Publicado: 03 de agosto 2023 08:50  /   CIENCIA
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La mesa de espiritismo de Michael Faraday

De cómo nuestro gusto por el orden y la claridad nos hace inventarnos fantasmas.

Publicado: 03 de agosto 2023 08:50  /   CIENCIA     por          
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Michael Faraday

En 1748, el filósofo escocés David Hume redactó un ensayo poco conocido titulado Sobre los milagros, en el cual sostenía que la mera afirmación de un testigo presencial no era suficiente para demostrar la verificación de un milagro.

Hume tenía en mente específicamente el milagro de la resurrección de Cristo, aunque era cauteloso al no mencionarlo directamente, dado que en aquel tiempo la blasfemia era severamente castigada (hacía dos décadas, el teólogo Thomas Woolston había sido encarcelado por escribir algo similar).

El argumento principal de Hume radicaba en la idea de que una evidencia inherentemente falible no podía contradecir una proposición respaldada por la firmeza de una ley natural, como por ejemplo «Los muertos no vuelven a la vida». De algún modo, Ambrose Bierce recogía ese guante e ironizaba de esta guisa en su Diccionario del diablo a propósito de la definición de rezar: pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.

Con todo, pocos son los que cuestionan lo que han visto aunque viole las leyes naturales. Algo que quedó manifiestamente claro en 1848, cuando dos jovencitas llamadas Margaret y Kate Fox experimentaron algo insólito en su hogar: escucharon ruidos enigmáticos que asemejaban golpes o el arrastre de muebles. Curiosamente, su vivienda tenía fama de estar habitada por espíritus.

La historia cuenta que la audaz Kate desafió a la entidad invisible que generaba los sonidos, instándola a replicar el chasquido de sus dedos y a marcar la edad de ella mediante golpes a fin de comprobar que se comunicaba con una entidad inteligente. Contra todo pronóstico, el desafío fue superado con éxito.

Durante los días posteriores, la situación generó un revuelo tal que, con el soporte de su madre y la colaboración de algunos vecinos, las hermanas Fox lograron establecer un código de comunicación con la misteriosa presencia a través de sus golpes. Llegaron a la conclusión de que dicha actividad paranormal provenía de un comerciante errante que había sido brutalmente asesinado años atrás en la misma casa que ellas habitaban.

Este episodio fue el punto de inflexión para el surgimiento del espiritismo moderno, la creencia en la capacidad de los espíritus de los difuntos de comunicarse con el mundo de los vivos.

Michael Faraday

LA MESA PARLANTE

Para principios de la década de 1850, una forma particular de contacto espiritual, conocida como mesa parlante, junto con sus variantes, la mesa móvil y la giratoria, causaban un verdadero revuelo tanto en Estados Unidos como en Europa.

La dinámica implicaba a un grupo de personas reunidas alrededor de una mesa, apoyando sus manos sobre ella, en espera de una manifestación paranormal. En la mesa parlante, tras un tiempo, se oía un golpe, mientras que en la mesa móvil y giratoria, tras un breve lapso de tiempo, la mesa comenzaba a inclinarse o moverse, arrastrando en ocasiones a los participantes.

Este fenómeno se hizo tan popular que, en el verano de 1853, atrajo la atención de la comunidad científica. Un conjunto de médicos observó que, durante el periodo de silencio en que los participantes permanecían sentados, parecía surgir un consenso inconsciente sobre la dirección en que la mesa se movería. Encontraron así que, si se distraía la atención de los participantes para que no se formase una expectativa común, la mesa no se movía. A raíz de esto, concluyeron que «el movimiento era producto de una acción muscular, mayormente ejercida de manera inconsciente».

No obstante, la investigación definitiva fue llevada a cabo por el físico Michael Faraday, pionero en la teoría electromagnética, inventor del motor eléctrico y reconocido como uno de los más destacados científicos experimentales de la historia. Faraday descubrió que el fenómeno se manifestaba incluso con una única persona junto a la mesa. Trabajando con personas «muy honorables», expertas en mover mesas, dirigió una serie de experimentos ingeniosos y complejos, demostrando que el movimiento de las manos precedía al de la mesa, nunca al revés, de modo que la fuerza distaba de ser sobrenatural.

