28 de abril 2022    /   CIENCIA
por
 Ilustradora: Nora García

Miguel Aguado Arnáez: «Una ciudad no es más natural porque tenga plantas»

28 de abril 2022    /   CIENCIA     por          Ilustradora: Nora García
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Parques, jardines, playas, ríos: los espacios verdes que oxigenan la calle, ecos de una naturaleza remota, son obras de ingeniería nacidas de una decisión deliberada. No es lo mismo plantar cuatro árboles al tuntún en una avenida que acallar la autopista rodeándola de un bosque periurbano. Urbanitas y urbanistas son quienes optan por ceder o arrebatarle el terreno a la naturaleza en la ciudad.

Miguel Aguado Arnáez tiene fe en el desarrollo sostenible de las ciudades. El divulgador ambiental, curtido en transmitir su «ecología de andar por casa» en medios de comunicación de todo pelaje, defiende que tradicionalmente hemos sido «una sociedad ecologista sin saberlo». Parte de su labor consiste en enseñar, pantalla o auriculares mediante, prácticas diarias para salvar el planeta. «Le estamos poniendo nombres modernos y ecologistas a los hábitos de toda la vida», sostiene. «Además, hábito que cambias, hábito que permanece».

La otra cara de su trabajo es B-Leaf, el proyecto con el que desde hace once años ayuda a ecologizar empresas e instituciones. «Pero de verdad», matiza. «Rechazamos a algunas empresas que lo quieren hacer como greenwashing. Muchas veces les digo en broma: “No sabes lo que has hecho, ¡has metido un ecologista dentro!”».

Hablamos con él de zonas verdes, ciudades que dialogan con la naturaleza y hábitats urbanos del presente y del futuro.

 ¿Cuál es la diferencia entre ajardinar y naturalizar una ciudad?

Para mí está en cómo te pones las gafas. Tenemos, en general, una visión urbanita, y nos parece que un espacio natural es el que es verde. Un espacio natural es mucho más que eso, pero creamos una visión artificial que nos satisface de un entorno creado artificialmente.

«En las ciudades tenemos una tradición de naturaleza domesticada. Mi reclamación es que no nos creamos los nombres que les ponemos a las cosas: una ciudad no es más natural porque tenga plantas»

Naturalizar es incorporar espacios conjuntos que dialogan con la naturaleza. No es solo plantar árboles, sino crear entornos: que haya suelo vegetal, plantas de distinto tipo, que vengan animales y se acomoden… Lo tenemos en la Casa de Campo de Madrid: en la zona más cercana a la ciudad hay chiringuitos y columpios y, a medida que te vas alejando, aparece un bosque con encinas y herbáceas. El Retiro es uno de los parques más bonitos y agradables del planeta, pero no es un espacio natural al cien por cien, sino un ajardinamiento fantástico.

Miguel Aguado Arnáez

En las ciudades tenemos una tradición de naturaleza domesticada. Mi reclamación es que no nos creamos los nombres que les ponemos a las cosas: una ciudad no es más natural porque tenga plantas. Es estupenda, pero no es más natural.

 ¿Cómo debería una ciudad decidir de qué manera naturalizarse?

Probablemente de una forma mixta. Tiene que haber un punto de equilibrio entre la opinión de las personas que van a vivir en ella y la visión de quienes saben del tema. Un urbanista puede hacer un camino donde cree que está bien, pero luego la gente va por otro sitio.

Tú eres partidario de que la propia ciudad nos comunique sus necesidades.

Las ciudades cambian queramos o no queramos. Los gobernantes piensan en el tiempo en el que van a gobernar; raros son los que piensan a largo plazo, incluso en aquello que no llegarán a ver. Pero eso es lo que tendría sentido. Seguro que hace ocho años nadie habría hecho un plan general de urbanismo teniendo en cuenta patinetes, coches que reservamos con el móvil para cogerlos en un sitio y dejarlos en otro o que habría necesidades de carga eléctrica.

«Las ciudades van a seguir evolucionando, y yo no creo en Mad Max: van a seguir evolucionando para bien, a pesar de las propias ciudades y a pesar de todo lo que hacemos en contra»

Si ahora diseñamos una ciudad para patinetes y coches compartidos, ¿no llegaremos tarde al siguiente hito?

