5 de mayo 2014    /   IDEAS
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Criaturas ibéricas: el momentito y otros pecados españoles

5 de mayo 2014    /   IDEAS     por          
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«El momentito» es una expresión popular que usan sin criterio los bobos (¿cuánto tiempo cabe en un momentito?) y los pícaros.
El amor a la patria, a los toros y el cristianismo son los valores que definen a los españoles de bien, según Esperanza Aguirre. Pero la lista está incompleta. Aguirre olvidó mencionar otro valor del que ella es ejemplo: el uso del «momentito» como medida de tiempo.
—Solo he parado un momentito para sacar dinero —dijo Aguirre a los agentes municipales que se acercaron a multarla por aparcar en un carril bus de Madrid. Con el «momentito» Aguirre pretendió, como otros españoles en su situación, eludir la denuncia.
De este modo, Aguirre es ejemplo de la picaresca española. El «momentito» es una herencia ancestral que se perpetúa en el día a día. Los pícaros usan «el momentito» en las colas del banco, para arreglar papeles con un funcionario, en la sala de espera del médico de cabecera y en la farmacia:
—¿Me deja pasar? Yo solo tengo que hacer una preguntita, será un momentito.
El ciudadano inocente debe estar avispado porque, a menudo, el que usa la palabra «momentito» —y su prima hermana «preguntita»— no espera réplica. Quién dice «momentito» se desliza como un ninja hasta su objetivo… y se apalanca. Las colas ante muchas ventanillas se forman con la acumulación de momentitos y preguntitas.
La picaresca y la tontería ha provocado la aparición de carteles con la leyenda: NO HAY MOMENTITOS, para disuadir a los conductores a bloquear salidas de garaje. En los mostradores de algunas tiendas de informática y móviles de Sevilla hay carteles con el rótulo: CONSULTA TÉCNICA 2 €, por puro hartazgo de las preguntitas.
Por supuesto, como hizo Aguirre, los pícaros emplean «el momentito» para descargarse de responsabilidades con la Ley, la familia y la sociedad:
—Pero si dejé al niño solo en casa «un momentito» —y el incendio que formó con el encendedor…
… Agravado porque muchos conductores pusieron sus coches en doble fila «un momentito» impidiendo así que el coche de bomberos llegase a tiempo.
El usuario habitual del «momentito» es egoísta y desconsiderado. Una prueba más es que lo usan los jefes y los compañeros de trabajo para reclamar atención, y quienes venden puerta a puerta o por teléfono:
—Será un momentito, palabra.
Pero el momentito y la preguntita no son los únicos pecados que los españoles cometen empleando expresiones para referirse al tiempo, a la distancia y a los tamaños:
—Eso está «a la vuelta de la esquina» —para un lugar que está en el quinto pino.
—Vente. En «un rato» estamos aquí —para inducir a otra persona a perder dos o tres horas.
—Una «cosa así» —escuchado sobre todo en ferreterías y tiendas de bricolaje para indicar medidas. (Esto es muy de tonto; ignora la existencia de reglas y metros).
—Voy a meterme un «ratito» en Facebook…
En España la técnica Pomodoro para gestión de tiempo, que establece bloques de 25 minutos, no cuaja porque nuestra medida son los «ratitos».
Pero quizá, la expresión más polivalente es: «esto no es ». Puede referirse tanto al tiempo para concluir una tarea como para indicar el «estado de una cosa». Es frecuente en muchos contextos de la vida cotidiana:
—Esto no es —dice quien te ha abollado el coche.
—Esto no es —dice un técnico reparador cuando en realidad quiere decir «un mes más o menos».
—Esto no es —dice quien acaba de hacer una broma pesada que le ha abierto a uno el cráneo.
Google Now Spanish Pack
Es posible que para evitar el uso inadecuado y/o malintencionado de momentito o preguntita sea necesaria una profunda reforma educativa y, por otro lado, castigar a aquellos políticos que invocan «el momentito».
Uno, que intenta utilizar el lenguaje con propiedad, espera que este artículo pueda leerse en un ratito.