Además, diseñó un dispositivo que alertaba a los participantes en tiempo real sobre cualquier acción que estuviera ocurriendo. Descubrió que, tan pronto como el dispositivo se colocaba frente a los sujetos, el poder sobrenatural se desvanecía; y que esto sucedía únicamente porque el grupo tomaba conciencia de lo que realmente estaba ocurriendo.

Finalmente, Faraday llegó a la misma conclusión que los médicos: los participantes empujaban y tiraban de la mesa inconscientemente. Posiblemente, todo comenzaba con movimientos nerviosos aleatorios que, en algún punto, los participantes interpretaban como un patrón. Ese patrón generaba una expectativa autorrealizada a medida que las manos seguían el supuesto liderazgo de la mesa. Según Faraday, el valor del dispositivo era que actuaba como un correctivo de la mente del girador de la mesa.

Faraday tuvo que reconocer así que la percepción humana no es un reflejo directo de la realidad, sino un acto de imaginación. Más aún: que uno mismo puede ser el que origina los fenómenos sobrenaturales a los que cree estar asistiendo, como si el Mago de Oz, oculto tras la cortina, trajinando con sus máquinas de efectos especiales para atemorizar a los visitantes, acabara siendo víctima de sí mismo.

Michael Faraday

VIC TANDY: EL SUCESOR DE FARADAY

Vic Tandy, un ingeniero eléctrico con una mentalidad profundamente escéptica, trabajaba en 1998 para una compañía que diseñaba y fabricaba equipos de soporte vital para hospitales.

Aunque el laboratorio en el que trabajaba tenía la reputación de estar habitado por un fantasma, Tandy no daba crédito a esas historias. Sin embargo, una noche, mientras trabajaba hasta tarde, experimentó una serie de sucesos perturbadores que habrían dejado a cualquiera temblando de miedo. Sintió un frío y una incomodidad repentina, seguidos por la sensación de ser observado. Al levantar la vista, vio una figura gris borrosa en su visión periférica, y al volverse para mirarla directamente, desapareció.

No obstante, Tandy, como buen científico, no permitió que el miedo lo condujera a conclusiones precipitadas. En lugar de aceptar la existencia de lo paranormal, decidió investigar la situación y buscar una explicación racional a lo que había experimentado.

Su primera sospecha fue que quizás algún agente anestésico presente en su laboratorio se había derramado, lo que pudo haberle causado alucinaciones. Pero tras verificar esta posibilidad, la descartó. La clave para resolver el misterio vino de un lugar inesperado. Tandy era aficionado a la esgrima, y un día decidió llevar su florete al laboratorio. Al colocar el arma sobre la mesa de trabajo, notó que comenzaba a vibrar de manera inusual.

Moviendo la mesa por el laboratorio, observó que la vibración del florete alcanzaba su punto máximo en el centro de la sala y disminuía hacia los extremos. A partir de esto, dedujo que una onda de sonido de baja frecuencia, o infrasonido, estaba presente en la habitación. Investigando más a fondo, logró rastrear la fuente del infrasonido hasta un ventilador que recientemente se había instalado en el sistema de extracción de aire del laboratorio.

Lo que Vic Tandy descubrió sobre las ondas infrasónicas es verdaderamente fascinante. Estas ondas, que no pueden ser percibidas por el oído humano, pueden causar una serie de efectos extraños. Algunas frecuencias pueden causar vibraciones en el globo ocular, lo que resulta en la distorsión de la visión y la aparición de figuras fantasmales. Además, pueden mover objetos pequeños y hacer que una vela parpadee, fenómenos frecuentemente reportados en historias de casas encantadas.

Inspirados por la experiencia y el descubrimiento de Vic Tandy, otros investigadores decidieron profundizar en el impacto del infrasonido en las experiencias humanas. Richard Wiseman y Sarah Angliss, experta en acústica, realizaron un experimento en el que inundaban el auditorio de un concierto con infrasonido en ciertos momentos. Los resultados fueron sorprendentes: se reportaron muchas más experiencias inusuales durante las piezas en las que se incorporó el infrasonido, con un aumento del 22% en promedio.

