21 de marzo 2018    /   IDEAS
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‘Miss Tupper Sex’: también se puede aprender sobre sexo en el teatro

21 de marzo 2018    /   IDEAS     por          
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«¡Mirad! ¡Un simulador de sexo oral femenino! ¡5.500 lenguas de silicona!». Se oyen risas en la sala. Carcajadas de esas que liberan tensiones. Carraspeos, vítores. Caras de asombro. «Aquí te pillo, aquí te mato». Apenas hay preliminares. En el escenario, Miss Tupper Sex, una mujer deslenguada que da nombre al título de la obra, habla de sexo.

Lo hace con la naturalidad de las conversaciones privadas en el bar o el salón de casa. Pero también con conocimiento de causa y con mucho humor, un lubricante infalible que rompe tabúes. «Es una clase de educación sexual, solo que contada de otra manera», afirma Pilar Ordóñez, actriz y escritora artífice del espectáculo.

«¡Hay que exportar libertad!», proclama constantemente para soliviantar a los lectores de Yorokobu.

Un idioma universal que no hablamos tan bien

«Lo bueno del sexo es que es universal y todos tenemos carencias. Hemos aprendido con el método ‘prueba-error’ y, así, cuando la gente ve que hay algo que te informa mejor y te ríes, se pasa el sofocón. Yo sabía que a las mujeres les iba a molar, pero no tenía muy claro cómo iba a reaccionar el público masculino. Lo que me dio el clic fue contarlo desde otro lado», reflexiona la creadora de Miss Tupper Sex.

Así, con su perspectiva femenina y un léxico sin eufemismos, esta genuina reunión tuppersex se ha convertido en una gira teatral que encara ya su cuarta temporada, entre Madrid y Barcelona, tras su estreno en Nueva York en 2014. Lo que surgió sin demasiadas expectativas «está yendo muy bien porque al final descubres un mundo diferente, desinhibido», señala.

En este sentido, tras la función casi siempre se acercan espectadores para saludar, comprar merchandising –la monologuista exhibe una gama multicolor de juguetes eróticos– y preguntarle dudas: «Me han dicho de todo, pero casi siempre con corrección. Me piden consejos, yo qué sé, para alargar un pene pequeño. Y yo contesto que existen cremitas, pero que vayan a la tienda especializada, que hay sexólogos y te asesoran. Lo que hay que hacer es perder la vergüenza y conversar con normalidad», apunta justo antes de recordar un caso irreproducible por el grosor de los términos y otro más común: el de mujeres que se interesan por recuperar el apetito sexual, aniquilado a menudo por la cotidianeidad y el estrés. Son cosas que te plantean cuando eres Miss Tupper Sex. Sin filtros, con jerga, tumbando barreras, compartiendo detalles que no contarías así como así. Exportando esa libertad que reivindica la artista.

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Lecciones de sexo y risas nerviosas con el ‘punto P’

La libertad se exporta desde el teatro. Pero, entre tanto, ¿qué es lo que suele gustar más del espectáculo? Pilar Ordóñez confiesa que «entra todo, hay muchos chistes, pero hay tres grandes momentos: cuando hablo de la esponjita menstrual, cuando cuento lo que es el fisting –inserción de la mano en el ano o la vagina– o cuando hablo a los chicos heterosexuales de cómo estimular el punto P del placer masculino, la próstata, un lugar prohibido situado entre los testículos y el ano». «Ellas se descojonan y ellos se mean de risa», dice. Tal vez sea risa nerviosa.

Todo comenzó con el libro homónimo Miss Tupper Sex (Ed. Aguilar), donde la autora divulga consejos amatorios tras haberse documentado a fondo y haber realizado más de cien tuppersex con mujeres de todas las edades y clases sociales, además de recabar las impagables confidencias de algunas amigas sin temor a exponer sus gustos más íntimos. «Quería hablar de sexo porque nosotras también lo hacemos, pero siempre con mucho secretismo; y me decidí a escribir».

