al que quisiera llevarla ni cerca de casa ni nada de eso, pero el alivio de terminar con esta pesadilla nos hace creer que somos afortunados. Yo, que soy de pueblo, de esos que va al cole del pueblo en el que claro que hay plazas siempre (¿¿¿cómo no iba a haberlas???) he llevado todo este proceso como una suerte de locura sin pies ni cabeza. Dos veces. Para infantil con 3 y ahora con 6 para primaria. No quiero volver a oír hablar de una jornada de puertas abiertas o del SAE hasta que mi hija cumpla 14 al menos.

    A Cuca: En realidad, Cuca, es aún peor que lo que narras. Si yo o la madre de mi hija nos pudiéramos quedar en casa con ella hasta los 6, no la llevaríamos a ningún colegio (más teniendo en cuenta que su madre es maestra)

    No se trata de adoctrinar ni imponer nada. Ya te digo que es peor. Tenemos que hacer algo con ellos ya que, aún siendo hormiguitas y no dados a lujo alguno, nos vemos obligados a jornadas de trabajo de 8 a 12 horas para poder vivir (malvivir). Quien no disponemos de abuelos, familiares o amigos que nos puedan echar una mano, no tenemos otra opción que escolarizarlos a las 3 y, aún así, hacer malabarismos imposibles para poder llevarla al cole, recogerla, participar de las actividades, etc.

    He de decir que somos de esos afortunados que han podido acceder a un colegio público maravilloso que se escapa de lo usual en el sistema y enseña jugando y experimentando y nuestra pequeña es feliz allí. Bueno… lo ha sido. Veremos ahora en primaria.

  • Lo triste es que no puedas escolarizar a tu hijo en la educación pública porque la están saqueando. Si no quieres hacerlo es otro cantar.

  • Lamento que estés en esa situación. Por desgracia, te diré que tu historia acaba como desean los estamentos que nos gobiernan: la educación de tu hijo/a en manos privadas. Al final, la educación ha pasado de ser un derecho a ser un privilegio.

  • Sra. Cuca. Dice usted que a los niños se les adoctrina para tener pautas y horarios adultos… Pero acaso no es así siempre? A los niños se les acuesta a la hora que dictan los adultos, y se les levanta por la mañana igual. No hacen lo que les da la gana. Y en la escuela, básicamente, hasta los seis años juegan y aprenden, pero no estudian ni tienen deberes. ¿Se les adiestra para el futuro? Pues sí. No hay nada de malo en ello. Se llama educar.
    Dice usted que la la educación infantil tiene carácter voluntario, y tiene usted razón, pero no se trata de eso. También se entiende que tiene un carácter asistencial, en tanto que permite por ejemplo que las madres o padres se puedan incorporar al trabajo. Y sirve también como un mecanismo de compensación social, porque permite que los niños que a priori puedan tener dificultades educativas derivadas de su situación social o familiar (por lo que acabo de decir, porque sus padres trabajan y no están en casa durante el día, porque viven en familias monoparentales y no cuentan con más apoyo familiar, porque no tienen medios económicos, o por lo que sea) puedan incorporarse al sistema educativo en condiciones de IGUALDAD. Y así lo recoge la ley: “Corresponde a las Administraciones educativas asegurar una actuación preventiva y compensatoria garantizando las condiciones más favorables para la escolarización, durante la etapa de educación infantil, de todos los niños cuyas condiciones personales supongan una desigualdad inicial para acceder a la educación básica y para progresar en los niveles posteriores.”
    De lo que va este artículo es del incumplimiento por parte de las administraciones educativas de las propias leyes que la regulan, y que afecta al derecho de todos los niños a ser escolarizados gratuitamente en la escuela pública. Y vuelvo a citar el artículo 15 de la ley: “El segundo ciclo de la educación infantil será gratuito. A fin de atender las demandas de las familias, las Administraciones educativas GARANTIZARÁN UNA OFERTA SUFICIENTE DE PLAZAS EN LOS CENTROS PÚBLICOS Y concertarán con centros privados, en el contexto de su programación educativa.”
    Subrayo el Y, porque quiere decir que no es que la concertada esté para suplir la carencia de plazas en la pública. La concertada coexiste y complementa la oferta pública, pero las plazas públicas deben ser suficientes y la administración DEBE garantizarlas.
    Y ojo. No es que este niño, provisionalmente, pueda ir a un colegio concertado, y si acaso luego cambiarse a uno público cuando sople viento de popa. Es que la decisión que tome afectará a toda su educación, porque cuando vaya a Primaria, tendrán preferencia para matricularse en tal o cual colegio los que hayan estado escolarizados en las escuelas infantiles adscritas a ese centro. Y cuando vaya a un instituto, igual. Así que si caes en las garras de la concertada, (des)concertado te quedas.
    Hay cierto partido que siempre ha hecho del derecho de los padres a elegir colegio su caballo de batalla. En la práctica, lo que ha defendido es que los padres que quieran enviar a sus hijos a la escuela privada lo hagan a costa del dinero público. Lo que pasa con los padres que elegimos escuela pública bien se ve en este artículo.

