11 de abril 2011    /   IDEAS
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Miguel de Fresno: "Internet evoluciona hacia un entorno de control y vigilancia perfeccionado"

11 de abril 2011    /   IDEAS     por          
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El planeta se ha convertido en una gran conversación que da vueltas. Aquí y allí. En Internet y en la calle. Todo es lo mismo y todo es real. Nadie vive en dos mundos. El de las tres dimensiones y el de las pantallas. Es un comportamiento, una forma de actuar, que va de un lado a otro. De Twitter al bar. Del bar a un foro. De un foro a Facebook. De Facebook a un recital. Este nuevo escenario en las relaciones y la comunicación está bajo la lupa de la investigación. Lo observa de refilón la sociología, la psicología, la historia… y, específicamente, una disciplina llamada Netnografía.
Miguel de Fresno utiliza la netnografía para investigar lo que él llama ciberespacio y cibercultura. El filósofo y especialista en marketing dice que lo que él hace, en concreto, es «antropología en Internet». Estudia cómo se relacionan, cómo conviven, cómo se expresan y cómo interactúan cada día millones de personas. Y lo cuenta en un «libro académico, no de aeropuerto», clarifica. «Hay que fomentar el mercado intelectural. Vivimos tiempos exponenciales y hay que pintar lo que está pasando».
De Fresno rastrea la «sociabilidad online» utilizando una mezcla de sociología y etnografía. El trabajo de campo está en Internet y esto tiene una ventaja. «Un sociólogo, al introducirse entre un grupo de personas o un lugar, altera el campo de estudio con su presencia. Yo, en Internet, no lo altero. Todos siguen comportándose exactamente igual «, explica De Fresno.
Y busca en la Red porque, según dice, «comprender mejor la sociabilidad en el ciberespacio es comprendernos mejor como individuos y sociedad«.
Además, «no hay una separación ontológica entre lo físico y lo virtual. Mantenemos la misma sociabilidad en ambos espacios. El objeto de estudio no es el sitio. Es lo que las personas hacen».
La Netnografía intenta descifrar el comportamiento de los individuos en su totalidad. La visión marketiniana de las personas como consumidores es miope y reduccionista. «Me importan las personas como individuos, no como consumidores. El consumo no es lo que vertebra nuestra identidad social», recalca el doctor en sociología.
Miguel de Fresno desarrolla toda su investigación en su nuevo libro Netnografía. En él se pregunta ¿por qué se forman comunidades online cuando ya existen en el contexto social offline? ¿por qué se forman comunidades online cuando la mayoría de esa gente que vive en entornos urbanos buscan interacciones adicionales, precisamente los de mayor tasa de penetración de uso de Internet, tienen altos niveles de densidad relacional a diario?
«La evolución apunta a que los intereses y complejidad del contexto offline se van trasvasando de forma natural al ciberespacio, no como alternativa, sino como ese continuum de intercambiabilidad de un contexto relacional con otro, una misma experiencia social cotidiana normalizada y ubicua a través de cada vez un mayor número de dispositivos, debido a la compleja y singular naturaleza humana y no en función del espacio donde se produzca la sociabilidad», apunta el libro.
En la conversación constante hay cada vez más individuos. Pero hay más normas y más restricciones también. «Los primeros teóricos del ciberespacio», relata De Fresno en su obra, «presentaron el ciberespacio desde una teoría, en mayor o menor medida, excepcionalista: como un lugar no sometido a ninguna regla propia del contexto físico, propugnando no solo dos espacios, sino dos realidades y la intangibilidad del ciberespacio libre por naturaleza e inmune al control y la regulación; igualando voluntad, deseo y realidad. Una suerte de cibersociedad que se autodotaría gracias a la omnipresente máquina de orden e intangibilidad, una suerte de realidad tecnoedénica donde nada estaba contaminado por el contexto offline, ni las reglas, ni las propias personas que harían posible el ciberespacio y que allí comenzaban a desenvolverse».
(…) «La realidad resultante tras las primeras tres décadas evoluciona, no obstante, más hacia la intervención cada vez más punitiva de los estados, la creciente regulación legal y/o administrativa con el argumento de aportar una seguridad clásica, el imperio de la ley del comercio, un no disimulado afán de control derivado de la apropiación por grandes empresas globales de la producción del código –remedando o pugnado en primera línea con las corporaciones globales de medios de comunicación tradicionales– y delineando la arquitectura de un entorno de control y vigilancia perfeccionado».

