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8 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD
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Miguel Navia, el ilustrador de los barrios de Madrid

8 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Miguel Navia siente fascinación por la vida urbana de Madrid. Prueba de ello es que sus dos libros se titulan Gran Vía y Chueca. Durante el mes de marzo, el ilustrador se «colará» en ese escenario que tantas veces ha observado y admirado. Sus dibujos se expondrán a tamaño gigante en la Plaza de Callao de Madrid gracias a la colaboración entre Yorokobu y Callao City Lights.

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¿Quién dice que una flor deba inspirar más a un artista que la quietud de una calle adoquinada? Chueca es la zona donde se ha criado, por lo que tiene sentido que fuera la «musa» de su primera obra. «Quería hacer un libro muy personal, centrarme en los personajes. Chueca es un barrio de toda la vida que por circunstancias se ha visto abocado a la modernidad. Cuando me mudé allí con cinco años era un barrio muy castizo y también un barrio muy duro, con droga. También meto guiños a esa época». Chueca no necesita palabras. Solo contiene las que ha dejado ahí su prologuista, Óscar Esquivias. Por lo demás, las imágenes de Navia son autosuficientes. «Para mí, el barrio es pura imagen. No sentía ninguna necesidad de explicarlo. Cuando trabajo con escritores es algo maravilloso, porque sale mi mundo y el suyo y al final convergen y dan lugar a otro mundo».

El libro Gran Vía fue un encargo de un editor. «Como todos los de Madrid, en un momento odié mi ciudad y quería irme fuera. Pero llega un momento en el que te la reencuentras. El editor lo sabía y me encargó hacer Gran Vía sabiendo que me iba a volcar». Ambos trabajos fueron para él una buena experiencia porque homenajeaban sitios a los que se siente «muy vinculado».

Al ver sus ilustraciones, casi todas en blanco y negro o con tonos apagados, es inevitable pensar en el cine. «No busco un resultado totalmente cinematográfico, pero sí ese movimiento y esa sensación de subjetividad, de querer estar dentro. Para mi es muy importante crear ventanas, que seas un observador de las escenas».

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Miguel Navia hace un ejercicio de memoria para intentar retroceder hasta el momento en el que decidió que quería dedicarse a esto. «En estas profesiones tan vocacionales, uno tiene claro que le gustan. Siempre tiré por la ilustración, crecí leyendo cómics», recuerda. No tuvo que pelearse con sus progenitores para dedicarse a su vocación. Quizá esto estuvo facilitado por el hecho de que ellos sean una pintora (Carmen Martín de la Concha) y un fotógrafo (José Manuel Navia), también presuntos «culpables» de que la fotografía clásica y el cine hayan estado tan presentes en la vida del ilustrador.

Quizá lo tuvo algo más difícil por un entorno educativo que no apoyaba demasiado las inclinaciones artísticas. «Pillé muchos cambios políticos. Iban cambiando los planes de estudios y di muchos bandazos. Nos inundaban de asignaturas pero quitaban dibujo; salías con poco nivel», opina. Él supo encontrar salidas en ese entorno adverso. La solución fue «encerrarme y dibujar muchísimo». Iba, por ejemplo, al Círculo de Bellas Artes, donde había unas aulas de posado al desnudo. O quedaba con amigos para dibujar hasta confeccionar un book que pudieran llevar a editoriales.

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También hizo sus pinitos dibujando storyboards para cine y publicidad. «La producción de cine ha caído y cada vez me he interesado más por la prensa y la literatura, aunque me sigue gustando porque se aprende una barbaridad», explica.

No está obsesionado con la búsqueda de su estilo propio. «Voy cambiando de técnica. Tengo dos: unos los hago más a tinta y otros más “sucios”. No busco tanto un estilo o una obra personal, lo que hago es acercarme a encargos que tengan más que ver conmigo, centrarme en lo que me gusta, como el género negro o el buen cine social».

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Miguel Navia también ha ilustrado a autores de la talla de Chejov, Oscar Wilde, Henry James, Allan Poe, los hermanos Grimm o E.T.A. Hoffmann. «Cuando son clásicos del siglo XIX que se han ilustrado muchísimo, de primeras asusta mucho. A mi ahí me ayuda la investigación (indumentaria, situaciones, arquitectura…) ya que entonces el trabajo empieza a coger vida propia, a definirse». En el caso de estos autores fallecidos, no puede consultar con ellos el enfoque, pero tiene sus técnicas para compensar eso: «Intento tener en cuenta que el autor no se sintiera avergonzado si lo viera. Intento llevar mi ilustración a esa época para tenerle respeto al escritor».

Las ilustraciones de Navia salpicarán durante todo el mes de marzo las pantallas situadas en la Plaza de Callao y en la calle Jacometrezo. Los artistas que expusieron anteriormente gracias a esta colaboración fueron Juan Díaz-Faes y Diletta Pacifici.