De ahí el texto saltó al monólogo cómico, donde lo dramatiza incorporando conceptos e incluso chascarrillos que el propio público le brinda. Pero no se trata de una sucesión de gags, sino de un máster rápido y didáctico para potenciar la sexualidad. Es una amena celebración carnal. «Si en la vida nos hubieran enseñado todo desde la risa… En el cole, las mates, la Historia, no sé, ¡todos sacaríamos dieces! Meto mucha información y con humor les llega sin darse cuenta», arguye.

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 «No es lo mismo llevar lencería fina que batamanta»

¿Necesitas saber más sobre temas de rabiosa actualidad como los preámbulos eróticos, el cunnilingus, los dildos, las bolas chinas o el músculo pubococcígeo? No faltes al show, pero ve con la mente abierta, que entra todo en el examen. Pura educación sexual. Y una inquietud clásica es la del deseo. «Una jueza me soltó: «Estoy muerta de cuello para abajo». Y me pregunté por qué sucedía esto… El día a día lo mata todo. Juego a poner un ejemplo: la escena del sofá, cuando miras al que tienes al lado y se ha convertido en el padre de Los Simpsons. Pues no apetece. Pero hay que mejorar la libido para que no vayamos del amor sexual al amor de pareja y caigamos en ser una especie de empresa común con dos socios», explica.

Pero ¿cómo mantener viva la llama? «Vamos a empezar a utilizar todo lo que hay en la juguetería erótica, la cosmética, los disfraces… Y podemos emplear marihuana o ginseng, que suben la libido, y acompañar el momento con un decorado», relata imparable. Para Pilar Ordóñez, cada instante sexual debe ser especial. Hay que cuidarlo. «Tú no vas a una boda de cualquier manera», espeta. «Pues en la cama –o donde sea– tampoco. Poneos guapos. Igual que no es lo mismo llevar una lencería fina que la batamanta». (Risas.)

 

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«Si lo hace esa pazguata de 20 años con Grey, ¿por qué yo no?»

Miss Tupper Sex ha comprobado que se puede educar desde las tablas. Y que para gustos, colores. Y sabores. Aquí acuden personas de todo tipo, un público ecléctico formado por perfiles tan dispares como la parejita de 18 años recién cumplidos, el matrimonio de 70 o la icónica pandilla celebrando una despedida de soltera. Hombres, mujeres y viceversa. Incluso se da continuamente el caso del grupo de chicas que, después de pasarlo en grande juntas, repite visita por separado, cada una con su pareja para que, en este caso, ellos escuchen atentamente y se entretengan y aprendan que la sexualidad es infinita y que el placer aguarda en muchos poros de la piel.

Porque, como afirmaba Woody Allen, «el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin sonreír». Y aquí, además, invitan a sonreír hablando de sexo. Incluso se derriban estereotipos. ¿El sado? «No es de viciosos que te aten o que utilices arnés, sino que hay que normalizar». Y entonces lanza un titular, evocando las célebres 50 sombras de Grey, referente actual de estas prácticas aún chocantes: «Si lo hace esa pazguata con 20 años, ¿por qué yo no, que tengo el culo pelao?». (Más risas.)

Moraleja: normalicemos la sexualidad. Lo importante –aquí también– es participar. Y siempre ganas. Porque la clave es «jugar y jugar», experimentar con naturalidad y, sin excusas, descubrir la gama de complementos para cada temporada… Recordemos que el último Barómetro Control 2017 revela que los jóvenes se quejan de que la información y educación sexual les llegó demasiado tarde. Un 38% aprendió por intuición, cerca del 20% por los amigos, la mayoría empleando habitualmente internet como fuente de sabiduría. En otras palabras, en pleno 2018 el idioma universal no lo hablamos tan bien como creemos.

Y más apuntes: «Pienso que el día que esté normalizado todo esto se acabará la esclavitud sexual. La prostitución existe porque pagas, pero cuando todos puedan follar como quieran, se acabará», remata Miss Tupper Sex con firmeza. Al final nos hemos puesto serios, pero que nadie olvide el mejor lubricante: el humor. Y la cultura. Y la libertad. Y ese calor que arropa más que una batamanta.