Imagen de portada: Mapa mundial de las relaciones en Facebook.

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Miguel de Fresno utiliza la netnografía para investigar lo que él llama ciberespacio y cibercultura. El filósofo y especialista en marketing dice que lo que él hace, en concreto, es «antropología en Internet». Estudia cómo se relacionan, cómo conviven, cómo se expresan y cómo interactúan cada día millones de personas. Y lo cuenta en un «libro académico, no de aeropuerto», clarifica. «Hay que fomentar el mercado intelectural. Vivimos tiempos exponenciales y hay que pintar lo que está pasando».
De Fresno rastrea la «sociabilidad online» utilizando una mezcla de sociología y etnografía. El trabajo de campo está en Internet y esto tiene una ventaja. «Un sociólogo, al introducirse entre un grupo de personas o un lugar, altera el campo de estudio con su presencia. Yo, en Internet, no lo altero. Todos siguen comportándose exactamente igual «, explica De Fresno.
Y busca en la Red porque, según dice, «comprender mejor la sociabilidad en el ciberespacio es comprendernos mejor como individuos y sociedad«.
Además, «no hay una separación ontológica entre lo físico y lo virtual. Mantenemos la misma sociabilidad en ambos espacios. El objeto de estudio no es el sitio. Es lo que las personas hacen».
La Netnografía intenta descifrar el comportamiento de los individuos en su totalidad. La visión marketiniana de las personas como consumidores es miope y reduccionista. «Me importan las personas como individuos, no como consumidores. El consumo no es lo que vertebra nuestra identidad social», recalca el doctor en sociología.
Miguel de Fresno desarrolla toda su investigación en su nuevo libro Netnografía. En él se pregunta ¿por qué se forman comunidades online cuando ya existen en el contexto social offline? ¿por qué se forman comunidades online cuando la mayoría de esa gente que vive en entornos urbanos buscan interacciones adicionales, precisamente los de mayor tasa de penetración de uso de Internet, tienen altos niveles de densidad relacional a diario?
«La evolución apunta a que los intereses y complejidad del contexto offline se van trasvasando de forma natural al ciberespacio, no como alternativa, sino como ese continuum de intercambiabilidad de un contexto relacional con otro, una misma experiencia social cotidiana normalizada y ubicua a través de cada vez un mayor número de dispositivos, debido a la compleja y singular naturaleza humana y no en función del espacio donde se produzca la sociabilidad», apunta el libro.
En la conversación constante hay cada vez más individuos. Pero hay más normas y más restricciones también. «Los primeros teóricos del ciberespacio», relata De Fresno en su obra, «presentaron el ciberespacio desde una teoría, en mayor o menor medida, excepcionalista: como un lugar no sometido a ninguna regla propia del contexto físico, propugnando no solo dos espacios, sino dos realidades y la intangibilidad del ciberespacio libre por naturaleza e inmune al control y la regulación; igualando voluntad, deseo y realidad. Una suerte de cibersociedad que se autodotaría gracias a la omnipresente máquina de orden e intangibilidad, una suerte de realidad tecnoedénica donde nada estaba contaminado por el contexto offline, ni las reglas, ni las propias personas que harían posible el ciberespacio y que allí comenzaban a desenvolverse».
(…) «La realidad resultante tras las primeras tres décadas evoluciona, no obstante, más hacia la intervención cada vez más punitiva de los estados, la creciente regulación legal y/o administrativa con el argumento de aportar una seguridad clásica, el imperio de la ley del comercio, un no disimulado afán de control derivado de la apropiación por grandes empresas globales de la producción del código –remedando o pugnado en primera línea con las corporaciones globales de medios de comunicación tradicionales– y delineando la arquitectura de un entorno de control y vigilancia perfeccionado».

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