 Siempre. Con lo cual, las ciudades tienen que ser flexibles. Y si no lo son, los ciudadanos vamos cambiando esa flexibilidad. Para los patinetes ahora tenemos la acera o la carretera, pero esto se corregirá. Habrá una alternativa, y mientras no la hay, uno se busca la vida. Vamos creando necesidades. Nos creemos muy dueños y señores de la ciudad: la diseñamos, pero las cosas van cambiando, afortunadamente.

¿Qué ciudades están integrando la naturaleza y las zonas verdes de forma correcta?

Vitoria es un clásico. El mérito está en que los gobernantes han sido inteligentes: por allí han pasado todos los partidos políticos sin tapar lo que hicieron los anteriores y empezar de nuevo. Entonces la ciudad ha avanzado: es muy cómoda para moverse por ella. La peatonalización de Sevilla me gusta mucho. Madrid Río es una muy buena transformación: ¿alguien se imaginaba hace poco estar en el río y acabar en el Pardo en bici? Barcelona, a pesar de ser una grandísima ciudad con mucha población, enlaza un barrio con otro a través de zonas transitables silenciosas.

¿Y cuáles deberían replantearse su estrategia de naturalización?

Prácticamente todas las de las coronas metropolitanas de Madrid y Barcelona. Casi nadie sabe que Fuenlabrada tiene un parque agrario fantástico: fincas privadas de agricultores de toda la vida, de cuando eso era un pueblo, que siguen produciendo. Antes toda esa producción iba a Mercamadrid; ahora una parte importante se consume en la propia Fuenlabrada.

Tres Cantos es el único modelo de downtown que prosperó: una ciudad creada ex profeso para descargar y descongestionar la gran ciudad, como los distritos externos de Nueva York. Me gusta mucho lo que se ha hecho en Valdebebas: el vertedero se naturalizó, lo cercano a las viviendas es más urbanita y a medida que andas, aparecen unas zonas preciosas no intervenidas o semintervenidas.

Miguel Aguado Arnáez

Plantar árboles y dotar de espacios verdes a los barrios puede jugar en contra de los vecinos de toda la vida. ¿Qué hacemos con la greenificación de las ciudades?

 Cuando una zona se vuelve más agradable, transitable y peatonal, el precio sube y se expulsa a quien no puede pagarlo. Es un gran problema de las grandes ciudades: no hablamos de gente muy desfavorecida, sino de gente en una situación económica normal a la que se está expulsando de la ciudad. Lo basamos todo en la propiedad privada: o la alquilas o la tienes. Estamos greenificando para una futura élite. A estos sitios se les da vida con vivienda de alquiler a un precio público para que vivan el que tiene la vivienda en propiedad, el que la alquila y el que quiere quedarse allí. En España falta un parque amplio de vivienda pública de alquiler.

En las ciudades del siglo XXI, ¿cómo sería el hábitat ideal de un urbanita?  

Las ciudades serían seguras, bonitas, agradables; la jardinería tiene mucho que ver con ello. Transitables al cien por cien, de forma que se pueda ir a comprar, a pasear y tener espacios tranquilos dentro de ellas. Más relajadas: que no agobien con el ruido y el jaleo. De la naturaleza, metería en las ciudades como fuera los olores y la diversidad de colores. Sería obligatorio que desde cualquier sitio se pudiera ver el cielo.

Miguel Aguado Arnáez

Superpoblación, escasez de recursos, contaminación, cambio climático… ¿Acabaremos por mudarnos todos a una casa en el campo?

La tendencia es la contraria: todos nos vamos aglomerando en torno a ciudades porque es donde están las oportunidades de empleo y de muchos tipos. No nos iremos: se podrá ir aquel que pueda, porque no es tan idílico vivir en el campo. Escapamos de la ciudad el fin de semana o cuando hace buen tiempo, pero los martes también existen en los pueblos. No tenemos que idealizar, tenemos que quitarnos las gafas de urbanita.

¿Podemos salvar las ciudades?

 Sí, las vamos a salvar. Yo estoy convencido. Seguiremos viviendo en ellas y las adaptaremos a nuestra forma de ser y de vivir. Habrá zonas mejores y peores, pero yo creo mucho en la sabiduría colectiva. No hay nada más tonto que una abeja suelta; sin embargo, una colmena es lo más inteligente que existe en la evolución. Las ciudades van a seguir evolucionando, y yo no creo en Mad Max: van a seguir evolucionando para bien, a pesar de las propias ciudades y a pesar de todo lo que hacemos en contra.