«¡Mirad! ¡Un simulador de sexo oral femenino! ¡5.500 lenguas de silicona!». Se oyen risas en la sala. Carcajadas de esas que liberan tensiones. Carraspeos, vítores. Caras de asombro. «Aquí te pillo, aquí te mato». Apenas hay preliminares. En el escenario, Miss Tupper Sex, una mujer deslenguada que da nombre al título de la obra, habla de sexo.

Lo hace con la naturalidad de las conversaciones privadas en el bar o el salón de casa. Pero también con conocimiento de causa y con mucho humor, un lubricante infalible que rompe tabúes. «Es una clase de educación sexual, solo que contada de otra manera», afirma Pilar Ordóñez, actriz y escritora artífice del espectáculo.

«¡Hay que exportar libertad!», proclama constantemente para soliviantar a los lectores de Yorokobu.

Un idioma universal que no hablamos tan bien

«Lo bueno del sexo es que es universal y todos tenemos carencias. Hemos aprendido con el método ‘prueba-error’ y, así, cuando la gente ve que hay algo que te informa mejor y te ríes, se pasa el sofocón. Yo sabía que a las mujeres les iba a molar, pero no tenía muy claro cómo iba a reaccionar el público masculino. Lo que me dio el clic fue contarlo desde otro lado», reflexiona la creadora de Miss Tupper Sex.

Así, con su perspectiva femenina y un léxico sin eufemismos, esta genuina reunión tuppersex se ha convertido en una gira teatral que encara ya su cuarta temporada, entre Madrid y Barcelona, tras su estreno en Nueva York en 2014. Lo que surgió sin demasiadas expectativas «está yendo muy bien porque al final descubres un mundo diferente, desinhibido», señala.

En este sentido, tras la función casi siempre se acercan espectadores para saludar, comprar merchandising –la monologuista exhibe una gama multicolor de juguetes eróticos– y preguntarle dudas: «Me han dicho de todo, pero casi siempre con corrección. Me piden consejos, yo qué sé, para alargar un pene pequeño. Y yo contesto que existen cremitas, pero que vayan a la tienda especializada, que hay sexólogos y te asesoran. Lo que hay que hacer es perder la vergüenza y conversar con normalidad», apunta justo antes de recordar un caso irreproducible por el grosor de los términos y otro más común: el de mujeres que se interesan por recuperar el apetito sexual, aniquilado a menudo por la cotidianeidad y el estrés. Son cosas que te plantean cuando eres Miss Tupper Sex. Sin filtros, con jerga, tumbando barreras, compartiendo detalles que no contarías así como así. Exportando esa libertad que reivindica la artista.

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Lecciones de sexo y risas nerviosas con el ‘punto P’

La libertad se exporta desde el teatro. Pero, entre tanto, ¿qué es lo que suele gustar más del espectáculo? Pilar Ordóñez confiesa que «entra todo, hay muchos chistes, pero hay tres grandes momentos: cuando hablo de la esponjita menstrual, cuando cuento lo que es el fisting –inserción de la mano en el ano o la vagina– o cuando hablo a los chicos heterosexuales de cómo estimular el punto P del placer masculino, la próstata, un lugar prohibido situado entre los testículos y el ano». «Ellas se descojonan y ellos se mean de risa», dice. Tal vez sea risa nerviosa.

Todo comenzó con el libro homónimo Miss Tupper Sex (Ed. Aguilar), donde la autora divulga consejos amatorios tras haberse documentado a fondo y haber realizado más de cien tuppersex con mujeres de todas las edades y clases sociales, además de recabar las impagables confidencias de algunas amigas sin temor a exponer sus gustos más íntimos. «Quería hablar de sexo porque nosotras también lo hacemos, pero siempre con mucho secretismo; y me decidí a escribir».

