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11 de abril 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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Miguel Trillo: "Cada foto que hago tiene una canción, una melodía"

11 de abril 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Comenzó a dar fe de lo que pasaba en la noche de Madrid a finales de los 70. La marea de la Transición y la movida madrileña le hizo vivir todos los cambios sociales de la época en primera persona. Ahora, más de tres décadas después, sigue retratando con su cámara a las generaciones de jóvenes urbanos. Se considera, sin embargo, hijo de la música y no de las artes visuales.
«No me imagino una foto sin banda sonora». Miguel Trillo se muestra así de rotundo cuando habla de lo que hace. Cuando dispara, la imagen le suena a guitarras ramonianas, a música electrónica o a heavy de Carabanchel. Quien se sitúa delante del objetivo es el que dicta. Él mira y escucha.
Lleva mirando y escuchando más de tres décadas, desde que se trasladó a Madrid porque era donde se cocía todo y donde podía aprender a hacer lo que que lleva haciendo toda la vida. Para él, «retratar a ese paisanaje urbano es una actitud generacional. Me atraía porque era forma de mi ocio y porque se reivindicaba el derecho a la propia imagen y al disfrute del propio cuerpo», explica. «Hacía fotos por diversión pero era consciente de estar retratando un cambio». Reconoce que llegó y se ató a la escena por la música, como muchos de sus contemporáneos. Pero se dio cuenta de que le gustaba mirar para atrás, al lado enfrentado al escenario.
El fotógrafo de origen gaditano piensa que han cambiado los actores, pero que la historia sigue siendo la misma. «Ahora está todo multiplicado, hay una interconexión social más amplia con tanta gente con cámaras en los bolsillos». Eso ha provocado, cuenta, que la memoria colectiva sea ahora colectiva de verdad. «Antes se construía con la mirada de un fotógrafo, con un solo punto de vista. El público ve ahora más opiniones», explica.
Es un convencido de que en la fotografía la técnica es lo menos importante. «El talento no consiste solo en hacer una buena foto», dice. «Hay que tener una cultura o mucha creatividad». Cuenta cómo le ha sorprendido el proyecto fotográfico de alguien que ni siquiera tenía cámara. «Se trata de una persona que, sabiendo por dónde iban a pasar los coches de Google Street View, se plantaba delante creando distintas situaciones», señala. «No es fotógrafo pero ha creado un hito en la fotografía. Es una manera de ser creativo».
El fotógrafo sigue escuchando la música de antes, rotunda, guitarrera y acelerada, pero ha cambiado de hábitos. Cuenta que viaja más, que hace más fotos de día y lejos de su entorno. Y cuenta dónde está el mundo que vendrá. «Asia es el laboratorio del futuro. Allí hay cosas nuevas. Tokio es excitante. Me encanta».
Y, tras una vida tras la cámara, ¿está todo visto? «No, siguen sorprendiéndome cosas. He hecho una serie en Sierra Nevada que me ha encantado. Snowboarders con sus ropas como armaduras, con esos pedazos de hielo y nieve. No se les ve nada, ni pelo, ni ojos, ni cara pero son retratos muy buenos», declara Trillo.
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Miguel Trillo ha retratado a seis jóvenes artistas para el proyecto Get Dirty que promueve Converse. Esas fotos se encuentran expuestas a partir de hoy en Studio Store, en Barcelona.

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Comenzó a dar fe de lo que pasaba en la noche de Madrid a finales de los 70. La marea de la Transición y la movida madrileña le hizo vivir todos los cambios sociales de la época en primera persona. Ahora, más de tres décadas después, sigue retratando con su cámara a las generaciones de jóvenes urbanos. Se considera, sin embargo, hijo de la música y no de las artes visuales.
«No me imagino una foto sin banda sonora». Miguel Trillo se muestra así de rotundo cuando habla de lo que hace. Cuando dispara, la imagen le suena a guitarras ramonianas, a música electrónica o a heavy de Carabanchel. Quien se sitúa delante del objetivo es el que dicta. Él mira y escucha.
Lleva mirando y escuchando más de tres décadas, desde que se trasladó a Madrid porque era donde se cocía todo y donde podía aprender a hacer lo que que lleva haciendo toda la vida. Para él, «retratar a ese paisanaje urbano es una actitud generacional. Me atraía porque era forma de mi ocio y porque se reivindicaba el derecho a la propia imagen y al disfrute del propio cuerpo», explica. «Hacía fotos por diversión pero era consciente de estar retratando un cambio». Reconoce que llegó y se ató a la escena por la música, como muchos de sus contemporáneos. Pero se dio cuenta de que le gustaba mirar para atrás, al lado enfrentado al escenario.
El fotógrafo de origen gaditano piensa que han cambiado los actores, pero que la historia sigue siendo la misma. «Ahora está todo multiplicado, hay una interconexión social más amplia con tanta gente con cámaras en los bolsillos». Eso ha provocado, cuenta, que la memoria colectiva sea ahora colectiva de verdad. «Antes se construía con la mirada de un fotógrafo, con un solo punto de vista. El público ve ahora más opiniones», explica.
Es un convencido de que en la fotografía la técnica es lo menos importante. «El talento no consiste solo en hacer una buena foto», dice. «Hay que tener una cultura o mucha creatividad». Cuenta cómo le ha sorprendido el proyecto fotográfico de alguien que ni siquiera tenía cámara. «Se trata de una persona que, sabiendo por dónde iban a pasar los coches de Google Street View, se plantaba delante creando distintas situaciones», señala. «No es fotógrafo pero ha creado un hito en la fotografía. Es una manera de ser creativo».
El fotógrafo sigue escuchando la música de antes, rotunda, guitarrera y acelerada, pero ha cambiado de hábitos. Cuenta que viaja más, que hace más fotos de día y lejos de su entorno. Y cuenta dónde está el mundo que vendrá. «Asia es el laboratorio del futuro. Allí hay cosas nuevas. Tokio es excitante. Me encanta».
Y, tras una vida tras la cámara, ¿está todo visto? «No, siguen sorprendiéndome cosas. He hecho una serie en Sierra Nevada que me ha encantado. Snowboarders con sus ropas como armaduras, con esos pedazos de hielo y nieve. No se les ve nada, ni pelo, ni ojos, ni cara pero son retratos muy buenos», declara Trillo.
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Miguel Trillo ha retratado a seis jóvenes artistas para el proyecto Get Dirty que promueve Converse. Esas fotos se encuentran expuestas a partir de hoy en Studio Store, en Barcelona.

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