Parques, jardines, playas, ríos: los espacios verdes que oxigenan la calle, ecos de una naturaleza remota, son obras de ingeniería nacidas de una decisión deliberada. No es lo mismo plantar cuatro árboles al tuntún en una avenida que acallar la autopista rodeándola de un bosque periurbano. Urbanitas y urbanistas son quienes optan por ceder o arrebatarle el terreno a la naturaleza en la ciudad.

Miguel Aguado Arnáez tiene fe en el desarrollo sostenible de las ciudades. El divulgador ambiental, curtido en transmitir su «ecología de andar por casa» en medios de comunicación de todo pelaje, defiende que tradicionalmente hemos sido «una sociedad ecologista sin saberlo». Parte de su labor consiste en enseñar, pantalla o auriculares mediante, prácticas diarias para salvar el planeta. «Le estamos poniendo nombres modernos y ecologistas a los hábitos de toda la vida», sostiene. «Además, hábito que cambias, hábito que permanece».

La otra cara de su trabajo es B-Leaf, el proyecto con el que desde hace once años ayuda a ecologizar empresas e instituciones. «Pero de verdad», matiza. «Rechazamos a algunas empresas que lo quieren hacer como greenwashing. Muchas veces les digo en broma: “No sabes lo que has hecho, ¡has metido un ecologista dentro!”».

Hablamos con él de zonas verdes, ciudades que dialogan con la naturaleza y hábitats urbanos del presente y del futuro.

 ¿Cuál es la diferencia entre ajardinar y naturalizar una ciudad?

Para mí está en cómo te pones las gafas. Tenemos, en general, una visión urbanita, y nos parece que un espacio natural es el que es verde. Un espacio natural es mucho más que eso, pero creamos una visión artificial que nos satisface de un entorno creado artificialmente.

«En las ciudades tenemos una tradición de naturaleza domesticada. Mi reclamación es que no nos creamos los nombres que les ponemos a las cosas: una ciudad no es más natural porque tenga plantas»

Naturalizar es incorporar espacios conjuntos que dialogan con la naturaleza. No es solo plantar árboles, sino crear entornos: que haya suelo vegetal, plantas de distinto tipo, que vengan animales y se acomoden… Lo tenemos en la Casa de Campo de Madrid: en la zona más cercana a la ciudad hay chiringuitos y columpios y, a medida que te vas alejando, aparece un bosque con encinas y herbáceas. El Retiro es uno de los parques más bonitos y agradables del planeta, pero no es un espacio natural al cien por cien, sino un ajardinamiento fantástico.

Naturalizar es incorporar espacios conjuntos que dialogan con la naturaleza. No es solo plantar árboles, sino crear entornos: que haya suelo vegetal, plantas de distinto tipo, que vengan animales y se acomoden… Lo tenemos en la Casa de Campo de Madrid: en la zona más cercana a la ciudad hay chiringuitos y columpios y, a medida que te vas alejando, aparece un bosque con encinas y herbáceas. El Retiro es uno de los parques más bonitos y agradables del planeta, pero no es un espacio natural al cien por cien, sino un ajardinamiento fantástico.

Miguel Aguado Arnáez

En las ciudades tenemos una tradición de naturaleza domesticada. Mi reclamación es que no nos creamos los nombres que les ponemos a las cosas: una ciudad no es más natural porque tenga plantas. Es estupenda, pero no es más natural.

 ¿Cómo debería una ciudad decidir de qué manera naturalizarse?

Probablemente de una forma mixta. Tiene que haber un punto de equilibrio entre la opinión de las personas que van a vivir en ella y la visión de quienes saben del tema. Un urbanista puede hacer un camino donde cree que está bien, pero luego la gente va por otro sitio.

Tú eres partidario de que la propia ciudad nos comunique sus necesidades.

Las ciudades cambian queramos o no queramos. Los gobernantes piensan en el tiempo en el que van a gobernar; raros son los que piensan a largo plazo, incluso en aquello que no llegarán a ver. Pero eso es lo que tendría sentido. Seguro que hace ocho años nadie habría hecho un plan general de urbanismo teniendo en cuenta patinetes, coches que reservamos con el móvil para cogerlos en un sitio y dejarlos en otro o que habría necesidades de carga eléctrica.

«Las ciudades van a seguir evolucionando, y yo no creo en Mad Max: van a seguir evolucionando para bien, a pesar de las propias ciudades y a pesar de todo lo que hacemos en contra»

Si ahora diseñamos una ciudad para patinetes y coches compartidos, ¿no llegaremos tarde al siguiente hito?