De ahí el texto saltó al monólogo cómico, donde lo dramatiza incorporando conceptos e incluso chascarrillos que el propio público le brinda. Pero no se trata de una sucesión de gags, sino de un máster rápido y didáctico para potenciar la sexualidad. Es una amena celebración carnal. «Si en la vida nos hubieran enseñado todo desde la risa… En el cole, las mates, la Historia, no sé, ¡todos sacaríamos dieces! Meto mucha información y con humor les llega sin darse cuenta», arguye.

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 «No es lo mismo llevar lencería fina que batamanta»

¿Necesitas saber más sobre temas de rabiosa actualidad como los preámbulos eróticos, el cunnilingus, los dildos, las bolas chinas o el músculo pubococcígeo? No faltes al show, pero ve con la mente abierta, que entra todo en el examen. Pura educación sexual. Y una inquietud clásica es la del deseo. «Una jueza me soltó: «Estoy muerta de cuello para abajo». Y me pregunté por qué sucedía esto… El día a día lo mata todo. Juego a poner un ejemplo: la escena del sofá, cuando miras al que tienes al lado y se ha convertido en el padre de Los Simpsons. Pues no apetece. Pero hay que mejorar la libido para que no vayamos del amor sexual al amor de pareja y caigamos en ser una especie de empresa común con dos socios», explica.

Pero ¿cómo mantener viva la llama? «Vamos a empezar a utilizar todo lo que hay en la juguetería erótica, la cosmética, los disfraces… Y podemos emplear marihuana o ginseng, que suben la libido, y acompañar el momento con un decorado», relata imparable. Para Pilar Ordóñez, cada instante sexual debe ser especial. Hay que cuidarlo. «Tú no vas a una boda de cualquier manera», espeta. «Pues en la cama –o donde sea– tampoco. Poneos guapos. Igual que no es lo mismo llevar una lencería fina que la batamanta». (Risas.)

 

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«Si lo hace esa pazguata de 20 años con Grey, ¿por qué yo no?»

Miss Tupper Sex ha comprobado que se puede educar desde las tablas. Y que para gustos, colores. Y sabores. Aquí acuden personas de todo tipo, un público ecléctico formado por perfiles tan dispares como la parejita de 18 años recién cumplidos, el matrimonio de 70 o la icónica pandilla celebrando una despedida de soltera. Hombres, mujeres y viceversa. Incluso se da continuamente el caso del grupo de chicas que, después de pasarlo en grande juntas, repite visita por separado, cada una con su pareja para que, en este caso, ellos escuchen atentamente y se entretengan y aprendan que la sexualidad es infinita y que el placer aguarda en muchos poros de la piel.

Porque, como afirmaba Woody Allen, «el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin sonreír». Y aquí, además, invitan a sonreír hablando de sexo. Incluso se derriban estereotipos. ¿El sado? «No es de viciosos que te aten o que utilices arnés, sino que hay que normalizar». Y entonces lanza un titular, evocando las célebres 50 sombras de Grey, referente actual de estas prácticas aún chocantes: «Si lo hace esa pazguata con 20 años, ¿por qué yo no, que tengo el culo pelao?». (Más risas.)

Moraleja: normalicemos la sexualidad. Lo importante –aquí también– es participar. Y siempre ganas. Porque la clave es «jugar y jugar», experimentar con naturalidad y, sin excusas, descubrir la gama de complementos para cada temporada… Recordemos que el último Barómetro Control 2017 revela que los jóvenes se quejan de que la información y educación sexual les llegó demasiado tarde. Un 38% aprendió por intuición, cerca del 20% por los amigos, la mayoría empleando habitualmente internet como fuente de sabiduría. En otras palabras, en pleno 2018 el idioma universal no lo hablamos tan bien como creemos.

Y más apuntes: «Pienso que el día que esté normalizado todo esto se acabará la esclavitud sexual. La prostitución existe porque pagas, pero cuando todos puedan follar como quieran, se acabará», remata Miss Tupper Sex con firmeza. Al final nos hemos puesto serios, pero que nadie olvide el mejor lubricante: el humor. Y la cultura. Y la libertad. Y ese calor que arropa más que una batamanta.

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