8 de junio 2018    /   CREATIVIDAD
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La profesión más ingrata del mundo

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Existe un viejo chiste –de cuando se podían hacer chistes sin ir a la cárcel y eso– que decía lo siguiente:

– Entonces, señor letrado, dice que fue la víctima la que se cayó de espaldas sobre el cuchillo.
– Sí, señoría. Y así hasta 37 veces.

Ese chiste condensa la esencia de una de las profesiones más ingratas del ecosistema social de Estados Unidos: el publicista o relaciones públicas, un trabajo mucho más ingrato que ser pocero en Bombay.

En Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1997), Harvey Keitel se encargaba de poner cara al Sr. Lobo, un tipo encargado de neutralizar todos los marrones, por embarazosos o penalmente perseguibles que fueran.

Pues bien, los relaciones públicas son los Sr. Lobo del mundo del faranduleo. Son los encargados de hacer que el ensañamiento parezca un accidente. Y de entre todos, The New York Times cuenta la historia del Jimi Hendrix de los relaciones públicas: Michael Sitrick.

carrona

El brujo que transforma la realidad

Sobrevolemos los preliminares dando por sentada una obviedad: cualquier persona tiene derecho a asistencia jurídica y a que su caso sea juzgado de manera rigurosa y justa. Incluso Hitler. Incluso Ana Julia Quezada. Incluso el tipo que sacó la stevia al mercado. Incluso el portero del Liverpool.

Sin embargo, estamos hablando de una labor mucho más ardua que la de defender, ley en mano, a las peores personas del mundo. La cosa no va de eludir la responsabilidad penal de un cliente, sino la de ejercer como manipulador de la percepción de quienes asisten atónitos al desastre.

Michael Sitrick se encarga de darle la vuelta a una situación de manera que su cliente sufra la menor reprobación moral posible y las menores consecuencias para su imagen y cuenta corriente posibles.

Como cuenta The New York Times, Michael Sitrick lleva casi 30 años pasando la bayeta para que las miserias de un buen puñado de famosos queden en el olvido o, al menos, en un mar de dudas. «Trabajó con el actor de Frasier Kelsey Grammer cuando lo acusaron de tener sexo con su niñera, menor de edad. Ayudó a Christian Slater cuando ese actor fue arrestado por sospecha de violencia doméstica, tras lo cual mordió a un hombre que intentó pararlo y luego hizo el ademán de robarle la pistola al policía que lo detuvo. […]

»Halle Berry contrató a Sitrick cuando estuvo involucrada en un atropello con fuga; Naomi Campbell lo buscó cuando la acusaron de maltratar a sus empleadas domésticas». Y así, centenares de casos escabrosos que también incluyen a grandes multinacionales que la lían parda, como cuando el Exxon Valdez derramó chorrocientas mil toneladas de crudo en Alaska.

Michael Sitrick es un mago capaz de retorcer el lenguaje hasta hacer sentir culpable a un acusador. Es capaz de ventilar una amenaza de un miembro del equipo de Donald Trump a una persona crítica con un «el correo fue enviado después de un muy largo día laboral que no había terminado aunque pasaban de las 22:00 horas». Y que el truco funcione. Pero el mayor talento de Sitrick es el de manejar la información y las insinuaciones con una habilidad de mentalista.

Y entonces llegó Harvey Weinstein
Ha habido un caso imposible para Sitrick: el de Harvey Weinstein. Lo mejor de todo es cómo cuenta el propio Sitrick la historia a Abby Aguirre, la escritora del NYT encargada de narrar la movida.

Al parecer, Michael Sitrick dejó de trabajar para Harvey Weinstein. Al parecer, fue por unos impagos. Al parecer, Michael Sitrick no puede hacer comentarios acerca de Harvey Weinstein. Sin embargo, aquí es donde empieza la magia del lenguaje y el arte de la insinuación. Al parecer.

Cuenta el Times que el publicista «no podía confirmar si fue porque Weinstein dejó de pagarle, pero sí podía confirmar que era cierto que Weinstein le había dejado de pagar y que ahora estaban en un arbitraje por ello».

Sitrick explica también al Times que podría dejar de trabajar para un cliente si este tratase mal al personal de su empresa. Todo hipotéticamente hablando. «No estoy hablando de un cliente en particular, pero una de las razones por las cuales he abandonado casos es que la gente nos miente o nos dio información que no es cierta y creemos que sabía que no lo era».

Además, aseguró a la periodista que el movimiento #MeToo ha cambiado totalmente la percepción del acoso y la violación por parte de la sociedad. «Creo que la gente se dará cuenta de que sí van a tener que rendir cuentas por sus acciones como no habían tenido que hacerlo antes». Pero una vez más afirmó que no se refería a Harvey Weinstein.