 Siempre. Con lo cual, las ciudades tienen que ser flexibles. Y si no lo son, los ciudadanos vamos cambiando esa flexibilidad. Para los patinetes ahora tenemos la acera o la carretera, pero esto se corregirá. Habrá una alternativa, y mientras no la hay, uno se busca la vida. Vamos creando necesidades. Nos creemos muy dueños y señores de la ciudad: la diseñamos, pero las cosas van cambiando, afortunadamente.

¿Qué ciudades están integrando la naturaleza y las zonas verdes de forma correcta?

Vitoria es un clásico. El mérito está en que los gobernantes han sido inteligentes: por allí han pasado todos los partidos políticos sin tapar lo que hicieron los anteriores y empezar de nuevo. Entonces la ciudad ha avanzado: es muy cómoda para moverse por ella. La peatonalización de Sevilla me gusta mucho. Madrid Río es una muy buena transformación: ¿alguien se imaginaba hace poco estar en el río y acabar en el Pardo en bici? Barcelona, a pesar de ser una grandísima ciudad con mucha población, enlaza un barrio con otro a través de zonas transitables silenciosas.

¿Y cuáles deberían replantearse su estrategia de naturalización?

Prácticamente todas las de las coronas metropolitanas de Madrid y Barcelona. Casi nadie sabe que Fuenlabrada tiene un parque agrario fantástico: fincas privadas de agricultores de toda la vida, de cuando eso era un pueblo, que siguen produciendo. Antes toda esa producción iba a Mercamadrid; ahora una parte importante se consume en la propia Fuenlabrada.

Tres Cantos es el único modelo de downtown que prosperó: una ciudad creada ex profeso para descargar y descongestionar la gran ciudad, como los distritos externos de Nueva York. Me gusta mucho lo que se ha hecho en Valdebebas: el vertedero se naturalizó, lo cercano a las viviendas es más urbanita y a medida que andas, aparecen unas zonas preciosas no intervenidas o semintervenidas.

Miguel Aguado Arnáez

Plantar árboles y dotar de espacios verdes a los barrios puede jugar en contra de los vecinos de toda la vida. ¿Qué hacemos con la greenificación de las ciudades?

 Cuando una zona se vuelve más agradable, transitable y peatonal, el precio sube y se expulsa a quien no puede pagarlo. Es un gran problema de las grandes ciudades: no hablamos de gente muy desfavorecida, sino de gente en una situación económica normal a la que se está expulsando de la ciudad. Lo basamos todo en la propiedad privada: o la alquilas o la tienes. Estamos greenificando para una futura élite. A estos sitios se les da vida con vivienda de alquiler a un precio público para que vivan el que tiene la vivienda en propiedad, el que la alquila y el que quiere quedarse allí. En España falta un parque amplio de vivienda pública de alquiler.

En las ciudades del siglo XXI, ¿cómo sería el hábitat ideal de un urbanita?  

Las ciudades serían seguras, bonitas, agradables; la jardinería tiene mucho que ver con ello. Transitables al cien por cien, de forma que se pueda ir a comprar, a pasear y tener espacios tranquilos dentro de ellas. Más relajadas: que no agobien con el ruido y el jaleo. De la naturaleza, metería en las ciudades como fuera los olores y la diversidad de colores. Sería obligatorio que desde cualquier sitio se pudiera ver el cielo.

Miguel Aguado Arnáez

Superpoblación, escasez de recursos, contaminación, cambio climático… ¿Acabaremos por mudarnos todos a una casa en el campo?

La tendencia es la contraria: todos nos vamos aglomerando en torno a ciudades porque es donde están las oportunidades de empleo y de muchos tipos. No nos iremos: se podrá ir aquel que pueda, porque no es tan idílico vivir en el campo. Escapamos de la ciudad el fin de semana o cuando hace buen tiempo, pero los martes también existen en los pueblos. No tenemos que idealizar, tenemos que quitarnos las gafas de urbanita.

¿Podemos salvar las ciudades?

 Sí, las vamos a salvar. Yo estoy convencido. Seguiremos viviendo en ellas y las adaptaremos a nuestra forma de ser y de vivir. Habrá zonas mejores y peores, pero yo creo mucho en la sabiduría colectiva. No hay nada más tonto que una abeja suelta; sin embargo, una colmena es lo más inteligente que existe en la evolución. Las ciudades van a seguir evolucionando, y yo no creo en Mad Max: van a seguir evolucionando para bien, a pesar de las propias ciudades y a pesar de todo lo que hacemos en contra.

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