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23 de abril 2019    /   IDEAS
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«Luchamos junto a los hombres en la revoluciones y luego nos dejan de lado»

La activista y periodista Mona Eltahawy comienza con frecuencia sus intervenciones con un sonoro «Fuck patriarchy!» (Que jodan al patriarcado). Como ninguna revolución se llevó a cabo pidiendo las cosas por favor, su grito deja clara su postura, su lucha por el feminismo en el Islam y, además, es una receta infalible para captar la atención de los tibios

23 de abril 2019    /   IDEAS     por          
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Mona Eltahawy (Puerto Said, Egipto, 1967) es mujer, es musulmana y es feminista. Pero insiste: no es una musulmana feminista. «Me identifico primero como feminista y lucho contra todo lo que hace daño a las mujeres y a las niñas venga del Corán, de la Biblia, de la Torá, de las escrituras indias, de la Constitución americana, o de las leyes españolas o argentinas», explica. «Como feminista, mi objetivo es destruir el patriarcado». Su historia es un paradigma del feminismo en el Islam.

En cualquier caso, lo que le toca a Mona Eltahawy en esta ocasión es presentar la edición española de El himen y el hiyab (Capitán Swing, 2018), un libro planteado como el combustible para una revolución sexual de las mujeres en el mundo árabe.

El himen y el hiyab es un análisis de la complicada conexión que se establece entre las mujeres y la religión en el universo islámico. Un himen y un hiyab representan la identidad femenina en una confesión cuyas prioridades pasan por que una mujer sea casi un bien de consumo que no puede ser de segunda mano y un objeto de pecado que debe cubrirse para no ofender.

Así funciona el tinglado, a base de, en el fondo, un miedo de los hombres a perder el control sobre la mercancía. «Se educa a los hombres en la creencia de que ostentan la propiedad de las emociones de las mujeres, de su atención, de sus cuerpos y de su tiempo. Y cuando se dan cuenta de que una mujer se resiste, llegan los problemas», dice Eltahawy. «Aquí es donde los hombres comienzan a odiar a las mujeres».

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Revolución es entender que hay consecuencias. Revolución no es escribir un libro y pensar que mañana habrá una revolución porque sin acción ese libro será solo un libro

Lo que plantea Mona Eltahawy es una cuestión de estructuras de poder. Ni siquiera es cierto que la autoridad sea ejercida de hombres a mujeres. «Se trata de una concepción heteronormativa en la que un hombre escoge a una mujer y esa mujer da sexo a ese hombre».

El problema no es de las mujeres: es de todo aquel que no sea un hombre cisgénero que responda al planteamiento binario hombre-mujer y a la relación de jerarquía entre ellos. «El privilegio es para una particular clase de hombre. Así que, si eres un hombre gay, un hombre bisexual, un hombre no conservador, el patriarcado va a por ti. Si eres un hombre que expresa sus emociones y pasa del rollo del machito, el patriarcado va a por ti».

«Casi todo mi cuerpo ha sido sobado o tocado sin mi consentimiento»

La historia de Mona Eltahawy es la de tantas mujeres a lo largo y ancho del planeta: ella no decide quién accede a su propio cuerpo. Las invasiones locales a su territorio íntimo ocurrieron en Arabia Saudí y en Egipto, donde regresó con 21 años y donde, como cuenta en el libro, «el Estado me puso las manos encima en noviembre de 2011, en la calle Mohamed Mahmoud», en plenos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden en la Plaza Tahrir.

Los antidisturbios rompieron lo brazos de Eltahawy y la agredieron sexualmente. Fue golpeada con porras, manoseada, humillada y dejada tirada. Esa no fue la parte más dolorosa. La enfermera que la atendió 16 horas después de los hechos explicitó lo que la cultura local de su tierra pensaba de ella.

Aquella enfermera preguntó a Eltahawy que cómo pudo dejarse hacer; que por qué no se resistió y qué hacía ella en las manifestaciones. «Me decía que cómo podía haber dejado que los antidisturbios me agredieran sexualmente y cómo me atrevía a describir lo que me había sucedido con tanto descaro. Habían pasado muchos años desde que había perdido la virginidad, pero ella me reprochaba mi falta de virginidad moral, por así decirlo. Una buena virgen, una buena virgen moral, se habría «salvado de las manos de aquellos hombres; para empezar, una buena virgen moral no habría estado en la calle Mohamed Mahmoud»».