Otros investigadores, como Aeron Watson y David Keating, de la Universidad de Reading, llevaron la teoría aún más lejos. Según sus investigaciones en tumbas neolíticas en Escocia, estas estructuras tenían una resonancia infrasónica específica, lo que llevó a los investigadores a sugerir que los infrasonidos podrían estar vinculados a las experiencias de carácter sagrado que a menudo se asocian con estos lugares.

Michael Faraday

NOS GUSTA EL CONTROL

¿Cómo podemos ser tan falibles? ¿Por qué creemos que una explicación desconocida debe apuntar necesariamente a un asunto sobrenatural? ¿Por qué rellenamos las lagunas de ignorancia con mitos? ¿Por qué un patrón aleatorio necesita tener una explicación que nos reconforte?

En parte, por nuestra necesidad de control.

Si los eventos son aleatorios, carecemos de control sobre ellos, y si tenemos control, los eventos dejan de ser aleatorios. Así, existe un conflicto básico entre nuestro deseo de sentir que tenemos control y nuestra habilidad para aceptar la aleatoriedad. Este choque es una de las razones clave por las que solemos interpretar mal los eventos aleatorios. De hecho, una de las tareas más simples para un psicólogo es conducir a las personas a confundir suerte con habilidad: si se solicita a la gente que controle luces parpadeantes presionando un botón, creerán que lo están logrando incluso si las luces simplemente parpadean de manera aleatoria.

Si se presenta a las personas un anillo de luces que parpadea al azar y se les dice que, al concentrarse, pueden hacer que las luces comiencen a moverse en sentido horario, se sorprenderán de su propia habilidad para hacerlo. O si se tiene a dos grupos compitiendo al mismo tiempo en esta tarea (uno luchando para mover las luces en el sentido horario y el otro para moverlas en sentido contrario), ambos grupos percibirán simultáneamente las luces moviéndose en la dirección que desean.

Por la misma razón, un periodo de progreso o decadencia de una organización suele ser asignado con facilidad, no a la complejidad de factores que componen la condición global de la entidad, ni a la fortuna, sino a la persona que ocupa la posición más elevada.

Y si se mueve la mesa, pensaremos que tenemos superpoderes. O que nos visita un fantasma.

En 1748, el filósofo escocés David Hume redactó un ensayo poco conocido titulado Sobre los milagros, en el cual sostenía que la mera afirmación de un testigo presencial no era suficiente para demostrar la verificación de un milagro.

Hume tenía en mente específicamente el milagro de la resurrección de Cristo, aunque era cauteloso al no mencionarlo directamente, dado que en aquel tiempo la blasfemia era severamente castigada (hacía dos décadas, el teólogo Thomas Woolston había sido encarcelado por escribir algo similar).

El argumento principal de Hume radicaba en la idea de que una evidencia inherentemente falible no podía contradecir una proposición respaldada por la firmeza de una ley natural, como por ejemplo «Los muertos no vuelven a la vida». De algún modo, Ambrose Bierce recogía ese guante e ironizaba de esta guisa en su Diccionario del diablo a propósito de la definición de rezar: pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.

Con todo, pocos son los que cuestionan lo que han visto aunque viole las leyes naturales. Algo que quedó manifiestamente claro en 1848, cuando dos jovencitas llamadas Margaret y Kate Fox experimentaron algo insólito en su hogar: escucharon ruidos enigmáticos que asemejaban golpes o el arrastre de muebles. Curiosamente, su vivienda tenía fama de estar habitada por espíritus.

La historia cuenta que la audaz Kate desafió a la entidad invisible que generaba los sonidos, instándola a replicar el chasquido de sus dedos y a marcar la edad de ella mediante golpes a fin de comprobar que se comunicaba con una entidad inteligente. Contra todo pronóstico, el desafío fue superado con éxito.

Durante los días posteriores, la situación generó un revuelo tal que, con el soporte de su madre y la colaboración de algunos vecinos, las hermanas Fox lograron establecer un código de comunicación con la misteriosa presencia a través de sus golpes. Llegaron a la conclusión de que dicha actividad paranormal provenía de un comerciante errante que había sido brutalmente asesinado años atrás en la misma casa que ellas habitaban.