«El momentito» es una expresión popular que usan sin criterio los bobos (¿cuánto tiempo cabe en un momentito?) y los pícaros.
El amor a la patria, a los toros y el cristianismo son los valores que definen a los españoles de bien, según Esperanza Aguirre. Pero la lista está incompleta. Aguirre olvidó mencionar otro valor del que ella es ejemplo: el uso del «momentito» como medida de tiempo.
—Solo he parado un momentito para sacar dinero —dijo Aguirre a los agentes municipales que se acercaron a multarla por aparcar en un carril bus de Madrid. Con el «momentito» Aguirre pretendió, como otros españoles en su situación, eludir la denuncia.
De este modo, Aguirre es ejemplo de la picaresca española. El «momentito» es una herencia ancestral que se perpetúa en el día a día. Los pícaros usan «el momentito» en las colas del banco, para arreglar papeles con un funcionario, en la sala de espera del médico de cabecera y en la farmacia:
—¿Me deja pasar? Yo solo tengo que hacer una preguntita, será un momentito.
El ciudadano inocente debe estar avispado porque, a menudo, el que usa la palabra «momentito» —y su prima hermana «preguntita»— no espera réplica. Quién dice «momentito» se desliza como un ninja hasta su objetivo… y se apalanca. Las colas ante muchas ventanillas se forman con la acumulación de momentitos y preguntitas.
La picaresca y la tontería ha provocado la aparición de carteles con la leyenda: NO HAY MOMENTITOS, para disuadir a los conductores a bloquear salidas de garaje. En los mostradores de algunas tiendas de informática y móviles de Sevilla hay carteles con el rótulo: CONSULTA TÉCNICA 2 €, por puro hartazgo de las preguntitas.
Por supuesto, como hizo Aguirre, los pícaros emplean «el momentito» para descargarse de responsabilidades con la Ley, la familia y la sociedad:
—Pero si dejé al niño solo en casa «un momentito» —y el incendio que formó con el encendedor…
… Agravado porque muchos conductores pusieron sus coches en doble fila «un momentito» impidiendo así que el coche de bomberos llegase a tiempo.
El usuario habitual del «momentito» es egoísta y desconsiderado. Una prueba más es que lo usan los jefes y los compañeros de trabajo para reclamar atención, y quienes venden puerta a puerta o por teléfono:
—Será un momentito, palabra.
Pero el momentito y la preguntita no son los únicos pecados que los españoles cometen empleando expresiones para referirse al tiempo, a la distancia y a los tamaños:
—Eso está «a la vuelta de la esquina» —para un lugar que está en el quinto pino.
—Vente. En «un rato» estamos aquí —para inducir a otra persona a perder dos o tres horas.
—Una «cosa así» —escuchado sobre todo en ferreterías y tiendas de bricolaje para indicar medidas. (Esto es muy de tonto; ignora la existencia de reglas y metros).
—Voy a meterme un «ratito» en Facebook…
En España la técnica Pomodoro para gestión de tiempo, que establece bloques de 25 minutos, no cuaja porque nuestra medida son los «ratitos».
Pero quizá, la expresión más polivalente es: «esto no es ». Puede referirse tanto al tiempo para concluir una tarea como para indicar el «estado de una cosa». Es frecuente en muchos contextos de la vida cotidiana:
—Esto no es —dice quien te ha abollado el coche.
—Esto no es —dice un técnico reparador cuando en realidad quiere decir «un mes más o menos».
—Esto no es —dice quien acaba de hacer una broma pesada que le ha abierto a uno el cráneo.
Google Now Spanish Pack
Es posible que para evitar el uso inadecuado y/o malintencionado de momentito o preguntita sea necesaria una profunda reforma educativa y, por otro lado, castigar a aquellos políticos que invocan «el momentito».
Uno, que intenta utilizar el lenguaje con propiedad, espera que este artículo pueda leerse en un ratito.

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Opiniones 6
  • ¡qué acertado! pero hay otra INFINITAMENTE PEOR y MÁS DESQUICIANTE: UN SEGUNDITO!!!

    • Medir distancias o áreas en el tiempo que tardas en recorrerlas es un clásico! Tenemos desde el «año luz» hasta medidas históricas tradicionales: en Asturias, por ejemplo, se usaba como medida de área el «Día de bueyes», que es el área aproximada que puede arar un buey medio en un terreno plano normal (puede parecer una locura inexacta, pero oigan, miren ahí a los british y su sistema imperial).
      Ahora en serio, todo eso de «me dejas que sólo es un momentito» y tal me parece un claro ejemplo del incivismo que hay en España (supongo que en más sitios, pero el que conozco bien y me preocupa es el de aquí). Puedo cederle, motu proprio, mi posición en la cola del super a alguien que lleve solo una barra de pan, pero la picaresca crónica de algunos me hierve la sangre (otro ejemplo es la gente que en las tiendas de ropa pone a un amigo a hacer cola -a veces con una prenda- mientras el comprador sigue en el probador y cuando acaba, puede saltarse seis o siete personas de la cola).

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