La lucha global

Con semejantes antedecentes, la egipcia tiene la espalda curtida de enfrentarse en los medios a líderes religiosos del Islam. YouTube dispone de un buen número de muestras del arrojo de Eltahawy, vehemente en su discurso, explícita en sus términos y cristalina en el mensaje, y de su correspondiente sarta de insultos y menosprecios en Facebook o en los comentarios de esos mismo vídeos.

Hace mucho tiempo que perdió el miedo. Es consciente de que todo cambio tiene una etiqueta con un precio y ya le han pasado unas cuantas facturas. Con todo, la escritora afirma que «merece la pena pagar el precio» si con eso consigue destruir el patriarcado.

Mona Eltahawy con su libro (Foto: Clara Vallvé / UOC bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0)

Aunque el campo de batalla dibujado en el libro se encuentre en los países árabes, Eltahawy es consciente de que si hay algo que une a todo el planeta es hacer la vida imposible a las mujeres. «Unos países utilizan la religión. Otros utilizan el capitalismo, otros utilizan supremacismo blanco, otros la homofobia y la transfobia. Todas son formas de opresión. por eso creo que la revolución feminista debe estar preparada para pagar cualquier precio porque de eso va una revolución, de asumir riesgos», afirma.

Las mujeres han combatido con los hombres en las revoluciones políticas que han derrocado a los dictadores. Pero, una vez estos regímenes cayeron, las mujeres han mirado a su alrededor y se han encontrado con la misma opresión, a veces infligida por hombres con los que trabajaron codo con codo, por hombres que aseguraban que las estaban protegiendo

La periodista insiste en el carácter global de su lucha. Cuando imagina a una mujer leyendo su libro, imagina a mujeres musulmanas por todo el mundo. Mona Eltahawy conoce historias de sus lectoras en muchos rincones. Como la estudiante argelina a la que su profesor le explica que el feminismo y la revolución no tienen nada que ver; o la kuwaití que pidió varios ejemplares a través de Amazon para repartirlos entre su entorno.

El himen y el hiyab ha sido traducido a doce idiomas y sin que suponga una sorpresa, el árabe no es una de esas lenguas. «Mi libro está prohibido incluso en inglés. Está prohibido en Arabia Saudí, en los Emiratos Árabes Unidos, en Kuwait, en Qatar, y es muy difícil de comprar en Egipto porque, ya sabes, habla de sexo», explica con resignación. «Como quiero que mi libro sea leído por más mujeres voy a utilizar mi propio dinero para publicar gratuitamente el libro en árabe».

Además, la activista quiere poner la atención sobre el llamado mundo occidental. Explica con preocupación cómo la izquierda abre espacios de tolerancia a elementos de opresión como el hiyab y el niqab por una actitud de falso paternalismo. Piensan que hacen un favor a las mujeres religiosas del Islam. «En realidad, solo lo hacen para enfrentarse a las derechas de sus países».

Asimismo, Mona Eltahawy advierte que no somos tan distintos. O no lo éramos hace relativamente poco. Cuenta en el libro que en una clase que impartió en la universidad, en Oklahoma, explicó a los alumnos mayoritariamente blancos de ese estado del sur, que las fiestas de puesta de largo o Sweet Sixteen eran habituales. Y que básicamente, se trataban de una entrega de una joven por parte de un hombre, su padre, a otro hombre, un potencial futuro marido.

Foto de lucia

Fuera hiyabs

El día que Mona Eltahawy se deshizo definitivamente de su hiyab fue un día muy doloroso. Lo cuenta así en el libro:

Una mañana de 2002, un clic en un correo electrónico de Human Rights Watch sacó a la luz todo lo que nunca había expresado, todo lo que nunca había afrontado, todo lo que había intentado olvidar. El incendio fue una tragedia que podría haber sucedido en cualquier lugar. 15 niñas de entre 13 y 17 años habían muerto en una avalancha y otras 52 habían resultado heridas tras desatarse un incendio en su colegio.

