13 de octubre 2014    /   BUSINESS
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Pequeñas molestias que me crea la tecnología

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—A la calle hay que salir con dinero por si pasa algo —decía mi madre antes de los móviles—: si hay que coger un taxi, tomar algo o tienes que llamar por una cabina para que te recojamos.

Había, como ahora, una gran diferencia de precio entre un trayecto en taxi y un telefonazo, pero en ambos casos era necesario llevar un billete de 500 pesetas. El problema aparecía cuando uno esperaba a una persona de noche y no había un bar cercano. En un bar uno pedía un café o un refresco, y con el cambio de 500 pesetas podía usar la cabina o el teléfono del bar:
—Buenas tardes (…) ¿Está fulanito? (…) Gracias —tocaba esperar, en el mismo punto en el que habías quedado con fulanito.
Pocas veces utilicé una cabina de teléfono. Y no recuerdo haber telefoneado a mis padres para avisar de que llegaría tarde a casa. Lo cierto es que salía poco; pasaba mucho tiempo con el Amstrad CPC 464 y sus juegos en cartuchos. Esto sucedió entre Rocky IV y Rocky V. Entonces, mi mayor temor no era morir virgen, sino que no cargara la fase final de un juego. También desaparecieron los primeros relatos que escribí en fósforo verde sobre fondo negro.
La tecnología ha traído smartphones y la posibilidad de pasar los trabajos del ordenador a otros dispositivos o a la nube. Tecnologías como estas tranquilizan, pero también están acompañadas de temores o suponen ciertas incomodidades. Hago un listado rápido:
1. LLAMA EL BANCO CUANDO NO HAY BATERÍA
Desapareció el temor de no encontrar cambio de 500 pesetas para la cabina. Ahora el temor es salir de casa con apenas batería en el móvil y haber quedado con una persona que llega demasiado tarde. En este caso, uno espera que no llame un banco, una operadora de telefonía o una ONG… Llamar a casa de la persona que se retrasa no es posible: ¿Quién tiene anotado el fijo de otra persona? ¿Quién lleva una agenda de papel?
2. HOMBRE BLANCO, SALIDO
Temo que un amigo me pida que mire su portátil o el de su hijo adolescente que no arranca porque «tú, que escribes, sabes de esto». (¿Tener gato convalida como veterinario? ¿Reponer latas de tomate concede habilidades de chef?). Mi temor no es una tontería: ¿Qué sustancias orgánicas (pelos, caspa, sudor y otros fluidos corporales), o restos de alimentos hay adheridos a las teclas o el ratón? Son tiempos en los que es tan fácil encontrar porno gratuito como gatitos.
Quizá en algún momento de aburrimiento cojo el portátil, pero con precaución: desinfecto el teclado con una bayeta y oxígeno activo, y utilizo un ratón propio.
3. EL GRUPO B DE WHATSAPP
Piedad Calero escribe:
«El 80% de los grupos de Whatsapp crean otro B donde uno de los miembros no está. Si no perteneces a ningún subgrupo, tú eres ese miembro».
Tengo cierta inquietud por no estar en el grupo B de Whatsapp que pudiera tener la comunidad de vecinos. ¿Los no-miembros del grupo B son sospechosos de los pequeños actos vandálicos?
4. DESCONOCIDOS TESTIGOS LUMINOSOS
En otros tiempos los coches tenían luces delante y detrás: los faros, los intermitentes y las luces de freno. Luces fuera del coche. Ahora los coches tienen demasiadas luces en el salpicadero: «testigos luminosos» que no explican los manuales («en caso de que se encienda X acuda inmediatamente a un taller»), y que los mecánicos de la casa ignoran (tan cierto como que llueve hacia abajo).
El significado de los testigos luminosos genera en foros de coches más literatura que debatir qué mamá de Modern Family es la más deseable para una noche loca. (Gana la rubia por los disfraces y los teatritos). De manera que uno acaba conduciendo con un testigo luminoso que no debería estar encendido…
Por suerte dejé la adolescencia atrás. Así evito temores, como ser etiquetado en una inadecuada imagen en Facebook o que una imagen propia sirva como lema de Desmotivaciones o que la conexión wifi se pierda antes de acabar una fase de un juego online.