Este episodio fue el punto de inflexión para el surgimiento del espiritismo moderno, la creencia en la capacidad de los espíritus de los difuntos de comunicarse con el mundo de los vivos.

Michael Faraday

LA MESA PARLANTE

Para principios de la década de 1850, una forma particular de contacto espiritual, conocida como mesa parlante, junto con sus variantes, la mesa móvil y la giratoria, causaban un verdadero revuelo tanto en Estados Unidos como en Europa.

La dinámica implicaba a un grupo de personas reunidas alrededor de una mesa, apoyando sus manos sobre ella, en espera de una manifestación paranormal. En la mesa parlante, tras un tiempo, se oía un golpe, mientras que en la mesa móvil y giratoria, tras un breve lapso de tiempo, la mesa comenzaba a inclinarse o moverse, arrastrando en ocasiones a los participantes.

Este fenómeno se hizo tan popular que, en el verano de 1853, atrajo la atención de la comunidad científica. Un conjunto de médicos observó que, durante el periodo de silencio en que los participantes permanecían sentados, parecía surgir un consenso inconsciente sobre la dirección en que la mesa se movería. Encontraron así que, si se distraía la atención de los participantes para que no se formase una expectativa común, la mesa no se movía. A raíz de esto, concluyeron que «el movimiento era producto de una acción muscular, mayormente ejercida de manera inconsciente».

No obstante, la investigación definitiva fue llevada a cabo por el físico Michael Faraday, pionero en la teoría electromagnética, inventor del motor eléctrico y reconocido como uno de los más destacados científicos experimentales de la historia. Faraday descubrió que el fenómeno se manifestaba incluso con una única persona junto a la mesa. Trabajando con personas «muy honorables», expertas en mover mesas, dirigió una serie de experimentos ingeniosos y complejos, demostrando que el movimiento de las manos precedía al de la mesa, nunca al revés, de modo que la fuerza distaba de ser sobrenatural.

Además, diseñó un dispositivo que alertaba a los participantes en tiempo real sobre cualquier acción que estuviera ocurriendo. Descubrió que, tan pronto como el dispositivo se colocaba frente a los sujetos, el poder sobrenatural se desvanecía; y que esto sucedía únicamente porque el grupo tomaba conciencia de lo que realmente estaba ocurriendo.

Finalmente, Faraday llegó a la misma conclusión que los médicos: los participantes empujaban y tiraban de la mesa inconscientemente. Posiblemente, todo comenzaba con movimientos nerviosos aleatorios que, en algún punto, los participantes interpretaban como un patrón. Ese patrón generaba una expectativa autorrealizada a medida que las manos seguían el supuesto liderazgo de la mesa. Según Faraday, el valor del dispositivo era que actuaba como un correctivo de la mente del girador de la mesa.

Faraday tuvo que reconocer así que la percepción humana no es un reflejo directo de la realidad, sino un acto de imaginación. Más aún: que uno mismo puede ser el que origina los fenómenos sobrenaturales a los que cree estar asistiendo, como si el Mago de Oz, oculto tras la cortina, trajinando con sus máquinas de efectos especiales para atemorizar a los visitantes, acabara siendo víctima de sí mismo.

Michael Faraday

VIC TANDY: EL SUCESOR DE FARADAY

Vic Tandy, un ingeniero eléctrico con una mentalidad profundamente escéptica, trabajaba en 1998 para una compañía que diseñaba y fabricaba equipos de soporte vital para hospitales.

Aunque el laboratorio en el que trabajaba tenía la reputación de estar habitado por un fantasma, Tandy no daba crédito a esas historias. Sin embargo, una noche, mientras trabajaba hasta tarde, experimentó una serie de sucesos perturbadores que habrían dejado a cualquiera temblando de miedo. Sintió un frío y una incomodidad repentina, seguidos por la sensación de ser observado. Al levantar la vista, vio una figura gris borrosa en su visión periférica, y al volverse para mirarla directamente, desapareció.

No obstante, Tandy, como buen científico, no permitió que el miedo lo condujera a conclusiones precipitadas. En lugar de aceptar la existencia de lo paranormal, decidió investigar la situación y buscar una explicación racional a lo que había experimentado.