Los padres y los periodistas, furiosos, exigieron la dimisión de las autoridades educativas, a las que acusaban de incompetencia y corrupción. Había muchos motivos para estar furiosos. Unas 800 alumnas se apiñaban en un edificio diseñado para 250. La puerta principal del colegio estaba cerrada. No había salidas de emergencia, no había alarmas de incendios, no había extintores en el edificio. Pero un detalle mucho más siniestro en esta tragedia nos muestra que solo podría haber sucedido en Arabia saudí.

Los bomberos contaron ante la prensa saudí que la policía moral había obligado a las niñas a permanecer en el interior del edificio en llamas porque no tenían puestos los velos y las abayas que las mujeres deben llevar en público en este reino.

Un periódico saudí informó que la policía había detenido a los hombres que intentaron ayudar a las niñas a escapar del edificio, bomberos incluidos, mientras decían: «Acercarse a ellas es pecado».

Las niñas murieron porque los fanáticos de la puerta prefirieron verlas arder que aparecer en público vestidas de manera inapropiada. Eres tu velo. Tu velo vale más que tú.

Desde ese día, nada cubre la cabeza de Mona Eltahawy más que una rizada melena tintada.

La autora acaba de terminar un nuevo libro que se lanzará en Estados Unidos en septiembre. Se llama Los 7 pecados necesarios para mujeres y niñas. En el libro, la egipcia juega con los siete pecados capitales como valores que el patriarcado niega a las mujeres. «Escribo un capítulo acerca de cómo cada uno de esos pecados debe ser usado por mujeres y chicas para una lucha que yo llamo feminismo 3D: desafío, desobediencia y destrucción del patriarcado. Es mi manifiesto feminista».

Eltahawy se hizo feminista en un entorno alienante y opresivo como la Arabia Saudí de los jeques. Allí, en la biblioteca de su universidad, encontró ejemplares de autoras como Fatima Mernissi, que planteaba la elección acerca de llevar velo o no. Comenzó a conocer la vida de Huda Shaarawi, que se arrancó el velo en público en 1923; o la de Doria Shafik, que lideró a 1.500 mujeres que tomaron el parlamento egipcio en los años 50 para después organizar una huelga de hambre.

Ese es el objetivo último de la escritora egipcia, que alguna mujer, al leer sus texto, se haga algunas preguntas incómodas y se percate de que a veces hay elección. Quién sabe si El himen y el hiyab no es la mecha que prende la próxima revolución del feminismo en el Islam.

Mona Eltahawy (Puerto Said, Egipto, 1967) es mujer, es musulmana y es feminista. Pero insiste: no es una musulmana feminista. «Me identifico primero como feminista y lucho contra todo lo que hace daño a las mujeres y a las niñas venga del Corán, de la Biblia, de la Torá, de las escrituras indias, de la Constitución americana, o de las leyes españolas o argentinas», explica. «Como feminista, mi objetivo es destruir el patriarcado». Su historia es un paradigma del feminismo en el Islam.

En cualquier caso, lo que le toca a Mona Eltahawy en esta ocasión es presentar la edición española de El himen y el hiyab (Capitán Swing, 2018), un libro planteado como el combustible para una revolución sexual de las mujeres en el mundo árabe.

El himen y el hiyab es un análisis de la complicada conexión que se establece entre las mujeres y la religión en el universo islámico. Un himen y un hiyab representan la identidad femenina en una confesión cuyas prioridades pasan por que una mujer sea casi un bien de consumo que no puede ser de segunda mano y un objeto de pecado que debe cubrirse para no ofender.

Así funciona el tinglado, a base de, en el fondo, un miedo de los hombres a perder el control sobre la mercancía. «Se educa a los hombres en la creencia de que ostentan la propiedad de las emociones de las mujeres, de su atención, de sus cuerpos y de su tiempo. Y cuando se dan cuenta de que una mujer se resiste, llegan los problemas», dice Eltahawy. «Aquí es donde los hombres comienzan a odiar a las mujeres».

Revolución es entender que hay consecuencias. Revolución no es escribir un libro y pensar que mañana habrá una revolución porque sin acción ese libro será solo un libro

Lo que plantea Mona Eltahawy es una cuestión de estructuras de poder. Ni siquiera es cierto que la autoridad sea ejercida de hombres a mujeres. «Se trata de una concepción heteronormativa en la que un hombre escoge a una mujer y esa mujer da sexo a ese hombre».