Nunca hizo falta ser preciso para decir tanto.

elvis

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Existe un viejo chiste –de cuando se podían hacer chistes sin ir a la cárcel y eso– que decía lo siguiente:

– Entonces, señor letrado, dice que fue la víctima la que se cayó de espaldas sobre el cuchillo.
– Sí, señoría. Y así hasta 37 veces.

Ese chiste condensa la esencia de una de las profesiones más ingratas del ecosistema social de Estados Unidos: el publicista o relaciones públicas, un trabajo mucho más ingrato que ser pocero en Bombay.

En Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1997), Harvey Keitel se encargaba de poner cara al Sr. Lobo, un tipo encargado de neutralizar todos los marrones, por embarazosos o penalmente perseguibles que fueran.

Pues bien, los relaciones públicas son los Sr. Lobo del mundo del faranduleo. Son los encargados de hacer que el ensañamiento parezca un accidente. Y de entre todos, The New York Times cuenta la historia del Jimi Hendrix de los relaciones públicas: Michael Sitrick.

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Sobrevolemos los preliminares dando por sentada una obviedad: cualquier persona tiene derecho a asistencia jurídica y a que su caso sea juzgado de manera rigurosa y justa. Incluso Hitler. Incluso Ana Julia Quezada. Incluso el tipo que sacó la stevia al mercado. Incluso el portero del Liverpool.

Sin embargo, estamos hablando de una labor mucho más ardua que la de defender, ley en mano, a las peores personas del mundo. La cosa no va de eludir la responsabilidad penal de un cliente, sino la de ejercer como manipulador de la percepción de quienes asisten atónitos al desastre.

Michael Sitrick se encarga de darle la vuelta a una situación de manera que su cliente sufra la menor reprobación moral posible y las menores consecuencias para su imagen y cuenta corriente posibles.

Como cuenta The New York Times, Michael Sitrick lleva casi 30 años pasando la bayeta para que las miserias de un buen puñado de famosos queden en el olvido o, al menos, en un mar de dudas. «Trabajó con el actor de Frasier Kelsey Grammer cuando lo acusaron de tener sexo con su niñera, menor de edad. Ayudó a Christian Slater cuando ese actor fue arrestado por sospecha de violencia doméstica, tras lo cual mordió a un hombre que intentó pararlo y luego hizo el ademán de robarle la pistola al policía que lo detuvo. […]

»Halle Berry contrató a Sitrick cuando estuvo involucrada en un atropello con fuga; Naomi Campbell lo buscó cuando la acusaron de maltratar a sus empleadas domésticas». Y así, centenares de casos escabrosos que también incluyen a grandes multinacionales que la lían parda, como cuando el Exxon Valdez derramó chorrocientas mil toneladas de crudo en Alaska.

Michael Sitrick es un mago capaz de retorcer el lenguaje hasta hacer sentir culpable a un acusador. Es capaz de ventilar una amenaza de un miembro del equipo de Donald Trump a una persona crítica con un «el correo fue enviado después de un muy largo día laboral que no había terminado aunque pasaban de las 22:00 horas». Y que el truco funcione. Pero el mayor talento de Sitrick es el de manejar la información y las insinuaciones con una habilidad de mentalista.

Y entonces llegó Harvey Weinstein
Ha habido un caso imposible para Sitrick: el de Harvey Weinstein. Lo mejor de todo es cómo cuenta el propio Sitrick la historia a Abby Aguirre, la escritora del NYT encargada de narrar la movida.

Al parecer, Michael Sitrick dejó de trabajar para Harvey Weinstein. Al parecer, fue por unos impagos. Al parecer, Michael Sitrick no puede hacer comentarios acerca de Harvey Weinstein. Sin embargo, aquí es donde empieza la magia del lenguaje y el arte de la insinuación. Al parecer.

Cuenta el Times que el publicista «no podía confirmar si fue porque Weinstein dejó de pagarle, pero sí podía confirmar que era cierto que Weinstein le había dejado de pagar y que ahora estaban en un arbitraje por ello».

Sitrick explica también al Times que podría dejar de trabajar para un cliente si este tratase mal al personal de su empresa. Todo hipotéticamente hablando. «No estoy hablando de un cliente en particular, pero una de las razones por las cuales he abandonado casos es que la gente nos miente o nos dio información que no es cierta y creemos que sabía que no lo era».

Además, aseguró a la periodista que el movimiento #MeToo ha cambiado totalmente la percepción del acoso y la violación por parte de la sociedad. «Creo que la gente se dará cuenta de que sí van a tener que rendir cuentas por sus acciones como no habían tenido que hacerlo antes». Pero una vez más afirmó que no se refería a Harvey Weinstein.

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