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Isabel Garzo / Enrique Alpañés

Miguel Navia siente fascinación por la vida urbana de Madrid. Prueba de ello es que sus dos libros se titulan Gran Vía y Chueca. Durante el mes de marzo, el ilustrador se «colará» en ese escenario que tantas veces ha observado y admirado. Sus dibujos se expondrán a tamaño gigante en la Plaza de Callao de Madrid gracias a la colaboración entre Yorokobu y Callao City Lights.

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¿Quién dice que una flor deba inspirar más a un artista que la quietud de una calle adoquinada? Chueca es la zona donde se ha criado, por lo que tiene sentido que fuera la «musa» de su primera obra. «Quería hacer un libro muy personal, centrarme en los personajes. Chueca es un barrio de toda la vida que por circunstancias se ha visto abocado a la modernidad. Cuando me mudé allí con cinco años era un barrio muy castizo y también un barrio muy duro, con droga. También meto guiños a esa época». Chueca no necesita palabras. Solo contiene las que ha dejado ahí su prologuista, Óscar Esquivias. Por lo demás, las imágenes de Navia son autosuficientes. «Para mí, el barrio es pura imagen. No sentía ninguna necesidad de explicarlo. Cuando trabajo con escritores es algo maravilloso, porque sale mi mundo y el suyo y al final convergen y dan lugar a otro mundo».

El libro Gran Vía fue un encargo de un editor. «Como todos los de Madrid, en un momento odié mi ciudad y quería irme fuera. Pero llega un momento en el que te la reencuentras. El editor lo sabía y me encargó hacer Gran Vía sabiendo que me iba a volcar». Ambos trabajos fueron para él una buena experiencia porque homenajeaban sitios a los que se siente «muy vinculado».

Al ver sus ilustraciones, casi todas en blanco y negro o con tonos apagados, es inevitable pensar en el cine. «No busco un resultado totalmente cinematográfico, pero sí ese movimiento y esa sensación de subjetividad, de querer estar dentro. Para mi es muy importante crear ventanas, que seas un observador de las escenas».

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Miguel Navia hace un ejercicio de memoria para intentar retroceder hasta el momento en el que decidió que quería dedicarse a esto. «En estas profesiones tan vocacionales, uno tiene claro que le gustan. Siempre tiré por la ilustración, crecí leyendo cómics», recuerda. No tuvo que pelearse con sus progenitores para dedicarse a su vocación. Quizá esto estuvo facilitado por el hecho de que ellos sean una pintora (Carmen Martín de la Concha) y un fotógrafo (José Manuel Navia), también presuntos «culpables» de que la fotografía clásica y el cine hayan estado tan presentes en la vida del ilustrador.

Quizá lo tuvo algo más difícil por un entorno educativo que no apoyaba demasiado las inclinaciones artísticas. «Pillé muchos cambios políticos. Iban cambiando los planes de estudios y di muchos bandazos. Nos inundaban de asignaturas pero quitaban dibujo; salías con poco nivel», opina. Él supo encontrar salidas en ese entorno adverso. La solución fue «encerrarme y dibujar muchísimo». Iba, por ejemplo, al Círculo de Bellas Artes, donde había unas aulas de posado al desnudo. O quedaba con amigos para dibujar hasta confeccionar un book que pudieran llevar a editoriales.

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También hizo sus pinitos dibujando storyboards para cine y publicidad. «La producción de cine ha caído y cada vez me he interesado más por la prensa y la literatura, aunque me sigue gustando porque se aprende una barbaridad», explica.

No está obsesionado con la búsqueda de su estilo propio. «Voy cambiando de técnica. Tengo dos: unos los hago más a tinta y otros más “sucios”. No busco tanto un estilo o una obra personal, lo que hago es acercarme a encargos que tengan más que ver conmigo, centrarme en lo que me gusta, como el género negro o el buen cine social».

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Miguel Navia también ha ilustrado a autores de la talla de Chejov, Oscar Wilde, Henry James, Allan Poe, los hermanos Grimm o E.T.A. Hoffmann. «Cuando son clásicos del siglo XIX que se han ilustrado muchísimo, de primeras asusta mucho. A mi ahí me ayuda la investigación (indumentaria, situaciones, arquitectura…) ya que entonces el trabajo empieza a coger vida propia, a definirse». En el caso de estos autores fallecidos, no puede consultar con ellos el enfoque, pero tiene sus técnicas para compensar eso: «Intento tener en cuenta que el autor no se sintiera avergonzado si lo viera. Intento llevar mi ilustración a esa época para tenerle respeto al escritor».

Las ilustraciones de Navia salpicarán durante todo el mes de marzo las pantallas situadas en la Plaza de Callao y en la calle Jacometrezo. Los artistas que expusieron anteriormente gracias a esta colaboración fueron Juan Díaz-Faes y Diletta Pacifici.

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Isabel Garzo / Enrique Alpañés

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