Artículo relacionado

El problema no es de las mujeres: es de todo aquel que no sea un hombre cisgénero que responda al planteamiento binario hombre-mujer y a la relación de jerarquía entre ellos. «El privilegio es para una particular clase de hombre. Así que, si eres un hombre gay, un hombre bisexual, un hombre no conservador, el patriarcado va a por ti. Si eres un hombre que expresa sus emociones y pasa del rollo del machito, el patriarcado va a por ti».

«Casi todo mi cuerpo ha sido sobado o tocado sin mi consentimiento»

La historia de Mona Eltahawy es la de tantas mujeres a lo largo y ancho del planeta: ella no decide quién accede a su propio cuerpo. Las invasiones locales a su territorio íntimo ocurrieron en Arabia Saudí y en Egipto, donde regresó con 21 años y donde, como cuenta en el libro, «el Estado me puso las manos encima en noviembre de 2011, en la calle Mohamed Mahmoud», en plenos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden en la Plaza Tahrir.

Los antidisturbios rompieron lo brazos de Eltahawy y la agredieron sexualmente. Fue golpeada con porras, manoseada, humillada y dejada tirada. Esa no fue la parte más dolorosa. La enfermera que la atendió 16 horas después de los hechos explicitó lo que la cultura local de su tierra pensaba de ella.

Aquella enfermera preguntó a Eltahawy que cómo pudo dejarse hacer; que por qué no se resistió y qué hacía ella en las manifestaciones. «Me decía que cómo podía haber dejado que los antidisturbios me agredieran sexualmente y cómo me atrevía a describir lo que me había sucedido con tanto descaro. Habían pasado muchos años desde que había perdido la virginidad, pero ella me reprochaba mi falta de virginidad moral, por así decirlo. Una buena virgen, una buena virgen moral, se habría «salvado de las manos de aquellos hombres; para empezar, una buena virgen moral no habría estado en la calle Mohamed Mahmoud»».

La lucha global

Con semejantes antedecentes, la egipcia tiene la espalda curtida de enfrentarse en los medios a líderes religiosos del Islam. YouTube dispone de un buen número de muestras del arrojo de Eltahawy, vehemente en su discurso, explícita en sus términos y cristalina en el mensaje, y de su correspondiente sarta de insultos y menosprecios en Facebook o en los comentarios de esos mismo vídeos.

Hace mucho tiempo que perdió el miedo. Es consciente de que todo cambio tiene una etiqueta con un precio y ya le han pasado unas cuantas facturas. Con todo, la escritora afirma que «merece la pena pagar el precio» si con eso consigue destruir el patriarcado.

Mona Eltahawy con su libro (Foto: Clara Vallvé / UOC bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0)

Aunque el campo de batalla dibujado en el libro se encuentre en los países árabes, Eltahawy es consciente de que si hay algo que une a todo el planeta es hacer la vida imposible a las mujeres. «Unos países utilizan la religión. Otros utilizan el capitalismo, otros utilizan supremacismo blanco, otros la homofobia y la transfobia. Todas son formas de opresión. por eso creo que la revolución feminista debe estar preparada para pagar cualquier precio porque de eso va una revolución, de asumir riesgos», afirma.

Las mujeres han combatido con los hombres en las revoluciones políticas que han derrocado a los dictadores. Pero, una vez estos regímenes cayeron, las mujeres han mirado a su alrededor y se han encontrado con la misma opresión, a veces infligida por hombres con los que trabajaron codo con codo, por hombres que aseguraban que las estaban protegiendo

La periodista insiste en el carácter global de su lucha. Cuando imagina a una mujer leyendo su libro, imagina a mujeres musulmanas por todo el mundo. Mona Eltahawy conoce historias de sus lectoras en muchos rincones. Como la estudiante argelina a la que su profesor le explica que el feminismo y la revolución no tienen nada que ver; o la kuwaití que pidió varios ejemplares a través de Amazon para repartirlos entre su entorno.