Su primera sospecha fue que quizás algún agente anestésico presente en su laboratorio se había derramado, lo que pudo haberle causado alucinaciones. Pero tras verificar esta posibilidad, la descartó. La clave para resolver el misterio vino de un lugar inesperado. Tandy era aficionado a la esgrima, y un día decidió llevar su florete al laboratorio. Al colocar el arma sobre la mesa de trabajo, notó que comenzaba a vibrar de manera inusual.

Moviendo la mesa por el laboratorio, observó que la vibración del florete alcanzaba su punto máximo en el centro de la sala y disminuía hacia los extremos. A partir de esto, dedujo que una onda de sonido de baja frecuencia, o infrasonido, estaba presente en la habitación. Investigando más a fondo, logró rastrear la fuente del infrasonido hasta un ventilador que recientemente se había instalado en el sistema de extracción de aire del laboratorio.

Lo que Vic Tandy descubrió sobre las ondas infrasónicas es verdaderamente fascinante. Estas ondas, que no pueden ser percibidas por el oído humano, pueden causar una serie de efectos extraños. Algunas frecuencias pueden causar vibraciones en el globo ocular, lo que resulta en la distorsión de la visión y la aparición de figuras fantasmales. Además, pueden mover objetos pequeños y hacer que una vela parpadee, fenómenos frecuentemente reportados en historias de casas encantadas.

Inspirados por la experiencia y el descubrimiento de Vic Tandy, otros investigadores decidieron profundizar en el impacto del infrasonido en las experiencias humanas. Richard Wiseman y Sarah Angliss, experta en acústica, realizaron un experimento en el que inundaban el auditorio de un concierto con infrasonido en ciertos momentos. Los resultados fueron sorprendentes: se reportaron muchas más experiencias inusuales durante las piezas en las que se incorporó el infrasonido, con un aumento del 22% en promedio.

Otros investigadores, como Aeron Watson y David Keating, de la Universidad de Reading, llevaron la teoría aún más lejos. Según sus investigaciones en tumbas neolíticas en Escocia, estas estructuras tenían una resonancia infrasónica específica, lo que llevó a los investigadores a sugerir que los infrasonidos podrían estar vinculados a las experiencias de carácter sagrado que a menudo se asocian con estos lugares.

Michael Faraday

NOS GUSTA EL CONTROL

¿Cómo podemos ser tan falibles? ¿Por qué creemos que una explicación desconocida debe apuntar necesariamente a un asunto sobrenatural? ¿Por qué rellenamos las lagunas de ignorancia con mitos? ¿Por qué un patrón aleatorio necesita tener una explicación que nos reconforte?

En parte, por nuestra necesidad de control.

Si los eventos son aleatorios, carecemos de control sobre ellos, y si tenemos control, los eventos dejan de ser aleatorios. Así, existe un conflicto básico entre nuestro deseo de sentir que tenemos control y nuestra habilidad para aceptar la aleatoriedad. Este choque es una de las razones clave por las que solemos interpretar mal los eventos aleatorios. De hecho, una de las tareas más simples para un psicólogo es conducir a las personas a confundir suerte con habilidad: si se solicita a la gente que controle luces parpadeantes presionando un botón, creerán que lo están logrando incluso si las luces simplemente parpadean de manera aleatoria.

Si se presenta a las personas un anillo de luces que parpadea al azar y se les dice que, al concentrarse, pueden hacer que las luces comiencen a moverse en sentido horario, se sorprenderán de su propia habilidad para hacerlo. O si se tiene a dos grupos compitiendo al mismo tiempo en esta tarea (uno luchando para mover las luces en el sentido horario y el otro para moverlas en sentido contrario), ambos grupos percibirán simultáneamente las luces moviéndose en la dirección que desean.

Por la misma razón, un periodo de progreso o decadencia de una organización suele ser asignado con facilidad, no a la complejidad de factores que componen la condición global de la entidad, ni a la fortuna, sino a la persona que ocupa la posición más elevada.

Y si se mueve la mesa, pensaremos que tenemos superpoderes. O que nos visita un fantasma.

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