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—A la calle hay que salir con dinero por si pasa algo —decía mi madre antes de los móviles—: si hay que coger un taxi, tomar algo o tienes que llamar por una cabina para que te recojamos.

Había, como ahora, una gran diferencia de precio entre un trayecto en taxi y un telefonazo, pero en ambos casos era necesario llevar un billete de 500 pesetas. El problema aparecía cuando uno esperaba a una persona de noche y no había un bar cercano. En un bar uno pedía un café o un refresco, y con el cambio de 500 pesetas podía usar la cabina o el teléfono del bar:
—Buenas tardes (…) ¿Está fulanito? (…) Gracias —tocaba esperar, en el mismo punto en el que habías quedado con fulanito.
Pocas veces utilicé una cabina de teléfono. Y no recuerdo haber telefoneado a mis padres para avisar de que llegaría tarde a casa. Lo cierto es que salía poco; pasaba mucho tiempo con el Amstrad CPC 464 y sus juegos en cartuchos. Esto sucedió entre Rocky IV y Rocky V. Entonces, mi mayor temor no era morir virgen, sino que no cargara la fase final de un juego. También desaparecieron los primeros relatos que escribí en fósforo verde sobre fondo negro.
La tecnología ha traído smartphones y la posibilidad de pasar los trabajos del ordenador a otros dispositivos o a la nube. Tecnologías como estas tranquilizan, pero también están acompañadas de temores o suponen ciertas incomodidades. Hago un listado rápido:
1. LLAMA EL BANCO CUANDO NO HAY BATERÍA
Desapareció el temor de no encontrar cambio de 500 pesetas para la cabina. Ahora el temor es salir de casa con apenas batería en el móvil y haber quedado con una persona que llega demasiado tarde. En este caso, uno espera que no llame un banco, una operadora de telefonía o una ONG… Llamar a casa de la persona que se retrasa no es posible: ¿Quién tiene anotado el fijo de otra persona? ¿Quién lleva una agenda de papel?
2. HOMBRE BLANCO, SALIDO
Temo que un amigo me pida que mire su portátil o el de su hijo adolescente que no arranca porque «tú, que escribes, sabes de esto». (¿Tener gato convalida como veterinario? ¿Reponer latas de tomate concede habilidades de chef?). Mi temor no es una tontería: ¿Qué sustancias orgánicas (pelos, caspa, sudor y otros fluidos corporales), o restos de alimentos hay adheridos a las teclas o el ratón? Son tiempos en los que es tan fácil encontrar porno gratuito como gatitos.
Quizá en algún momento de aburrimiento cojo el portátil, pero con precaución: desinfecto el teclado con una bayeta y oxígeno activo, y utilizo un ratón propio.
3. EL GRUPO B DE WHATSAPP
Piedad Calero escribe:
«El 80% de los grupos de Whatsapp crean otro B donde uno de los miembros no está. Si no perteneces a ningún subgrupo, tú eres ese miembro».
Tengo cierta inquietud por no estar en el grupo B de Whatsapp que pudiera tener la comunidad de vecinos. ¿Los no-miembros del grupo B son sospechosos de los pequeños actos vandálicos?
4. DESCONOCIDOS TESTIGOS LUMINOSOS
En otros tiempos los coches tenían luces delante y detrás: los faros, los intermitentes y las luces de freno. Luces fuera del coche. Ahora los coches tienen demasiadas luces en el salpicadero: «testigos luminosos» que no explican los manuales («en caso de que se encienda X acuda inmediatamente a un taller»), y que los mecánicos de la casa ignoran (tan cierto como que llueve hacia abajo).
El significado de los testigos luminosos genera en foros de coches más literatura que debatir qué mamá de Modern Family es la más deseable para una noche loca. (Gana la rubia por los disfraces y los teatritos). De manera que uno acaba conduciendo con un testigo luminoso que no debería estar encendido…
Por suerte dejé la adolescencia atrás. Así evito temores, como ser etiquetado en una inadecuada imagen en Facebook o que una imagen propia sirva como lema de Desmotivaciones o que la conexión wifi se pierda antes de acabar una fase de un juego online.

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