El himen y el hiyab ha sido traducido a doce idiomas y sin que suponga una sorpresa, el árabe no es una de esas lenguas. «Mi libro está prohibido incluso en inglés. Está prohibido en Arabia Saudí, en los Emiratos Árabes Unidos, en Kuwait, en Qatar, y es muy difícil de comprar en Egipto porque, ya sabes, habla de sexo», explica con resignación. «Como quiero que mi libro sea leído por más mujeres voy a utilizar mi propio dinero para publicar gratuitamente el libro en árabe».

Además, la activista quiere poner la atención sobre el llamado mundo occidental. Explica con preocupación cómo la izquierda abre espacios de tolerancia a elementos de opresión como el hiyab y el niqab por una actitud de falso paternalismo. Piensan que hacen un favor a las mujeres religiosas del Islam. «En realidad, solo lo hacen para enfrentarse a las derechas de sus países».

Asimismo, Mona Eltahawy advierte que no somos tan distintos. O no lo éramos hace relativamente poco. Cuenta en el libro que en una clase que impartió en la universidad, en Oklahoma, explicó a los alumnos mayoritariamente blancos de ese estado del sur, que las fiestas de puesta de largo o Sweet Sixteen eran habituales. Y que básicamente, se trataban de una entrega de una joven por parte de un hombre, su padre, a otro hombre, un potencial futuro marido.

Foto de lucia

Fuera hiyabs

El día que Mona Eltahawy se deshizo definitivamente de su hiyab fue un día muy doloroso. Lo cuenta así en el libro:

Una mañana de 2002, un clic en un correo electrónico de Human Rights Watch sacó a la luz todo lo que nunca había expresado, todo lo que nunca había afrontado, todo lo que había intentado olvidar. El incendio fue una tragedia que podría haber sucedido en cualquier lugar. 15 niñas de entre 13 y 17 años habían muerto en una avalancha y otras 52 habían resultado heridas tras desatarse un incendio en su colegio.

Los padres y los periodistas, furiosos, exigieron la dimisión de las autoridades educativas, a las que acusaban de incompetencia y corrupción. Había muchos motivos para estar furiosos. Unas 800 alumnas se apiñaban en un edificio diseñado para 250. La puerta principal del colegio estaba cerrada. No había salidas de emergencia, no había alarmas de incendios, no había extintores en el edificio. Pero un detalle mucho más siniestro en esta tragedia nos muestra que solo podría haber sucedido en Arabia saudí.

Los bomberos contaron ante la prensa saudí que la policía moral había obligado a las niñas a permanecer en el interior del edificio en llamas porque no tenían puestos los velos y las abayas que las mujeres deben llevar en público en este reino.

Un periódico saudí informó que la policía había detenido a los hombres que intentaron ayudar a las niñas a escapar del edificio, bomberos incluidos, mientras decían: «Acercarse a ellas es pecado».

Las niñas murieron porque los fanáticos de la puerta prefirieron verlas arder que aparecer en público vestidas de manera inapropiada. Eres tu velo. Tu velo vale más que tú.

Desde ese día, nada cubre la cabeza de Mona Eltahawy más que una rizada melena tintada.

La autora acaba de terminar un nuevo libro que se lanzará en Estados Unidos en septiembre. Se llama Los 7 pecados necesarios para mujeres y niñas. En el libro, la egipcia juega con los siete pecados capitales como valores que el patriarcado niega a las mujeres. «Escribo un capítulo acerca de cómo cada uno de esos pecados debe ser usado por mujeres y chicas para una lucha que yo llamo feminismo 3D: desafío, desobediencia y destrucción del patriarcado. Es mi manifiesto feminista».

Eltahawy se hizo feminista en un entorno alienante y opresivo como la Arabia Saudí de los jeques. Allí, en la biblioteca de su universidad, encontró ejemplares de autoras como Fatima Mernissi, que planteaba la elección acerca de llevar velo o no. Comenzó a conocer la vida de Huda Shaarawi, que se arrancó el velo en público en 1923; o la de Doria Shafik, que lideró a 1.500 mujeres que tomaron el parlamento egipcio en los años 50 para después organizar una huelga de hambre.

Ese es el objetivo último de la escritora egipcia, que alguna mujer, al leer sus texto, se haga algunas preguntas incómodas y se percate de que a veces hay elección. Quién sabe si El himen y el hiyab no es la mecha que prende la próxima revolución del feminismo en el Islam.

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