  • Yo llegué a llorar.. no en la misma DAT Sur donde puse varias reclamaciones.. allí me contuve, pero al salir, de rabia e impotencia, llegué a llorar. Estuve en una situación similar hace 3 años.. al final conseguí escolarizar a mis hijos en el centro público que quería, no tuve que tragarme mis principios. Esa vez me salvé.. pero dentro de 3 años, de nuevo, nos tocará volver a “mojarnos” y ver si conseguimos plaza en el centro de secundaria público que queremos. Nos quedan 3 años y ya lo estoy temiendo. ¡¡Y encima luego tiene uno que escuchar todos los años eso de la “libre elección de centro de las familias”!!. Delirante.
    El problema es que nos dividen: cada año somos distintas familias las que pasamos por estas situaciones y, antes o después, de una forma u otra, se solucionan.. y claro, cuando le toca al otro, pues uno ya está cansado de patalear, manifestarse y poner reclamaciones; así que el otro se queda sólo para afrontar y resolver su problema. De eso se vale la Administración, de que afronta quejas “minoritarias e individuales”. Parte de la solución pasa por no olvidar, por saber que cualquier día te toca a ti… y si no te toca en Educación, te tocará en Sanidad.
    Ánimo a todas esas familias que viven angustiados en estos momentos por los problemas de escolarización en centros públicos en la Comunidad de Madrid.. y animaros también a implicaros en organizaciones que llevan años luchando por buscar y poner solución al problema: hay muchas AMPAS, comisiones y grupos de padres y madres a nivel local que pueden ayudaros, y que necesitan también de nuestra ayuda.

  • Lo peor Rebeca es que sí hay plazas, nuestros políticos cierran clases en los públicos para que las cubran los concertados.
    En el colegio en el que está mi hijo cierran un clase de 3 años por falta de niños, ya me dirás qué está ocurriendo.
    En Portugal se está acabando eso de los “privados con fondos públicos” concertados, si hay un colegio público cerca los de alrededor dejan de ser financiados mientras haya plazas en los públicos.
    No lo dudes reclama, pon denuncia si hace falta, acercate a los colegios que solicitaste, comprueba que no vayan a cerrar ninguna línea, informate en los AMPAS, juntate con otros padres en la misma situación, …

  • En el colegio de mi hija hay aulas vacías como en muchos otros, y llevamos pidiendo nuevas líneas desde hace tres años… Tres años de negativa tras negativa por parte de la Cnsejería de Educación a nuestra propuesta, y tres años de listas de no admitidos.
    Pero esto es peor, al no poder ampliar las líneas, se opta por meter más alumnos en las clases que ya tenemos y, de momento, estamos en 30 alumnos por clase de media.
    Y otro dato triste, mi mujer es profesora de Instituto, y cada año me cuenta la misma historia, les anuncian la partida presupuestaria a principio de curso (que cada año es menor, por supuesto) y a final de curso les dan el 60% a lo sumo… A FINAL DE CURSO!!! Mientras han tenido que pagar la luz ahorrando de otras partidas o casi de sus propios bolsillos. pero, y el otro 40% del presupuesto para el instituto?? Ese jamás llega… Se queda en los bolsillos del gobierno, por no decir de algún político.
    Precariedad, señores… Mucha precariedad que harán que los futuros españoles sea casi analfabetos, más manipulables y más tristes.
    Por nuestra parte, ya estamos recogiendo firmas para la nueva línea del cole de mi peque y pronto vendrán manifestaciones. Nos toca tocar los huevos un poco a ver que pasa.

  • En Barcelona estamos igual, y encima nos tenemos que oir que “no somos la prioridad política” palabras textuales del Consorci d’Educació…

  • No se si tu relato es más triste o más cabreante. ¿Por qué tiene que pasar ninguna familia por este trance y angustia cuando todos tenemos los mismos derechos? Este año también tuve que pedir plaza para mi hija en 3 años y conozco el proceso, aunque tuvimos más suerte ya que así lo decidió un sorteo de letras, un injusto sorteo en un sistema aun mas injusto. Mucho animo a todos los padres con niños sin plaza, y espero que la administración se ponga las pilas para resolver todos estos problemas y los ataje con previsión en el futuro, adelantándose a los mismos.

  • No conozco a ningún menor que la administración pública haya dicho que no se escolarice. Colegio tiene, Señora. Y público. A lo mejor, no en la puerta de su casa. Pero descuide que su hijo estará escolarizado.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *